25 de julio de 2011

Vendrá el tiempo y tendrá nuestros poemas (o la paja en el ojo ajeno)



Estos días pasados hemos tenido en Facebook un intercambio de ideas y puntos de vista sobre este texto de Martín López-Vega publicado el 19-7-2011 en la web de la editorial DVD (el autor asturiano aparece fotografiado —¿hojeando? ¿leyendo?— una edición en ruso de Parte de la oración de Joseph Brodsky). Y como sea que la animada charla terminó —al menos por mi parte— dando de sí más de lo esperado, he decidido traer al blog (que tan abandonado tenía) mis respuestas de ese diálogo, siquiera mínimamente retocadas.
El párrafo 1 parece prometer una concisa pero aguda reflexión del filólogo que López-Vega es sobre tradición y renovación en la narrativa última española, pero me temo que en Teoría de la Literatura (M. que sabe de esto un rato más que yo me corregirá si me equivoco) la categoría "bodrios novelísticos" no se contempla como tal. Por otro lado, la preeminencia de Martínez de Pisón, Xuan Bello, Mercedes Cebrián y Elvira Navarro sobre Juan Manuel de Prada y los otros que dice haber olvidado, no puede (desde el punto de vista, repito de la Teoría de la Literatura, no de la mera opinión personal) establecerse con una perspectiva temporal tan exigua.
El párrafo 2 es una boutade que quiere pasar por axioma sin lograrlo. Lástima que los demás también pensamos —habría que decirle— y no estamos de acuerdo contigo en esto. En el párrafo 3 parece arremeter contra los que actualmente son compañeros suyos de escudería (poética). La frase citada es de este artículo de Luna Miguel sobre Agustín Fernández Mallo (A. F. M.), pero no acaba de entenderse bien su ironía en lo tocante al "asunto de la seriedad"... ¿Le agrada o le molesta? En cuanto a la alusión a "las listas de poetas guapos de L. M." debe de referirse a "aquel texto de Poetry is not dead sobre los cuatro poetas más guapos de nuestro país" No he llegado a ver ese texto pero sí otros de la misma Luna Miguel cantando las alabanzas físicas y/o literarias de, por ejemplo, Antonio Lucas, Javier Rodríguez Marcos, Antonio Portela, Juan Antonio Bernier o David Leo García. Pero lo único que (quizá inconscientemente) consigue M.L.-V. mencionando esto es hacer patente un posible daño o descontento suyo íntimo (subconsciente o no) respecto de su propia apariencia física.
La reseña sobre la última antología de Villena a la que se refiere en el apartado 4 (que publicó en la revista Suroeste y a la que alude aquí para “disculparse”) no la pude leer y archivar en su momento, y descubro ahora —no sin sorpresa— que va mucho más allá que otra sobre 10 menos 30 que ya recogí en este blog. Se trata de una pieza lamentable desde cualquier punto de vista, incluido el de la Retórica (desde el que, tratándose de un filólogo, en modo alguno debería serlo):


la dispositio brilla aquí por su ausencia, salta de la inventio a la elocutio con tal falta de mesura y reflexión que el resultado, amén de embrollado y confuso, incluye descalificaciones literarias y personales de todo punto inadmisibles (un curioso disparate [...] Inteligencia, poca, aunque hachazos a la sintaxis hay muchos en el prólogo [...] desde los desvaríos neobarrocos y gimferrerianos de José Luis Rey a las naderías delicadas de Rafael José-Díaz, de los trabalenguas que parecen cómicos (pero al parecer no lo pretenden) de Juan Carlos Abril a las fruslerías de Javier Vela [...] batiburrillo de jóvenes imberbes [...] más les valdría a esos poetas tener los huevos de hacer ellos la antología [...] y no darle la lata a un proto-anciano que ha perdido todo su prestigio como antólogo [...] que estaría mejor buscando tiempo para hacerle a su prosa lo mismo que le ha hecho a su papada).
Ya en una entrada post-reportaje-EPS de su blog recogía "tal cual las escribí" la versión original de sus respuestas a sendos cuestionarios que por entonces le habían hecho (desvirtuadas después, según él, en los medios donde aparecieron); yo trajé entonces aquí unos fragmentos de esa entrada (que eliminó de su blog poco tiempo después) y bastaba con echarles una ojeada para ver ya claramente esa manía hacia Villena, que debe de remontarse (como la de algunos otros, pero ese es otro tema) a la época de 10 menos 30: de los más jóvenes de los incluidos en aquella antología, uno (Rendueles) es asturiano como López-Vega, y los otros dos coetáneos suyos (o casi, Juan Carlos Abril de 1974 y Carlos Pardo de 1975). En la introducción, además, Villena decía que “no figuran otros nombres jóvenes que estimo —José Mateos, Javier Almuzara, Lorenzo Oliván, entre otros— que siendo notables poetas han permanecido más fieles al clasicismo de la poesía de la experiencia.”
Se considerase aludido o no en ese “entre otros”, la realidad es que López-Vega y Almuzara (junto con —o espoleados por— su amigo y valedor García Martín) urdieron una estrategia de descrédito que tuvo varios frentes, en su caso una sección “humorística” de correos apócrifos en la revista Reloj de Arena de la que eran coordinadores, y en la que tuvieron la desfachatez de publicar una falsa carta mía con el mismo estilo insultante y faltón que el escrito que comentamos. Con los años, y los sucesivos textitos de este tenor, yo estoy cada vez más tentado de creer que revelan otro posible daño o descontento suyo íntimo (subconsciente o no) respecto de Villena y/o de sus antologías, en las que por una razón u otra no ha llegado a aparecer... (Y parece que no es el único que se echa de menos en ellas, de hecho Juan Carlos Sierra cierra su crítica de La inteligencia y el hacha con estas palabras: "quizá a la antología de Luis Antonio de Villena habría que reprocharle amistosamente algunas ausencias y alguna que otra presencia. ¿Ubi sunt, por ejemplo, Abraham Gragera o Martín López-Vega?")

