16 de marzo de 2012

Treinta poemas, el librito perdido, en issuu



Treinta poemas formaba parte de un proyecto fallido, una colección de libros de pequeño formato (publicados por la editorial granadina Comares) que en su momento auspiciaron el profesor Francisco J. Flores Arroyuelo y el poeta y periodista (hoy también profesor universitario) Antonio Parra, director de Postdata; colección que iba a llevar como nombre precisamente el de la editorial granadina unido al de la revista murciana, Comares/Postdata. Pero por razones que no vienen al caso ahora sólo tres de los títulos inicialmente previstos llegaron a imprimirse, y uno de ellos fue esta pequeña antología de lo que yo había escrito hasta aquel momento, dado que tras los dos libros editados —que no escritos— en el espacio de apenas ocho meses (En las nubes del alba, 1990 y Si la ilusión persiste, 1991) sólo había publicado algunos poemas sueltos en revistas literarias de ámbito provincial y escaso eco exterior. Pero en esos cinco años había seguído escribiendo poemas y reuniéndolos en libros de los que más tarde, cuando dejaban de satisfacerme (ya fuera por convencimiento propio o por excesivo asentimiento a pareceres ajenos) iba separando los poemas que parecían funcionar mejor en el siguiente: así nacieron y murieron sucesivamente Bienvenida la noche, Con tanta claridad, El legado de Hamlet, La vida razonable y La justicia del tiempo, que dejaron en el camino un considerable número de poemas, bien porque ya no parecían tener sentido dentro del nuevo conjunto o bien porque me parecía mejor reservarlos para algún posible libro posterior.
Podría decir sin temor a exagerar que ese excesivo asentimiento o conformidad con las opiniones de otros fue durante años una dolorosa constante en mi evolución como escritor de poesía; como peculiar el tipo de desempeño crítico que pedía de aquellos a quienes acostumbraba enseñarles lo que iba escribiendo. Atendiendo a mis recuerdos y a los manuscritos anotados que conservo, podría distinguir dos tipos diferentes: de una parte, quienes tenían arraigada en su mente una determinada idea del poeta que yo era o debía ser (idea que yo sospechaba ya entonces que en absoluto se correspondía conmigo, y el paso de los años no ha hecho sino reafirmarme en esa convicción) por lo que miraban cuanto les mostraba desde el convencimiento de que distaba mucho de ese estado 'ideal', y llenaban el manuscrito de tachaduras y comentarios, muchas veces razonables y otras no tanto, incluso —en ocasiones— de inusitada dureza y displicencia, rozando lo ofensivo. Sin perjuicio de su indudable buena intención, el comportamiento de alguno llegó en algún momento a parecerse más al de un agente preocupado por los intereses de una supuesta 'carrera literaria' (que, por seductora que pudiera resultar, yo no estaba seguro de que quisiera o pudiera tener) que al de un amigo...
Los segundos, en cambio, parecían mirar desde el convencimiento de que ya era (o estaba en el camino de ser, y disponía de las herramientas necesarias para ello) el escritor que era o debía ser, no el que a ellos les gustaría. Sus análisis, por tanto, huían deliberadamente de enmiendas, tachaduras y/o cualquier tipo de anotación en los márgenes de posibilidades alternativas a este o aquel verso, limitándose a señalar con una marca apenas visible —un punto con lápiz o rotulador, junto al título o en alguna de las esquinas superiores del folio— aquellos poemas que les parecían mejores o más les habían gustado o emocionado.
Por razones de cercanía vital y afectiva, sin embargo, el peso mayor en mis decisiones lo tuvieron los primeros, y en el caso que nos ocupa ahora determinaron una serie de cambios importantes en el resultado final, desde el título —que cambió del inicialmente previsto Antología mínima al mucho más neutro de Treinta poemas— hasta el contenido mismo*, pasando por la 'Nota del autor' que lo encabeza, cuya versión inicial —pergeñada entre julio y septiembre de 1996 y de la que se nutren estas líneas— terminé cambiando ya en las primeras galeradas por otra bien diferente —la que puede leerse ahora— redactada en lo fundamental por uno de los asesores a quienes antes me refería y mínimamente retocada después por mí, y cuya característica más llamativa es ese tono de impostada humildad —tan extraño a mi carácter— que se adivina detrás de algunas frases: «un libro de transición hacia nuevas tentativas», «dejaba ver las influencias de poetas que por entonces empezaba a descubrir», «quedaron inéditos —y debo decir que me alegro de que así fuera—», «recupero los que creo que más claramente apuntan a posibles caminos futuros», «'La justicia del tiempo' tiene un marcado carácter generacional»...
Ese tono casi inculpatorio y/o disculpatorio, como de pedir perdón por el atrevimiento de publicar aquella antología, tiene poco que ver con el meramente descriptivo del texto original, en el que tras hablar de ese modo de ir subsumiendo cada proyecto de libro en el siguiente que comenté arriba, terminaba con una breve referencia los poemas que habían ido quedándose por el camino:

