3 de diciembre de 2009

Black Coffee: Adenda 03-12-09



[Pinchando sobre la imagen se puede ver la captura de pantalla a mayor tamaño]


Me escribe Lola Gracia, directora y presentadora de Black Coffee:
«El programa donde sales el más valorado de LaOpinionTv, dile a tus contactos que aún no hayan visto el programa que lo pueden ver el primero en Últimos vídeos, 10 mejor valorados. Además de la entrevista conmigo, el programa incluye otros contenidos interesantes como un reportaje sobre el festival «eÑe» (con vídeo/poema de Antonio Gamoneda), la sección literaria de Mariano Pérez Ródenas (en este caso sobre el mágnífico nuevo libro de Ginés Aniorte Nosotros, publicado por la editorial Renacimiento) y varias cosas más. Este es el enlace:


Ah, y por la parte que me toca, ¡muchas gracias a tod@s!

2 de diciembre de 2009

Dos paisanos

Dos jóvenes paisanos de Cáceres, Daniel Casado (Trujillo, 1975) por su poemario Oscuro pez del fondo y Mario Lourtau (Torrejoncillo, 1976) por Quince días de fuego, acaban de obtener sendos accésits del premio Adonais. El jurado resaltó de Oscuro pez del fondo «la madurez de su dicción, que dialoga fructíferamente con algunas de las líneas fundamentales de la reciente poesía española, aportando originales impresiones y una gran variedad temática»; y de Quince días de fuego su «emoción creciente, gran lirismo, con una viva presencia de la naturaleza y protagonismo de símbolos muy significativos: el bosque, el fuego o las cenizas». Vaya desde aquí mi más sincera enhorabuena para ambos, acompañada de un pequeño acopio de datos para quienes (sobre todo aquí en Murcia) aún no hayan oído hablar de ellos:




Daniel Casado [Foto: web del autor]

Daniel Casado publica en 1999 Me acuerdo (De la luna libros, Mérida, 1999) firmado al alimón con Elías Moro. Comienza a publicar artesanalmente sus poemarios y crea El Ermitaño Ediciones, de tiradas cortas no venales, excepto para la colección El Pájaro Solitario. En 2002 Crea los Encuentros Literarios ADAMAR y obtiene el VIII Premio de Poesía Ciudad de Mérida por El Largo andar tan breve, publicado (Madrid, Vitrubio) al año siguiente, 2003, en que también comienza a coordinar en Mérida el Club de Lectura Jesús Delgado Valhondo. Coordinador desde 2004 de El Espejo, revista de la Asociación de Escritores Extremeños, ese mismo año obtiene el XV Premio de Poesía Arcipreste de Hita con El viento y las brasas, publicado por Pre-Textos. Durante 2004-2005 coordina los clubes de lectura de Mérida, Almendralejo, Trujillo y La Zarza y dirige el ciclo Encuentros con la literatura en la librería Biblos de Trujillo y en 2005 publica en la Editora Regional de Extremadura El proyector de sombras, poemario en prosa escrito en 1997. Durante 2004 y 2005 ha sido técnico del programa Extremadura: Estación Cultura. En 2006 aparece la antología Cuatro poetas en un tobogán, que recoge la obra de cuatro jóvenes autores extremeños: José María Cumbreño, Hilario Jiménez, Antonio Reseco y Daniel Casado. En 2007 crea el proyecto audiovisual Mundo en Verso en intento de difundir la poesía a través de las nuevas tecnologías. En 2008 coordina las campañas de animación a la lectura de la Asociación de Gestores Culturales de Extremadura. En la actualidad compagina la gestión cultural con la creación literaria, y en 2009 ha resultado ganador del certamen La Voz + Joven de Obra Social Caja Madrid, en cuya web pueden leerse estos dos poemas suyos:


EQUILIBRIOS
Después de todo, es sólo una vaca en medio del camino,
una mole de carne y pellejo, un amuleto
que veneran los parias y respetan las leyes del país.
Con su sagrado olor y sus estómagos tristes,
el lento animal nos mira indiferente.
Sabe
que si disparas o lo atropellas,
si quebrantas la ley que vela su existir,
millones de brazos hasta hoy dormidos
comenzarán a trabajar la tierra,
canalizarán el agua, construirán la escuela,
sembrarán el arroz definitivo
que los acercará a nosotros para siempre
y el mundo perderá su inestable equilibrio.