Del párrafo 5 hay poco que decir porque deja ver a las claras el concepto de las relaciones humanas de este chico, al igual que en el 6, en el que despotrica contra el mencionado Carlos Pardo a cuenta de sus respuestas a una entrevista aparecida en abril, y que creo que se califica por sí sólo. La literatura es otra cosa.

En el 7 dice López-Vega que “se ha publicado una antología sin ninguna importancia en Visor. Uno la ve y piensa eso, que nadie le hará mucho caso, pues los autores incluidos son en general de poca monta y sobre todo el libro es lo bastante breve como para ser un libelo colectivo, pero no una antología con voluntad de nada.” Debo decir que creo que es falso que esta antología de la poetidumbre se haya vendido como churros, por mucho que siga semana tras semana en la lista de más vendidos de El Cultural. En cualquier caso, dudo mucho que en sus cifras de ventas haya tenido algo que ver una carta abierta (que es sólo eso, una carta, no un cañonazo para matar poemoscas), y disiento en cuanto a que los autores que la componen (individualmente considerados) sean “de poca monta”. Lo que —a mi juicio— falla de esta antología como propuesta es la penosa exposición de un (inexistente) fundamento teórico que supone su prólogo, un texto (por no decir directamente sarta de disparates e ingenuidades bobaliconas) que no resiste el más mínimo análisis crítico y que ninguno de los incluidos debe de haber escrito, puesto que —aunque hablan desde el nosotros— ninguno (a título individual ni colectivo) lo firma.
Pero… ¿qué sentido puede tener dedicar el 10% de un artículo a una antología por la que nadie le ha preguntado para desvalorizarla? ¿No habría sido mejor, siguiendo su razonamiento, ni siquiera haberla mencionado? El propio Martín López-Vega viene en nuestra ayuda a la hora de entenderlo; véanse estas frases extraídas del prólogo: 

“Ante tanta incertidumbre una gran parte de los nuevos poetas en español se han adscrito a una tendencia tan experimental como oscura [...] el estado comatoso que tiene el panorama poético en la mayor parte de los países europeos [...] Admiramos a poetas que [...] han escrito una poesía perfectamente entendible [...] somos partidarios de [...] una poesía que comunique, [...] Una poesía que conmueva”. 

Y comparense con estas respuestas de M. L.-V. en una entrevista con Lino González Veiguela del 15-04-11: “Me gusta escribir una poesía que sea lo más clara posible, bastante confuso es ya el mundo. Además creo que escribir una poesía oscura y hermética resulta mucho más fácil que escribir una clara.” ¿No será pues que —de nuevo— muestra M. L.-V. la peor parte de sí al sentirse injustificadamente excluido de una antología donde tan a gusto se hubiera sentido…?

Del párrafo 8 (que quiere ser una refutación con guiño de una entrevista a Sergio Gaspar), hay poco que decir puesto que está escrito para una sección de la web de la editorial que éste dirige. Señalar, eso sí, que a estas alturas ya no resulta extraño que López-Vega afirme que “la mayoría de los libros españoles son un bodrio” (¿menos los suyos, debemos suponer?) pero sí resulta extraño que la frase de Sergio Gaspar publicada en la entrevista [“traducciones, bastantes de ellas de discutible interés literario y que apenas aportan nada al presente de la literatura española. Algunas de esas traducciones, no obstante, resultan textos de mucho valor. Hay que afirmarlo con claridad”] se torne en la charla informal con M. L.-V. en “Él dice que la mayoría de las traducciones son un bodrio”...

Qué decir de la afirmación de que "No existe la poesía española" (en el párrafo 9), del concepto tan filológico "ristras de favoritismos de los autores jóvenes", o de la oposición Benítez Reyes/Muldoon, que —de entrada— no son comparables, juegan en ligas diferentes (y, además, ¿qué necesidad...? ¿Qué objeto tiene tal contraposición absurda? Ningún otro, me temo, que el de tachar de papanatismo cualquier interés por la poesía no hispánica). Que él no se "fiaría de un poeta español que no se sepa de memoria trechos de «Las flores del frío», «Libro del frío» (valga la bajada de temperatura) o «Rama desnuda»"... Pues vale, yo me fío de aquellos en cuya obra entreveo la presencia de Garcilaso, de Quevedo, de Espronceda y Becquer, de Machado, de Cernuda... y de Juan Ramón, sobre todo de Juan Ramón, que es la cumbre indiscutible de la lírica española del siglo XX... Si además adivino o asoman (aunque sea demasiado) Eliot, Stevens, Carver, Huidobro, Vallejo, Baudelaire, Cavafis, Pessoa, etc, etc, pues voy fiándome (y fijándome) más y más. Luego ya madurarán, verrà la morte e avrà i nostri versi, y el tiempo hará su antología, no Martín López-Vega...

Para terminar, sobre el 10, lo mejor y lo peor de la juventud es que se pasa sin que apenas alcancemos a darnos cuenta; la poesía, o mejor, los poetas siempre han sido jóvenes antes que adultos (incluido López-Vega, supongo, aunque visto lo visto vaya usted a saber). A unos se les ha prestado más atención que a otros, unos han sido más afortunados que otros, unos han querido y/o sabido medrar más que otros y, en fin, unos han publicado más y/o en mejores editoriales que otros, eso no quita ni pone calidad, que es lo que a fin de cuentas importa, y en algunos hay mucha más que en otros; pero a la vuelta de los años, muchos que ayer prometían se han esfumado, otros cuyas primeras obras nada bueno parecían augurar florecen envidiablemente, y es un proceso siempre interesante aunque, por temporadas, a uno puedan apetecerle más o menos tales zambullidas (el agua está tan fría a veces) pero desde luego, pezqueñines sí, al menos en lo que a poesía se refiere...

[ADDENDA noviembre 2011:
El pasado 16 de octubre López-Vega publicó en Rima interna, su nuevo blog en El Cultural, esta entrada en la que puede apreciarse un significativo cambio de opinión por lo que a los pezqueñines se refiere, he aquí un par de párrafos de la misma:
«...hay poetas que en su primer libro demuestran sobre todo las ganas de hacer algo completamente distinto y otros que, en cambio, parecen empeñados en demostrarnos todo lo que han leído. Ni lo uno ni lo otro sirven por sí solos, y quienes tengan algo que decir irán llegando poco a poco a encontrar la fórmula, su fórmula, personal e intransferible [...]
Prestar atención a los autores nuevos no puede más que enriquecernos: pensar que uno no puede aprender nada de quienes son más jóvenes que él es la primera señal de decadencia intelectual. Pero una forma de respetarles es darles tiempo.»]