«Es de ese conjunto de poemas 'descolocados', por así decirlo, de los que principalmente se nutre esta selección, en la que también están representados los dos libros publicados a los que me referí, y en la que no cabe —por razones obvias— incluir ningún texto de un primer libro que aún no he tenido el valor de destruir (Fundar un territorio), ni de otro posterior, del que ni siquiera he podido encontrar ninguna copia, y que no es -en mi recuerdo- más que una versión primitiva del segundo de los publicados. Sólo para comodidad del posible lector, y por mantener un cierto orden cronológico, he ordenado los poemas bajo los títulos de esos libros efímeros a los que originariamente pertenecieron, pero incluyendo las correcciones posteriores.»

Varios de esos poemas adscritos en la antología a los entonces aún inéditos Bienvenida la noche, El legado de Hamlet y La justicia del tiempo no llegaron a formar parte después de ningún libro o —por decirlo mejor—, los libros de los que varios de esos poemas formaban parte se publicaron años después (Bienvenida la noche y El legado de Hamlet en 2003, con alteraciones que desvirtuaban claramente los proyectos originales) o se quedaron por el camino por las razones ya comentadas y por otras tan equivocadas —creo ahora— como aquellas (estoy trabajando todo lo duro que puedo para solucionar eso)...
No quiero terminar sin hacer mención al pintor Pedro Serna, que tuvo la amabilidad de permitir la reproducción del hermoso dibujo suyo que figura como viñeta en la portada, y a Antonio Lucas, que hizo esta breve reseña


en La esfera, el entonces suplemento literario del diario El Mundo. El librito con todo no llegó a distribuirse, como ya he comentado: aparte de los de autor y de algunas decenas más que conseguí años después (gracias a los buenos oficios de Javier Marín Ceballos, todo hay que decirlo), la mayoría de los ejemplares se quedaron almacenados en sus cajas en alguna nave de algún polígono industrial granadino. Si desean leerlo, sólo tienen que hacer clic sobre la imagen de la cubierta que encabeza esta entrada.


[* Antología mínima constaba de cuarenta poemas —seis de En las nubes del alba, siete de Si la ilusión persiste, once de Bienvenida la noche y dieciséis de El legado de Hamlet— incluyendo los poemas largos Reencuentro en modo menor y El legado de Hamlet, divididos en ocho y seis partes respectivamente, con lo que el total —contando esas secciones individualmente— sería de cincuenta y dos.  Al pasar a llamarse Treinta poemas quedaron fuera diecisiete de los cuarenta iniciales, y de los dos largos sólo incluí algunas partes (III y VII del primero y III, V y VI del segundo).
De esos diecisiete excluidos, seis se publicaron en 2003 formando parte de Bienvenida la noche (Amanecer de otoño, Imágenes amadas, El desnudo infeliz, Aquel sosegado lugar, Respuesta del oráculo y Certeza indeseada —integrado en Odisea, libro XXV—) y otros dos en 2004 (Un amigo del bar y Benet) integrados en el poema Officium defunctorum de Una canción extranjera.
Los otros nueve (Antes que el tiempo los cambiara, Dante anoche, Hablando del suicidio, Soneto falso, Poética para Germán, Tardío remordimiento, A un amigo distante, Brindis y Lección primera, más las secciones I, II, IV, V, VI y VIII de Reencuentro en modo menor) definitivamente no obtuvieron plaza en aquel peculiar concurso-oposición, por lo que podría decirse que siguen esperando una oportunidad de ver la luz, y desde luego estoy considerando seriamente la posibilidad de concedérsela. ]

