Siguiendo con este ejercicio veraniego de vampirismo de blogs ajenos, me apetece traer ahora a colación una entrada (aquí sería quizás más adecuado poner «post», ya entenderán por qué) del blog de José Luis Piquero, que a su vez cita y comenta otra del de Vicente Luis Mora. Esta fechada el 23 de julio y en los días siguientes dio lugar a varios jugosos comentarios que recomiendo no perderse. Como en el caso anterior, transcribo aquí un par de fragmentos a modo de invitación a leer la entrada completa:
«Uno de los personajes que más me fascinan en este mundo nuestro de la literatura es el crítico Vicente Luis Mora, teórico del “asunto Nocilla” y director del Instituto Cervantes en Alburquerque, Nuevo México (la tierra del Area 51, de la nave extraterrestre caída en Roswell y de los avistamientos de OVNIs). Algunos desinformados creen que Vicente Luis sólo se adorna de grandes nombres, que no es muy inteligente y que da un poquitín de gato por liebre; que abusa del tópico y que en realidad no tiene mucho que decir. Craso error. Creo que no se entendería la literatura actual sin sus aportaciones, que ponen el énfasis en los nuevos medios tecnológicos que en los últimos tiempos nos han cambiado la vida (el telégrafo, el teléfono, el automóvil, el aeroplano…) y sus efectos en la literatura.
Vicente Luis tiene un blog que os recomiendo, dedicado básicamente al i-pod y al libro electrónico, pero en el que también habla a veces de literatura. Hace años solía entrar y dejar mis ilustrados comentarios pero acabé por dejar de hacerlo [...] De vez en cuando vuelvo a entrar en su blog y sigo hallando en él motivos de regocijo. Os invito a compartir una de sus últimas entradas y mi contestación, que espero que colgará en su blog noblemente, como siempre ha hecho. Confío en no contravenir, al colgar su texto, ninguna ley de derechos de autor (al contrario, creo que él agradecerá que su pensamiento se difunda). Si fuera así, me corregiré al primer aviso. Ahí va su post y a continuación mi respuesta [...] Seguimos, amigo Vicente, incurriendo en los mismos vicios que te invalidan como crítico riguroso, salvo para la tropa aquiescente, que siempre estará ahí, fiel y guerrera. El asunto se parece mucho a lo de “la poesía actual…”. Ahora es “la crítica actual…”. Habría que empezar por lo básico: ¿qué crítica actual, qué críticos, dónde están los ejemplos? Claro que esas abusivas generalizaciones convienen a tus lectores, los cuales, quien más quien menos (¿se acentúa el “quien” en este caso? Me surge la duda. Yo creo que no), tiene una deuda que saldar con algún crítico y le viene de perlas.
Pero vayamos paso por paso [...]»
José Luis Piquero
Sigan mi consejo y acudan a la entrada original (sólo tienen que pinchar alguno de los dos enlaces) y ya me contarán, si les apetece... Por lo demás, espero que los que acaban de regresar de sus vacaciones lo hayan pasado muy bien (aunque yo lo he pasado mucho mejor con los que se quedaron); y que los que acaban de irse lo disfruten (aunque yo lo disfrutaré mucho más con los que han vuelto y con los que tampoco en agosto se irán).
[4.10.2010] En la entrada de su blog que aparece en la fotografía, posteriormente eliminada, ofrecía Martín López-Vega la versión completa de sus repuestas a sendos cuestionarios que «al salir en prensa quedaron reducidos de un modo que no siempre respetaba el sentido original.» A modo de invitación a leer la entrada completa, transcribí entonces (29.6.2010) aquí un par de fragmentos de la misma:
«Alguna vez se ha dicho que hemos sido la primera generación que ha leído mucha poesía extranjera, pero no creo que eso sea cierto. En España, eso sí es verdad, se publica muchísima poesía traducida, sólo en Estados Unidos se publica más poesía traducida que aquí. Lo que ha ocurrido, pienso, es que hemos entendido –algunos- que no existe una tradición española, otra italiana, otra de Trás-os-Montes... Para mí son poetas muy importantes en mi formación Ángel González o José Ángel Valente, pero también José Emilio Pacheco o Rafael Cadenas (y en este interés por las otras literaturas en español probablemente sí hayamos sido más activos que nuestros mayores), y sobre todo, los que para mí son los autores fundamentales del segundo tramo del siglo pasado: Czesław Miłosz, JosephBrodsky, YehudaAmijai, y algunos pocos más como James Merrill, MahmudDarwix o HenrikNordbrandt. Los herederos, de algún modo, de Auden y de Stevens.»
