2 de noviembre de 2010

Don Juan en el cementerio



Así gritó a la noche que no habría
sepulcro sin su sombra,
ni lápida en la cual no se pudiera
—combinando las letras de otro modo—
reconocer su nombre.

Gritó tan vivamente que los muertos
temblaron en sus tumbas,
y muchos que le habían conocido,
amado o despreciado,
sufrieron pesadillas o cayeron
de sus lechos al suelo.

Estaba allí, los brazos extendidos
hacia el cielo, borracho, desafiante,
entre aquel mar de cruces,
una más de las pálidas estatuas
bañadas por la luna.

Estaba allí don Juan y maldecía
la estirpe y la memoria de su víctima,
la imagen del creador, del omnisciente
dramaturgo que se atrevía a usarle
como actor de su drama.

Allí estaba don Juan retando a duelo
al más allá, invitándole a su mesa,
para poder gritarle una vez más
—la última— que no se arrepentía.

26 de octubre de 2010

El coloquio de los perros, nº 27



Fiel a su cita (semestral ahora) y al grito de ¡Adelante, adelante, siempre adelante!, aparece de nuevo El coloquio de los perros, que con este número 27 cumple diez años de entrega a la literatura en general y a la poesía en particular. Viene repleto en esta ocasión tan especial con poemas de Jordi Doce, Piedad Bonnett, Txús García, Alberto Chessa, Andrés Malpaso, Rómulo Bustos Aguirre, Estefanía Muñiz, Gontzal Díez, Lola Schutz, Pedro Luis Casanova, Marian Raméntol, Victor Hugo, Nouara Lahrash, Jean-Claude Pirotte, Ruy Ventura, Mircea Oprita, Khalid Raissouni, e e cummings y Renate Neumann; cuentos de Daniel Battiston, Luis Topogenario, Rolando Revagliatti, Daniel Sánchez Pardos, Mercedes Soca Gil y Mª Ángeles Esteves, así como un fragmento de Mi amor desgraciado (Siruela), la nueva novela de Lola López Mondéjar, que anda estos días de presentación en presentación.

Además, entrevistas a Manuel Vilas, Ariadna G. García y Fulgencio Martínez, así como un interesante coloquio o entrevista mutua entre Cristina Morano y Óscar Curieses acerca de sus respectivas poéticas y los libros en que las han plasmado. Y artículos sobre la conveniencia e inconveniencia de las notas a pie de página (Sergio B. Landrove), la peligrosa preeminencia de lo fragmentario (Julio Monteverde), Gabriela Mistral (Agata Sapienza), Allan Poe (Carmen Mª Izquierdo Rivera) o Vargas Llosa (Pedro García Cueto), junto a otros dedicados a las figuras míticas o arquetípicas de Fausto, Don Juan y Hamlet (Elena Nicolás Cantabella, Enrique García Díaz y Emilio J. Álvarez Castaño).

La poesía visual y la fotografía vienen de la mano de Mar Lozano Reinoso (El poema que tejió la araña) y Marisa Martínez Pérsico (Juan Rulfo: Barda tirada en un campo verde). Y, como viene siendo habitual, también la reflexión y el análisis sobre la música, el cine y la televisión tienen una presencia importante, con sendos artículos dedicados a la imprescindible figura de Lawrence Davies (Alejandro Hermosilla Sánchez), a Peter Gabriel (Antonio J. Ubero) y a la obra Polifemo AV39 para banda sinfónica del compositor Andrés Valero Castells (José Antonio Hernández Arce), así como a Bob Esponja (José Óscar López) y al "musicoanálisis" de dos películas recientes de Woody Allen, Melinda & Melinda y Scoop.

Bienvenido sea pues este nuevo número de la veterena revista digital, feliz décimo aniversario y de nuevo ¡Adelante, adelante, siempre adelante!