8 de marzo de 2012

Madre soltera (Tercer aniversario)




MADRE SOLTERA

Has dado a luz al hijo que querías
tener con él, pero su padre es otro,
y no te importa. Habría sido fácil
llevarle hasta tu cama y arrancarle
—con tu sabiduría para el sexo
y tus mañas de mujer— esa esencia
que tú necesitabas para rehacer su imagen,
confundiéndola en una sola carne
con la tuya... Muy fácil, sí: tal vez
por eso le dejaste aquella noche,
camino de su casa,
en la ciudad donde le conociste
y que él mismo te enseñó.
                                                      Esa noche,

la última que os visteis —y sabías
muy bien que era la última—, pensaste
que quizás no mereciera la pena,
que todo lo que había hecho por ti
tenía un interés oculto —ya te había
ocurrido con otros hombres antes—,
que no veía en ti más que a la esposa
que siempre quiso —guapa, inteligente y sumisa—
y no estabas dispuesta a renunciar
a ti misma para colmar tu anhelo
maternal, el deseo que siempre, desde niña,
te había atenazado de ser madre.


Tal vez también por eso a esta criatura
—cuyo padre es un rostro perdido entre tus piernas,
una noche que casi has olvidado—
le has puesto el nombre de él, de aquel que quiso
ser amante y esposo al mismo tiempo,
aquel que en su ignorancia, pensó que caerías
a sus pies y no tuvo más premio ni castigo
que este niño, al que ha dado su nombre sin saberlo.



[Este poema, escrito hacia 1996, fue uno de los incluidos por L.A. de Villena en mi parte de la antología 10 menos 30. La ruptura interior en la poesía de la experiencia (Pre-Textos, 1997). Forma parte de Las vidas de los otros, un libro en el que ya por entonces llevaba algún tiempo trabajando y que a día de hoy sigue inédito.]

27 de enero de 2012

Respuesta a Mariano Sanz Navarro




Ciertamente lo estoy (vago, de gandul) aunque sin ánimo de justificarme te diré que hay varios factores que contribuyen a que sea verdad ese enunciado. El principal es un curso de Creación y diseño Web que estoy haciendo desde finales de octubre y hasta finales de febrero y que además de las cinco horas diarias de clase (obligatoria) conlleva muchas horas en casa de ejercicios y prácticas... Por encima de eso, sin embargo, diría que más que "estar vago" es que lo soy, y si no propiamente vago o gandul (sé que muchos con quienes he trabajado o colaborado me contradirían) sí demasiado consciente de mi carácter disperso e indisciplinado como para autoimponerme la tarea de ir dando cuenta por escrito de acontecimientos [...], como decía hace algo menos de un año en esta entrada.

Por ejemplo, en la tarde-noche de ayer saltó a las agencias la desafortunada noticia de la muerte de Theo Angelopoulos, y por unos momentos pareció que se revolvía en mi cabeza un texto que de haber salido habría colocado de inmediato aquí en el blog, no puedo decir si evocación en prosa, borrador de poema o qué, me martilleaba en la cabeza un fragmento de diálogo entre dos personajes de una serie que veía hace un par de días: preguntaba uno a la otra si le gustaban los juegos en los que el jugador resulta ridículo, y ella le respondía que la vida es un juego en el que todos resultamos ridículos... Pero el texto, por unas cosas o por otras, no terminó de cuajar. Eso ha ocurrido en muchas ocasiones, y en la mayoría de ellas, a poco que me hayan asaltado con cierto empuje, esas entradas han terminado desplazando a cualquier otra cosas que estuviera haciendo o tuviera la obligación o el compromiso de hacer. Que por unos meses haya dejado de ser así no me preocupa en exceso: si tuviera contrato para publicar en un medio determinado una columna diaria, semanal o con la periodicidad que quieras, no habría tenido más remedio que tirar de ese hilo y forzar la maquinaria para escribir un texto, evocación, obituario emocionado o simple nota de la extensión comprometida, pero no es el caso, así que cuando un asunto o idea no viene con el brío necesario como para hacerme dejar lo que sea que esté haciendo, prefiero dejarlo correr...