[...] «Un problema grave de nuestra generación es la falta de discusión estética. Hay poetas muy distintos, pero hay mucha desgana por pensar. Muy pocos hemos escrito crítica. Y eso hace que quede en manos de poetas muy mayores que nosotros, como Luis Antonio de Villena, que acaba de publicar una antología muy despistada, con unos cuantos buenos poetas pero llena de poetas muy principiantes y de otros muchos muy malos. Lo gracioso es que él mismo se dedica a meterse con ellos en el prólogo, y no sólo con los malos. Hace unos años, en un encuentro que organizaron en la Universidad MenéndezPelayo de Santander Luis Muñoz y Ana Merino, estábamos muchos poetas de esta edad, y estaban también José Luis García Martín y Villena, que seguían siendo, paradójicamente, los críticos que más se habían ocupado de nosotros. Ocurrió algo catártico, quedó claro que no nos entendían, porque se perdían entre nuestros referentes, y la conclusión fue clara: si nos volvían a llamar para una antología nos negaríamos. García Martín se ha retirado discretamente y sólo rara vez escribe alguna reseña de un poeta joven si el libro le ha gustado mucho, pero no como algo habitual. Villena ha seguido, ha hecho esta antología en la que están muchos de los poetas que allí dijeron todo aquello, y algunos de ellos no sólo han aceptado estar en esa antología sino que de alguna manera han colaborado a elaborarla. Eso supone claudicar de todo espíritu crítico, abandonar aquellas ideas de Santander que resultaron muy estimulantes y, en definitiva, dar por bueno que es mejor “estar” que “influir”, o sea, que es mejor influir sólo en estar uno mejor situado. Claro que para mí es fácil decirlo, nunca le he interesado nada a Villena, y como además escribí por ahí que es la ParisHilton de la poesía española (por lo atento a las modas) pues creo que tampoco me tiene mucha simpatía. Uno de los poetas que están en su antología me dijo: “Te pasaste, sí, pero de generoso. Lo que es es la Norma Duval”. Uno, por cierto, que me confesó que nunca había leído la poesía de Villena, por más que le recomendé algunos libros suyos de hace un par de décadas que yo estimo mucho. Pero lo que le digo, uno puede pensar eso, pero lo que importa es estar.»
Está bien que los políticos defiendan la libertad de opciones, pero cuidado con reírles la gracia cuando escriben faltando a los más evidentes principios de la Lógica. En este sentido, el razonamiento de Duran i Lleida en la entrada del 18 de junio en su blog (La Generalitat i l’homosexualitat) es —además de perverso— una completa falacia (un argumento que puede ser convincente o persuasivo, pero no es lógicamente válido). El hecho de que «una persona -després d’anys d’estar casada i amb fills- arriba a la conclusió que en realitat és homosexual i vol assolir aquesta tendència i considera que necessita ajuda», no se puede equiparar con lo que él denomina escuetamente «el cas invers» (es decir, el que alguien a quien le gustan las personas de su mismo sexo pida ayuda médica para que dejen de gustarle y poder sentirse atraído por las personas del sexo contrario).
Tal equiparación se apoya en una contradicción evidente: en el primer caso, la persona acepta al cabo del tiempo ("-després d’anys d’estar casada i amb fills-") su sexualidad real —que mantenía oculta— y pide ayuda para afrontar psicológicamente los problemas sociales, emocionales y familiares que esa “sortida de l’armari” conlleva de hecho. En el segundo caso, el que Duran llama "el caso inverso", no es tal en absoluto, porque la persona pide ayuda médica para vivir una sexualidad que no siente como propia (pero considera que es la única socialmente aceptable) para sustituir o al menos soslayar la que considera errónea o pecaminosa (y que, de paso, está afirmando): sería propiamente inverso si se tratase de una persona heterosexual que, desde que se dio cuenta de que era heterosexual (allá por la pubertad), se hubiera visto obligado por imperativos personales, sociales, laborales o religiosos a comportarse y vivir como homosexual durante muchos años, al cabo de los cuales decidiera asumir su auténtica identidad heterosexual reprimida y oculta hasta entonces... ¿Conocen a alguna persona que pueda incluirse en este segundo grupo? Yo no.
Su conclusión de que «La lògica final d’aquest plantejament és que l’espècie humana té un estadi normal que és l’homosexualitat» es consecuentemente falaz, apresurada y errónea como la segunda premisa de su argumento anterior. Y el último párrafo, donde dice sorprenderse de que «la celeritat amb que la Generalitat vol investigar els professionals mèdics que tracten homosexuals» no se aplique a «vetllar perquè no es fessin les practiques d’avortametns que, en contra de la llei, es feien en centres clínics de Barcelona», es demagogia de la más baja estofa, impropia de un político de su clase.
