25 de julio de 2011

Vendrá el tiempo y tendrá nuestros poemas (o la paja en el ojo ajeno)



Estos días pasados hemos tenido en Facebook un intercambio de ideas y puntos de vista sobre este texto de Martín López-Vega publicado el 19-7-2011 en la web de la editorial DVD (el autor asturiano aparece fotografiado —¿hojeando? ¿leyendo?— una edición en ruso de Parte de la oración de Joseph Brodsky). Y como sea que la animada charla terminó —al menos por mi parte— dando de sí más de lo esperado, he decidido traer al blog (que tan abandonado tenía) mis respuestas de ese diálogo, siquiera mínimamente retocadas.
El párrafo 1 parece prometer una concisa pero aguda reflexión del filólogo que López-Vega es sobre tradición y renovación en la narrativa última española, pero me temo que en Teoría de la Literatura (M. que sabe de esto un rato más que yo me corregirá si me equivoco) la categoría "bodrios novelísticos" no se contempla como tal. Por otro lado, la preeminencia de Martínez de Pisón, Xuan Bello, Mercedes Cebrián y Elvira Navarro sobre Juan Manuel de Prada y los otros que dice haber olvidado, no puede (desde el punto de vista, repito de la Teoría de la Literatura, no de la mera opinión personal) establecerse con una perspectiva temporal tan exigua.
El párrafo 2 es una boutade que quiere pasar por axioma sin lograrlo. Lástima que los demás también pensamos —habría que decirle— y no estamos de acuerdo contigo en esto. En el párrafo 3 parece arremeter contra los que actualmente son compañeros suyos de escudería (poética). La frase citada es de este artículo de Luna Miguel sobre Agustín Fernández Mallo (A. F. M.), pero no acaba de entenderse bien su ironía en lo tocante al "asunto de la seriedad"... ¿Le agrada o le molesta? En cuanto a la alusión a "las listas de poetas guapos de L. M." debe de referirse a "aquel texto de Poetry is not dead sobre los cuatro poetas más guapos de nuestro país" No he llegado a ver ese texto pero sí otros de la misma Luna Miguel cantando las alabanzas físicas y/o literarias de, por ejemplo, Antonio Lucas, Javier Rodríguez Marcos, Antonio Portela, Juan Antonio Bernier o David Leo García. Pero lo único que (quizá inconscientemente) consigue M.L.-V. mencionando esto es hacer patente un posible daño o descontento suyo íntimo (subconsciente o no) respecto de su propia apariencia física.
La reseña sobre la última antología de Villena a la que se refiere en el apartado 4 (que publicó en la revista Suroeste y a la que alude aquí para “disculparse”) no la pude leer y archivar en su momento, y descubro ahora —no sin sorpresa— que va mucho más allá que otra sobre 10 menos 30 que ya recogí en este blog. Se trata de una pieza lamentable desde cualquier punto de vista, incluido el de la Retórica (desde el que, tratándose de un filólogo, en modo alguno debería serlo):


la dispositio brilla aquí por su ausencia, salta de la inventio a la elocutio con tal falta de mesura y reflexión que el resultado, amén de embrollado y confuso, incluye descalificaciones literarias y personales de todo punto inadmisibles (un curioso disparate [...] Inteligencia, poca, aunque hachazos a la sintaxis hay muchos en el prólogo [...] desde los desvaríos neobarrocos y gimferrerianos de José Luis Rey a las naderías delicadas de Rafael José-Díaz, de los trabalenguas que parecen cómicos (pero al parecer no lo pretenden) de Juan Carlos Abril a las fruslerías de Javier Vela [...] batiburrillo de jóvenes imberbes [...] más les valdría a esos poetas tener los huevos de hacer ellos la antología [...] y no darle la lata a un proto-anciano que ha perdido todo su prestigio como antólogo [...] que estaría mejor buscando tiempo para hacerle a su prosa lo mismo que le ha hecho a su papada).
Ya en una entrada post-reportaje-EPS de su blog recogía "tal cual las escribí" la versión original de sus respuestas a sendos cuestionarios que por entonces le habían hecho (desvirtuadas después, según él, en los medios donde aparecieron); yo trajé entonces aquí unos fragmentos de esa entrada (que eliminó de su blog poco tiempo después) y bastaba con echarles una ojeada para ver ya claramente esa manía hacia Villena, que debe de remontarse (como la de algunos otros, pero ese es otro tema) a la época de 10 menos 30: de los más jóvenes de los incluidos en aquella antología, uno (Rendueles) es asturiano como López-Vega, y los otros dos coetáneos suyos (o casi, Juan Carlos Abril de 1974 y Carlos Pardo de 1975). En la introducción, además, Villena decía que “no figuran otros nombres jóvenes que estimo —José Mateos, Javier Almuzara, Lorenzo Oliván, entre otros— que siendo notables poetas han permanecido más fieles al clasicismo de la poesía de la experiencia.”
Se considerase aludido o no en ese “entre otros”, la realidad es que López-Vega y Almuzara (junto con —o espoleados por— su amigo y valedor García Martín) urdieron una estrategia de descrédito que tuvo varios frentes, en su caso una sección “humorística” de correos apócrifos en la revista Reloj de Arena de la que eran coordinadores, y en la que tuvieron la desfachatez de publicar una falsa carta mía con el mismo estilo insultante y faltón que el escrito que comentamos. Con los años, y los sucesivos textitos de este tenor, yo estoy cada vez más tentado de creer que revelan otro posible daño o descontento suyo íntimo (subconsciente o no) respecto de Villena y/o de sus antologías, en las que por una razón u otra no ha llegado a aparecer... (Y parece que no es el único que se echa de menos en ellas, de hecho Juan Carlos Sierra cierra su crítica de La inteligencia y el hacha con estas palabras: "quizá a la antología de Luis Antonio de Villena habría que reprocharle amistosamente algunas ausencias y alguna que otra presencia. ¿Ubi sunt, por ejemplo, Abraham Gragera o Martín López-Vega?")