CRÓNICA DEL ALBA
(Bagdad, 2004)
¿Quién dirá ahora que se ha enamorado?
¿Quién nacerá con pleno convencimiento?
La tierra es ya un solo cuerpo, ardiente y mudo,
un costado de niebla que el odio ha empapado.
¿Quien lavará la sombra seca del muro?
¿Quién plantará el olvido necesario?
La tierra, que no distingue el cráneo de la rosa.
Sólo la tierra, que avanza ajena y sin memoria.







[Mario Lourtau]

Mario Lourtau (Torrejoncillo, 1976), aficionado a los viajes y el deporte (especialmente el atletismo, donde, antes de inclinarse por la poesía, logró alzarse campeón de España de Maratón en categoría promesa) es licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Extremadura, cuenta con varios premios literarios (Ruta de la Plata, Pórticvs, Creación Literaria de la Consejería de Juventud, etc...) y ha publicado poemas y relatos en diversas revistas (Alcántara, Cuadernos de Poesía, Bab Rabat, La Bala de Seda, La Letra Nazarí, etc…) así como en antologías (Al Abrigo del Aire, Antología de la poesía y el relato, V Cuaderno de profesores poetas, 16 poemas). Parte de su obra ha sido traducida al inglés y al árabe. Su primer libro de poemas, Donde Gravita el hombre, fue publicado en enero de 2008 por la editorial granadina Alhulía con prólogo del poeta y crítico literario granadino Miguel Ávila Cabezas, tras haber obtenido una beca de ayuda a la edición de la Junta de Extremadura y ser finalista del XXIII Premio Gerardo Diego para noveles. El libro, cuyos sus versos ahondan en las diferentes vertientes de la condición humana a través de la palabra y del tiempo, fue presentado en mayo de 2008 en el Colegio Español de Rabat, donde ejerce como profesor de inglés tras cinco años por diversos institutos españoles en Marruecos. Su próximo poemario, Catálogo de Deudores, lo editará a finales de 2009 la Editora Regional de Extremadura. Aquí pueden leerse algunos poemas suyos, entre ellos éste:



LÍMITES
Desde una ciudad distante, inmune al tiempo
has venido a buscarme. Regresaste
por los pasos de luz y el cielo de las frutas,
caminando por esta nueva ciudad iluminada,
sobre la alfombra encendida en su claro barniz,
en sus redondas tardes.


De otro lado, bautizadas en mármol,
las montañas cantan su labio de invierno, y aguardan
su blando despertar de entre la nieve.


Has cruzado el círculo despacio, escrutando con tus ojos
la dulce dimensión del horizonte,
buscando mi presencia y el tacto secreto
que traigo mansamente entre mis manos.


La ciudad, que despierta, es un niño
al sol de la intemperie, un viejo
que no conoce milagros pero sabe
donde brotan las fuentes y sonde surge
el duro temblor de los acantilados.


Han abierto temprano los postigos, clarea.
Algunos pájaros, violines de pluma, irrumpen
con su canto general, canto primero.



Tú avanzas breve, precisa, cierta
como el roce blanquecino de la brisa
en la palpitación de los almendros.


Hemos abierto las puertas sin desatar nudos.
Sonríes, te abrazo, y tu regreso
ya no es pura utopía sino certeza.


[Fuentes: Improvisa Magazine Digital, Hoy.es, elperiodicoextremadura.com, Arte Joven, blog de Obra Social Caja Madrid]

24 de noviembre de 2009

Entrevista con Lola Gracia en «Black Coffee»



Ya se puede ver en internet la entrevista con Lola Gracia, en el programa Black Coffee, en www.laopiniontv.es, pinchando (arriba a la derecha) la pestaña “Videoteca” y buscando con la flechita roja de la barra de programas la pestaña «Black Coffee Parte  1 [20-11-09]».

13 de noviembre de 2009

Un poema de Soren Peñalver


[Foto: Ángel Paniagua]

Revisando y ordenando papeles del pasado literario me he encontrado con un ejemplar de La puerta falsa, revista cultural de la asociación de escritores y artistas que, durante varios años, se reunieron y organizaron diversas actividades y ciclos de recitales en el mítico y homónimo bar de la calle San Martín de Porres de Murcia. No voy a mencionar todos los nombres, pero ese número, correspondiente a diciembre de 2003, podría muy bien considerarse una pequeña y buena antología de la poesía hecha en Murcia en los últimos 15 ó 20 años. Dicho lo cual aclaro que no es mi intención ahora ofrecerles los dos poemas míos que contiene, (Muere Sócrates y Oscuro ángel de luz, del libro Una canción extranjera) sino éste de Soren Peñalver que tan gratamente he redescubierto entre sus páginas, pues no recordaba que él –parco siempre en colaboraciones poéticas– hubiera también participado en ese número de la revista. Me entenderán si les digo que no me importaría haberlo escrito yo:


DEDICATORIA DEL MAR


Era el mar en los ojos de un niño
de la mano del padre por primera
vez contemplado. Fue luego la mar
abismal de los versículos bíblicos,
los epitafios solemnes de Nantucket;
los indómitos mares de Melville. La mar
de las óperas de Britten, de los coros
oceánicos de Delius; fragor exultante
como los cantos de Whitman. Visión
desnuda a la luz de los días, presencia
con las noches vestida: el estático mar
de las fotografías donde aparecemos,
sonrisueños y enfundados en oscuros
abrigos con centelleantes botones;
juntos los rostros que salpican
el olear de sus maternas aguas.
Es el mar íntimo de una dedicatoria
que yo deseé escrita por tu mano
al pie de un retrato de Cernuda,
éste que siempre presidiera la estancia
por ti ocupada, y con su proyección
inundaba la mar de la mañana, el mar
desbordado por la luna. La mar de estos
versos que nunca habrán de envejecer
ni morir como la pasión, como nosotros:
El mar, única criatura que pudiera
asumir tu vida poseyéndote…
Soren Peñalver

31 de agosto de 2009

Ramón Gaya en Florencia






Retales de un diario (1956-1963)”, pese a la extrema, telegráfica parquedad a veces, de muchas de sus anotaciones (sobre todo si se las compara con las mucho más elaboradas del anterior “Diario de un pintor” de 1952-53), atesora entre sus páginas auténticos relámpagos de la tan provocadora lucidez de Ramón Gaya, muy asentado ya en sus opiniones sobre la vida, el arte, las personas… El gran observador –y al mismo tiempo inerme ser humano deslumbrado ante toda la grandeza que se ofrece a sus ojos– va dando cuenta en uno y otro libro, si allí meticuloso, detallista, aquí cortante y descuidado; si en aquél maravillado por la fascinación que le produce el descubrimiento, el contacto directo, una tras otra, con las obras de todos sus maestros –viajero de una a otra ciudad, de una a otra estación, de uno a otro país, aprovechando cualquier mínima excusa para poder forjar esos encuentros decisivos con tantos compañeros, hermanos más que padres de su arte–, en éste en cambio, viajero de sí mismo, ya sólo en unas cuantas, muy pocas ocasiones, necesitado de extenderse –en el diálogo consigo mismo que constituyen esas notas– más allá de la simple constatación, breve y concisa, del encuentro, el paseo, o la visita concreta:


          “PARIS, 19 de agosto. 8 tarde, Bergamín.”


El artista exiliado que enramaba su arte entre las lejanas y hermanas gentes del México que a tantos acogió, y en el primer diario daba cuenta precisa y detallada de cada exposición, cada museo y cada cuadro, en sólo algunos años –establecido ya en su querida y germinadora Italia– necesita habitar, vivir, sentir el clima, los paisajes, las calles y las gentes mucho más que escribirlo, aunque perdure la costumbre en él y siga haciendo –más espaciadamente– anotaciones ora de sus encuentros con amigos cercanos o lejanos, ora de la asistencia a exposiciones, conciertos u obras de teatro:


          “PARIS, 8 de diciembre. Macbeth. (La Casares, extraordinaria.)”;

          “MILANO, 29 de diciembre. En la Scala: Prokoffiev. No, este no es el músico que suponía J.R.J.”,


escribe, por ejemplo, en dos anotaciones correspondientes a los últimos días de 1956… Qué lejos de otras mucho más pródigas, como aquella en París del 24 de junio 1952 en la que daba cuenta –a raíz de un reencuentro por sorpresa en casa de unos amigos– de la profunda diferencia entre lo que había sido y lo que para entonces era su relación con Pedro Flores,

          “a quien desde luego debo mucho y quiero mucho, sobre todo en esos años míos de aprendizaje –de 1920 a 1928–, y… nada más, es decir, y basta; basta, porque Flores, ingenuamente, románticamente, muy pueblerina y literariamente deslumbrado por “la escuela de París”, decide por entonces… pertenecer de algún modo y sea como sea, comprometiendo lo que sea, a esa especie de internado, o de… reformatorio, o de hospicio, o de… partido; y yo, menos vulnerable, decido completamente lo contrario: escapar; lo cual, claro es, nos separa para siempre. […] Flores se ha convertido en uno de esos personajes, voluntariamente pintorescos, que van y vienen de la autenticidad a la farsantería sin descanso, sin quedarse jamás en un lugar preciso, fijo, donde poder estar con ellos. Me entristece y me desagrada.”