Ya está disponible el décimo primer número de Antaria. Revista de poesía, artes visuales, narrativa y pensamiento dirigida por Emma Pérez Coquillat y editada por la Fundación Cajamurcia (cuya aparición debía haber tenido lugar, de acuerdo con su carácter semestral, entre noviembre y diciembre de 2009) con sendos ensayos de Isabel Paraíso, Alfonso Martín Jiménez, Mercedes Replinger y Antonio Durá; poemas de —entre otros— Virgilio Cara, David Pujante, Alejandro Duque Amusco, Ramón Crespo, José Luis López Bretones, Luis Alberto de Cuenca, Javier Lostalé, Juan Carlos Abril, Tomás Albaladejo, Juan de Dios García o Miguel Galanes; y en el apartado de artes visuales (también entre otros muchos y en continuo diálogo con los textos literarios) Alberto Corazón —autor de la portada de este número—, Antonio Soto, Manolo Belzunce, Manuel Barnuevo, Antonio Gómez, Inma Salazar, Yolanda Tabanera, Roberto Carrasco Cañizares, Mª José Contador, David Hornback o Antonio Martínez Mengual, que el pasado 12 de mayo fue el encargado de la presentación del número, cuyo texto íntegro ha tenido la gentileza de permitirme reproducir aquí. Estas son sus palabras de aquella tarde:
Los elementos: la Tierra, el Agua, el Aire y el Fuego (más la Divinidad) fueron representados en el mundo clásico griego por los sólidos perfectos; así, tetraedro, hexaedro, octaedro, dodecaedro e icosaedro vinieron a ser las formas más puras de la naturaleza y del hombre, del cosmos. El estudio por Platón de estos cinco poliedros regulares les dio el nombre de sólidos platónicos, y así han sido denominados hasta nuestros días. Él y estas formas puras serán esta tarde la llave de paso para entrar en Antaria, la ciudad de las artes y las letras, que [en esta ocasión] lleva como subtítulo El ser poliédrico. Tan sólo hemos de traspasar su etérea forma rectangular para caminar con sus habitantes, que dedican parte de sus vidas a expresar con palabras y formas sus personalidades, sus sentimientos, sus facetas de seres poliédricos. El hombre es un ser que —a veces— es ocultado por su propia obra. Veintisiete poetas y veintisiete artistas plásticos conforman esta vez su contenido y —aunque quizá sería más justo nombrarlos ordenadamente a todos— no quiero detallar fríamente sus nombres sino pasear con ellos, sentir entre ellos por esta ciudad dispersa geográficamente en sus páginas, en la que también yo formo parte del hermoso y frágil mapa que la contiene.
¿Cuáles son las palabras, imágenes y colores con los que consiguen hacer realidad física sus pensamientos y transformar enteramente nuestra limitada realidad en otros pensamientos? Caminemos por estos espacios para ver, aunque sea someramente, a sus habitantes. Cuatro trabajos aparecen en el espacio que damos en llamar “pensamiento”: Isabel Paraíso lo titula El doble poliédrico, Alfonso Martín nos habla de La cara oculta de Cervantes, Mercedes Replinger hace que las figuras humanas se multipliquen hasta el infinito en su texto Espejos de un cuarto de baño, y Antonio Durá nos permite leer una parte de su importante trabajo sobre el Tarot y la Poesía, en un capítulo dedicado a El simbolismo del Arcano Mayor 'El Loco' en la poesía contemporánea. Un breve y sorprendente cuento de Martín Páez, ¡Llaman a la puerta! y una poética reflexión, entre las brumas de la melancolía, de José Luis Méndez titulada Aguamarga, comparten lugares de la narrativa.
Y junto a estos interesantes trabajos, aparecen los jóvenes creadores que ya cuentan entre sus reconocimientos con el [premio del certamen] Creajoven de poesía y narrativa: Irene Martínez Marín, Rubén Bautista, Susana Navarro y Mar Palomares. Aunque sea brevemente quiero escuchar sus voces, y leo y subrayo algunos versos… De Irene: Odio tu mano derecha porque siempre dice adiós; de Rubén en su fantástico informe-diario: Quizá la amaba, sí, pero amaba más su amor propio, el que ella había destrozado dejándole sólo. Susana, quizás con Xemaá-El-Fná en la memoria, escribe: Por la tarde hubo cielo rojo y tormenta de arena, / ahora es la noche / y es la plaza / y es el cielo. Y Mar se pregunta: y si, al fin, la nieve abandonara de una vez estos campos / y prendieran las colinas de verde esmeralda. Seis poetas andaluces nos acompañan en este paseo y resulta más que imposible volcar siquiera una pequeña reseña de ellos. Por dejar constancia de su compañía, leo estos versos de José Luis López Bretones: ¿Qué retrato de mí están dibujando las palabras? // En ese negro espacio / que va desde mí mismo a quien escribe / es donde me oculto.
Pero en esta ciudad no habitan solo las palabras, también las imágenes. Las líneas y los colores tienen su parte en esos poliedros perfectos. Las fotografías de Virginia Bernal, Luis Jaime Martínez del Río, Erika Ede y la espléndida instantánea de Gerardo Proal del campesino caminando junto a las columnas de los cactus nos acompañan; la mágica instalación de Yolanda Tabanera, las espirituales manos de Perla Fuertes, los patrones del traje transparente que nos hace Pedro Manzano Ruiz, la Alicia en el País de las Maravillas de Concha Martínez Barreto, que ya no nos mira desde el otro lado del espejo; el paisaje en la figura y la figura en el paisaje de Manuel Pérez, los elegantes dibujos-poemas de Antonio Gómez, los trabajos llenos de tensión de Cortés Abellán junto a esa imagen mural en blanco y negro de Sam3, que nos acompaña en alguna de nuestras calles como uno de los más originales creadores urbanos, cuyos personajes nacen de la misma tierra y describen movimientos que les hacen como volátiles y en diálogo entre ellos mismos. Todas estas imágenes son parte también de esta ciudad. Y los trabajos de tres pintores de los ochenta que continúan siendo referencia en la pintura, Manuel Barnuevo, Manolo Belzunce y Luis Manuel Pastor, con los que tanto hemos compartido.
