27 de agosto de 2011

Monólogos en el vacío




PERCY SHELLEY EN EL ARIEL

Da pena esta limpieza de mi cuerpo
que sólo tú acaricias; esta voz
fundida con la mía, ambas extrañas,
con un sonido ajeno aquí en la mente,
donde sólo uno mismo debe oírse;
no hay otra que transmita su cadencia
por esa magia simple, su silencio
a los versos amargos que ahora escucho.

Como el mar en invierno, despeinado,
sin sol ni luz, espera una palabra,
así he presentido que mirabas
la paz que trajo a veces tu demonio:
los cuerpos se alejaban al oscuro
rumor que me insuflaste cuando niño,
al eco de tu voz, que tan temprano
vibraba ya en la mía y sólo ahora

reconozco. No puedo soslayar
la tentación de hablar contigo, infame,
recordada en el tacto de mi piel,
el odio de mirarte confidente
solícita de tanta adolescencia
desterrada, la envidia de esos años.
¿Dónde estabas? ¿Por qué no me enseñaste
la manera de amarte, como a tantos...?

Ahora aceptaría tu consuelo.
¿O piensas que el sonido de algún cuerpo
me atraería, que iba a abandonarte
y volver con la ofrenda de mis lágrimas?
Tal vez no te equivocas. Te he nombrado
deidad, como los hombres sacralizan
todo aquello que excede a su contacto,
o aquello de sí mismos que detestan.

Pero voy a seguir buscando el rostro
del que tú estés ausente, su sonrisa,
aunque al final descubra que mi aliento
huele a fondo marino, que mi piel,
incluso recién limpia como ahora,
suave y perfumada, disimula
dentículos, como el escualo triste
que en tu seno profundo nunca duerme.

[Este poema, escrito en mayo-junio de 1987 e inédito hasta ahora, es el primero de la serie de fragmentos que luego conformaron el poema-libro Gaviotas desde el 'Ariel' (Pre-Textos, 2005) del que sin embargo quedó fuera, y uno de los incluidos en la antología Monólogos en el vacío, recientemente publicada por Ediciones del 4 de Agosto en la colección Planeta Clandestino, con motivo de mi participación (el pasado jueves 25, junto a Antonio Méndez Rubio) en el VII festival de poesía Agosto Clandestino en Logroño.]

21 de agosto de 2011

Cuaderno del 93 (I)


CREDO ESCÉPTICO

No hay pago por las cosas que dejamos
de hacer, ni por aquellas
en que aunamos empeño y sufrimiento.
Ni siquiera es verdad —como pensaba
el buen Rilke— que empeño y sufrimiento
sean lo único válido, y no importen
las obras a que pueden dar lugar.

Ha pasado ya el tiempo de los dioses
que premiaban las obras, y también
el de aquel otro —el de Rilke—
que era suma de todas nuestras vidas:
apenas queda tiempo y ya no hay dioses
que den valor al riesgo y a las obras
logradas en la vida.

                                         ¡Qué ridícula
tarea la de escribir lo ya otros
pensaron y escribieron, repetir
como en una cadena sin final
ni principio que no hemos avanzado!

¿Qué importa un dios o muchos o su naturaleza
que nunca alcanzaremos, o qué haya
detrás de tantos nombres
cielo, muerte,
transmigración o Brahma?

                                                      Ni siquiera
sabemos si alguien mira hacia nosotros,
si la mágica luz de las estrellas
no es el brillo de unos ojos

escondidos en el espacio negro.

Con todo, si eso es cierto y alguien
fuera
de aquí
nos está viendo, me imagino
que un día llegarán hasta nosotros

—¡truenos, claro!— los ecos de su risa.


19 de agosto de 2011

Un poema de Juan Bonilla




CORDURA DE DIOS QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO

Padre nuestro, que estás en paradero
desconocido, líbranos de Ti.

No nos llenes el tiempo con tu ausencia.

Tú utilizaste el fuego del infierno
para encender el sol de nuestra infancia.

No nos des incertidumbre de tus ojos
después de que los nuestros ya no puedan
mirar la rosa negra de la vida.

Oh, cordura de Dios que catas
el pecado del mundo,
dispendia tu piedad con los cobardes,
los que te encuentran en cualquier fenómeno
de meteorología, los que imponen
tu Nombre en leyes y oraciones.

Confórmate con ser un huésped
de nuestra infancia rota en mil pedazos.

Vacíanos de Ti,
regresa a tus orígenes,
a aquella inmensa noche de tormenta
en la que el miedo de unos monos te inventara.