Qué lejos, en menos de un lustro, aquel pintor-escritor necesitado de explicarse a sí mismo su lugar, de reafirmarse en él, justificarse a sí mismo sus convencimientos y rechazos más profundos, de este otro que el 20 de septiembre de 1957 en París, por ejemplo, anota simplemente:


          “8’30. Cena con Pepe Bergamín. Muy simpático y vivaracho.”


Florencia sin embargo, en una y otra etapa, despierta en él una pasión auténtica que tal vez tenga que ver (aunque no sólo) con los recuerdos que de su amada Murcia natal encuentra siempre en ella; el 28 de mayo de 1956 escribe allí:


          “La habitación del hotel, sobre el Arno. Por la noche, la luna, entre nubes, por encima del Ponte Vecchio. Vuelvo a pensar en Murcia («un no sé qué», una especie de hermosura polvorienta). El amanecer.”


Es la segunda anotación (tras la obligada “Salida de México” del 21 de marzo) del segundo de los conjuntos a que me refería, “Retales de un diario”. Y resulta tan ajustada y hermosa en su laconismo… ¿Qué murciano, caminando por el Lungarno Torrigiani, la orilla meridional del río, desde el Ponte delle Grazie hacia el Vecchio, y viendo asomar al otro lado –sobre la fachada neoclásica del edificio de la Cámara de Comercio– la linterna de la cúpula de Brunelleschi, el paramento superior de la Signoria o su esbelta torre, no ha sentido algo similar…?


Florencia, la misma ciudad que le conquistara cuando llegó en el verano de 1952. De esa visita inicial, entre el 25 y el 31 de julio, dejó constancia por extenso en páginas que siguen pareciéndome tan frescas ahora como cuando las leí por primera vez. Sólo un ejemplo entre los muchos posibles:

           “Hemos correteado, de pasmo en pasmo, todo el día. En Florencia, desde el primer momento, se percibe muy bien su voluntariedad y su laboriosidad magistrales. Estamos en pleno delirio de perfección; aquí todo ha sido llevado a cabo con una mezcla de inspirada osadía y ciencia pura –aunque flexible también–, una ciencia que supiera, en el momento justo, renunciar a su terquedad de ciencia y ceder a una especie de… gracia. El simple trazado de un púlpito, o de una cantoría, o de una cornisa, o de un pedestal, o de un pozo, viene a ser aquí, por una parte, como la imposición de una ley, y por otra, como el dibujo de un capricho, casi de una locura, aunque… armoniosa.”

De nuevo en la ciudad, diez años después de este flechazo, de este verdadero enamoramiento prolijamente detallado, en 1962 tan sólo estas líneas entre otras cuatro también brevísimas anotaciones de los días últimos de octubre:

           “[…] Por la tarde, paseo hasta el Fuerte del Sangallo. ¡Qué maravilla! ¡Las colinas! con todos los verdes posibles. Atardece. Hace frío. La via San Leonardo. El Ponte Vecchio a contraluz, sombrío.”

Entre aquella explosión de contento y desconcierto y esta otra, más cauta y reposada aunque entusiasta, cuántos encuentros y paseos como éste, a lo largo de los años, debieron de tener lugar en sus estadías florentinas por los alrededores tan preñados de naturaleza que parece que quisiera servir de marco allí a la belleza creada por el hombre. Y justo en medio de ese lapso temporal, un apunte también, una rápida anotación cargada de ilusoria y palpable realidad, de atmósfera que casi puede olerse, de la verdad de un clima y un de paisaje, la verdad de una imposible luz que no se olvida, por mucho que hasta la perspectiva nos parezca… ¿irreal? ¿Qué importa…? Todo eso y probablemente mucho más encierra este pequeño pastel de 1957, Firenze desde el Boboli, que me ha proporcionado la ocasión de volver (con él y para él) a las páginas relegadas tanto tiempo de estos dos diarios que también les invito a descubrir o redescubrir ahora.

[Texto para el ciclo
"Los cuadros de las Estaciones" del Museo Ramón Gaya de Murcia. Puede descargarse el díptico editado por el Museo en formato PDF pinchando aquí.]