Del párrafo 5 hay poco que decir porque deja ver a las claras el concepto de las relaciones humanas de este chico, al igual que en el 6, en el que despotrica contra el mencionado Carlos Pardo a cuenta de sus respuestas a una entrevista aparecida en abril, y que creo que se califica por sí sólo. La literatura es otra cosa.

En el 7 dice López-Vega que “se ha publicado una antología sin ninguna importancia en Visor. Uno la ve y piensa eso, que nadie le hará mucho caso, pues los autores incluidos son en general de poca monta y sobre todo el libro es lo bastante breve como para ser un libelo colectivo, pero no una antología con voluntad de nada.” Debo decir que creo que es falso que esta antología de la poetidumbre se haya vendido como churros, por mucho que siga semana tras semana en la lista de más vendidos de El Cultural. En cualquier caso, dudo mucho que en sus cifras de ventas haya tenido algo que ver una carta abierta (que es sólo eso, una carta, no un cañonazo para matar poemoscas), y disiento en cuanto a que los autores que la componen (individualmente considerados) sean “de poca monta”. Lo que —a mi juicio— falla de esta antología como propuesta es la penosa exposición de un (inexistente) fundamento teórico que supone su prólogo, un texto (por no decir directamente sarta de disparates e ingenuidades bobaliconas) que no resiste el más mínimo análisis crítico y que ninguno de los incluidos debe de haber escrito, puesto que —aunque hablan desde el nosotros— ninguno (a título individual ni colectivo) lo firma.
Pero… ¿qué sentido puede tener dedicar el 10% de un artículo a una antología por la que nadie le ha preguntado para desvalorizarla? ¿No habría sido mejor, siguiendo su razonamiento, ni siquiera haberla mencionado? El propio Martín López-Vega viene en nuestra ayuda a la hora de entenderlo; véanse estas frases extraídas del prólogo: 

“Ante tanta incertidumbre una gran parte de los nuevos poetas en español se han adscrito a una tendencia tan experimental como oscura [...] el estado comatoso que tiene el panorama poético en la mayor parte de los países europeos [...] Admiramos a poetas que [...] han escrito una poesía perfectamente entendible [...] somos partidarios de [...] una poesía que comunique, [...] Una poesía que conmueva”. 

Y comparense con estas respuestas de M. L.-V. en una entrevista con Lino González Veiguela del 15-04-11: “Me gusta escribir una poesía que sea lo más clara posible, bastante confuso es ya el mundo. Además creo que escribir una poesía oscura y hermética resulta mucho más fácil que escribir una clara.” ¿No será pues que —de nuevo— muestra M. L.-V. la peor parte de sí al sentirse injustificadamente excluido de una antología donde tan a gusto se hubiera sentido…?