Con todo, aprovecho el pequeño respiro de dos días que me concede la festividad católica del sumateológico Tomás de Aquino para intentar saciar tu sed siquiera con estas pocas líneas, y hasta puede que rellene alguno de los huecos a los que me refiero a continuación. La verdad es que acaricio la idea de trasladar al blog los comentarios y/o conversaciones que sobre diversos temas voy dejando aquí y allá dispersos en Facebook o Twitter y seguir añadiendo series de poemas, que por ejemplo la del "Cuaderno del 93" tiene a fecha de hoy dos entradas pendientes de rellenado, o sea, publicadas vacías, sólo con el título y una determinada fecha (aunque en esto se puede hacer trampa) por aquello de que cuando decidí que iba a poner tal poema del cuaderno en tal día concreto resultó que, o bien no encontraba la versión primera (distinta de la publicada después en libro) que quería poner; o —en el caso de la del 2 de noviembre, mi cumpleaños— había publicado el día anterior —el 1, su cumpleaños— una entrada-homenaje a Soren Peñalver con un poema suyo, y no quería añadir inmediatamente la que tengo prevista desde hace tiempo (precisamente el poema titulado Dos de noviembre), más aún teniendo en cuenta que la media de actualización del blog rondará los veinte días y que regular o previsible son conceptos que podría/debería haber añadido en la entrada antes mencionada entre las cosas que este blog no es.

Te contaría en secreto (si no fuera casi vox populi, de las muchas veces que lo he contado ya a los amigos poetas) que el mes de enero de 2010 lo dediqué casi por completo a pasar al ordenador una gran cantidad de borradores de poemas que andaban dispersos entre cuadernos y papeles de diverso tipo (desde folios sueltos a servilletas de bar, pasando por entradas de fiestas en discotecas, recetas médicas —las llamadas copias para el paciente—, etc.) correspondientes al período comprendido entre 1999 y 2009; dado que no recordaba los poemas que había ido escribiendo en esos años —algo habitual y/o sistemático en mí— y teniendo en cuenta las muchas y agradables sorpresas que me llevé, lo lógico habría sido aprovechar ese impulso para (sin perjuicio de mayores y más detalladas correcciones) dar forma a por lo menos uno de los dos libros que claramente entreveía en el conjunto e, incluso, empezar a moverlo por editoriales y/o concursos, por poca que sea la fe que a estas alturas tengo en unas y otros.

Esto es al menos lo que creo que habría hecho cualquiera en mi lugar, pero no yo: aquí cerca de mí, encima del brazo de un sillón, está la misma carpeta azul con los mismos casi doscientos folios llenos de tachaduras de bolígrafo nego, rojo o azul, testigos de las varias ocasiones en que desde entonces me he puesto a la tarea sin lograr llevarla a término... ¡Cuidado!, no quiero con esto decir que tenga prisa por publicar esos poemas/libros (y si la tuviera daría igual, porque ningún editor tiene tampoco interés por —ni me temo que dinero para— editarlos), sólo lo mencionaba como ejemplo de actitud para con algo que me resulta imprescindible (la poesía) frente a otra cosa (el blog) que me importa pero no tanto...

En fin, que por unas cosas o por otras siempre voy encontrando —como ves— excusicas para seguir cimentando una fama de procrastinador impenitente que en absoluto me favorece pero contra la que —con estos mimbres— me resulta cada vez más difícil luchar...

Ya seguimos, un abrazo.