11 de octubre de 2010

Ha muerto «La Stupenda»





Su Norma junto a Caballé y Pavarotti fue mi primera Norma. Su Turandot (también con el de Módena y la catalana) mi primera Turandot. Sus Contes d'Hoffmann junto a Domingo y Bacquier mis primeros Contes d'Hoffmann y los que más he oído y sigo oyendo, pese a las muchas (magníficas y musicológicamente más ajustadas o completas) grabaciones que se hicieron y compré después. Sus Puritani de 1963 con Pierre Duval no fueron los primeros, pero siguen estando entre las tres grabaciones de esa ópera que más oigo (por detras de la de Sills y por delante de la de Gruberova).



Dos recopilaciones de arias cantadas por ella (una de las cuales escucho por enésima vez mientras escribo estas líneas) fueron mis primeros recitales en cd, allá por los finales de los ochenta y primeros noventa: no recuerdo la cantidad de veces que tuve que hacer copias para amigos y/o amantes de estos dos discos, pero fueron muchas (la gente se quedaba literalmente enganchada, profanos incluidos). En el primero de ellos comienza con el aria Let the bright seraphim del Samson de Haendel y sigue con este Il bacio de Luigi Arditi:



Recuerdo todavía como si fuera ayer mismo cómo mi profesora de canto nos explicaba el handicap que debió de haber supuesto para la soprano australiana la peculiar fisonomía de su rostro (su prognatismo) y cómo había sabido superar las enormes dificultades que eso entraña a la hora de colocar la voz en la máscara, a expensas quizá de "ahuecar" y tornar ciertamente extraña su pronunciación, característica que muchos de sus detractores (que los ha tenido, ¡insensatos!) han utilizado a lo largo de los años como demérito de sus prestaciones interpretativas. Por lo demás, cualquiera que la haya conocido (era frecuente verla pasear por las Ramblas cada año en los días del Viñas, de cuyo jurado formó parte en muchas ocasiones) o visto alguna de sus entrevistas sabrá que era una mujer encantadora y dulce, con un extraordinario sentido del humor y una risa contagiosa.

Estas últimas semanas he estado viendo varias veces la notable produccion de Anna Bolena que la Canadian Opera Company ofreció en Toronto a finales de mayo de 1984, cuyo reparto encabezó ella (algo mayor ya para el papel, pero mejor de voz que en la grabación de estudio de 1987, y dueña como siempre del estilo y de todos sus recursos técnicos) junto al sorprendente Henry VIII de un joven James Morris, la Seymour de Judith Forst, y el Percy de Michael Myers (supongo que sólo razones puramente comerciales —en razón de su brillante carrera posterior— justifican que la portada del DVD destaque junto a los nombres de estos dos últimos cantantes el de un entonces desconocido Ben Heppner, en el breve papel comprimario de Harvey).



Poco podía imaginar que hoy me encontraría con la noticia de que falleció la madrugada de ayer domingo a los 83 años, tras una larga enfermedad, en Les Avents (Suiza) donde residía junto a su marido y mentor, el director de orquesta Richard Bonynge. Sobra repetirlo, pero su arte es de veras adictivo. Para quienes tengan curiosidad o simplemente crean que exagero, YouTube les ofrece la posibilidad de hacer un repaso de su carrera tan somero o detenido como gusten, pinchen cualquiera de los enlaces que he puesto aquí y déjense llevar de un vídeo a otro, no les defraudará.


5 de octubre de 2010

Estrecheces



(Foto: Web de Tusquets Editores © Daniel Mordzinski)

Leo en la última entrada del blog de Elías Moro estas palabras y me gustaría mucho no poder suscribirlas, pero reflejan tan exacta y detalladamente mi situación (y supongo que la de muchas personas) de estos últimos dos años, que no me queda más remedio que hacerlo: 

«De un tiempo a esta parte, y mal que me pese, estoy expurgando mi biblioteca. La maldita falta de espacio se cobra su cuota de dolor en el proceso de elección y abandono de los volúmenes que un día fueron adquiridos con toda ilusión. O recibidos de manos de amigos que pensaron en nosotros. Pero el tiempo, ay, hace su criba en gustos y lecturas y uno no tiene más remedio que desprenderse —como de ciertos amores adolescentes— de un —me cuesta escribir la palabra lastre— equipaje rozado por la vida.» 