19 de mayo de 2011

Los miserables - Juan Ramón Barat


Miembros de la Unidad Militar de Emergencias (UME) destinados en Lorca. Foto: © Juan Carlos Cárdenas/EFE

[Katy Parra Carrillo nos pide ayuda para darle la máxima difusión a este artículo de Juan Ramón Barat, escritor valenciano afincado en Lorca. Aquí va.]

Van vestidos con chalecos y cascos reflectantes y llevan una bolsa con botes de pintura o sprays. Forman grupos de cuatro o cinco individuos. La gente de Lorca los ve recorrer las calles, sorteando escombros, pisoteando cascotes, vadeando cintas y vallas que prohíben el paso.
Lorca, asolada por varios terremotos, parece una ciudad bombardeada y estos hombres del chaleco van catalogando los diversos grados de la catástrofe. Como si marcaran en un estadillo el número de ilesos, heridos, muertos y desaparecidos en una guerra macabra —valga la redundancia. Lo indican con colores: verde, amarillo y rojo. Los del ejército (Unidad Militar de Emergencia) son unos verdaderos ángeles caídos del cielo, aunque no lleven alas y vistan de negro, porque se están dejando la piel en la tarea, arriesgando su vida al entrar en las casas que pueden venirse abajo de un momento a otro. Cuando se topan con el infierno de lo irremediable, le ponen un matiz fúnebre al asunto del cromatismo: pintan directamente con un círculo negro, que significa más o menos lo que el mismo color sugiere: pozo negro o cataclismo integral o muerte súbita.
Los hombres del chaleco reflectante o los del UME, decíamos, recorren la ciudad con los botes de pintura y marcan una cruz o un círculo en las fachadas o junto a las puertas de los edificios y las casas. La gente los rodea, los sigue, acecha sus movimientos, habla con ellos con el corazón encogido, el alma en vilo, los ojos al borde de las lágrimas, porque del color de la cruz o del círculo depende el nivel de la desgracia. Se puede entrar en la casa sin problemas, aunque haya desperfectos (verde); se recomienda no entrar o entrar con mucho cuidado, pero salir enseguida (amarillo); no se puede entrar porque las estructuras del edificio han sido gravemente dañadas y hay peligro de derrumbe (rojo); se prohíbe el paso, este edificio va a ser demolido en breve (negro).
Lo curioso del caso es que muchísimos de los edificios coloreados de rojo o negro son de reciente construcción. Como suena. Estamos hablando de uno, dos, tres, cuatro o cinco años de antigüedad. Algunos, incluso, aún no han comenzado a ser habitados.
El terremoto de 5,1 grados habido en Lorca a las 18:50 h. el pasado miércoles, día 11 de mayo, ha dejado al descubierto las miserias no sólo de los edificios sino de los arquitectos, ingenieros, constructores, maestros albañiles, contratistas, promotores y otros personajes del mundo del ladrillo, que nos han dado gato por liebre. No sé si el lector me estará entendiendo. En vez de poner 1.000 kilos de hierro para sujetar la estructura estos miserables han empleado 500 kilos. En vez de colocar hormigón o cemento armado, han usado arena tonta. Y así sucesivamente. Pero no contentos con esa estafa, se dedicaban a vender esos pisos treinta veces más caros de lo que a ellos les costaba. Dicho de otro modo, un piso podía costarle al constructor entre 50 ó 70.000 euros aproximadamente. Pues bien, los vendían por 240, 250, 260 ó 270.000 euros, céntimo arriba, céntimo abajo, según cómo y dónde, en las fechas en que fueron puestos a la venta. Es decir, en los años de las vacas gordas, previos a la gran crisis actual. Que el lector saque sus conclusiones. Estos indeseables que se han dedicado a llenarse el bolsillo robando e inflando el mercado inmobiliario, conchabados con los banqueros y otros alienígenas corruptos de los que hablaremos otro día, son los responsables de la burbuja especulativa y de la bancarrota económica y moral en la que estamos sumidos. Pero no sólo eso. Como digo, el terremoto ha puesto al descubierto las miserias de los edificios de paja que estaban construyendo. Por si el lector no lo sabe, un edificio debe ser capaz de soportar el achuchón de un terremoto de unos 7 grados en la escala Richter. Y estos no han aguantado ni uno de 5,1.
¿Quiénes son estos constructores, promotores, ingenieros o arquitectos? Lorca no es tan grande. Pueden contarse con los dedos de las dos manos. Todo el mundo los conoce. De hecho, algunos cometieron la osadía de colocar una placa con su nombre junto a la puerta del edificio donde ahora los hombres del chaleco reflectante y los del UME han dibujado un círculo rojo o negro.
Estoy convencido de que si el célebre Víctor Hugo, uno de los más grandes escritores de todos los tiempos, saliera de su tumba, no dudaría en utilizar todo este material (de derribo y humano al mismo tiempo) para acometer la segunda parte de su famosa obra Los miserables.
Espero que esto no se quede en agua de borrajas, que es lo que suele suceder siempre en este país. Tal vez no sea una mala idea que los propios afectados, esos hombres y mujeres que han visto desmoronarse brutalmente su casita de papel —perdón por la metáfora—, acudan a los tribunales y presenten las demandas pertinentes para que se depuren responsabilidades civiles y penales. En algún lugar tiene que haber un juez dispuesto a hacer justicia —lamentablemente la frase no es un pleonasmo. Estos miserables deben ser juzgados, y no sólo por lo sucedido sino también por todo lo que podía haber ocurrido. Porque si el terremoto hubiera dado un arreón un poquito más fuerte, sin necesidad de llegar a la magnitud de los 7 grados, Lorca no sería hoy una triste ciudad en ruinas. Sería un inmenso cementerio en ruinas.

