19 de agosto de 2011

Un poema de Juan Bonilla




CORDURA DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO

Padre nuestro, que estás en paradero
desconocido, líbranos de Ti.

No nos llenes el tiempo con tu ausencia.

Tú utilizaste el fuego del infierno
para encender el sol de nuestra infancia.

No nos des incertidumbre de tus ojos
después de que los nuestros ya no puedan
mirar la rosa negra de la vida.

Oh, cordura de Dios que catas
el pecado del mundo,
dispendia tu piedad con los cobardes,
los que te encuentran en cualquier fenómeno
de meteorología, los que imponen
tu Nombre en leyes y oraciones.

Confórmate con ser un huésped
de nuestra infancia rota en mil pedazos.

Vacíanos de Ti,
regresa a tus orígenes,
a aquella inmensa noche de tormenta
en la que el miedo de unos monos te inventara.

                                  (Juan Bonilla, Partes de Guerra, 1994)

2 comentarios:

Eloísa A. dijo...

Se lo enseñaré a mi bebé agnóstico cuando se haga mayor.

Por cierto, no sé si conoces la oración atea de Unamuno. Te encantaría.

Saludos y te invito a mi espacio: lapoesiaesunatentadocelesteblogspot.com

Ángel Paniagua dijo...

Gracias por el comentario Eloísa. Conozco el poema de Unamuno: nada que ver aquel angustioso sentirse huérfano y querer no creer con esto...

«¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.»