En mi caso, a la paulatina criba escrupulosa y posterior donación a bibliotecas o regalo a los amigos, se une la imposibilidad* de ir añadiendo a la biblioteca siquiera alguno de los títulos nuevos que continuamente van apareciendo, especialmente sangrante en lo que a la poesía respecta: Ashbery, Yeats, Laughlin, Plath, Hughes, Atwood, etc., por citar sólo unos pocos nombres entre los extranjeros, y por supuesto muchos de los españoles, entre ellos muchos amigos y/o conocidos, autores ellos mismos, en algunos casos, de las traducciones de los mencionados antes... Es la parte más dura, la más triste y difícil (quizá la única realmente mala) de caminar por los bordes, de llevar un tipo de vida que pocos tildarían de sensato o razonable, pero esa (como repite Ende en La historia interminable, otro de los descartes, por cierto) es otra historia y debe ser contada en otro lugar.

Así las cosas, uno lleva muy mal las tomaduras de pelo que —queriendo o sin quererlo, a sabiendas o no— acaban urdiendo las editoriales en torno a la ya de por sí cara poesía. Un ejemplo concreto: el año pasado, más o menos por estas fechas, salía a la venta Como la lluvia, el segundo de los dos volúmenes en que los editores (Era en México, Visor en España) habían decidido dividir la amplia producción poética de José Emilio Pacheco entre el 2000 y el 2009. El otro volumen, La edad de las tinieblas, todo él de poemas en prosa, había aparecido meses antes en la misma editorial (Visor) y colección (Palabra de honor) y al mismo precio (alrededor de 20 €). Como admirador de su obra y lector fiel del poeta mexicano desde mediados de los ochenta, en cuanto tuve oportunidad compré Como la lluvia, dejando La edad de las tinieblas para mejor ocasión.

Muy poco tiempo después, sin embargo, la editorial Tusquets anunciaba la inminente publicación en España en fechas próximas a la entrega del Cervantes de la nueva edición de Tarde o temprano, su poesía completa, editada ya en México por Fondo de Cultura Económica, y las catas en la red no tardaron en confirmarme lo que me temía: sí, efectivamente, esa nueva edición (buen papel, tapa dura, magnífica impresión) incluía Como la lluvia y La edad de las tinieblas, los dos libros publicados sólo unos meses antes en Visor, por un precio doce euros (12 €) inferior en conjunto, y en un volumen que (todo hay que decirlo, estábamos hablando de estrecheces) ocupa en la estantería menos espacio que la suma de aquellos dos.

Como habrán supuesto ya, los responsables de la librería también entendieron mis razones y, pese al tiempo transcurrido (un par de meses no parecen mucho, pero sí pueden ser demasiado tratándose de un cambio o devolución o de libros), aceptaron la devolución de Como la lluvia, o mejor dicho, su cambio por esa nueva y estupenda edición de Tarde o temprano que fue (finales de junio, creo) mi última adquisición hasta el momento por lo que a libros de poesía se refiere.

[*Imposibilidad por razones tanto de espacio como de precio: en los últimos años la poesía ha devenido un lujo caro, y no parece que el libro electrónico vaya a solucionarlo a corto plazo. Un buen ejemplo de lo que digo podría ser Actos de habla de Jaime Siles, publicado por Plaza & Janés. Como se puede ver haciendo clic sobre el título, el libro en papel (56 páginas) cuesta 14.90 €, y en formato electrónico 11.99 €. En cuatro palabras: no-se-han-enterado. Es de esperar que el tiempo y/o las escasas ventas terminen por persuadir a las editoriales sobre lo absurdo de las pretensiones que tales precios dejan entrever.]

3 de octubre de 2010

Un recital de Miguel Ángel Velasco




 

La verdad es que todavía no acabo de creermelo, me topé ayer con la noticia en ABC mientras buscaba otra cosa y... Eso, sin palabras... Y cuando poco o nada puede añadirse, tal vez lo mejor sea guardar silencio y escuchar otra vez a quien se ha ido. Este es el segundo de una serie de vídeos que recogen una lectura suya en la conocida librería, cafetería y taller de escritura creativa Literanta, situada en el casco antiguo de Palma de Mallorca. (Como es habitual en YouTube, al terminar cada video de la serie aparecen los enlaces al resto).