Abandonando estas imágenes, reiniciemos el paseo que nos llevará hasta el final. Tenemos que renunciar a nombrar a más poetas que también nos acompañan, pero quiero en su nombre leer unos versos de la más joven, María Jesús Miranda: Buscar hasta tenerte, / exprimir recuerdos / que permitan componer / ese rostro que no olvido. / Y leerte. / Recorrer tus manos, / tus líneas, / tu tiempo… // Y pensarte. Alonso Chávarri nos trae en Termómetros de infancia una preciosa colección de poemas que nos hablan de ausencias y silencios; Luis Alberto de Cuenca, dos brillantes poemas recién florecidos en la noche y la espesura, y David Pujante nos convoca a La mañana de luz, una profunda reflexión sobre el mito edénico cuyas seis caras forman un cubo perfecto de imágenes y emociones sobre la capacidad de creación en el hombre y que por amistad me ha dedicado. Finalmente, el poeta aragonés José Manuel Soriano nos dice en un breve y hermoso poema: El sueño es azul. / Al cerrar los ojos una gota de mar se agita en tu pupila. Otra vez el sueño… ¡Los sueños! Ésta es la señal para ir abandonando Antaria, la hermosa ciudad de los artistas, de los sueños.
Permitidme que antes dé las gracias a Emma, a Pedro, a Pascual por su amistad y por regalarme este momento, a David y José Manuel por su recuerdo en la distancia, con un fuerte abrazo… Y a todos los habitantes que han hecho posible este paseo por la creatividad. Para salir busco de nuevo la compañía del maestro Platón, que al principio nos dio las mágicas formas para entrar, pero para despedirme reclamaré su palabra, en concreto las palabras que pone en boca de Sócrates en El Banquete, una pregunta y una respuesta que quiero dejar grabadas en el dintel de salida: ¿Las cosas buenas no te parece que son también bellas? A mí, al menos, me lo parece. Sean todos ustedes bienvenidos al décimo primer número de Antaria, la revista de las artes y las letras.
La mirada extendida sobre el blanco, preocupada por la futilidad, reconociéndose en la futilidad y reteniendo despojos de frutos y semillas, construyéndose sobre, estructurándose desde los despojos, el asfalto mudable trascendido y elevado a metáfora confusa del silencio sobre el que se disponen y ordenan: hojas secas, vainas rotas, vacías o aún cargadas de promesas que pronto serán nada, tal vez como el amor, cuyos senderos —parecen sugerir los catorce parcos versos—, conducen a un refugio final que es el recuerdo, cuyos contornos significan pero callan y en esa extraña forma del silencio contienen todavía —como algunas de esas vainas caídas— simientes que no habrán de germinar, de antemano abocadas a una extraña forma de traición a su naturaleza.
Semillas, sueños, pasos, acritud indecible de un paisaje cifrado en su miseria y en su desolación, en la indefinición de sus contornos y en la ausencia de marco, de paisaje, de trama natural donde poder situar sus elementos, imbricarlos y ofrecerlos de forma diferente a la mirada.
[Escrito para la exposición homónima de Antonio Gómez Ribelles en la Galería Bisel (Cartagena, 22/IV-10/V de 2010) a la que pertenece el cuadro reproducido arriba, y en cuyo catálogo ha sido publicado.]
