19 de septiembre de 2010

Vicente Tortajada (10 menos 30, I)





Yo no le conocí personalmente, ni hablé de él con ninguno de los amigos más o menos cercanos que sí le conocieron y trataron. Por eso nunca he hablado de él ni voy a hacerlo ahora. Cualquiera que tenga interés o curiosidad puede teclear su nombre en el buscador que prefiera y encontrará artículos suyos o sobre él, o panegíricos de cuando murió como este alabando su humanidad, su bonhomía ("una de esas personas irrepetibles que dejan una huella profunda. Inteligente, culto, irónico y generoso [...] que escondía entre sus maneras tajantes un laberinto de ternura"); su personalidad "muy fuerte [...] huraña y muy tierna a la vez. En su conversación había mucha ironía, mucha acidez y un pronto inteligente"; su galante caballerosidad ("Era tan sensible que piropeaba por la calle a las mujeres mayores porque, según confesaba, ya nadie se acordaba de ellas"); o su concepto de la poesía: "Un poema tiene que contener una historia en brevísimos renglones. La exactitud y la matemática son la música y el oficio [...] El surrealismo y la escritura automática a mí no me valen. Tienes que conocer la lengua perfectamente, dominar los límites de la palabra y encajarla en su sitio para poder meter la historia en unos pocos renglones". And so on...

Por mi parte, el único motivo de traerlo aquí ahora es la casualidad de haber encontrado en Google libros la vista previa del nº 17-18 de la revista Renacimiento (1997 - vol.II), donde apareció firmada por él una de las reseñas (a la que pertenece el párrafo de la fotografía) publicadas en su momento sobre 10 menos 30, la antología de L. A. de Villena en la que fui (ya no sé si decir que por suerte o por desgracia) uno de los antologados. Un viejo recuerdo, en fin, del que no tenía copia en papel (aunque la reseña en cuestión fue recogida después en Azahar y vitriolo, uno de esos habituales volúmenes recopilatorios de este tipo de escritos).
No fue, desde luego, la única "alegría" que me deparó esa antología (tiempo habrá de comentar algunas otras), pero sí una de las más "sonadas"...

Las preguntas obligadas son, claro, en primer lugar, ¿por qué la imagen de esta entrada no es una fotografía de la persona cuyo nombre la encabeza?; y más allá de eso: si he dicho por adelantado que no le conocí ni voy a hablar de él... ¿por qué la encabeza su nombre...? Sencillo: porque para mí Vicente Tortajada (que hasta ese momento —finales del 97 o principios del 98— era un señor que había publicado una traducción de los Sonetos de Crimea de Adam Mickiewicz) es desde entonces ese párrafo, esas palabras suyas le retratan mejor que cualquier fotografía.

9 comentarios:

llvllurciana dijo...

Feas palabras. Y no me refiero a las tuyas, por supuesto.

Un besico Ángel mío.

Conde Niño dijo...

El apellido es como de presentador de Intereconomía. ¡Esa puerta!

Juan de Dios García dijo...

Si yo me encuentro una crítica así en su momento, siendo un poeta de menos de treinta años y recién antologado por el maestro Villena, con toda la ilusión que comportaría eso, me dejaría destrozado, desde luego.
Resquiescat in pacem.

carmen dijo...

¿Está muy feo desearle a un muerto que le den?

Eastriver dijo...

Angel, me has dejado acollonido con la crítica de ese señor. Es zafia. No hay más, es zafia y de pésimo gusto. ¿A quién quería él en la antología? Siempre suele haber alguna razón vergonzante. Yo, en estos casos, ya me he acostumbrado a pensar mal.

Mari Cruz dijo...

Querido Ángel, al encontrarme con esto me ha venido a la mente un fragmento del libro que leo ahora la “Obra completa” de Ramón Gaya editada recientemente por Pretextos y que sin duda te recomiendo, me he tomado la molestia de copiar parte aquí“…el crítico –ese algo que es el crítico- no puede acercarse a una obra con naturalidad de hombre, con simpleza de hombre, sino armado, avisado, conocedor, se enfrentará con ella, se plantará delante de ella como un policía...” y yo añado que será incapaz de disfrutarla, así que compadezcámonos de estos pobres que abusando de sus supuestos conocimientos ignoran lo que se pierden. Abrazos.

Thornton dijo...

Eso no es una crítica, es una venganza.
A mí, que no soy poeta, me ha salido algún que otro enemigo sin yo conocerlo. Si encima sabes juntar palabras, te puedes dar por jodido.

Hablando de poesía,eres increible.
La dedicatoria de "Una canción extranjera": "Para Ángel Paniagua Conejero, por todo y pese a todo...", es la declaración de amor más hermosa que pueda escribirle alguien a su padre.
Qué envidia, casi tanta como la que te "profesaba" ese tal Vicente.

Un abrazo.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Qué fuerte, Ángel, qué fuerte lo de este tipo.
Jamás he entendido a la gente que necesita meterse con los otros para darse boato.

La elegancia de tu entrada contrasta con su vil reseña.
Eso te eleva por encima de su lengua viperina.

Un abrazo.

Jose Lorente dijo...

La crítica destructiva no es un género que me interese. Cualquiera es capaz de soltar el primer exabrupto que le venga a la mente y quedarse tan tranquilo, sin dar la más mínima justificación al respecto.

Este tipo de descalificaciones no son dignas de un poeta. Tu entrada sí lo es, y muy elegante, por cierto.

Un abrazo.