19 de septiembre de 2010

Vicente Tortajada (10 menos 30, I)





Yo no le conocí personalmente, ni hablé de él con ninguno de los amigos más o menos cercanos que sí le conocieron y trataron. Por eso nunca he hablado de él ni voy a hacerlo ahora. Cualquiera que tenga interés o curiosidad puede teclear su nombre en el buscador que prefiera y encontrará artículos suyos o sobre él, o panegíricos de cuando murió como este alabando su humanidad, su bonhomía ("una de esas personas irrepetibles que dejan una huella profunda. Inteligente, culto, irónico y generoso [...] que escondía entre sus maneras tajantes un laberinto de ternura"); su personalidad "muy fuerte [...] huraña y muy tierna a la vez. En su conversación había mucha ironía, mucha acidez y un pronto inteligente"; su galante caballerosidad ("Era tan sensible que piropeaba por la calle a las mujeres mayores porque, según confesaba, ya nadie se acordaba de ellas"); o su concepto de la poesía: "Un poema tiene que contener una historia en brevísimos renglones. La exactitud y la matemática son la música y el oficio [...] El surrealismo y la escritura automática a mí no me valen. Tienes que conocer la lengua perfectamente, dominar los límites de la palabra y encajarla en su sitio para poder meter la historia en unos pocos renglones". And so on...

Por mi parte, el único motivo de traerlo aquí ahora es la casualidad de haber encontrado en Google libros la vista previa del nº 17-18 de la revista Renacimiento (1997 - vol.II), donde apareció firmada por él una de las reseñas (a la que pertenece el párrafo de la fotografía) publicadas en su momento sobre 10 menos 30, la antología de L. A. de Villena en la que fui (ya no sé si decir que por suerte o por desgracia) uno de los antologados. Un viejo recuerdo, en fin, del que no tenía copia en papel (aunque la reseña en cuestión fue recogida después en Azahar y vitriolo, uno de esos habituales volúmenes recopilatorios de este tipo de escritos).
No fue, desde luego, la única "alegría" que me deparó esa antología (tiempo habrá de comentar algunas otras), pero sí una de las más "sonadas"...

Las preguntas obligadas son, claro, en primer lugar, ¿por qué la imagen de esta entrada no es una fotografía de la persona cuyo nombre la encabeza?; y más allá de eso: si he dicho por adelantado que no le conocí ni voy a hablar de él... ¿por qué la encabeza su nombre...? Sencillo: porque para mí Vicente Tortajada (que hasta ese momento —finales del 97 o principios del 98— era un señor que había publicado una traducción de los Sonetos de Crimea de Adam Mickiewicz) es desde entonces ese párrafo, esas palabras suyas le retratan mejor que cualquier fotografía.

10 de agosto de 2010

Del blog de José Luis Piquero




Siguiendo con este ejercicio veraniego de vampirismo de blogs ajenos, me apetece traer ahora a colación una entrada (aquí sería quizás más adecuado poner «post», ya entenderán por qué) del blog de José Luis Piquero, que a su vez cita y comenta otra del de Vicente Luis Mora. Esta fechada el 23 de julio y en los días siguientes dio lugar a varios jugosos comentarios que recomiendo no perderse. Como en el caso anterior, transcribo aquí un par de fragmentos a modo de invitación a leer la entrada completa:

«Uno de los personajes que más me fascinan en este mundo nuestro de la literatura es el crítico Vicente Luis Mora, teórico del “asunto Nocilla” y director del Instituto Cervantes en Alburquerque, Nuevo México (la tierra del Area 51, de la nave extraterrestre caída en Roswell y de los avistamientos de OVNIs). Algunos desinformados creen que Vicente Luis sólo se adorna de grandes nombres, que no es muy inteligente y que da un poquitín de gato por liebre; que abusa del tópico y que en realidad no tiene mucho que decir. Craso error. Creo que no se entendería la literatura actual sin sus aportaciones, que ponen el énfasis en los nuevos medios tecnológicos que en los últimos tiempos nos han cambiado la vida (el telégrafo, el teléfono, el automóvil, el aeroplano…) y sus efectos en la literatura.