16 de junio de 2009

Celebración de Fernando Torres


[Foto: AFP - Marca]


Tras el post anterior, tenía la firme intención de no escribir sobre fútbol en mucho, mucho tiempo, así que no lo haré. O sí, pero de otra manera (qué quieren que les diga, uno también tiene sus debilidades)...

CELEBRACIÓN DE FERNANDO TORRES

Es la tierna dulzura de su rostro
aniñado, la sencillez tranquila,
el físico aparentemente frágil,
el aire de imprecisa seriedad
mezclada con sonrisa en los anuncios
de moda, coches, bancos o campañas
solidarias... Su extraño magnetismo
nada tiene que ver con esa efímera
perfección ideal que lucen otros.
Uno de los mejores delanteros
de hoy en día: grácil y veloz
como el impala, en el área se revuelve
tan certero y voraz como el león,
sus músculos se tensan y convierten
la aparente fragilidad en súbito,
letal, zigzagueante, inesperado
relámpago, elevándose al remate
de cabeza o armando la mortífera
derecha para —en menos de un segundo—
colar bajo la escuadra el gol perfecto
y correr hacia el banderín de córner
con los brazos abiertos y en los labios
el grito silenciado por la hinchada,
el pelo rubio al viento, la carita
pecosa iluminada una vez más...
Ningún canon contempla la absoluta
indemnidad, ningún modelo dice
la exactitud precisa de su cuerpo,
el brillo de sus ojos ese instante
que por tres veces hoy ha repetido
—nuevo récord— en sólo once minutos.

7 de mayo de 2009

"Beauty against the Beast"


I


Escribo en caliente. Probablemente es la única forma de escribir sobre fútbol, incluso para los que ni de lejos podemos llamarnos "futboleros" stricto sensu porque no lo somos, porque sólo vemos tres o cuatro partidos de fútbol cada semana —y por la tele—; porque sólo escuchamos y/o vemos tertulias deportivas cuatro o como mucho cinco días a la semana; y sobre todo, supongo, porque además de las de fútbol nos gusta ver también retransmisiones de baloncesto, balonmano, tenis, ciclismo, natación, patinaje artístico, fórmula 1 y hasta snooker. Por eso suele ocurrir que, cuando vemos un partido y después escuchamos los comentarios de los “futboleros” por excelencia (léase los periodistas o comentaristas deportivos), nos da la sensación de que hemos visto un partido distinto que ellos. Algunos nos ponemos tan nerviosos que llamamos incluso a nuestro operador de cable o internet para asegurarnos de que no estábamos viendo una emisión equivocada.
En estos momentos las webs de prensa de toda Europa, especialmente las inglesas y españolas, echan humo y cada artículo rebosa comentarios de aficionados internautas, pero sería tan absurdo ponerse a leerlos todos como intentar rebatirlos, más si se tiene en cuenta que quienes se toman la molestia de escribirlos (ortografía aparte, que esa es otra, pero ahora no toca hablar de ella) normalmente lo hacen desde posturas tan radicales como radicalmente opuestas a la objetividad. Ni siquiera yo mismo, aquí y ahora, habiendo reconocido eso de antemano, estoy dispuesto a atender a otro criterio que el de lo que he visto en directo, y tan claramente, por cierto, que todavía me cuesta creer algunas de las barbaridades que he escuchado en televisión y radio y leído en internet sobre el partido de vuelta de semifinales de la Champions League entre el Chelsea y el Barcelona. Así que, como mero aficionado (o “futbolero” sensu amplo, si lo prefieren) aclararé que no he seguido la retransmisión española de DIGITAL+ sino la inglesa de ESPN2, y también que, a diferencia de la gran mayoría de aficionados del Real Madrid, yo iba con el Barça, es decir, prefería que ganara la eliminatoria el Barcelona, el fútbol del Barcelona, varias de cuyas figuras forman parte de la columna vertebral de la selección española actual.
Estaba a punto de escribir que el Real Madrid me es del todo indiferente, pero no es verdad: como mero aficionado, mis simpatías siempre han estado con el otro equipo grande de la capital —no en vano crecí en el seno de una familia profundamente atlética. Además, con el tiempo y el uso de razón y dueño ya de mis propias opiniones, los continuos desmanes y favoritismos arbitrales que he ido viendo (y los de tiempos anteriores que, ante la duda, me he molestado en buscar y juzgar por mí mismo) y la también continuada prepotencia de bastantes de los directivos y jugadores del Real Madrid siempre han terminado produciéndome un rechazo casi irracional hacia el equipo en sí mismo, rechazo del que en absoluto me siento orgulloso, pero que soy incapaz de evitar, y más cuando leo disparates como éste, deslizado en una de sus Canelas finas (www.elmundo.es/papel/2009/01/16/opinion/2578851.html) por el casi siempre ajustado y brillante Luis María Ansón: “El Madrid no es sólo un club de fútbol. Está reconocido como un símbolo. Ha derrotado, incluso a los toros en la imagen internacional de España. Compite con el Escorial. Ha desplazado a Felipe II y destruido la leyenda negra. Es el Carlos III de la seriedad y la obra bien hecha. Supo despojarse a tiempo del manto púrpura con que le cubrió el dictador Franco. Pugna con Don Quijote y con Sancho en el conocimiento universal. Es la paloma de la paz de Picasso que vuela sobre el mundo. En el campo, sus jugadores galopan como el caballo de Atila. Fuera de los estadios, sus directivos han actuado con la sabiduría de Metternich y la seriedad de Bismarck.” Sí, esta vez se le fue la pinza o, si lo prefieren, se pasó siete pueblos, incluso considerando como atenuante que el tema de la columna eran los desmanes (otra vez, y ésta con mayúsculas) del entonces aún presidente Ramón Calderón.