26 de diciembre de 2011

Eufemismos y perífrasis



La verdad es que estoy de un vago estos días que apenas me soporto, y especialmente los esfuerzos y desvelos de los tres o cuatro últimos para recuperar los datos de uno de los discos duros del ordenador (el más nuevo de los que tengo, un año y un mes apenas) han terminado de baldarme para el resto de los malhadados días navideños, así que me van a permitir que no me extienda mucho hoy, entre otras cosas porque el asunto se comenta por sí solo de puro evidente.

¿Alguien se acuerda del tan traído y llevado (sobre todo en las semanas inmediatamente anteriores a las elecciones de 2008) concepto de desaceleración...? ¿Alguien se acuerda de las furibundas críticas del PP al uso de ese y otros eufemismos...? Pero supongo que sí tienen fresco todavía en la memoria el reciente discurso de investidura de Mariano Rajoy, en el que expresó su compromiso firme por decir la verdad y "llamar al pan, pan, y al vino, vino". Pues bien, hace sólo unos minutos, sin embargo, el nuevo Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, ha emitido una Nota de Prensa en la que afirma que su titular, Ana Mato, "ha condenado el último caso mortal por violencia en el entorno familiar ocurrido hoy en Roquetas (Almería). Ana Mato ha expresado su más absoluta repulsa por la muerte [...]" para especificar después que "se trata de la víctima número 59 de 2011. El año anterior, 2010, finalizó con 73 víctimas mortales por violencia en el entorno familiar." Como pueden ver ya ni siquiera basta con usar el eufemismo, sino que además hay que envolverlo y darle forma de perífrasis: hasta en tres ocasiones se utiliza la expresión "caso mortal por violencia en el entorno familiar" en lugar de asesinato por violencia machista o de género (que es la que figura en la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, aprobada por amplio consenso parlamentario).

Pero ya esta mañana, varias horas antes, hemos tenido una muestra evidente de lo mismo en uno de los primeros actos de toma de posesión de nuevos secretarios de estado. En ella el flamante nuevo ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, no ha hablado de desaceleración, sino de un perfil: el futuro inmediato es un perfil al que nos dirigimos o en el que nos adentraremos (magnífica pirueta ontológico-categorizadora del ex-Lehmann Brothers' boy, no me lo negarán) y resulta que el perfil en el cual nos adentremos en el año próximo, pues va a ser un perfil... relativamente desacelerado (insisto en lo de relativamente, que en cuestión de categorías ontológicas las absolutas está casi totalmente prohibido usarlas, salvo de puertas adentro del partido y/o del gobierno). En fin, he dicho que no tenía ganas de extenderme, así que escuchen, escuchen atentamente (y/o lean atentamente la transcripción) de sus palabras, todo un señor ejemplo de la más eufemística oratoria que se haya oído en mucho tiempo: 

«Seguramente, en este trimestre, la economía española, pues, eeeh... ha tenido una recaída, y volvamos a una cifra de crecimiento... a una tasa de crecimiento negativa, lo cual va a determinar, lógicamente, que el perfil en el cual nos adentremos en el año próximo, pues va a ser un perfil... relativamente desacelerado. Los próximos dos trimestres —que nadie se engañe— no van a ser sencillos, tanto desde el punto de vista del crecimiento como desde el punto de vista del empleo... Sin embargo yo creo que esto tiene que ser un acicate, tiene que ser un elemento de motivación adicional, para aplicar estas refor... esta agenda reformista que comentaba antes. Los tiempos son difíciles pero son momentos de decisiones importantes, profundas, y que dejen una impronta en la economía española...» 

E imperturbables, flanqueándole (casi se diría amparándole, protegiéndole) los insignes e inefables Josep Mª 'Ansar' y su cuasi-doble canario —sin bigote desde hace ya algún tiempo, quizás para que no le confundan con el original (por otra parte inconfundible, valga la redundancia) o tal vez simplemente desde que intuyó que le podía tocar un ministerio, cosas del perfil del ministrable, ya saben...