Orígenes de Alejandría, considerado uno de los pensadores más importantes de la teología cristiana, el más importante quizás junto a Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, "padre de la iglesia" como ellos y mártir, no comparte con ellos, sin embargo, la consideración de santo, por haber llevado hasta sus últimas consecuencias las palabras atribuidas a Jesús en el evangelio de Mateo (c. 19, v. 12): “Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda”; o quizá estas otras del evangelio de Marcos (c. 9, vs. 43-47): “Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna”. Por unas u otras, el caso es que el entonces joven catequista (tendría a la sazón 17 ó 18 años) llevó al extremo de la literalidad la interpretación de los textos bíblicos, infligiéndose a sí mismo la castración y cerrándose las puertas de la santidad. En los últimos meses, cada día que pasa la jerarquía de la iglesia católica se encuentra en peor situación a lo largo y ancho del mundo por las sucesivas revelaciones y escándalos relacionados con los abusos a menores y su ocultación. Ayer mismo se podía leer la noticia de la emisión en un canal brasileño de un video en el que el obispo Luiz Marques, de 82 años, aparece desnudo practicando sexo con un joven ex-monaguillo de 19 años. La escena —que según cuenta el propio muchacho venía repitiéndose desde hacía años— fue grabada en enero de 2009 por otro antiguo monaguillo, empujado también a mantener relaciones sexuales con Marques desde los 12 años. El religioso, sin confirmar o negar la veracidad del vídeo, sólo responde a los reporteros: "No puedo decirle nada. Eso es un asunto de confesonario. Sólo le contaré mis pecados a mi confesor. Usted no tiene derecho a entrar en mi esfera privada". Hace sólo unos días, el 24 de marzo, el New York Times apuntaba directamente a Joseph Ratzinger (papa Benedicto XVI para los católicos) contando cómo, en 1996, el entonces cardenal y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe no respondió a dos cartas el arzobispo de Milwaukee sobre el caso de los abusos en una prestigiosa escuela para niños sordomudos, en las que se señalaba como autor de los mismos al sacerdote Lawrence C. Murphy, que trabajó entre 1950 y 1974, y cómo —pese a las repetidas advertencias— se optó por acallar el asunto para evitar el escándalo en lugar de expulsar al sacerdote. Ahora los abogados del Vaticano se encuentran con la clara amenaza de tres ciudadanos de Kentucky que quieren sentar al pontífice en el banquillo de los acusados por negligencia y encubrimiento de abusos sexuales por parte de curas pederastas. El pasado domingo 21, un día después de hacerse pública su carta pastoral a los fieles de Irlanda, Joseph Ratzinger en el ángelus dominical en la plaza de San Pedro pedía a los católicos "aprender de Jesús y no juzgar y condenar al prójimo, aprender a ser intransigentes con el pecado, comenzando por los nuestros, e indulgentes con las personas", recordando el pasaje de la mujer adúltera que ocupa los primeros versículos del capítulo 8 en el evangelio de Juan (en los otros tres no aparece), en el que los escribas y fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y Jesús les replica: "el que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella". Añadía Ratzinger que "La misericordia de Dios es la expresión de su inmenso amor. No condena al pecador, a ningún hombre o ninguna mujer, sino que exige retomar constantemente el camino de la reconversión a Él usando como herramienta especialísima el Sacramento de la Reconciliación". Y yo llevo todos estos días preguntándome por qué un teólogo tan fino (como reconocen hasta sus propios adversarios) como implacable con los que se apartan de la ortodoxia doctrinal católica (como pueden atestiguar los teólogos apartados del ejercicio del ministerio y/o la enseñanza y sobre los que descargó —sobre ellos sí— todas las sanciones previstas en el derecho canónico desde su cargo de prefecto de la mencionada Congregación para la doctrina de la fe); por qué tan fino teólogo, decía, echa mano de semejante episodio, qué relación pretende establecer entre el perdón de Jesús a la adúltera del evangelio y la pederastia... Y sobre todo, me pregunto por qué no hace alusión a estas otras palabras atribuidas a Jesús, no en el de Juan, pero sí en los otros tres evangelios considerados “canónicos” por la iglesia a la que representa: Mateo 18, 5-6: "Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe. Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar." Marcos 9, 42: "Y cualquiera que escandalizare a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en la mar." Lucas 17, 1-2: "Dijo a sus discípulos: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños." ¿Teme quizás el [así llamado] "santo padre" que, de mencionar tales consejos del evangelio, alguno de sus sacerdotes, obispos o religiosos culpables de pederastia podría interpretarlos —como Orígenes— al pie de la letra y arrojarse al mar...?
El próximo 24 de marzo, Antonio Marín Albalate y quien suscribe apadrinaremos el bautizo del nuevo libro de poemas de Antonio Llorente Abellán, Herida, tercer título de la colección Pasión del verbo que publica la editorial Huerga & Fierro con el patrocinio del Patronato Carmen Conde - Antonio Oliver. Será en el Museo Ramón Gaya de Murcia a las 20:00h. A continuación pueden leer uno de los poemas del libro:
PRECEPTIVAS
Habrá que hacer loa de cualquier cosa.
De la mera contemplación hacer poesía.
Lo mismo ha de dar una nube que un amor,
o la emoción de contemplar un cántaro,
qué cosas...
Y es que hay que rastrear lo sublime, hacerlo brotar entre las líneas de los versos. Parece que ahora importa más el papel en blanco que el sordo rumor de un corazón desmoronado o el de un alma arrugada en el ocaso porque siente con el día morirse el mundo.
Hoy hay que hacer poesía de memoria y medir bien los versos, hacer trampas, no decir la verdad aunque nos mate, tanta sinceridad, tanto ripio disfrazado de soneto matemático y puro.
Poetas de la elegía nos dicen los poetas sordos y cerebrales porque no saben escuchar el dulce temblor de todo lo que vive camino de la muerte.
No saben de las ansias, no saben del origen silencioso y turbio de cada canción que les suena hermosa.
No saben nada de la vida ni han entendido apenas ningún libro.
Hay que ser como ellos, agasajar las conciencias de este mundo dormido.
Y ni un llanto, por favor, ni una pena, y no hablar del yo, que a nadie importa.
Mejor las nubes, las aves, los cántaros, y todo muy discretamente, y muy bien medido sin hacer ruido, por dios, que nadie se moleste.