II


Hecha esta pequeña digresión aclaratoria, vuelvo al tema del partido entre el Chelsea y el Barcelona, otro histórico encuentro de Beauty against the beast, lugar común de la prensa inglesa que el Times volvía a utilizar en un artículo de Oliver Kay para referirse a este encuentro entre los "hulking colossuses, eager to fizz the ball around at pace and force the kind of high tempo that will allow them to overwhelm their opponents" del Chelsea y los "little guys who caress the ball and look to devastate their opponents with speed of thought and speed of footwork" del Barcelona (www.timesonline.co.uk/tol/sport/football/premier_league/chelsea/article6228938.ece). El partido (al menos el que yo vi) respondió casi milimétricamente a lo que Mr. Kay anticipaba en esa columna: un Barcelona muy lastrado por las ausencias de Pujol, Márquez y Henry intentando hacer su fútbol preciosista de profundidad y toque, y naufragando una y otra vez en ese empeño ante un Chelsea entregado a su "tactical game plan that looks to exploit their physical superiority while trying to neutralise the obvious threats posed by Barcelona, such as the trickery of Messi and the incisive passing of Xavi and Iniesta", y con el problema añadido del temprano golazo de Essien, que por momentos hizo presagiar una escabechina como la que este mismo Chelsea le hizo al Liverpool (1-3) en Anfield, completada en la vuelta en Stamford Bridge con el 4-4 (7-5 total) de uno de los partidos más enloquecidos y vibrantes de esta competición.
Pero no fue así: el mismo Chelsea que apabulló al Liverpool hace unas semanas, el mismo Chelsea que viene ganando con autoridad a sus rivales en las últimas jornadas en la Premier, salió hoy a jugar con un planteamiento parecido al del Camp Nou, a jugar ese otro fútbol de contención y destrucción basado más en el poderío físico y la defensa que en el ataque y la circulación del balón, un fútbol feo, bronco incluso, en las antípodas del que actualmente practica con brillantez el Barça, pero —no nos engañemos— fútbol al fin y al cabo. Una propuesta que no debería haber pillado por sorpresa a los de Guardiola —porque era en esencia la misma de la ida— y que deberían haber sabido desarticular y hacer inútil con sus propias armas. Era difícil y les ha costado mucho, tanto que yo pensaba, viéndolo, que si eran incapaces de desarbolar con su fútbol la tan cerrada como suicida defensa del exiguo 1-0 a la que inexplicablemente terminó entregándose el Chelsea, probablemente (y sin probablemente) no merecían estar en Roma. El final lo conocen. Pero antes —sobre todo en la segunda mitad— han tenido lugar varios lances que podían haber hecho buena la propuesta de los locales, y que han desencadenado, nada más terminar el encuentro, una indignada, agresiva e inadmisible reacción de Didier Drogba hacia el árbitro (en la foto del Times Online) y las cámaras que debería costarle una dura sanción por parte de la UEFA, así como un interminable alud de comentarios referentes al supuesto robo del encuentro, entre los que se destaca claramente el de la web madridista Defensa Centralwww.defensacentral.com/mas_futbol/28462/2009/05/06/El-mayor-robo-de-la-historia), que titula: “¡El mayor robo de la historia!” y dice en en la entradilla: “Un Chelsea que toreó al Barça durante 90 minutos fue vilmente robado por un árbitro lamentable y vergonzoso que llegó a birlar hasta seis penalties al equipo inglés. El Barcelona, sólo tiro una vez a puerta, en el 92' y fue gol. Qué injusto”. (