                                  (Juan Bonilla, Partes de Guerra, 1994)

8 de agosto de 2011

Poemas que me han dedicado: Antonio Marín Albalate




A lo largo del tiempo algunos (muy pocos) amigos han tenido la gentileza de dedicarme algún poema, y creo que no es mala cosa darlos a conocer, haciendo de paso siquiera un mínimo elogio de los libros en que aparecieron. Y empezaré por el más reciente, incluido en Enclave de barro de Antonio Marín Albalate. En este pequeño y hermoso conjunto de veintidós breves poemas, que no por breves y aparentemente leves dejan de doler, punzantes y callados, en este libro de breves y leves honduras, decía, cambia Antonio el que ha venido siendo uno de sus Leitmotiv habituales (la nieve) por el barro de la edad y el desencanto que el tiempo nos allega. El poema —sin título, como muchos de los suyos, y del que soy no sólo dedicatario sino también involuntario personaje— es éste:

                             A Ángel Paniagua.

¿CÓMO me verán
esas muchachas
con las que todavía
sueño fugarme
a no sé dónde?

¿Cómo me verán,
cuando así las miro,
Ángel, desde esta triste
miopía de canas y barro?

No te ven —dice Paniagua.


29 de julio de 2011

VII Agosto Clandestino




*Jueves 4 de Agosto, IRJ (Logroño) 20 horas: Karmelo C. Iribarren presentado por Pablo Casares.

*Jueves 11 de Agosto, IRJ (Logroño) 20 horas: Carmen Camacho y Miguel Ángel García Argüez.

*Sábado 13 de Agosto, El Patio del Camino (Navarrete) 20 horas, presentación de Nubes con la mente. Tributo a Love of Lesbian (Editorial Comuniter). Con la presencia de su editor, Octavio Gómez Milán, y con los autores riojanos que participan en el tributo, Odón Serón, Enrique Cabezón y Carmen Beltrán.

*Jueves 18 de Agosto, IRJ (Logroño) 20 horas: Mar Benegas y Javier Lostalé.

*Viernes 19 de Agosto, Bar Riff (Logroño) 20 horas: Jesús Ge y César Lladó.

*Jueves 25 de Agosto, IRJ (Logroño) 20 horas: Antonio Méndez Rubio y Ángel Paniagua.

*Sábado 26 de Agosto, Bar Riff (Logroño) 20 horas: presentación de Ahora. 11 poetas en el 2011, con sus autores: Lucía Azpeitia, Adriana Bañares Camacho, L.B.S., Gabriela Collado, Aitor Cuervo Taboada, Matilde de las Rivas, Nerea Ferrez, Bosko I., Iván Mendoza Madorrán, Laura Monzón Echevarría e Ignacio Pérez Lasanta. 

(Además de los libros mencionados, en cada acto se presentarán sendos cuadernos de la Colección Planeta Clandestino con poemas de los autores participantes.)

25 de julio de 2011

Vendrá el tiempo y tendrá nuestros poemas (o la paja en el ojo ajeno)



Estos días pasados hemos tenido en Facebook un intercambio de ideas y puntos de vista sobre este texto de Martín López-Vega publicado el 19-7-2011 en la web de la editorial DVD (el autor asturiano aparece fotografiado —¿hojeando? ¿leyendo?— una edición en ruso de Parte de la oración de Joseph Brodsky). Y como sea que la animada charla terminó —al menos por mi parte— dando de sí más de lo esperado, he decidido traer al blog (que tan abandonado tenía) mis respuestas de ese diálogo, siquiera mínimamente retocadas.
El párrafo 1 parece prometer una concisa pero aguda reflexión del filólogo que López-Vega es sobre tradición y renovación en la narrativa última española, pero me temo que en Teoría de la Literatura (M. que sabe de esto un rato más que yo me corregirá si me equivoco) la categoría "bodrios novelísticos" no se contempla como tal. Por otro lado, la preeminencia de Martínez de Pisón, Xuan Bello, Mercedes Cebrián y Elvira Navarro sobre Juan Manuel de Prada y los otros que dice haber olvidado, no puede (desde el punto de vista, repito de la Teoría de la Literatura, no de la mera opinión personal) establecerse con una perspectiva temporal tan exigua.
El párrafo 2 es una boutade que quiere pasar por axioma sin lograrlo. Lástima que los demás también pensamos —habría que decirle— y no estamos de acuerdo contigo en esto. En el párrafo 3 parece arremeter contra los que actualmente son compañeros suyos de escudería (poética). La frase citada es de este artículo de Luna Miguel sobre Agustín Fernández Mallo (A. F. M.), pero no acaba de entenderse bien su ironía en lo tocante al "asunto de la seriedad"... ¿Le agrada o le molesta? En cuanto a la alusión a "las listas de poetas guapos de L. M." debe de referirse a "aquel texto de Poetry is not dead sobre los cuatro poetas más guapos de nuestro país" No he llegado a ver ese texto pero sí otros de la misma Luna Miguel cantando las alabanzas físicas y/o literarias de, por ejemplo, Antonio Lucas, Javier Rodríguez Marcos, Antonio Portela, Juan Antonio Bernier o David Leo García. Pero lo único que (quizá inconscientemente) consigue M.L.-V. mencionando esto es hacer patente un posible daño o descontento suyo íntimo (subconsciente o no) respecto de su propia apariencia física.
La reseña sobre la última antología de Villena a la que se refiere en el apartado 4 (que publicó en la revista Suroeste y a la que alude aquí para “disculparse”) no la pude leer y archivar en su momento, y descubro ahora —no sin sorpresa— que va mucho más allá que otra sobre 10 menos 30 que ya recogí en este blog. Se trata de una pieza lamentable desde cualquier punto de vista, incluido el de la Retórica (desde el que, tratándose de un filólogo, en modo alguno debería serlo):