Mi buen amigo J. me comenta por correo electrónico su extrañeza tras haber leído la entrada anterior: "En varias ocasiones te he escuchado, en tus recitales de poesía o en conversaciones privadas, aludir a las razones de tu gran aprecio por la persona y la obra de Eloy Sánchez Rosillo [...] Seguramente no recuerdas —me dice— que en su libro «La vida» hay un poema sobre Donizetti titulado «Una fotografía»..." Le respondo que desde luego recordaba el poema y —por si no lo hubiera recordado— lo tenía entre los resultados de las búsquedas que hice en Google antes de ponerme a pergeñar el artículo, que escribí por encargo —con 48 horas escasas para entregarlo y la limitación añadida de que la extensión no fuera mayor de dos folios— y en el que las citas de Carnero y Colinas son significativas de un cierto estado de opinión en la época —mediados de los setenta— en la que se escribieron (y en concreto la de Carnero una mera alusión en el seno de un poema "metapoético", como la mayoría de los de ese libro suyo). Pero también estoy contigo, querido J., en lo excelente de la oportunidad para traer el poema junto a la reproducción del daguerrotipo en el que se basa (tomado al parecer por el propio Daguerre en París en agosto de 1847) que el propio Eloy me ha facilitado, lo que desde aquí le agradezco:
No había tenido suerte Gaetano Donizetti en su primer encuentro con el público parisino cuando presentó su Marin Faliero en el Théâtre Italien el 12 de marzo de 1835, menos de dos meses después del estreno —el 24 enero de ese mismo año— de I puritani, cuyo enorme éxito determinaría a la postre la tibia acogida del título donizettiano y el regreso del compositor a Nápoles para atender al estreno de la que se convertiría en una de sus obras maestras, Lucia di Lammermoor, previsto para el 29 de septiembre en el Teatro San Carlo. Tres días antes, el 26, había muerto Bellini en la capital francesa, y este hecho, unido al voluntario apartamiento del gigante Rossini de la composición operística (que no de la vida social y musical, no en vano tomó las riendas del Théâtre Italien) después del estreno en 1829 de Guillaume Tell, había dejado el camino libre al bergamasco para convertirse en lo que ya era cuando regresó al final de esa misma década —tras el rechazo de Poliuto por la censura italiana—: el más reputado compositor lírico de su tiempo.
La simple enumeración de algunos pormenores que rodean la composición de sus últimas óperas habla bien a las claras tanto de la abundancia y simultaneidad de los encargos como de la rapidez de su forma de trabajar: el primer borrador de Caterina Cornaro está fechado en 1842, pero Donizetti abandona momentáneamente el proyecto para comenzar a trabajar en Maria di Rohan (que sería estrenada en el Kärntnertortheater de Viena en junio de 1843) y Don Pasquale; de nuevo retoma el trabajo en Caterina y una vez más lo interrumpe para concentrarse componer Dom Sébastien, roi du Portugal, interpretada en noviembre de 1843, mientras que la première de Caterina, que tenía que haber sido puesta en escena este mismo año, se pospuso dado que el compositor, por razones de salud y de agenda, no podía supervisar la producción, que finalmente subiría a escena (sin demasiado éxito) en Nápoles el 12 de enero de 1844.
En unas declaraciones de 2004 recogidas para El Cultural del diario El Mundo por Carlos Forteza, a propósito del estreno en el Teatro Real de la producción de Don Pasquale de Grischa Asagarov (estrenada en 1997 en la Opernhaus de Zurich con motivo del 200 aniversario del nacimiento de Donizetti) el director musical de la misma, Giuliano Carella, hablaba de Donizetti, como “continuador directo de las técnicas musicales y teatrales establecidas por Rossini a principios del XIX. En esa franja de treinta años que separan «Il barbiere di Siviglia» y «Don Pasquale», Donizetti eleva ese legado rossiniano a sus máximas consecuencias. En su favor, desarrolla el género al dotar a sus personajes de una complejidad y profundidad psicológicas quizás ausentes en Rossini”. Señala también Carella las evidentes novedades que introduce Donizetti en su capolavoro, rompiendo la estructura de los números cerrados tradicionales al suprimir el recitativo secco propio de la ópera buffa —en cuya tradición escénica y argumental, como comenta Blas Matamoro en su artículo, introduce también el cinismo como elemento añadido a la ironía— y sustituirlo por el recitativo accompagnato, contribuyendo así a una mucho mayor unidad y fluidez del discurso dramático-musical; y pone un ejemplo de esas “claras intenciones modernizadoras” que de puro evidente pasa muchas veces desapercibido al espectador u oyente: en la primera escena se mantiene la estructura tradicional de recitativo, cavatina y cabaletta, pero el núcleo del número en su conjunto no se reserva a uno de los personajes como venía siendo habitual (recuérdense a este respecto, por atenernos a lo más conocido de su repertorio, las arias di sortita de las respectivas protagonistas en Ana Bolena, Lucrezia Borgia, Lucia di Lammemoor o Roberto Devereux) sino que se inicia como duetto entre Pasquale y Malatesta, sigue con la cavatina (Bella siccome un angelo) encomendada al doctor y, tras un nuevo y breve intercambio entre ambos, termina con la cabaletta (Ah! Un foco insolito) cantada por Don Pasquale.