III


Ha sido realmente decepcionante oír a los (¿periodistas?) participantes en algunas tertulias (la de Radio Marca especialmente, pero no la única) hablar de cuatro, cinco y hasta seis penaltis que habría dejado de pitar en contra del Barcelona el árbitro noruego. No voy a entrar a valorar en su conjunto la actuación de Henning Ovrebo (que como mero aficionado, ya saben, me ha parecido desigual, sólo correcta a ratos y errática otros), pero sí tengo claro lo que han visto estos ojitos que se han de comer los gusanos (si les dejo, igual decido que me incineren); y lo que han visto es un lance en el minuto 24 entre Malouda y Alves que probablemente ningún árbitro de la Premier habría pitado ni siquiera como falta, otro en el 26 entre Abidal y Drogba, que se deja caer, como en el siguiente (56’) ante Touré, y una supuesta falta sobre Anelka (66’) que, en la repetición de la toma posterior de la propia realización inglesa, se aprecia claramente cómo el francés se cruza de derecha a izquierda en la trayectoria de Abidal y —a más de medio metro ya de éste— choca el empeine de su pie derecho con el gemelo de su pierna izquierda y cae, no voy a entrar en si voluntaria o involuntariamente (aunque yo lo tenga claro, no estaba dentro de su cabeza). Del resto, la tarjeta a Essien en el 74' por entrada sobre Iniesta debería haber sido la segunda (no le sacó amarilla por una entrada desde atrás sobre el mismo jugador en el primer tiempo) y por tanto haber conllevado la expulsión, sí debería haber pitado penalti por la mano de Piqué en el 82’, y en absoluto en el 95’, cuando el balón disparado por Ballack golpea en la axila de Etoo.
Para terminar, un fragmento revelador de la crónica de L’Equipe (www.lequipe.fr/Football/breves2009/20090506_231743_barcelone-en-un-coup-de-poignard.html): “Guus Hiddink, l'entraîneur de Chelsea, s'est-il enivré de sa science tactique au cours de ce bras de fer ? Le Néerlandais avait trouvé les solutions pour dérégler cette équipe au jeu de rêve. Et quand Essien a inscrit dès la 9e minute une reprise de volée d'anthologie cousine de celle de Zidane en finale en 2002, Chelsea avait réuni toutes les conditions pour rééditer, en plus sadique encore, sa neutralisation du jeu barcelonais.” Pero cuando el “Chelsea s'est retrouvé à onze contre dix, le Néerlandais choisit de sortir Drogba pour le remplacer par Belletti (70e). Autrement dit : de préserver l'avantage.” Y así les ha ido. Todos hemos sentido disgusto o frustración ante decisiones arbitrales equivocadas que las más de las veces podría deshacer en pocos segundos el cuarto árbitro —o quien fuera que se designase para tal función— sólo mirando la repetición de la jugada en un monitor o en las pantallas gigantes del estadio, pero la UEFA se opone una y otra vez aduciendo argumentos trasnochados e inaceptables con la tecnología de la que hoy se dispone; todos hemos visto en numerosas ocasiones cómo un gol marcado en el tiempo añadido (sobre todo en la Premier, donde éste con frecuencia alcanza o sobrepasa los cuatro minutos) acaba con las aspiraciones de un equipo empeñado en la defensa de un resultado demasiado ajustado. Todo esto forma parte del fútbol y mientras no se modifiquen los reglamentos hay que aceptarlo como tal. Desde luego yo no habría considerado injusta —bien al contrario— la victoria del Chelsea si no hubiera llegado el gol de Iniesta, tan golazo o más que el de Essien, o si Drogba no hubiera errado clamorosamente la ocasión de oro que tuvo ante Valdés. Pero nadie puede, nadie debería decir ahora que les han robado. Puede que en el partido brillara por su ausencia un tipo de fútbol que muchos preferimos —y con el que la selección española se impuso en la pasada Eurocopa— pero no faltó la intensidad, la tensión, el ansia de victoria de ambos equipos. Y la final de Roma se presenta apasionante. Que la disfruten.


P.S.: Antena 3 acaba de reponer en su informativo las imágenes de una entrevista realizada por un periodista de la cadena a Guus Hiddink tras el partido que enfrentó a las selecciones de España y Corea en el Mundial de 2002, en las que el entonces técnico de la selección coreana hablaba —como hizo la semana pasada en Barcelona tras el partido de ida— sobre las críticas a las decisiones arbitrales. No las encuentro en la web de la cadena, pero están en You Tube (www.youtube.com/watch?v=scIAaXm48XE) para quien quiera compararlas con las de su rueda de prensa tras la eliminación del Chelsea.