la dispositio brilla aquí por su ausencia, salta de la inventio a la elocutio con tal falta de mesura y reflexión que el resultado, amén de embrollado y confuso, incluye descalificaciones literarias y personales de todo punto inadmisibles (un curioso disparate [...] Inteligencia, poca, aunque hachazos a la sintaxis hay muchos en el prólogo [...] desde los desvaríos neobarrocos y gimferrerianos de José Luis Rey a las naderías delicadas de Rafael José-Díaz, de los trabalenguas que parecen cómicos (pero al parecer no lo pretenden) de Juan Carlos Abril a las fruslerías de Javier Vela [...] batiburrillo de jóvenes imberbes [...] más les valdría a esos poetas tener los huevos de hacer ellos la antología [...] y no darle la lata a un proto-anciano que ha perdido todo su prestigio como antólogo [...] que estaría mejor buscando tiempo para hacerle a su prosa lo mismo que le ha hecho a su papada).
Ya en una entrada post-reportaje-EPS de su blog recogía "tal cual las escribí" la versión original de sus respuestas a sendos cuestionarios que por entonces le habían hecho (desvirtuadas después, según él, en los medios donde aparecieron); yo trajé entonces aquí unos fragmentos de esa entrada (que eliminó de su blog poco tiempo después) y bastaba con echarles una ojeada para ver ya claramente esa manía hacia Villena, que debe de remontarse (como la de algunos otros, pero ese es otro tema) a la época de 10 menos 30: de los más jóvenes de los incluidos en aquella antología, uno (Rendueles) es asturiano como López-Vega, y los otros dos coetáneos suyos (o casi, Juan Carlos Abril de 1974 y Carlos Pardo de 1975). En la introducción, además, Villena decía que “no figuran otros nombres jóvenes que estimo —José Mateos, Javier Almuzara, Lorenzo Oliván, entre otros— que siendo notables poetas han permanecido más fieles al clasicismo de la poesía de la experiencia.”
Se considerase aludido o no en ese “entre otros”, la realidad es que López-Vega y Almuzara (junto con —o espoleados por— su amigo y valedor García Martín) urdieron una estrategia de descrédito que tuvo varios frentes, en su caso una sección “humorística” de correos apócrifos en la revista Reloj de Arena de la que eran coordinadores, y en la que tuvieron la desfachatez de publicar una falsa carta mía con el mismo estilo insultante y faltón que el escrito que comentamos. Con los años, y los sucesivos textitos de este tenor, yo estoy cada vez más tentado de creer que revelan otro posible daño o descontento suyo íntimo (subconsciente o no) respecto de Villena y/o de sus antologías, en las que por una razón u otra no ha llegado a aparecer... (Y parece que no es el único que se echa de menos en ellas, de hecho Juan Carlos Sierra cierra su crítica de La inteligencia y el hacha con estas palabras: "quizá a la antología de Luis Antonio de Villena habría que reprocharle amistosamente algunas ausencias y alguna que otra presencia. ¿Ubi sunt, por ejemplo, Abraham Gragera o Martín López-Vega?")

Del párrafo 5 hay poco que decir porque deja ver a las claras el concepto de las relaciones humanas de este chico, al igual que en el 6, en el que despotrica contra el mencionado Carlos Pardo a cuenta de sus respuestas a una entrevista aparecida en abril, y que creo que se califica por sí sólo. La literatura es otra cosa.

En el 7 dice López-Vega que “se ha publicado una antología sin ninguna importancia en Visor. Uno la ve y piensa eso, que nadie le hará mucho caso, pues los autores incluidos son en general de poca monta y sobre todo el libro es lo bastante breve como para ser un libelo colectivo, pero no una antología con voluntad de nada.” Debo decir que creo que es falso que esta antología de la poetidumbre se haya vendido como churros, por mucho que siga semana tras semana en la lista de más vendidos de El Cultural. En cualquier caso, dudo mucho que en sus cifras de ventas haya tenido algo que ver una carta abierta (que es sólo eso, una carta, no un cañonazo para matar poemoscas), y disiento en cuanto a que los autores que la componen (individualmente considerados) sean “de poca monta”. Lo que —a mi juicio— falla de esta antología como propuesta es la penosa exposición de un (inexistente) fundamento teórico que supone su prólogo, un texto (por no decir directamente sarta de disparates e ingenuidades bobaliconas) que no resiste el más mínimo análisis crítico y que ninguno de los incluidos debe de haber escrito, puesto que —aunque hablan desde el nosotros— ninguno (a título individual ni colectivo) lo firma.
Pero… ¿qué sentido puede tener dedicar el 10% de un artículo a una antología por la que nadie le ha preguntado para desvalorizarla? ¿No habría sido mejor, siguiendo su razonamiento, ni siquiera haberla mencionado? El propio Martín López-Vega viene en nuestra ayuda a la hora de entenderlo; véanse estas frases extraídas del prólogo: 