En esa producción, Asagarov y su diseñador Luigi Perego trasladan la acción al período de entreguerras del pasado siglo, los “felices años veinte”: Ernesto aparece en escena vestido con el típico atuendo de inglés de jugar al tenis, mientras Don Pasquale colecciona osos de peluche en una “especie de casa romana construida con el estilo del último Renacimiento, decorada en colores pompeyanos, con muebles antiguos y tapices polvorientos, que se transformará, tras la llegada de Norina, en algo muy distinto, de plástico rosa, muy postmoderno”, en palabras del propio Asagarov. Me refiero a ella en lugar de a cualquier otra, de las muchas y bastante acertadas que en los últimos años vienen sucediéndose en los escenarios de todo el mundo, por ser de sobras conocida por una gran mayoría de los aficionados: fue retransmitida en su reposición de 2006 a través del canal de televisión Mezzo, con un reparto de ensueño —Ruggiero Raimondi en el papel titular, magníficamente secundado por Oliver Widmer, nuestra Isabel Rey y el mejor de los Ernestos posibles, Juan Diego Flórez— y editada posteriormente en DVD por Decca. La generalización de los formatos CD y DVD (y la práctica imposibilidad, dado los cada vez mayores costes, de seguir grabando una y otra vez en estudio los mismos títulos con repartos “mediáticos”) ha favorecido el hecho de que sea ya habitual registrar en vivo la mayoría de las producciones de ópera a lo largo y ancho del mundo para que el aficionado pueda disfrutarlas en la comodidad de su hogar y en condiciones de imagen y sonido impensables hace unas décadas.
Todavía recuerdo mis primeros años de afición operística (prácticamente desde los dieciséis, aunque con pasión y ahínco mucho mayores desde la universidad) que probablemente conocen, han compartido y recuerdan también muchos de los que ahora leen estas líneas: eran los años de florecimiento del repertorio rossiniano en el ámbito discográfico, pero también lo habían venido siendo en el puramente teatral —documentado por grabaciones radiofónicas o privadas— de una notable Donizetti renaissance que encabezaron nombres como Leyla Gencer, Caballé o Sutherland. Sólo un ejemplo, para mí muy especial: el 20 de abril de 1965 (yo nací en noviembre de ese año, o sea que a la sazón estaba ya en el vientre de mi madre) una joven casi desconocida sustituía en el neoyorquino Carnegie Hall a la indispuesta Marilyn Horne en el papel principal de la Lucrezia Borgia que se ofrecía en versión semiescenificada. La grabación de esa función —como tantas otras de Verdi, Wagner, Bellini, el propio Donizetti, etc.— circuló en LP en la época del vinilo, pero yo no la conocí hasta mediados de los noventa, cuando la editó en CD Great Opera Performances (o G.O.P. si lo prefieren): en la sala se hace un silencio absoluto tras el breve aplauso de cortesía a la cabaletta de Orsini Fede a fallaci oroscopi, la orquesta (dirigida por el veterano e injustamente minusvalorado Jonel Perlea, que ocho años antes, tras un ataque al corazón y un derrame cerebral, había tenido que aprender a dirigir sólo con la mano izquierda) entona la breve introducción al recitativo Tranquillo ei posa y aparece la protagonista, se llama Monserrat Caballé, y a unos pocos avisados su nombre les suena de una Manon de Massenet con Di Stefano en México en septiembre del año anterior: los prodigios empiezan a sucederse y no se sabe qué admirar más: si la extraordinaria belleza del timbre, la tersura y mordiente de la voz, los filados, los trinos, los reguladores dinámicos o los imposibles pianissimi sostenidos por una capacidad de fiato que devendría legendaria. Son en total once minutos durante los que apenas alguna tos, algún leve carraspeo, puede oírse (el sonido de la grabación es bastante aceptable) tras el breve intercambio con Gubetta que conduce al aria propiamente dicha [para quien no conozca la grabación he subido a You Tube y enlazado a continuación el recitativo y el aria]… Todavía hoy se me ponen los pelos de punta cuando tras las últimas palabras de la segunda estrofa (non ti desti che al piacer) estallan los aplausos y los bravos... Así describía el crítico musical del New York Times, Raymond Ericson, la reacción del público tras esa primer aria: «Miss Caballé sólo tuvo que cantar su romanza inicial, una típicamente dulce aria de Donizetti con pequeñas florituras vocales, y se vio claramente que aquí había una cantante no sólo con una hermosa y pura voz, sino también con excepcional dominio del estilo vocal. No fue una sorpresa que tan pronto en la ópera el público interrumpiera la función durante cinco minutos con sus aplauso y vítores». Y el entusiasmo no haría sino crecer para acabar en una atronadora ovación de más de media hora para la debutante [Quien desee conocer un relato completo y detallado (en catalán) de los pormenores de esta representación, las circunstancias que la rodearon y su decisiva trascendencia en la carrera de la soprano, puede leerlo en el capítulo 6 ("El triomf mundial arriba de sobte") de la biografía Montserrat Caballé de Roger Alier, L'Arca, Robinbook, Barcelona 2008, especialmente pp. 52-54 (vista previa restringida del libro en este enlace)].