8 de marzo de 2009

Día internacional de la mujer



Domingo, 8 de marzo, “Día internacional de la mujer”. Al igual que con el “Día del orgullo gay”, no es difícil saber cuánto hará falta aún para que tales conmemoraciones vayan quedando vacías de sentido: varias generaciones. En un reportaje de la televisión sobre las manifestaciones y los actos que han tenido lugar en España, una señora de entre 50 y 60 años dice que, en su opinión, no se ha logrado ni el 50 por ciento (de grado de igualdad, se entiende). Hace unos días fui con unos amigos a Murcia, a una charla-lectura de Luis Eduardo Aute en el Hemiciclo de la Facultad de Letras, parte de las III Jornadas sobre poesía y canción organizadas por la Universidad y la Asociación Murcia Canción de Autor (AMCA). Después, tras un tiempo prudencial para la cena, una velada-homenaje en el bar Zalacaín, en la que varios miembros de la asociación interpretaron temas del artista y uno propio. Todo bastante bien, entretenido y emotivo a ratos, voces de calidad entre regular y bastante buena (mejores en general las de las chicas, tanto por condiciones naturales —color, volumen, timbre, afinación— como por educación vocal) e interpretaciones igualmente desiguales y diversas.
Durante su turno uno de los cantantes introdujo el tema que iba a interpretar con una ocurrencia que me pareció bastante significativa. Contó el chaval (uno de mis amigos hizo una grabación de toda la velada, de la que transcribo) que "el otro día hablaba con un amigo que cuando —con perdón—, cuando te follas a una tipa más de x veces, debería llegarte una carta a casa y avisarte: si te la follas una más, no podrás follarte a otras. Eso [recibir la carta] no pasa y uno al final vuelve a caer..." La verdad es que no sé bien cuál era —en su argumento— el fin último de esa carta, si evitar que la “tipa” en cuestión nos (le) mandara a la mierda o evitar quedarnos (quedarse) colgado de ella y así poder saltar limpiamente a la siguiente de la lista. Tampoco sé si me quedé más pasmado por la naturalidad con la que decía lo de “te la follas” o por la despreocupación con la que la gran mayoría de los asistentes de ambos sexos (incluida su madre, que estaba presente) le aplaudían a rabiar.
Hablando después con los amigos y amigas con los que asistí, uno de ellos —profesor de secundaria— contaba cómo había oído al paso una conversación en la que una alumna decía a sus compañeras que no iba a salir porque no la dejaba su novio. Otra, escritora y madre, comentaba haber reprendido a su hijo adolescente tras escucharle hablar por teléfono con su novia en términos poco “igualitarios” y añadía que, en la siguiente ocasión que la chica apareció por su casa, habló con ella al respecto intentando convencerla de que no debía consentir esas actitudes por parte de él. El caso de la sevillana Marta del Castillo no es excepcional, sino una muestra de actitudes machistas habituales entre los adolescentes de todos los estratos sociales, y no sólo de los más bajos, como algunos quieren creer. Sólo el hecho de haber terminado trágicamente y atraído la atención de los medios de comunicación lo diferencia de miles de casos similares en el mundo de la adolescencia, precisamente la edad en la que se debería prevenir o erradicar mediante la educación (en el más amplio sentido del concepto) ese dañino concepto machista de “pertenencia” de la mujer al varón, incluso más allá de los límites de la propia relación sentimental.
Probablemente sea sólo un detalle, pero nadie puede negar lo que se esconde tras ese “botón de muestra” de la actitud de los hombres hacia las mujeres (y la de las mujeres hacia ellos y hacia sí mismas): es obvio que una sociedad en la que un adolescente prohíbe a su novia (explícita o implícitamente) salir con sus amigas y ella no sólo lo acepta sino que le justifica, una sociedad en la que un hombre joven de clase media y veintipocos años, con formación universitaria, no “folla con”, sino que “se folla a” las “tipas”, y lo expresa con total naturalidad (revistiéndolo de broma o chiste) ante un auditorio de hombres y mujeres de entre diecisiete y sesenta y tantos años sin provocar el más mínimo gesto de rechazo —sino más bien todo lo contrario—, una sociedad así está lejos todavía incluso de ese 50 por ciento que decía la señora antes mencionada.