Vicente Luis tiene un blog que os recomiendo, dedicado básicamente al i-pod y al libro electrónico, pero en el que también habla a veces de literatura. Hace años solía entrar y dejar mis ilustrados comentarios pero acabé por dejar de hacerlo [...] De vez en cuando vuelvo a entrar en su blog y sigo hallando en él motivos de regocijo. Os invito a compartir una de sus últimas entradas y mi contestación, que espero que colgará en su blog noblemente, como siempre ha hecho. Confío en no contravenir, al colgar su texto, ninguna ley de derechos de autor (al contrario, creo que él agradecerá que su pensamiento se difunda). Si fuera así, me corregiré al primer aviso. Ahí va su post y a continuación mi respuesta [...] Seguimos, amigo Vicente, incurriendo en los mismos vicios que te invalidan como crítico riguroso, salvo para la tropa aquiescente, que siempre estará ahí, fiel y guerrera. El asunto se parece mucho a lo de “la poesía actual…”. Ahora es “la crítica actual…”. Habría que empezar por lo básico: ¿qué crítica actual, qué críticos, dónde están los ejemplos? Claro que esas abusivas generalizaciones convienen a tus lectores, los cuales, quien más quien menos (¿se acentúa el “quien” en este caso? Me surge la duda. Yo creo que no), tiene una deuda que saldar con algún crítico y le viene de perlas.
Pero vayamos paso por paso [...]»
José Luis Piquero

Sigan mi consejo y acudan a la entrada original (sólo tienen que pinchar alguno de los dos enlaces) y ya me contarán, si les apetece... Por lo demás, espero que los que acaban de regresar de sus vacaciones lo hayan pasado muy bien (aunque yo lo he pasado mucho mejor con los que se quedaron); y que los que acaban de irse lo disfruten (aunque yo lo disfrutaré mucho más con los que han vuelto y con los que tampoco en agosto se irán).


29 de junio de 2010

Del blog de Martín López-Vega




[4.10.2010] En la entrada de su blog que aparece en la fotografía, posteriormente eliminada, ofrecía Martín López-Vega la versión completa de sus repuestas a sendos cuestionarios que «al salir en prensa quedaron reducidos de un modo que no siempre respetaba el sentido original.» A modo de invitación a leer la entrada completa, transcribí entonces (29.6.2010) aquí un par de fragmentos de la misma:

«Alguna vez se ha dicho que hemos sido la primera generación que ha leído mucha poesía extranjera, pero no creo que eso sea cierto. En España, eso sí es verdad, se publica muchísima poesía traducida, sólo en Estados Unidos se publica más poesía traducida que aquí. Lo que ha ocurrido, pienso, es que hemos entendido –algunos- que no existe una tradición española, otra italiana, otra de Trás-os-Montes... Para mí son poetas muy importantes en mi formación Ángel González o José Ángel Valente, pero también José Emilio Pacheco o Rafael Cadenas (y en este interés por las otras literaturas en español probablemente sí hayamos sido más activos que nuestros mayores), y sobre todo, los que para mí son los autores fundamentales del segundo tramo del siglo pasado: Czesław Miłosz, Joseph Brodsky, Yehuda Amijai, y algunos pocos más como James Merrill, Mahmud Darwix o Henrik Nordbrandt. Los herederos, de algún modo, de Auden y de Stevens
[...]
«Un problema grave de nuestra generación es la falta de discusión estética. Hay poetas muy distintos, pero hay mucha desgana por pensar. Muy pocos hemos escrito crítica. Y eso hace que quede en manos de poetas muy mayores que nosotros, como Luis Antonio de Villena, que acaba de publicar una antología muy despistada, con unos cuantos buenos poetas pero llena de poetas muy principiantes y de otros muchos muy malos. Lo gracioso es que él mismo se dedica a meterse con ellos en el prólogo, y no sólo con los malos. Hace unos años, en un encuentro que organizaron en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander Luis Muñoz y Ana Merino, estábamos muchos poetas de esta edad, y estaban también José Luis García Martín y Villena, que seguían siendo, paradójicamente, los críticos que más se habían ocupado de nosotros. Ocurrió algo catártico, quedó claro que no nos entendían, porque se perdían entre nuestros referentes, y la conclusión fue clara: si nos volvían a llamar para una antología nos negaríamos. García Martín se ha retirado discretamente y sólo rara vez escribe alguna reseña de un poeta joven si el libro le ha gustado mucho, pero no como algo habitual. Villena ha seguido, ha hecho esta antología en la que están muchos de los poetas que allí dijeron todo aquello, y algunos de ellos no sólo han aceptado estar en esa antología sino que de alguna manera han colaborado a elaborarla. Eso supone claudicar de todo espíritu crítico, abandonar aquellas ideas de Santander que resultaron muy estimulantes y, en definitiva, dar por bueno que es mejor “estar” que “influir”, o sea, que es mejor influir sólo en estar uno mejor situado. Claro que para mí es fácil decirlo, nunca le he interesado nada a Villena, y como además escribí por ahí que es la Paris Hilton de la poesía española (por lo atento a las modas) pues creo que tampoco me tiene mucha simpatía. Uno de los poetas que están en su antología me dijo: “Te pasaste, sí, pero de generoso. Lo que es es la Norma Duval”. Uno, por cierto, que me confesó que nunca había leído la poesía de Villena, por más que le recomendé algunos libros suyos de hace un par de décadas que yo estimo mucho. Pero lo que le digo, uno puede pensar eso, pero lo que importa es estar.»
Martín López Vega

