25 de abril de 2011

Gonzalo Rojas (1917-2011), In memoriam




PALABRAS DESDE EL BORDE DEL CAMINO
PARA GONZALO ROJAS

Uno siente escuchándole que sí, que había motivos
de sobra para andar este camino tan largo,
tan lleno de esas piedras, tan pegado a las cosas
que sin sentir le viven y le pasan, tan cargado
de silencios enormes, desesperanzadores,

uno siente que sí, que no erró el paso dejándose
llevar por esta senda que a nada parecía conducir,
pues la vida —tan cerca siempre, tan alimentándose
de aquello— estaba o parecía estar muy lejos.

Uno siente ahora, desde aquí, desde el silencio
que los demás le allegan —sin hablarle ni apenas
escucharle— desde la soledad de la que nacen,
de la que como rabia van creciendo sus murmullos medidos,
como ofensa o respuesta embravecida para todos
esos otros,
                     de veras uno siente que era ésta la vida
verdadera, no la única posible, no la fácil,
la bienaventurada, la feliz, sino sólo la ardua de mirarse
vivir a cada rato, de observarse y no sentir vergüenza,
pero sentir nostalgia y desear incluso ser a veces
como ellos, los otros, los ignaros del don inabarcable
y efímero...
                        Quiero darle las gracias esta noche,
compartir con usted estas palabras, navegar este rato
con usted, con los remos apenas si sujetos por las yemas
de los dedos, el viento susurrándonos la vida
que perdimos por querernos salir para mirarla
—desde fuera— cumplirse, y la Hueca diciéndonos
ya dejen de mirar desde ese borde y regresen al camino.



[Gonzalo Rojas, que el pasado 22 de febrero sufrió un accidente cerebrovascular, venía desde entonces apagándose "lenta y dignamente", como declaró su hijo hace unos días a un periódico chileno, y hace sólo unas horas se ha ido definitivamente al encuentro de la Hueca. Descubrí su obra en 1987, en la edición española de El alumbrado y otros poemas. Por entre las páginas de aquel libro andaban Descendimiento de Hernán Barra Salomone, Adiós a Hölderlin, Qedeshím, Qedeshóth, Almohada de Quevedo y muchos otros que de inmediato me fascinaron. Apenas anteayer se cumplían ocho años del acto de entrega del premio Cervantes al autor chileno, pocos días después del cual le trajo el profesor Victorino Polo a Murcia para compartir unas jornadas con los alumnos de Literatura Hispanoamericana de la Universidad. Su charla y posterior lectura comentada de algunos poemas produjo en mi ánimo un efecto parecido al que había descrito en El legado de Hamlet respecto de Nuestro Padre San Gastón nos habla de sus Versos Invisibles, salvo que si entonces el borrador del poema había surgido mientras escuchaba a Gastón Baquero, en esta ocasión fue ya en la soledad inquieta de la madrugada cuando el texto me asaltó de repente. El verso de la estrofa final con los remos apenas si sujetos por las yemas de los dedos reproduce —adaptadas mínimamente al decurso del poema— las palabras del símil que el propio Gonzalo Rojas utilizó para responder a la pregunta de un/a joven asistente sobre el uso de la técnica en la creación poética.]

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