Juan Ramón Barat
Escritor independiente


11 de mayo de 2011

Cernuda: Aplauso humano






APLAUSO HUMANO

Ahora todas aquellas criaturas grises
cuya sed parca de amor nocturnamente satisface
el aguachirle conyugal, al escuchar tus versos,
por la verdad que exponen podrán escarnecerte.

Cuánto pedante en moda y periodista en venta
humana flor perfecta se estimarán entonces
frente a ti, así como el patán rudimentario
hasta la náusea hozando la escoria del deseo.

La consideración mundana tú nunca la buscaste,
aún menos cuando fuera su precio una mentira,
como bufón sombrío traicionando tu alma
a cambio de un cumplido con oficial benevolencia.

Por ello en vida y muerte pagarás largamente
la ocasión de ser fiel contigo y unos pocos,
aunque jamás sepan los otros que desvío
siempre es razón mejor ante la grey.

Pero a veces aún dudas si la verdad del alma
no debiera guardarla el alma a solas,
contemplarla en silencio, y así nutrir la vida
con un tesoro intacto que no profana el mundo.

Mas tus labios hablaron, y su verdad fue al aire.
Sigue con la frente tranquila entre los hombres,
y si un sarcasmo escuchas, súbito como piedra,
formas amargas del elogio ahí descifre tu orgullo

(de Como quien espera el alba, 1947)

7 de mayo de 2011

Juan Carlos Palma (10 menos 30, II)





Decía en una entrada anterior que la reseña allí mencionada no fue «desde luego, la única "alegría" que me deparó (tiempo habrá de comentar algunas otras), pero sí una de las más "sonadas"...» refiriéndome a «las publicadas en su momento sobre 10 menos 30, la antología de L.A. de Villena en la que fui (ya no sé si decir que por suerte o por desgracia) uno de los seleccionados.» Me encuentro ahora una carpeta con muchas fotocopias, parte (supongo) del dossier de prensa reunido por la editorial —que probablemente nos las hizo llegar— y entre ellas una firmada por un tal J. Carlos Palma que no lleva indicación del medio ni la fecha en que apareció.
A diferencia de esa de Tortajada, o la de García Martín (a la que Palma hace referencia, y que sigue pendiente en esta serie) debo confesar que ésta no la recordaba, y la verdad es que me resulta bastante extraño, por cuanto se trata de uno de los mejores ejemplos de crítica de poesía que recuerdo, escrita con tanta madurez como conocimiento de causa, con tanta ponderación como ausencia de animadversión hacia el antólogo, con tanta independencia y solidez de criterio como falta de interés personal en la materia tratada (asunto que lastra gravemente, como saben, muchas piezas del género)...



 
A falta de mayor indicación sobre el autor, deberemos suponer que se trata (si no es así seguro que alguien nos lo hará saber) de éste Juan Carlos Palma, que se define a sí mismo con estas palabras en su blog (Soltando lastre, iniciado en marzo de 2009): "Cercano a la cuarentena, pero de espíritu joven, me licencié en periodismo para ejercer el tiempo suficiente para no querer hacerlo más (en condiciones precarias, claro)"; que dice trabajar desde hace ocho años "rodeado de mi verdadera pasión, los libros. Los vendo, los recomiendo y los ordeno. El tiempo libre me ha permitido escribir y publicar dos novelas, un libro sobre cine, algunos poemas y otros artilugios más o menos narrativos que quizá algún día vean la luz"; y que pone al frente de su bitácora —tal vez a modo de divisa— esta noble declaración de intenciones:

"Nada de sentar cátedra ni de abrir nuevos caminos, sólo emitir juicios valorativos sobre lecturas, películas, viajes o acontecimientos de la actualidad, soltar el lastre que toda persona lleva en su cabeza para evitar futuros naufragios y hacer la travesía más liviana."

No podía ser menos en alguien que ya por entonces —1997, con apenas 25 años— demostraba un conocimiento tan profundo de la obra de los autores de aquella antología (incluso de los que a la sazón sólo habían publicado un par de libros en editoriales ajenas a los circuitos comerciales) como para poder calificar de "execrable" no ya el poema del que cita más adelante unos versos
(*), o el conjunto de la obra de su autor, sino ambas cosas en una:

"escondido tras la personalidad del "inexistente" y execrable (este adjetivo es mío) poeta cacereño Angel Paniagua"

remarcando además (por si no había quedado claro) que —a diferencia del de "inexistente" (que es de García Martín)— el de "execrable" es por completo suyo. Todo un ejemplo, como apunté arriba, de mesura y ecuanimidad.


[Aunque puede leerse bastante bien en la fotografía (haciendo clic sobre ella se despliega, y puede ampliarse más haciendo clic nuevamente) transcribo a continuación el texto completo de la reseña. Aclaro de antemano que el Vicente García a cuyo "alcance metafísico" alude Palma no forma parte de 10 menos 30: es de suponer que el eminente crítico confunde en uno solo los nombres del andaluz Álvaro García (Málaga, 1965, que sí está en la antología) y del asturiano Vicente García (Gijón, 1972), que había aparecido (o estaba a punto) junto a otros cinco en un reportaje sobre poetas "ultimísimos" (y ausentes de 10 menos 30, esto no se dice expresamente pero se hace notar con claridad) publicado en El País de las Tentaciones el 11 de abril de 1997**.