“Ante tanta incertidumbre una gran parte de los nuevos poetas en español se han adscrito a una tendencia tan experimental como oscura [...] el estado comatoso que tiene el panorama poético en la mayor parte de los países europeos [...] Admiramos a poetas que [...] han escrito una poesía perfectamente entendible [...] somos partidarios de [...] una poesía que comunique, [...] Una poesía que conmueva”. 

Y comparense con estas respuestas de M. L.-V. en una entrevista con Lino González Veiguela del 15-04-11: “Me gusta escribir una poesía que sea lo más clara posible, bastante confuso es ya el mundo. Además creo que escribir una poesía oscura y hermética resulta mucho más fácil que escribir una clara.” ¿No será pues que —de nuevo— muestra M. L.-V. la peor parte de sí al sentirse injustificadamente excluido de una antología donde tan a gusto se hubiera sentido…?

Del párrafo 8 (que quiere ser una refutación con guiño de una entrevista a Sergio Gaspar), hay poco que decir puesto que está escrito para una sección de la web de la editorial que éste dirige. Señalar, eso sí, que a estas alturas ya no resulta extraño que López-Vega afirme que “la mayoría de los libros españoles son un bodrio” (¿menos los suyos, debemos suponer?) pero sí resulta extraño que la frase de Sergio Gaspar publicada en la entrevista [“traducciones, bastantes de ellas de discutible interés literario y que apenas aportan nada al presente de la literatura española. Algunas de esas traducciones, no obstante, resultan textos de mucho valor. Hay que afirmarlo con claridad”] se torne en la charla informal con M. L.-V. en “Él dice que la mayoría de las traducciones son un bodrio”...

Qué decir de la afirmación de que "No existe la poesía española" (en el párrafo 9), del concepto tan filológico "ristras de favoritismos de los autores jóvenes", o de la oposición Benítez Reyes/Muldoon, que —de entrada— no son comparables, juegan en ligas diferentes (y, además, ¿qué necesidad...? ¿Qué objeto tiene tal contraposición absurda? Ningún otro, me temo, que el de tachar de papanatismo cualquier interés por la poesía no hispánica). Que él no se "fiaría de un poeta español que no se sepa de memoria trechos de «Las flores del frío», «Libro del frío» (valga la bajada de temperatura) o «Rama desnuda»"... Pues vale, yo me fío de aquellos en cuya obra entreveo la presencia de Garcilaso, de Quevedo, de Espronceda y Becquer, de Machado, de Cernuda... y de Juan Ramón, sobre todo de Juan Ramón, que es la cumbre indiscutible de la lírica española del siglo XX... Si además adivino o asoman (aunque sea demasiado) Eliot, Stevens, Carver, Huidobro, Vallejo, Baudelaire, Cavafis, Pessoa, etc, etc, pues voy fiándome (y fijándome) más y más. Luego ya madurarán, verrà la morte e avrà i nostri versi, y el tiempo hará su antología, no Martín López-Vega...

Para terminar, sobre el 10, lo mejor y lo peor de la juventud es que se pasa sin que apenas alcancemos a darnos cuenta; la poesía, o mejor, los poetas siempre han sido jóvenes antes que adultos (incluido López-Vega, supongo, aunque visto lo visto vaya usted a saber). A unos se les ha prestado más atención que a otros, unos han sido más afortunados que otros, unos han querido y/o sabido medrar más que otros y, en fin, unos han publicado más y/o en mejores editoriales que otros, eso no quita ni pone calidad, que es lo que a fin de cuentas importa, y en algunos hay mucha más que en otros; pero a la vuelta de los años, muchos que ayer prometían se han esfumado, otros cuyas primeras obras nada bueno parecían augurar florecen envidiablemente, y es un proceso siempre interesante aunque, por temporadas, a uno puedan apetecerle más o menos tales zambullidas (el agua está tan fría a veces) pero desde luego, pezqueñines sí, al menos en lo que a poesía se refiere...

[ADDENDA noviembre 2011:
El pasado 16 de octubre López-Vega publicó en Rima interna, su nuevo blog en El Cultural, esta entrada en la que puede apreciarse un significativo cambio de opinión por lo que a los pezqueñines se refiere, he aquí un par de párrafos de la misma:
«...hay poetas que en su primer libro demuestran sobre todo las ganas de hacer algo completamente distinto y otros que, en cambio, parecen empeñados en demostrarnos todo lo que han leído. Ni lo uno ni lo otro sirven por sí solos, y quienes tengan algo que decir irán llegando poco a poco a encontrar la fórmula, su fórmula, personal e intransferible [...]
Prestar atención a los autores nuevos no puede más que enriquecernos: pensar que uno no puede aprender nada de quienes son más jóvenes que él es la primera señal de decadencia intelectual. Pero una forma de respetarles es darles tiempo.»]