27 de junio de 2010

La falacia de Duran i Lleida





Está bien que los políticos defiendan la libertad de opciones, pero cuidado con reírles la gracia cuando escriben faltando a los más evidentes principios de la Lógica. En este sentido, el razonamiento de Duran i Lleida en la entrada del 18 de junio en su blog (La Generalitat i l’homosexualitat) es —además de perverso— una completa falacia (un argumento que puede ser convincente o persuasivo, pero no es lógicamente válido). El hecho de que «una persona -després d’anys d’estar casada i amb fills- arriba a la conclusió que en realitat és homosexual i vol assolir aquesta tendència i considera que necessita ajuda», no se puede equiparar con lo que él denomina escuetamente «el cas invers» (es decir, el que alguien a quien le gustan las personas de su mismo sexo pida ayuda médica para que dejen de gustarle y poder sentirse atraído por las personas del sexo contrario).

Tal equiparación se apoya en una contradicción evidente: en el primer caso, la persona acepta al cabo del tiempo ("-després d’anys d’estar casada i amb fills-") su sexualidad real —que mantenía oculta— y pide ayuda para afrontar psicológicamente los problemas sociales, emocionales y familiares que esa “sortida de l’armari” conlleva de hecho. En el segundo caso, el que Duran llama "el caso inverso", no es tal en absoluto, porque la persona pide ayuda médica para vivir una sexualidad que no siente como propia (pero considera que es la única socialmente aceptable) para sustituir o al menos soslayar la que considera errónea o pecaminosa (y que, de paso, está afirmando): sería propiamente inverso si se tratase de una persona heterosexual que, desde que se dio cuenta de que era heterosexual (allá por la pubertad), se hubiera visto obligado por imperativos personales, sociales, laborales o religiosos a comportarse y vivir como homosexual durante muchos años, al cabo de los cuales decidiera asumir su auténtica identidad heterosexual reprimida y oculta hasta entonces... ¿Conocen a alguna persona que pueda incluirse en este segundo grupo? Yo no.


Su conclusión de que «La lògica final d’aquest plantejament és que l’espècie humana té un estadi normal que és l’homosexualitat» es consecuentemente falaz, apresurada y errónea como la segunda premisa de su argumento anterior. Y el último párrafo, donde dice sorprenderse de que «la celeritat amb que la Generalitat vol investigar els professionals mèdics que tracten homosexuals» no se aplique a «vetllar perquè no es fessin les practiques d’avortametns que, en contra de la llei, es feien en centres clínics de Barcelona», es demagogia de la más baja estofa, impropia de un político de su clase.