TEXTO DE LA RESEÑA:
La ruptura inexistente. J. Carlos Palma.
Cuando al ir pasando poemas, uno percibe que la tesis planteada no se sostiene en pie, es el momento de pedirle cuentas al autor, un Villena que llegó una noche a su casa desfondado de venecianismo y se levantó con un gin-tonic en la mano versificando como quien habla con el vecino. Los ha habido muy meticulosos —dicen que algunos de los poetas selcccionados superan los 30 años— y otros sangrantes —como el atacado (en el prólogo) antólogo García Martín, que se venga urdiendo que Villena se ha escondido tras la personalidad del "inexistente" y execrable (este adjetivo es mío) poeta cacereño Angel Paniagua—. Uno, por esa tenaz manía de ensamblar objetivos con resultados, prefiere husmear en los cimientos de la antología y comprobar si el edificio levantado responde a una argumentación aparentemente sólida o amenaza con derrumbarse al más patético seísmo.
Luis Antonio de Villena (del que no se ofrece una mínima reseña curricular, como semidiós del verso que está por encima de esas bajezas) traza un ameno prólogo que se podría titular Breve historia de la poesía de la experiencia. Sus mitos ante el futuro. En él habla de la etiqueta remendada del libro de Richard Langbaum, de Gil de Biedma y otros padrinos de la tendencia, de la escuela granadina de García Montero, de sus puntales más sobresalientes y, faltaría más, de la chapucera guerrilla dialéctica que la enfrenta con el sector de la diferencia, tocados con el sombrero cordobés de su líder, Antonio Rodríguez Jiménez, y a los que Villena despacha sin paliativos: "su único nexo unitivo es el fracaso, la conciencia de su falta de éxito" (sic). Tras este preámbulo esclarecedor, el antólogo confiesa su intención: la poesía de la experiencia está "quemada" —noches de farra, coqueteos fugaces, tono conversacional repetitivo...— y es necesaria una ruptura interna, la que supuestamente practican los poetas aquí reunidos.
¿Pero es ruptura decir: "Bueno, nada, me voy, te llamo luego... / a ver si vienes algún fin de semana / a mi casa en la playa, nos tomamos / unas birras y vamos a Calblanque / a bañarnos en bolas ¿vale, tío?..." (**) o sólo una corroboración del peligro que acecha a la poesía de la experiencia, que cualquier tontería que suene coloquial pueda pasar por poema? Si esto es para Villena "mayor interiorización" o "exploración de la forma" mucho me temo que la poesía de la experiencia tiene las horas contadas. El modo de hacer de los cachorros elegidos poco tiene que ver de uno a otro, como sus respuestas a las inocentonas preguntas del antólogo y, en conjunto, su intcrés se reduce a pocos nombres: el alcance metafísico de Vicente García, la abrupta concisión de Alberto Tesán o el desparpajo irónico de Juan Bonilla.
Para perpetrar una antología poética —ese acto cada vez más parecido al terrorismo literario— es fundamental desplegar una base consistente de poetas que demuestren ser los más valiosos de su generación. Por las higiénicas, púberes y pobremente plasmadas razones de Villena (visto el resultado) se han quedado fuera nombres que ya gozan de prestigio reconocido (Benítez Ariza, Pelayo Fueyo, Silvia Ugidos...) y que exploran más caminos que los aquí representados. No nos engañemos: ¿15 menos 35? ¿20 menos 40? Quizás deberíamos hablar sólo de buena poesía y dejarnos de fórmulas matemáticas fallidas. Los lectores comprometidos con esta causa perdida lo agradecerán.]

NOTAS:

* En la segunda fotografía puede leerse el texto completo del poema al que pertenecen los versos que Palma cita descontextualizándolos sin hacer mayor aclaración, ¿quizá porque —usando sus propias palabras— como semidiós de la crítica, él está [o estaba en aquellos tiempos] por encima de esas bajezas...?

** Se trata del reportaje a doble página Atrapados por los Versos, firmado por José María Goicoechea. Los otros cinco poetas incluidos son Beatriz Hernanz (Pontevedra, 1963), Angel Antonio Herrera (Madrid, 1965), Ada Salas (Cáceres, 1965), Carlos Zanón (Barcelona 1966) y Pablo Méndez (Madrid, 1975). No aparece (o yo no lo he encontrado) en la hemeroteca del diario madrileño, por lo que no he podido poner el correspondiente enlace.


2 de mayo de 2011

La justicia del tiempo (Desechados, I)


La justicia del tiempo fue el último de los sucesivos proyectos de libro en los que entre 1991 y 2003 fui disponiendo los poemas escritos a lo largo de esos años, como explicaba en 1997 en una redacción previa (que no llegó a publicarse) de la 'Nota del autor' de Treinta poemas:

«En esos años seguía escribiendo poemas y reuniéndolos en libros, de los que más tarde, cuando dejaban de satisfacerme, fui separando los textos que parecían funcionar mejor en el siguiente; así nacieron —y murieron— sucesivamente 'Bienvenida la noche', 'Con tanta claridad', 'El legado de Hamlet', 'La vida razonable' y 'La justicia del tiempo'.»

El título era el de uno de los poemas incluidos, que más tarde fundí con otros dos o tres en una versión larga de Conozco la comedia (en 2003, para Bienvenida la noche). Es éste:

LA JUSTICIA DEL TIEMPO

Todos hemos gozado de esas noches
en que un cuerpo inmaduro
se presta dócilmente a los caprichos
de nuestra perversión.

Y después le hemos dicho puedes irte,
le hemos dado un jersey para que no
pase frío hasta casa y hemos ido
a darnos una ducha.

Sabemos, sin embargo, que esas noches
se nos devolverán: en el recelo
de otra mirada joven apartándose
resuelta de nosotros.



Como es habitual, el libro pasó por varias fases, las primeras más cercanas a la estructura y contenido del anterior La vida razonable, y las últimas anticipando bastante claramente la estructura y contenido de El legado de Hamlet publicado por la editorial Renacimiento en 2003. En ambos estadios constaba de un poema a modo de prólogo (Atardecer con Wallace Stevens) y tres secciones, 'Autorretrato en negativo', 'En la casa de ayer' y 'La vida razonable', pero más adelante la suite central de poemas de amor quedó fuera (se publicaría en 2003 como sección II de Bienvenida la noche), ocupando 'La vida razonable' su lugar y 'El legado de Hamlet' entró a formar parte del conjunto como tercera y última.

Los poemas que en uno u otro momento formaron parte de las secciones 'Autorretrato en negativo' y 'La vida razonable' fueron los siguientes*: Después del carnaval, Brideshead Revisited, Prometeo, El tema de la vida, Olor del tiempo, Una carta de amor, Poeta menor, La llave dorada, Autorretrato en negativo, Umbral de la ignorancia, El fin de los buenos tiempos, Odisea, libro XXV, Un poeta español prevé su muerte, Aquí la juventud, Rehabilitación, Dos de noviembre, Senderos del amor, Los símbolos menores, Canción de la amargura, Las monedas del tiempo, Para ti, para entonces, Las risas y las lágrimas, Realismo sucio, La justicia del tiempo, La vida razonable, Ayer, mañana, hoy mismo, Dulces pájaros de juventud y Contradanza ritual para los muy sabios desde los días de crisis de la treintena.