19 de mayo de 2011

Los miserables - Juan Ramón Barat


Miembros de la Unidad Militar de Emergencias (UME) destinados en Lorca. Foto: © Juan Carlos Cárdenas/EFE

[Katy Parra Carrillo nos pide ayuda para darle la máxima difusión a este artículo de Juan Ramón Barat, escritor valenciano afincado en Lorca. Aquí va.]

Van vestidos con chalecos y cascos reflectantes y llevan una bolsa con botes de pintura o sprays. Forman grupos de cuatro o cinco individuos. La gente de Lorca los ve recorrer las calles, sorteando escombros, pisoteando cascotes, vadeando cintas y vallas que prohíben el paso.
Lorca, asolada por varios terremotos, parece una ciudad bombardeada y estos hombres del chaleco van catalogando los diversos grados de la catástrofe. Como si marcaran en un estadillo el número de ilesos, heridos, muertos y desaparecidos en una guerra macabra —valga la redundancia. Lo indican con colores: verde, amarillo y rojo. Los del ejército (Unidad Militar de Emergencia) son unos verdaderos ángeles caídos del cielo, aunque no lleven alas y vistan de negro, porque se están dejando la piel en la tarea, arriesgando su vida al entrar en las casas que pueden venirse abajo de un momento a otro. Cuando se topan con el infierno de lo irremediable, le ponen un matiz fúnebre al asunto del cromatismo: pintan directamente con un círculo negro, que significa más o menos lo que el mismo color sugiere: pozo negro o cataclismo integral o muerte súbita.
Los hombres del chaleco reflectante o los del UME, decíamos, recorren la ciudad con los botes de pintura y marcan una cruz o un círculo en las fachadas o junto a las puertas de los edificios y las casas. La gente los rodea, los sigue, acecha sus movimientos, habla con ellos con el corazón encogido, el alma en vilo, los ojos al borde de las lágrimas, porque del color de la cruz o del círculo depende el nivel de la desgracia. Se puede entrar en la casa sin problemas, aunque haya desperfectos (verde); se recomienda no entrar o entrar con mucho cuidado, pero salir enseguida (amarillo); no se puede entrar porque las estructuras del edificio han sido gravemente dañadas y hay peligro de derrumbe (rojo); se prohíbe el paso, este edificio va a ser demolido en breve (negro).
Lo curioso del caso es que muchísimos de los edificios coloreados de rojo o negro son de reciente construcción. Como suena. Estamos hablando de uno, dos, tres, cuatro o cinco años de antigüedad. Algunos, incluso, aún no han comenzado a ser habitados.
El terremoto de 5,1 grados habido en Lorca a las 18:50 h. el pasado miércoles, día 11 de mayo, ha dejado al descubierto las miserias no sólo de los edificios sino de los arquitectos, ingenieros, constructores, maestros albañiles, contratistas, promotores y otros personajes del mundo del ladrillo, que nos han dado gato por liebre. No sé si el lector me estará entendiendo. En vez de poner 1.000 kilos de hierro para sujetar la estructura estos miserables han empleado 500 kilos. En vez de colocar hormigón o cemento armado, han usado arena tonta. Y así sucesivamente. Pero no contentos con esa estafa, se dedicaban a vender esos pisos treinta veces más caros de lo que a ellos les costaba. Dicho de otro modo, un piso podía costarle al constructor entre 50 ó 70.000 euros aproximadamente. Pues bien, los vendían por 240, 250, 260 ó 270.000 euros, céntimo arriba, céntimo abajo, según cómo y dónde, en las fechas en que fueron puestos a la venta. Es decir, en los años de las vacas gordas, previos a la gran crisis actual. Que el lector saque sus conclusiones. Estos indeseables que se han dedicado a llenarse el bolsillo robando e inflando el mercado inmobiliario, conchabados con los banqueros y otros alienígenas corruptos de los que hablaremos otro día, son los responsables de la burbuja especulativa y de la bancarrota económica y moral en la que estamos sumidos. Pero no sólo eso. Como digo, el terremoto ha puesto al descubierto las miserias de los edificios de paja que estaban construyendo. Por si el lector no lo sabe, un edificio debe ser capaz de soportar el achuchón de un terremoto de unos 7 grados en la escala Richter. Y estos no han aguantado ni uno de 5,1.
¿Quiénes son estos constructores, promotores, ingenieros o arquitectos? Lorca no es tan grande. Pueden contarse con los dedos de las dos manos. Todo el mundo los conoce. De hecho, algunos cometieron la osadía de colocar una placa con su nombre junto a la puerta del edificio donde ahora los hombres del chaleco reflectante y los del UME han dibujado un círculo rojo o negro.
Estoy convencido de que si el célebre Víctor Hugo, uno de los más grandes escritores de todos los tiempos, saliera de su tumba, no dudaría en utilizar todo este material (de derribo y humano al mismo tiempo) para acometer la segunda parte de su famosa obra Los miserables.
Espero que esto no se quede en agua de borrajas, que es lo que suele suceder siempre en este país. Tal vez no sea una mala idea que los propios afectados, esos hombres y mujeres que han visto desmoronarse brutalmente su casita de papel —perdón por la metáfora—, acudan a los tribunales y presenten las demandas pertinentes para que se depuren responsabilidades civiles y penales. En algún lugar tiene que haber un juez dispuesto a hacer justicia —lamentablemente la frase no es un pleonasmo. Estos miserables deben ser juzgados, y no sólo por lo sucedido sino también por todo lo que podía haber ocurrido. Porque si el terremoto hubiera dado un arreón un poquito más fuerte, sin necesidad de llegar a la magnitud de los 7 grados, Lorca no sería hoy una triste ciudad en ruinas. Sería un inmenso cementerio en ruinas.