15 de diciembre de 2011

Cuaderno del 93 (IV)

26 de noviembre de 2011

No era sólo en Galicia...


Esperanza Aguirre y Ramón Luis Valcárcel en 2010.  Foto EFE reproducida por El País


Leo en la sección de política de El País este reportaje: Valcárcel quita temporalmente la tarjeta sanitaria a parados y extranjeros y cuelgo el enlace en Facebook. Unas horas después PM, amigo desde los tiempos de Thader, deja allí este comentario:

P.M.: "Lo siguiente, el copago, como si ya no pagáramos, pero esto es más grave. El nivel de una sociedad se puede medir viendo cómo cuida a los menos favorecidos. Valcárcel es un miserable."

Le comento a continuación que acabo de ver un reportaje en la noticias de... creo que la Sexta, sobre las aulas prefabricadas o barracones en los que estudian los niños en varias comunidades españolas (sólo en Cataluña unos 3000). En Valencia, uno de los conglomerados de barracones (sin pista de deportes, biblioteca ni laboratorios, y para la educación infantil PÚBLICA, of course) está justo al lado de la grandiosa, muchicostosa y TOTALMENTE INNECESARIA Ciudad de las Ciencias y las Artes... Los padres se plantean como objetivo conseguir que se construyan los colegios PÚBLICOS necesarios (con pista de deportes, biblioteca, laboratorios) para que los niños no tengan que estudiar en esos barracones más de tres años (o sea el período de primaria NO obligatoria), y a continuación sale el Director General del ramo y con TODA SU SANTA CACHAZA arguye que su objetivo (el de su administración) es que el problema esté solucionado en un plazo de... ¡¡¡OCHO AÑOS!!!... ¡Ah, pero eso sí, los valencianos siguen dándoles la mayoría absoluta...! ¿Qué se puede hacer pues...?

Podemos no estar callados, votar, denunciarlo... Pero está claro que desanima ver cómo estos sinvergüenzas desprecian al populacho. me reponde a su vez P.M.

Desanima mucho, querido P., sí, desanima mucho, estoy escribiendo algo al respecto desde ayer, paré para templar un poco la rabia y que no afectara al texto de la entrada...

16 de noviembre de 2011

'Monólogos...' en el blog de José Alcaraz




Pinchando sobre la foto podrán ver la entrada en Como no iba diciendo, el blog de José Alcaraz, a quien quiero agradecerle desde aquí sus palabras.

5 de noviembre de 2011

2 de noviembre de 2011

Cuaderno del 93 (III)

1 de noviembre de 2011

Cumpleaños de Soren Peñalver


Soren Peñalver en S. Martín de Porres, bajo el dintel de La puerta falsa

Hoy es el cumpleaños de Soren Peñalver. Aunque conozca la fecha exacta (más bien el año, puesto que la fecha evidentemente es hoy) no la voy a decir porque creo que no me corresponde a mí desvelar el secreto que hay detrás de esa pequeña coquetería suya. Yo lo sé desde 1992, cuando hacía ya unos ocho años que le conocía, y no a través (como el propio Soren cree) de Pedro o Eloy, que siempre me dijeron saberla pero la mantuvieron —también ellos— oculta a mi curiosidad. No, yo supe el año de su nacimiento por un compañero suyo de la mili, y hasta aquí puedo leer... Tampoco importa tanto si pensamos que, hará mañana un año, la vida nos lo devolvió —físicamente algo mermado, pero enteroa la vida y a la poesía, y yo quiero celebrarlo con él y con ustedes: celebrémoslo, por ejemplo, con un poema suyo, uno que no está incluido en Cantos del peregrino, la selección que publicó la pasada primavera el Museo Ramón Gaya con motivo del homenaje que le tributó el Día Internacional de la Poesía, y que intuyó que traerá muy buenos recuerdos de los días de antaño a más de una y de uno.


UN IDILIO INTEMPORAL

Espigada, libre el cabello
y los ojos dos violetas brillantes
de agua, como una colegiala
de antaño, escapada de una clase
abrumadora antes de tiempo,
la Poesía espera, bajo un árbol,
a que la lluvia cese de caer
sobre la calle y los que corren.