[*NOTA: La mayoría fueron publicados en 2003-2004 en Bienvenida la noche, El legado de Hamlet o Una canción extranjera, algunos de ellos (marcados en azul) integrados en poemas más largos y por tanto sin el título con el que aparecen aquí. El fin de los buenos tiempos está incluido en Treinta poemas, y los marcados en rojo siguen inéditos.]

28 de abril de 2011

Una carta (y tres poemas) de Leopoldo Alas









[Apresurada, breve, concisa, cómplice y amable, como era él. Los poemas se los había pedido —no recuerdo si en Madrid, en persona, o por carta o teléfono después— para la revista Arrecife, en cuyo número 20 (diciembre de 1987) se publicaron dos de ellos, el que no tenía título y Sin retorno.]

20 de abril de 2011

Segundo Barça-Real Madrid





La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, que dijo aquél...




¡Puaaggghhh, basura de clásicos adulterados, de niñatos-creídos-liados-con-Shakira profiriendo estupideces y de niñatos-creídos-que-dictan-la-moda-jincho luciendo su cutrúltimo corte de pelo...!




La excepcionalidad de lo único reside, decíamos, en su unicidad...




¡Hasta el próximo partido del siglo, que lo gocen...!


4 de abril de 2011

¿Encuestas...?



[Foto: captura web Antena 3 Noticias el 4-4-2011 a las 21:26]

Como cada noche en el informativo de la cadena del diario LA RAZÓN, Matías Prats ofrece los resultados de la "encuesta" (sic) del día:

MATÍAS PRATS: "Hoy les hemos preguntado si creen que deben adelantarse las elecciones generales, y el 78% de los internautas (sic) cree que sí".

LA REALIDAD: 4070 internautas (el 78% de los 5218 que habían "votado" en la web de la cadena hasta las 21:06) creen que sí...

Esto es sólo un botón de muestra, cada día encuesta al tanto, y con temas tan trascendentales (y tan acordes con la legislación vigente) como este... El "sistema" —por lo demás— permite votar varias veces desde la misma dirección IP, y ni siquiera se molestan en advertir (como hacen algunos medios escritos, sobre todo en sus ediciones digitales) con un rótulo que se trata de sondeos no sujetos a control alguno: Esta encuesta no es científica, responde tan sólo a las respuestas de los lectores que desean exponer su opinión.

21 de marzo de 2011

Cartas de los editores (I)




Finales de septiembre: [Autor] escribe a [Editor] comentándole que ha seguido desde el principio la trayectoria de su colección de poesía, que admira mucho la labor que la ha convertido en uno de los más interesantes proyectos editoriales del panorama español en este campo; y que, habiendo dado fin a su libro [Título] y pensando en la posibilidad de publicarlo, le gustaría someterlo a su consideración. Sin otro particular, y agradeciéndole de antemano su etc., le reitera su etc., etc., y le envía un cordial saludo.
Finales de noviembre: [Autor] recibe de [Editor] la siguiente carta:

Estimado amigo:
He leído en cuanto he podido —debo decirte que con más rapidez de lo que resulta habitual en estos momentos en [editorial] por la acumulación de originales y la falta de medios— el libro que me remitiste. Te felicito. Sinceramente. Hay una sabiduría en la arquitectura de tus poemas y una honda palpitación que me han hecho disfrutar de sus palabras. En especial, la parte que da titulo al conjunto me parece muy meritoria. Me parece tremendo saber —tú nos lo recuerdas— que [cita versos del libro].
Desgraciadamente, a pesar de las apariencias, [editorial] no está atravesando un momento especialmente feliz. Estamos asumiendo muchísimos riesgos y constato que, a pesar del apoyo de la critica, los lectores o no se enteran o siguen prefiriendo regalar por Navidad el Premio Planeta. Por ejemplo, una novela como [título] de [novelista] está considerada por un selecto grupo de gente como una de las mejores obras de narrativa española de los últimos años. [Suplemento literario] le dedicó media pagina. [Otra editorial] quiso publicarla en la misma colección que Soldados de Salamina y con el mismo tratamiento. Pero, ¿el publico...? Nada, nadie. En estas circunstancias, me veo obligado a ser muy cauto para poder seguir publicando y manteniendo este proyecto. Pero te digo sinceramente que me gustaría que mantuviésemos este contacto que ahora iniciamos, a ver qué sucede en el futuro. Yo te animo —y esto pocas veces lo hago— a que muevas tu libro por premios y otras colecciones que arriesgan. Además de [editorial], también han aparecido otras, por fortuna.
Quedo a tu disposición para cuanto me sea posible. Un abrazo.

Finales de enero: entendiendo de la carta anterior que a [editor] le ha gustado el libro y que el único impedimento para la publicación del mismo es de índole económica, y tras consultarlo con algunos amigos y/o escritores conocidos, así como con personas de la administración de su comunidad autónoma, [autor] escribe nuevamente a [editor] comentándole que si el problema es económico, la consejería de cultura de su comunidad ofrece varias posibilidades que lo subsanarían en gran parte, entre ellas la fórmula de coedición con [editorial pública regional] ya practicada con otros autores y editoriales, o bien las diversas convocatorias de ayudas a la edición, que en ambos casos cubrirían prácticamente los gastos de la misma.
Finales de marzo: [autor] recibe de [editor] esta segunda carta:

Querido [autor], te agradezco los esfuerzos y el interés por facilitar la publicación de tu libro. Son gestos que no se olvidan.
Yo he estado pensándolo bastante durante estas semanas y, al final, tengo que rendirme a la evidencia de que ha llegado la crisis en este inicio de [año]. En relación a la otra carta que te escribí, la situación actual ha empeorado. Hay un exceso de novedades, que se ha convertido en una amenaza para las editoriales. Por tanto, hay que reducir el volumen de publicación, porque el problema ya no es sólo vender o no vender —¡Hamlet!—, sino ahogar a las librerías con novedades o no ahogarlas.
De todas formas, estoy seguro de que un libro como el tuyo —y más con un apoyo económico, porque todo ayuda— no tendrá dificultades en encontrar editor. Lo digo y lo deseo sinceramente.
Otra cosa que se me ocurre son los premios. En la actualidad [editorial] publica los que me parecen adecuados: [premio de poesía] y [otro premio de poesía]. Este último, por diversas razones, me parece bastante idóneo para tu libro. Pero soy consciente de que ello es dilatar la publicación —y, además, todo premio es una lotería, y yo sólo puedo invitar a presentarse, no garantizar nada—, y de que tú, legítimamente, desees ver publicado tu libro cuanto antes.
No sé. Dime algo si te parece. A mí me queda un regusto amargo de todo esto, pero no hay más cera que la que arde. Y el problema es éste: acumular libros o no acumularlos.
Mi más fuerte abrazo.

12 de marzo de 2011

Tsunami


(Arrasando costa de Iwanuma,  norte de Japón © AP Photo/Kyodo News/El Pais)


 TSUNAMI

Sólo una intención, un caudaloso
océano que anega de repente,
cultivos o jardines, casas, vidas,
destrucción repentina, limo fértil,
los abrazos y lágrimas que siguen,
los gritos, las sirenas,
helicópteros, aspas, torbellinos
de barro levantándose
sobre el breve hormiguero horrorizado
y una nota pedal: el ominoso
sonido —sordo y seco— de la lengua
de mar arremetiendo contra todo...
Después silencio y humo.

A pocos metros, cientos de objetivos
en busca de la imagen
más impactante, añaden poco al puro
espectáculo de la naturaleza
mostrando su dominio,
dictando una vez más su ley, haciendo
valer su poderosa
razón irracional frente a nosotros.

Sólo una intención sin meta, ajena
a dolor o piedad humana alguna,
altiva, inexorable, indiferente.

8 de marzo de 2011

Segundo aniversario (o lo que este blog no es...)


Se cumplen hoy dos años desde que empecé este blog celebrando el Día Internacional de la Mujer que cumple ahora cien años, con una entrada en la que daba cuenta de un desafortunado comentario machista, una pequeña pero significativa anécdota ocurrida durante un concierto-homenaje de cantautores murcianos a Luis Eduardo Aute, después de una lectura suya en la universidad de Murcia. Ni esa ni ninguna de las cuarenta y dos entradas posteriores (incluyendo tres que siguen en estado de borradores) da cuenta per se de un denominador común, porque en ningún momento pretendí que este fuera un blog temático al modo de los muchos que conozco y sigo con mayor o menor asiduidad, así que, llegados a este punto, parecía oportuno responder a algunas cuestiones que directa o indirectamente se me han planteado desde entonces.

Este no es un blog de actualidad, por mucho que un alto porcentaje de mis horas de consumo televisivo se lo lleven los canales de noticias y las tertulias políticas, y por más que sean los vicios y defectos del sistema político español y de la sociedad que lo sustenta que me estomagan y que con gusto entraría a comentar o debatir (de hecho lo hago a diario con familiares, amigos y conocidos), pero arrogarme el papel de periodista o columnista de opinión pagado de mí mismo
en sentido tanto figurado como real no es una de mis ambiciones: soy demasiado consciente de mi carácter disperso e indisciplinado como para autoimponerme la tarea de ir dando cuenta por escrito de acontecimientos que van sucediéndose en España y en el mundo a un ritmo tan vertiginoso que puede que en un lapso de tiempo mucho más breve de lo que esperamos o podamos llegar a creer lo hayan transformado profundamente, y mucho me temo que no para mejor.

Aunque en un par ocasiones haya hablado de fútbol e incluso colgado un a modo de poema celebratorio de un jugador concreto, este no es un blog de fútbol, un deporte que me gusta pero que cada vez veo menos por la irracionalidad de los espectadores, la brutalidad en el campo consentida o sancionada por los árbitros según de qué equipo sea el jugador, las competiciones adulteradas desde la federación —me refiero al caso español, que es el que conozco de cerca: ¿alguien ignoraba allá por noviembre quiénes iban a jugar la final de la Copa del Rey?—, los locutores que no se molestan en ocultar su afinidad o entusiasmo por una escuadra determinada ni su condescendencia o abierto desdén por el resto, o la rotunda negativa (en pleno siglo XXI) a introducir avances tecnológicos que evitarían situaciones injustas y ridículos bochornosos como el del pasado Mundial (si se introdujera la tecnología se reducirían los "errores" arbitrales y con ellos las posibilidades de amañar desde la federación los partidos, y entonces a lo mejor ganaba la rimbombante Liga BBVA un equipo distinto del Barça o el Real Mierdrid y ¡ah, no!, hasta ahí podíamos llegar). Un deporte, en fin, en el que mandan los intereses económicos, y el dinero prefiere lo zafio, lo gregario, lo manipulable...

Ni es este un blog de ópera o música clásica (que los hay
algunos magníficos enlazados en apartado propio en el bloguerío de la columna derecha) aunque ambas sean algo para mí tan importante o más que la lectura —en especial desde que mis desigualmente astigmatizados ojos empezaran a frecuentar una amistad tan poco recomendable como la de la presbicia— y haya dado cuenta de alguna producción en cuyo libreto se me invitó amablemente a participar (con un texto que después aproveché para matizar y ampliar aquí) o del fallecimiento de algunos cantantes señeros, cuyas interpretaciones no podrán borrar las buenas o mejores que han venido y vendrán después, porque son —cuando menos— parte de la formación de mi memoria auditiva, y el subconsciente tiende a comparar cualquier nueva interpretación de una ópera o pieza musical con la primera que oímos de esas obras.