Juan Ramón Barat
Escritor independiente


11 de mayo de 2011

Cernuda: Aplauso humano






APLAUSO HUMANO

Ahora todas aquellas criaturas grises
cuya sed parca de amor nocturnamente satisface
el aguachirle conyugal, al escuchar tus versos,
por la verdad que exponen podrán escarnecerte.

Cuánto pedante en moda y periodista en venta
humana flor perfecta se estimarán entonces
frente a ti, así como el patán rudimentario
hasta la náusea hozando la escoria del deseo.

La consideración mundana tú nunca la buscaste,
aún menos cuando fuera su precio una mentira,
como bufón sombrío traicionando tu alma
a cambio de un cumplido con oficial benevolencia.

Por ello en vida y muerte pagarás largamente
la ocasión de ser fiel contigo y unos pocos,
aunque jamás sepan los otros que desvío
siempre es razón mejor ante la grey.

Pero a veces aún dudas si la verdad del alma
no debiera guardarla el alma a solas,
contemplarla en silencio, y así nutrir la vida
con un tesoro intacto que no profana el mundo.

Mas tus labios hablaron, y su verdad fue al aire.
Sigue con la frente tranquila entre los hombres,
y si un sarcasmo escuchas, súbito como piedra,
formas amargas del elogio ahí descifre tu orgullo

(de Como quien espera el alba, 1947)

7 de mayo de 2011

Juan Carlos Palma (10 menos 30, II)





Decía en una entrada anterior que la reseña allí mencionada no fue «desde luego, la única "alegría" que me deparó (tiempo habrá de comentar algunas otras), pero sí una de las más "sonadas"...» refiriéndome a «las publicadas en su momento sobre 10 menos 30, la antología de L.A. de Villena en la que fui (ya no sé si decir que por suerte o por desgracia) uno de los seleccionados.» Me encuentro ahora una carpeta con muchas fotocopias, parte (supongo) del dossier de prensa reunido por la editorial —que probablemente nos las hizo llegar— y entre ellas una firmada por un tal J. Carlos Palma que no lleva indicación del medio ni la fecha en que apareció.
A diferencia de esa de Tortajada, o la de García Martín (a la que Palma hace referencia, y que sigue pendiente en esta serie) debo confesar que ésta no la recordaba, y la verdad es que me resulta bastante extraño, por cuanto se trata de uno de los mejores ejemplos de crítica de poesía que recuerdo, escrita con tanta madurez como conocimiento de causa, con tanta ponderación como ausencia de animadversión hacia el antólogo, con tanta independencia y solidez de criterio como falta de interés personal en la materia tratada (asunto que lastra gravemente, como saben, muchas piezas del género)...



 
A falta de mayor indicación sobre el autor, deberemos suponer que se trata (si no es así seguro que alguien nos lo hará saber) de éste Juan Carlos Palma, que se define a sí mismo con estas palabras en su blog (Soltando lastre, iniciado en marzo de 2009): "Cercano a la cuarentena, pero de espíritu joven, me licencié en periodismo para ejercer el tiempo suficiente para no querer hacerlo más (en condiciones precarias, claro)"; que dice trabajar desde hace ocho años "rodeado de mi verdadera pasión, los libros. Los vendo, los recomiendo y los ordeno. El tiempo libre me ha permitido escribir y publicar dos novelas, un libro sobre cine, algunos poemas y otros artilugios más o menos narrativos que quizá algún día vean la luz"; y que pone al frente de su bitácora —tal vez a modo de divisa— esta noble declaración de intenciones:

"Nada de sentar cátedra ni de abrir nuevos caminos, sólo emitir juicios valorativos sobre lecturas, películas, viajes o acontecimientos de la actualidad, soltar el lastre que toda persona lleva en su cabeza para evitar futuros naufragios y hacer la travesía más liviana."