Pero eran también años en los que persistía aún el eco de afirmaciones nacidas no sólo del desdén, sino también del más absoluto desconocimiento de las partituras originales y de las caprichosas modificaciones y cortes obradas en ellas a lo largo del tiempo, como ésta de uno de los mejores compositores venezolanos, Juan Bautista Plaza (1898-1965): “casi todas las referidas óperas, no obstante las inspiradas páginas que encierran, carecen de unidad de estilo y su instrumentación es por lo general muy pobre” O esta otra, extraída de la monografía del musicólogo francés François René Tranchefort La Ópera, (1983, edición española en Taurus, 1985): “el talento melódico frecuentemente se ve debilitado por la banalidad de la armonía y de la instrumentación”. No resulta extraño, así, que en 1974, en el último poema de su libro Variaciones y figuras sobre un tema de La Bruyère, el titulado L'enigme de l'heure, escribiera Guillermo Carnero estos versos:
“El poema es un complejo artesanado, un gran reloj de cuco; conocemos su engranaje y cómo da la hora
que es, con todo, un enigma: también nos duele confesar
una secreta admiración por Donizetti.”
Pero desde que la revolución historicista ha ido alcanzando a la ópera del período romántico tales dislates han quedado totalmente obsoletos y desmentidos. Por poner sólo un ejemplo: en sus propias notas a su grabación de Lucia di Lammemoor con instrumentos originales comenta Sir Charles Mackerras (traduzco sobre la marcha del libreto en inglés) que “si, como se ha hecho frecuentemente, se cortan todos los pasajes en los que no participa Lucia, y se transporta abajo el resto, toda la ópera parece escrita en una sola tonalidad, Sol mayor, con lo cual parece no haber desarrollo tonal. En realidad, Donizetti dispuso cada número en una tonalidad opuesta, con los correspondientes caracteres asimismo opuestos de los personajes. Con los cortes y transportes, la ópera pierde mucho de su estructura dramática y se convierte en una velada para aficionados a la mera pirotecnia vocal.” Creo que no hace falta decir más…
Hoy en día todos aquellos maravillosos testimonios sonoros, buena parte de los cuales no nos habríamos atrevido a soñar siquiera, no sólo están a nuestra disposición en mejores o peores condiciones, excelentes en algunos casos y pésimas en otros, sino que de muchas de sus óperas —y de las de contemporáneos suyos menos conocidos— se han realizado representaciones y producciones en concierto ad hoc para llevar a cabo la correspondiente grabación discográfica, y es de justicia destacar en este sentido la labor (por la solvencia de las interpretaciones y la magnificencia de los libretos, con amplísimas y acertadas introducciones histórico-musicales) de la firma inglesa Opera Rara con el apoyo de la “Peter Moores Foundation”. Ya no caben, pues, más nostalgias que aquellos locos e imposibles sueños de los años post-adolescentes: ¿y si Callas hubiera llegado a tiempo a la exhumación y reestreno de Roberto Devereux en Nápoles en 1964?; ¿y si RCA hubiera tenido la inteligencia comercial de Decca y hubiese grabado con la pareja Kraus-Caballé, en aquella segunda mitad de los 60 verdaderamente gloriosa para ambos, no sólo Lucrezia, sino también Lucia, Devereux, Stuarda, Manon (que cantaron —la única vez juntos en escena— en Madrid en el 67) y tantas otras de otros compositores, como la mencionada I puritani, que ambos grabaron para EMI en 1979, en condiciones ya no idóneas...? Pero son sólo eso, sueños imposibles de aquella juventud
“cisne mío, mi juventud dichosa
expirando a los pies de Donizetti”
(Antonio Colinas, Sepulcro en Tarquinia, 1975)
…Se levanta el telón, disfruten...
[Una versión reducida de este texto apareció en el libreto del Don Pasquale representado en el Auditorio «Víctor Villegas» de Murcia el pasado 20 de febrero, con dirección escenica Curro Carreres y musical de Fabrizzio Maria Carminatti. Más información sobre la producción —a la que pertenece la fotografía que encabeza esta entrada— pinchando aquí]
Ya está en la red el esperado número 26 de la revista digital de literatura El coloquio de los perros, con poemas de Ernesto Pérez Zúñiga, Juan Bonilla, Aleyda Quevedo, Pablo Méndez, Carlos Jiménez Arribas, Leo del Mar, Alexis Gómez Rosa, Inma Pelegrín y quien suscribe; cuentos de Luis López, Alfonso Legaz y Miguel Ángel Hernández-Navarro; poemas traducidos de Asher Reich, Fátima Núñez Delgado, Terese Svoboda, Fernando Pessoa, Rosa von Praunheim y Guy Perreault; entrevistas a Carlos Salem, Miguel Serrano Larraz, Adolfo Castañón y el poeta argentino Luis Benítez; artículos y reseñas de narrativa, poesía, teatro, fotografía, música (una Elegía por Narciso Yepes de José Antonio Hernández Arce) y muchas otras cosas que espero se sientan invitados/as a descubrir.