Pasas, la saludas, te reconoce.
Fue a finales del milenio
pasado, o a principios de éste.
A ella ni la tocaron los años.

Frecuentabais, en las tardes
soñolientas, en las noches
claras, musicadas, aquel lugar
de nombre impar, alzado
en el recuerdo, como una clave
o un enigma de la Cábala
o Platón: La puerta falsa.
Soren Peñalver

31 de octubre de 2011

Un poema de 1987 y una cita de 2011




LA CITA:
«El libro es un objeto en el que el tacto cuenta y también el olfato, mezcla en ocasiones de tinta y polvo [...] tras la lectura de un libro acostumbran a quedar pequeños testimonios del lector, quizás una ralladura o un viejo billete de metro o, incluso, alguna nota. Nada de ello pasará en el caso de la pantalla. Le falta ese toque erótico que proporcionan tacto, olor y también el rastro de su historia.»
En "También quiero libros digitales", de Laura Tramosa
[Artículo completo aquí].

EL POEMA:

ERÓTICA CON LIBRO

No podía dejar de oler el libro,
parecía un poema aquel olor,
un poema más, de tan hermosos
que hacía los poemas.

Daba gusto tenerlo entre las manos,
estudiandoel lugar de cada letra:
el defecto más pequeño me lo hacía
más amable, la huella de las letras
de la página anterior.

Difícil la lectura, regresando,
volviendo a oler la página, el perfume
real entre los versos, releyendo
olor y suavidad, metía mi rostro
y rozaba con mi piel aquellas líneas,
gozaba en sus caricias un placer
más parecido al placer que otorga un cuerpo...

Cuerpo siempre dispuesto a restregarse
y a mirarme, dispuesto a acariciar
dulce mis ojos, a entregarme el olor
de tanta piel cubierta de poemas,
o sólo a hablar conmigo, a acompañarme.
(De En las nubes del alba, 1990)

25 de octubre de 2011

3 metros sobre el cielo




En uno de los comentarios de los lectores a esta noticia (el #59, firmado por Emergouse) puede leerse lo siguiente:

«la ultima produción española que fui a ver fue 3 metros sobre el cielo con Angel Casas como actor principal pelicula sublime, guión que roza la excelencia, actores secundarios brillantes y llenos de vida desde el mismo principio, decorados y puestas en escenas notables del 1-10 le pongo un 11.»

De lo cual pueden deducirse dos cosas: una, que un actor para mí desconocido anda enseñoreándose de las pantallas españolas, y para más inri lleva mi nombre y el apellido del macarilla actual del cine y las series españolas, Mario Casas. Y dos, que el mencionado lector entiende muy poco de cine y que no ha visto la anterior adaptación de la obra de Federico Moccia, la original italiana Tre metri sopra il cielo (estrenada en 2004, con Mario Scamarcio al frente del reparto) cuya existencia probablemente desconoce y de la que la española es calco prácticamente secuencia por secuencia (como veremos en otra entrada), hecho que se escamotea por completo al espectador, al menos en los extras de la edición en dvd: en uno de ellos el director habla incluso del proceso de adaptación de la novela para la realización del guión como si se tratase de una película original y no de un remake, sin mencionar ni siquiera de pasada la película italiana y sin decir en ningún momento que lo que se ha adaptado en realidad es el guión de esta última (del propio Moccia en gran parte), cambiando Roma por una ciudad española indeterminada y los nombres de algunos de los protagonistas... Salvo —claro— que donde en la italiana hay actores en la española hay niñatos que no saben vocalizar y —lo que es peor— bigestuales; y que donde en la italiana los chavales llevan el casco —o se lo ponen, o se lo quitan— en todas las escenas con motos involucradas (que son muchas, tan protagonistas casi como ellos), en la española, producida por Antena 3 (curiosamente la principal promotora de la conocida campaña "PONLE FRENO") simplemente lo llevan colgando del brazo o no lo llevan...