No podía ser menos en alguien que ya por entonces —1997, con apenas 25 años— demostraba un conocimiento tan profundo de la obra de los autores de aquella antología (incluso de los que a la sazón sólo habían publicado un par de libros en editoriales ajenas a los circuitos comerciales) como para poder calificar de "execrable" no ya el poema del que cita más adelante unos versos
(*), o el conjunto de la obra de su autor, sino ambas cosas en una:

"escondido tras la personalidad del "inexistente" y execrable (este adjetivo es mío) poeta cacereño Angel Paniagua"

remarcando además (por si no había quedado claro) que —a diferencia del de "inexistente" (que es de García Martín)— el de "execrable" es por completo suyo. Todo un ejemplo, como apunté arriba, de mesura y ecuanimidad.


[Aunque puede leerse bastante bien en la fotografía (haciendo clic sobre ella se despliega, y puede ampliarse más haciendo clic nuevamente) transcribo a continuación el texto completo de la reseña. Aclaro de antemano que el Vicente García a cuyo "alcance metafísico" alude Palma no forma parte de 10 menos 30: es de suponer que el eminente crítico confunde en uno solo los nombres del andaluz Álvaro García (Málaga, 1965, que sí está en la antología) y del asturiano Vicente García (Gijón, 1972), que había aparecido (o estaba a punto) junto a otros cinco en un reportaje sobre poetas "ultimísimos" (y ausentes de 10 menos 30, esto no se dice expresamente pero se hace notar con claridad) publicado en El País de las Tentaciones el 11 de abril de 1997**.

TEXTO DE LA RESEÑA:
La ruptura inexistente. J. Carlos Palma.
Cuando al ir pasando poemas, uno percibe que la tesis planteada no se sostiene en pie, es el momento de pedirle cuentas al autor, un Villena que llegó una noche a su casa desfondado de venecianismo y se levantó con un gin-tonic en la mano versificando como quien habla con el vecino. Los ha habido muy meticulosos —dicen que algunos de los poetas selcccionados superan los 30 años— y otros sangrantes —como el atacado (en el prólogo) antólogo García Martín, que se venga urdiendo que Villena se ha escondido tras la personalidad del "inexistente" y execrable (este adjetivo es mío) poeta cacereño Angel Paniagua—. Uno, por esa tenaz manía de ensamblar objetivos con resultados, prefiere husmear en los cimientos de la antología y comprobar si el edificio levantado responde a una argumentación aparentemente sólida o amenaza con derrumbarse al más patético seísmo.
Luis Antonio de Villena (del que no se ofrece una mínima reseña curricular, como semidiós del verso que está por encima de esas bajezas) traza un ameno prólogo que se podría titular Breve historia de la poesía de la experiencia. Sus mitos ante el futuro. En él habla de la etiqueta remendada del libro de Richard Langbaum, de Gil de Biedma y otros padrinos de la tendencia, de la escuela granadina de García Montero, de sus puntales más sobresalientes y, faltaría más, de la chapucera guerrilla dialéctica que la enfrenta con el sector de la diferencia, tocados con el sombrero cordobés de su líder, Antonio Rodríguez Jiménez, y a los que Villena despacha sin paliativos: "su único nexo unitivo es el fracaso, la conciencia de su falta de éxito" (sic). Tras este preámbulo esclarecedor, el antólogo confiesa su intención: la poesía de la experiencia está "quemada" —noches de farra, coqueteos fugaces, tono conversacional repetitivo...— y es necesaria una ruptura interna, la que supuestamente practican los poetas aquí reunidos.
¿Pero es ruptura decir: "Bueno, nada, me voy, te llamo luego... / a ver si vienes algún fin de semana / a mi casa en la playa, nos tomamos / unas birras y vamos a Calblanque / a bañarnos en bolas ¿vale, tío?..." (**) o sólo una corroboración del peligro que acecha a la poesía de la experiencia, que cualquier tontería que suene coloquial pueda pasar por poema? Si esto es para Villena "mayor interiorización" o "exploración de la forma" mucho me temo que la poesía de la experiencia tiene las horas contadas. El modo de hacer de los cachorros elegidos poco tiene que ver de uno a otro, como sus respuestas a las inocentonas preguntas del antólogo y, en conjunto, su intcrés se reduce a pocos nombres: el alcance metafísico de Vicente García, la abrupta concisión de Alberto Tesán o el desparpajo irónico de Juan Bonilla.
Para perpetrar una antología poética —ese acto cada vez más parecido al terrorismo literario— es fundamental desplegar una base consistente de poetas que demuestren ser los más valiosos de su generación. Por las higiénicas, púberes y pobremente plasmadas razones de Villena (visto el resultado) se han quedado fuera nombres que ya gozan de prestigio reconocido (Benítez Ariza, Pelayo Fueyo, Silvia Ugidos...) y que exploran más caminos que los aquí representados. No nos engañemos: ¿15 menos 35? ¿20 menos 40? Quizás deberíamos hablar sólo de buena poesía y dejarnos de fórmulas matemáticas fallidas. Los lectores comprometidos con esta causa perdida lo agradecerán.]