Del párrafo 8 (que quiere ser una refutación con guiño de una entrevista a Sergio Gaspar), hay poco que decir puesto que está escrito para una sección de la web de la editorial que éste dirige. Señalar, eso sí, que a estas alturas ya no resulta extraño que López-Vega afirme que “la mayoría de los libros españoles son un bodrio” (¿menos los suyos, debemos suponer?) pero sí resulta extraño que la frase de Sergio Gaspar publicada en la entrevista [“traducciones, bastantes de ellas de discutible interés literario y que apenas aportan nada al presente de la literatura española. Algunas de esas traducciones, no obstante, resultan textos de mucho valor. Hay que afirmarlo con claridad”] se torne en la charla informal con M. L.-V. en “Él dice que la mayoría de las traducciones son un bodrio”...

Qué decir de la afirmación de que "No existe la poesía española" (en el párrafo 9), del concepto tan filológico "ristras de favoritismos de los autores jóvenes", o de la oposición Benítez Reyes/Muldoon, que —de entrada— no son comparables, juegan en ligas diferentes (y, además, ¿qué necesidad...? ¿Qué objeto tiene tal contraposición absurda? Ningún otro, me temo, que el de tachar de papanatismo cualquier interés por la poesía no hispánica). Que él no se "fiaría de un poeta español que no se sepa de memoria trechos de «Las flores del frío», «Libro del frío» (valga la bajada de temperatura) o «Rama desnuda»"... Pues vale, yo me fío de aquellos en cuya obra entreveo la presencia de Garcilaso, de Quevedo, de Espronceda y Becquer, de Machado, de Cernuda... y de Juan Ramón, sobre todo de Juan Ramón, que es la cumbre indiscutible de la lírica española del siglo XX... Si además adivino o asoman (aunque sea demasiado) Eliot, Stevens, Carver, Huidobro, Vallejo, Baudelaire, Cavafis, Pessoa, etc, etc, pues voy fiándome (y fijándome) más y más. Luego ya madurarán, verrà la morte e avrà i nostri versi, y el tiempo hará su antología, no Martín López-Vega...

Para terminar, sobre el 10, lo mejor y lo peor de la juventud es que se pasa sin que apenas alcancemos a darnos cuenta; la poesía, o mejor, los poetas siempre han sido jóvenes antes que adultos (incluido López-Vega, supongo, aunque visto lo visto vaya usted a saber). A unos se les ha prestado más atención que a otros, unos han sido más afortunados que otros, unos han querido y/o sabido medrar más que otros y, en fin, unos han publicado más y/o en mejores editoriales que otros, eso no quita ni pone calidad, que es lo que a fin de cuentas importa, y en algunos hay mucha más que en otros; pero a la vuelta de los años, muchos que ayer prometían se han esfumado, otros cuyas primeras obras nada bueno parecían augurar florecen envidiablemente, y es un proceso siempre interesante aunque, por temporadas, a uno puedan apetecerle más o menos tales zambullidas (el agua está tan fría a veces) pero desde luego, pezqueñines sí, al menos en lo que a poesía se refiere...

[ADDENDA noviembre 2011:
El pasado 16 de octubre López-Vega publicó en Rima interna, su nuevo blog en El Cultural, esta entrada en la que puede apreciarse un significativo cambio de opinión por lo que a los pezqueñines se refiere, he aquí un par de párrafos de la misma:
«...hay poetas que en su primer libro demuestran sobre todo las ganas de hacer algo completamente distinto y otros que, en cambio, parecen empeñados en demostrarnos todo lo que han leído. Ni lo uno ni lo otro sirven por sí solos, y quienes tengan algo que decir irán llegando poco a poco a encontrar la fórmula, su fórmula, personal e intransferible [...]
Prestar atención a los autores nuevos no puede más que enriquecernos: pensar que uno no puede aprender nada de quienes son más jóvenes que él es la primera señal de decadencia intelectual. Pero una forma de respetarles es darles tiempo.»]


2 comentarios:

Martín López-Vega dijo...

Hola Ángel,
muchas gracias por el tiempo que dedicas a mi articulito. Como ya he dicho lo que pienso no voy a rediscutir lo que dices... Solo diré una cosa: claro que la antología definitiva la hará el tiempo, pero como yo no soy el tiempo, mientras tanto hago la mía del mismo modo que tú harás la tuya. Hombre, si crees que es discutible que Martínez de Pisón es mejor que Prada... Pero bueno, eso, que cada uno...
Por supuesto que supongo que los demás piensan. Pero yo digo lo que pienso yo, claro. Y lo que no hago es (o al menos intento no hacerlo) pensar por los demás y adjudicarle oscuras motivaciones como tú haces conmigo. La imparcialidad no es filológica, es universitaria y aburrida. Esto, sobre todo, tiene que divertirnos. Si no...
Saludos
Martín

Miguel dijo...

¿A quién le divierte la cáscara amarga?