Y tampoco es un blog de cultura en general ni de literatura o poesía en particular (aunque circunstancialmente haya dado cabida en él a poemas propios o ajenos, o me haya hecho eco de la aparición de los nuevos números de revistas literarias en las que he colaborado, o del libro de algún amigo que tuvo a bien pedirme unas palabras para su presentación), ni de comentario, reseña o crítica de libros, por las razones que pueden deducirse fácilmente de lo ya dicho —en esta y en alguna entrada anterior— y otras muchas que tienen más que ver con "las numerosas miserias inherentes a la condición humana mortal", por decirlo con palabras de Karol Wojtyła: no soy ningún bicho raro y —aunque a veces pretenda lo contrario— me importan y afectan las actitudes de los demás o la ausencia de ellas ("for there is only one thing in the world worse than being talked about, and that is not being talked about"); pero fundamentalmente porque las editoriales no parecen estar interesadas en lo que pueda opinar en su blog un autor del que apenas nadie habla y al que nadie o casi nadie tiene interés en leer, y —como acaba de escribir (aquí) mi buen vecino Santiago Delgado— "el mercado es sabio y dispone según arcanos inextricables sus decisiones. Inútil y engreído es quejarse". Tiempo habrá en sucesivas entradas de volver a incidir (o no) con más detalle en estas y otras cuestiones; por el momento, gocemos de la inmensa libertad de estar fuera de ese juego de gabelas e intereses.

Faltaría, con todo, a la verdad si no dijera que a lo largo de este tiempo —sin pedirme ni sugerirme
implícita o explícitamente que escribiera sobre ellos en el blog— algunos poetas me han hecho llegar amablemente sus libros, la mayor parte de los cuales leí —y el resto sigo leyendo— al ritmo que la vista me permite, y no quiero dejar de siquiera mencionar aquí sus nombres: son (por orden alfabético) Mari Cruz Agüera, Virginia Cantó, Juan de Dios García, Antonio Llorente Abellán, Mario Lourtau, Antonio Marín Albalate, Cristina Morano y Alfredo Rodríguez. Alguno además me ha facilitado no sólo los suyos sino también los de otros poetas, bien porque me haya oído mencionarlos o porque ha pensado que me gustaría leerlos, y así me acompañan estos días las últimas entregas de José María Álvarez y José Daniel García. Debo consignar también aquí el envío de algunas muestras de su catálogo (la antología Planetario y tres cuadernos de la colección "Planeta clandestino") que me hicieron los amigos de Ediciones del 4 de agosto por mano de Jorge Salmerón, uno de los miembros de su consejo editorial.

Una pequeña pincelada biográfica para terminar. No soy ningún ángel (antes bien al contrario) y a veces me autoengaño fingiendo que carezco de principios, pero quienes me conocen bien saben que alguno tengo, que soy profundamente fatalista (y por ende vitalista), que me he ido volviendo con los años cada vez más esquivo y taciturno y que he perdido casi por completo la fe en la amistad —entre muchas otras cosas. En eso andamos, en el casi...


3 de marzo de 2011

El Museo Gaya rendirá homenaje a la poesía con los versos de Soren Peñalver




Este año el Museo Ramón Gaya no va a celebrar el Día del Libro sino el Día Mundial de la Poesía que, a instancias de la UNESCO, se realiza el 21 de marzo para “fomentar el apoyo a los poetas, volver al encantamiento de la oralidad y reestablecer el diálogo entre la poesía y las demás artes”, además de lograr que “el arte poético no sea considerado un arte caído en desuso, sino una herramienta que permite a la sociedad reencontrar y afirmar su identidad”.

Con tal motivo, un grupo de escritores, intelectuales y sobre todo amigos, nos reuniremos a lo largo de ese día, desde las 10 de la mañana a las 10 de la noche, para homenajear a Soren Peñalver, leeremos sus poemas, versos de sus poetas predilectos* y algunos de sus textos sobre poetas y poesía.

Quienes deseen participar en este homenaje pueden ponerse en contacto con el Museo mediante el correo electrónico atencion@museoramongaya.es, o bien llamando a los teléfonos 968 221099 - 968 221180.

Foto: © Gloria Nicolás

«EUROPA PRESS. El Museo Ramón Gaya de Murcia ha elegido la figura del poeta Soren Peñalver, colaborador de LA OPINIÓN, para celebrar el 21 de marzo el Día Internacional de la Poesía; una jornada en la que se realizará una lectura continuada durante 14 horas de los poemas y artículos del vate murciano, así como de textos de algunos de sus autores favoritos –Homero, Virgilio, Dante, Garcilaso de la Vega, San Juan de la Cruz, Kavafis, Pessoa, Tagore, Borges y Miguel Hernández, entre otros–.

»Así lo anunciaron ayer la concejala de Cultura, Fátima Barnuevo, y el director del museo Ramón Gaya, Manuel Fernández-Delgado, quienes destacaron que esta iniciativa, conocida en toda Europa con la denominación de Primavera de los Poetas, es la primera vez que se celebrará en la Región de Murcia.

»Este día se conmemora en todo el planeta con lecturas multitudinarias y otros actos culturales, con el objetivo de dar a la poesía un reconocimiento y un impulso nuevo a los movimientos literarios de ámbito regional, nacional e internacional. Es por ello que el Museo Gaya se unirá este año a dicha celebración con una lectura continuada, de 10 a 24 horas, en la plaza Santa Catalina –algo que ya realiza desde hace años en el Día del Libro–.

»En este sentido, Barnuevo destacó «la coherencia» de la propuesta, «porque la poesía siempre ha estado presente en el museo y porque fue una de las predilecciones de Ramón Gaya», al tiempo que apuntó que la elección de Soren Peñalver «es de justicia, porque ha hecho mucho por el museo y por la cultura».

»Por su parte, Fernández-Delgado confirmó que a todos los que participen en la lectura se les entregará una plaquette con 15 poemas del autor murciano. Además, explicó que «como Peñalver es un ser exquisito, se leerán poemas en otras lenguas e idiomas como griego, francés, italiano, inglés o latín».

»Quienes deseen participar pueden inscribirse mandando un correo electrónico a la dirección museo.ramon.gaya@ayto-murcia.es o llamando al teléfono 968 221099.»


[Publicado en el diario La Opinión de Murcia y laopiniondemurcia.es el 3-III-2011]