NOTAS:

* En la segunda fotografía puede leerse el texto completo del poema al que pertenecen los versos que Palma cita descontextualizándolos sin hacer mayor aclaración, ¿quizá porque —usando sus propias palabras— como semidiós de la crítica, él está [o estaba en aquellos tiempos] por encima de esas bajezas...?

** Se trata del reportaje a doble página Atrapados por los Versos, firmado por José María Goicoechea. Los otros cinco poetas incluidos son Beatriz Hernanz (Pontevedra, 1963), Angel Antonio Herrera (Madrid, 1965), Ada Salas (Cáceres, 1965), Carlos Zanón (Barcelona 1966) y Pablo Méndez (Madrid, 1975). No aparece (o yo no lo he encontrado) en la hemeroteca del diario madrileño, por lo que no he podido poner el correspondiente enlace.


2 de mayo de 2011

La justicia del tiempo (Desechados, I)


La justicia del tiempo fue el último de los sucesivos proyectos de libro en los que entre 1991 y 2003 fui disponiendo los poemas escritos a lo largo de esos años, como explicaba en 1997 en una redacción previa (que no llegó a publicarse) de la 'Nota del autor' de Treinta poemas:

«En esos años seguía escribiendo poemas y reuniéndolos en libros, de los que más tarde, cuando dejaban de satisfacerme, fui separando los textos que parecían funcionar mejor en el siguiente; así nacieron —y murieron— sucesivamente 'Bienvenida la noche', 'Con tanta claridad', 'El legado de Hamlet', 'La vida razonable' y 'La justicia del tiempo'.»

El título era el de uno de los poemas incluidos, que más tarde fundí con otros dos o tres en una versión larga de Conozco la comedia (en 2003, para Bienvenida la noche). Es éste:

LA JUSTICIA DEL TIEMPO

Todos hemos gozado de esas noches
en que un cuerpo inmaduro
se presta dócilmente a los caprichos
de nuestra perversión.

Y después le hemos dicho puedes irte,
le hemos dado un jersey para que no
pase frío hasta casa y hemos ido
a darnos una ducha.

Sabemos, sin embargo, que esas noches
se nos devolverán: en el recelo
de otra mirada joven apartándose
resuelta de nosotros.



Como es habitual, el libro pasó por varias fases, las primeras más cercanas a la estructura y contenido del anterior La vida razonable, y las últimas anticipando bastante claramente la estructura y contenido de El legado de Hamlet publicado por la editorial Renacimiento en 2003. En ambos estadios constaba de un poema a modo de prólogo (Atardecer con Wallace Stevens) y tres secciones, 'Autorretrato en negativo', 'En la casa de ayer' y 'La vida razonable', pero más adelante la suite central de poemas de amor quedó fuera (se publicaría en 2003 como sección II de Bienvenida la noche), ocupando 'La vida razonable' su lugar y 'El legado de Hamlet' entró a formar parte del conjunto como tercera y última.

Los poemas que en uno u otro momento formaron parte de las secciones 'Autorretrato en negativo' y 'La vida razonable' fueron los siguientes*: Después del carnaval, Brideshead Revisited, Prometeo, El tema de la vida, Olor del tiempo, Una carta de amor, Poeta menor, La llave dorada, Autorretrato en negativo, Umbral de la ignorancia, El fin de los buenos tiempos, Odisea, libro XXV, Un poeta español prevé su muerte, Aquí la juventud, Rehabilitación, Dos de noviembre, Senderos del amor, Los símbolos menores, Canción de la amargura, Las monedas del tiempo, Para ti, para entonces, Las risas y las lágrimas, Realismo sucio, La justicia del tiempo, La vida razonable, Ayer, mañana, hoy mismo, Dulces pájaros de juventud y Contradanza ritual para los muy sabios desde los días de crisis de la treintena.

[*NOTA: La mayoría fueron publicados en 2003-2004 en Bienvenida la noche, El legado de Hamlet o Una canción extranjera, algunos de ellos (marcados en azul) integrados en poemas más largos y por tanto sin el título con el que aparecen aquí. El fin de los buenos tiempos está incluido en Treinta poemas, y los marcados en rojo siguen inéditos.]

28 de abril de 2011

Una carta (y tres poemas) de Leopoldo Alas









[Apresurada, breve, concisa, cómplice y amable, como era él. Los poemas se los había pedido —no recuerdo si en Madrid, en persona, o por carta o teléfono después— para la revista Arrecife, en cuyo número 20 (diciembre de 1987) se publicaron dos de ellos, el que no tenía título y Sin retorno.]