23 de diciembre de 2010

Peter Hofmann


(Foto:  Clive Barda para el libretto del album original de Phillips )

Peter Hofmann no ha sido, desde luego, el mejor Tristan, pero fue mi primer Tristan, y eso marca... Tras luchar durante tres lustros contra la enfermedad Parkinson que terminó relegándole a una silla de ruedas el tenor alemán fallecía la madrugada del pasado 30 de noviembre a los 66 años en una clínica de Selb, pequeña localidad al sur de Alemania a pocos kilómetros al noreste de Bayreuth, donde vivía retirado desde que dejara los escenarios en 2004.
Como cantante wagneriano debutó en Bayreuth como Siegmund en la Tetralogía de Boulez-Chereau (pero ya había cantado rock en una banda hasta que a los 17 años empezó a estudiar canto). El Tristan lo grabó con Bernstein en el 83 (centenario de la muerte de Wagner) con la mejor Isolde post-Nilsson y pre-Meier, Hildegard Behrens, fallecida el año pasado. Una grabación que salió prácticamente a la par que la de Kleiber y fue muy polémica y criticada en su momento, especialmente por los wagnerianos de la vieja guardia. Recuerdo haberle preguntado al respecto (como el crío que era por entonces) a Eduardo Pérez Maseda tras una conferencia que dió en Murcia, y su opinión estaba mucho más cerca de la mía que de la de quienes denostaban esa grabación en general y la interpretación de Hofmann en particular. Pero hay que señalar que la Penguin Guide (que era como una Biblia entonces para nosotros, operófilos primerizos) alababa abiertamente esa interpretación y le otorgaba las tres estrellas a la grabación en conjunto... Creo que el suyo es uno de esos casos de cantantes prematuramente quemados por ceder a la tentación del mercado y asumir demasiado pronto los roles más pesados del repertorio: Hofmann debutó como Tamino en el 72 (28 años) y sólo cuatro después, en el 76 (con 32), asumió el Siegmund, cuando el hoy famoso Jonas Kaufmann, por ejemplo (nacido en el 69, y tan aclamado por unos como denostado por muchos otros), debutó en 1992 (con 23), estuvo mucho tiempo limitándose al repertorio más lírico (muchos papeles mozartianos), para empezar a partir de 2007 a cantar papeles de lírico-spinto (Don José, Cavaradossi, Lohengrin) y sólo ahora, cumplidos los 40, debutará como Siegmund (en el MET en enero)... Otro caso parecido al de Hofmann podría considerarse el del danés Poul Elming (n. 1949), al que muchos recordarán como el Siegmund de la Tetralogía Baremboim-Kupfer de Bayreuth (bastante potable, todo hay que decirlo, lejos de voces claramente inadecuadas y con un vibrato insoportable como la de Seiffert, aplaudidísimo sin embargo en el Ring valenciano de La Fura). Elming también parecía augurar un futuro prometedor (al menos como intérprete de los roles wagnerianos menos pesados) pero no tardó mucho en desaparecer de los grandes escenarios internacionales y actualmente (desde 2007) se desempeña al parecer como director musical de la Orquesta Sinfónica de su Aalborg natal...

1 de diciembre de 2010

Perro bajo la lluvia




A veces, queriendo o sin querer, cometemos el tremendo error de pretender que un animal sea y se comporte como nosotros creemos que debe ser y comportarse... A veces, queriendo o sin querer, le enseñamos desde que lo compramos o nos lo dieron, con pocos meses de vida, que la casa era su hogar y su refugio (del calor o del frío, del viento o de la lluvia) y la finca que la rodea el territorio por el que poder moverse con libertad, en otras palabras, le acostumbramos a entrar y salir de casa a la finca y viceversa durante el día libremente, y pasar después la noche dentro, a cubierto.

Pero a veces también, queriendo o sin querer, le tomamos manía por extrañas razones, que casi siempre tienen más que ver con nuestros cambios de humor y nuestros problemas emocionales que con su comportamiento hacia nosotros. Le despreciamos y castigamos cuando —mientras nos ausentábamos para ir a comprar o pasear— le hemos dejado sin darnos cuenta encerrado en la casa y al volver nos encontramos todo hecho ciscos (cojines destripados, cables partidos a mordiscos, madera de sillas y puertas lista para usar en la chimenea...) sin pararnos a pensar que somos nosotros los únicos responsables de ese comportamiento, dictado por su naturaleza claustrofóbica, que era nuestra obligación cerciorarnos de que hubiera salido antes de cerrar la puerta y echar la llave.

Y entonces un buen día, de repente, queriendo o sin querer, decidimos que no, que debe borrar de su cerebro las pautas de comportamiento que le hemos inculcado o permitido durante esos años y aprender en mes y medio otras muy diferentes: que ya no queremos ni le vamos a permitir que entre en casa, y que debe dormir con los demás en la caseta que a tal efecto hemos habilitado en el jardín... Y si los otros perros no le dejan entrar a cobijarse, en vez de preocuparnos de construir un anexo más pequeño a la caseta existente (nada más fácil, el macho dominante no puede ocupar dos casetas a la vez) nos escudamos tras el socorrido qué le vamos a hacer, son cosas de perros, allá se las apañe, y permitimos que tenga que pasar noche tras noche de frío y lluvia fuera, a la intemperie, precisamente cuando empieza uno de los inviernos más fríos y lluviosos que se han visto en mucho tiempo por aquí...

Me jode mucho que los animales sean incapaces de odiarnos por cosas como estas, estoy convencido de que —si supieran o pudieran— nos odiarían, nos abandonarían o, simplemente, se dejarían morir de pena, como hacen los gorriones si se les enjaula...