23 de mayo de 2010

Nuevo número de «Antaria»




Ya está disponible el décimo primer número de Antaria. Revista de poesía, artes visuales, narrativa y pensamiento dirigida por Emma Pérez Coquillat y editada por la Fundación Cajamurcia (cuya aparición debía haber tenido lugar, de acuerdo con su carácter semestral, entre noviembre y diciembre de 2009) con sendos ensayos de Isabel Paraíso, Alfonso Martín Jiménez, Mercedes Replinger y Antonio Durá; poemas de —entre otros— Virgilio Cara, David Pujante, Alejandro Duque Amusco, Ramón Crespo, José Luis López Bretones, Luis Alberto de Cuenca, Javier Lostalé, Juan Carlos Abril, Tomás Albaladejo, Juan de Dios García o Miguel Galanes; y en el apartado de artes visuales (también entre otros muchos y en continuo diálogo con los textos literarios) Alberto Corazón —autor de la portada de este número—, Antonio Soto, Manolo Belzunce, Manuel Barnuevo, Antonio Gómez, Inma Salazar, Yolanda Tabanera, Roberto Carrasco Cañizares, Mª José Contador, David Hornback o Antonio Martínez Mengual, que el pasado 12 de mayo fue el encargado de la presentación del número, cuyo texto íntegro ha tenido la gentileza de permitirme reproducir aquí. Estas son sus palabras de aquella tarde:

Los elementos: la Tierra, el Agua, el Aire y el Fuego (más la Divinidad) fueron representados en el mundo clásico griego por los sólidos perfectos; así, tetraedro, hexaedro, octaedro, dodecaedro e icosaedro vinieron a ser las formas más puras de la naturaleza y del hombre, del cosmos. El estudio por Platón de estos cinco poliedros regulares les dio el nombre de sólidos platónicos, y así han sido denominados hasta nuestros días. Él y estas formas puras serán esta tarde la llave de paso para entrar en Antaria, la ciudad de las artes y las letras, que [en esta ocasión] lleva como subtítulo El ser poliédrico. Tan sólo hemos de traspasar su etérea forma rectangular para caminar con sus habitantes, que dedican parte de sus vidas a expresar con palabras y formas sus personalidades, sus sentimientos, sus facetas de seres poliédricos. El hombre es un ser que —a veces— es ocultado por su propia obra. Veintisiete poetas y veintisiete artistas plásticos conforman esta vez su contenido y —aunque quizá sería más justo nombrarlos ordenadamente a todos— no quiero detallar fríamente sus nombres sino pasear con ellos, sentir entre ellos por esta ciudad dispersa geográficamente en sus páginas, en la que también yo formo parte del hermoso y frágil mapa que la contiene.
¿Cuáles son las palabras, imágenes y colores con los que consiguen hacer realidad física sus pensamientos y transformar enteramente nuestra limitada realidad en otros pensamientos? Caminemos por estos espacios para ver, aunque sea someramente, a sus habitantes. Cuatro trabajos aparecen en el espacio que damos en llamar “pensamiento”: Isabel Paraíso lo titula El doble poliédrico, Alfonso Martín nos habla de La cara oculta de Cervantes, Mercedes Replinger hace que las figuras humanas se multipliquen hasta el infinito en su texto Espejos de un cuarto de baño, y Antonio Durá nos permite leer una parte de su importante trabajo sobre el Tarot y la Poesía, en un capítulo dedicado a El simbolismo del Arcano Mayor 'El Loco' en la poesía contemporánea. Un breve y sorprendente cuento de Martín Páez, ¡Llaman a la puerta! y una poética reflexión, entre las brumas de la melancolía, de José Luis Méndez titulada Aguamarga, comparten lugares de la narrativa.
Y junto a estos interesantes trabajos, aparecen los jóvenes creadores que ya cuentan entre sus reconocimientos con el [premio del certamen] Creajoven de poesía y narrativa: Irene Martínez Marín, Rubén Bautista, Susana Navarro y Mar Palomares. Aunque sea brevemente quiero escuchar sus voces, y leo y subrayo algunos versos… De Irene: Odio tu mano derecha porque siempre dice adiós; de Rubén en su fantástico informe-diario: Quizá la amaba, sí, pero amaba más su amor propio, el que ella había destrozado dejándole sólo. Susana, quizás con Xemaá-El-Fná en la memoria, escribe: Por la tarde hubo cielo rojo y tormenta de arena, / ahora es la noche / y es la plaza / y es el cielo. Y Mar se pregunta: y si, al fin, la nieve abandonara de una vez estos campos / y prendieran las colinas de verde esmeralda. Seis poetas andaluces nos acompañan en este paseo y resulta más que imposible volcar siquiera una pequeña reseña de ellos. Por dejar constancia de su compañía, leo estos versos de José Luis López Bretones: ¿Qué retrato de mí están dibujando las palabras? // En ese negro espacio / que va desde mí mismo a quien escribe / es donde me oculto.
Pero en esta ciudad no habitan solo las palabras, también las imágenes. Las líneas y los colores tienen su parte en esos poliedros perfectos. Las fotografías de Virginia Bernal, Luis Jaime Martínez del Río, Erika Ede y la espléndida instantánea de Gerardo Proal del campesino caminando junto a las columnas de los cactus nos acompañan; la mágica instalación de Yolanda Tabanera, las espirituales manos de Perla Fuertes, los patrones del traje transparente que nos hace Pedro Manzano Ruiz, la Alicia en el País de las Maravillas de Concha Martínez Barreto, que ya no nos mira desde el otro lado del espejo; el paisaje en la figura y la figura en el paisaje de Manuel Pérez, los elegantes dibujos-poemas de Antonio Gómez, los trabajos llenos de tensión de Cortés Abellán junto a esa imagen mural en blanco y negro de Sam3, que nos acompaña en alguna de nuestras calles como uno de los más originales creadores urbanos, cuyos personajes nacen de la misma tierra y describen movimientos que les hacen como volátiles y en diálogo entre ellos mismos. Todas estas imágenes son parte también de esta ciudad. Y los trabajos de tres pintores de los ochenta que continúan siendo referencia en la pintura, Manuel Barnuevo, Manolo Belzunce y Luis Manuel Pastor, con los que tanto hemos compartido.
Abandonando estas imágenes, reiniciemos el paseo que nos llevará hasta el final. Tenemos que renunciar a nombrar a más poetas que también nos acompañan, pero quiero en su nombre leer unos versos de la más joven, María Jesús Miranda: Buscar hasta tenerte, / exprimir recuerdos / que permitan componer / ese rostro que no olvido. / Y leerte. / Recorrer tus manos, / tus líneas, / tu tiempo… // Y pensarte. Alonso Chávarri nos trae en Termómetros de infancia una preciosa colección de poemas que nos hablan de ausencias y silencios; Luis Alberto de Cuenca, dos brillantes poemas recién florecidos en la noche y la espesura, y David Pujante nos convoca a La mañana de luz, una profunda reflexión sobre el mito edénico cuyas seis caras forman un cubo perfecto de imágenes y emociones sobre la capacidad de creación en el hombre y que por amistad me ha dedicado. Finalmente, el poeta aragonés José Manuel Soriano nos dice en un breve y hermoso poema: El sueño es azul. / Al cerrar los ojos una gota de mar se agita en tu pupila. Otra vez el sueño… ¡Los sueños! Ésta es la señal para ir abandonando Antaria, la hermosa ciudad de los artistas, de los sueños.
Permitidme que antes dé las gracias a Emma, a Pedro, a Pascual por su amistad y por regalarme este momento, a David y José Manuel por su recuerdo en la distancia, con un fuerte abrazo… Y a todos los habitantes que han hecho posible este paseo por la creatividad. Para salir busco de nuevo la compañía del maestro Platón, que al principio nos dio las mágicas formas para entrar, pero para despedirme reclamaré su palabra, en concreto las palabras que pone en boca de Sócrates en El Banquete, una pregunta y una respuesta que quiero dejar grabadas en el dintel de salida: ¿Las cosas buenas no te parece que son también bellas? A mí, al menos, me lo parece. Sean todos ustedes bienvenidos al décimo primer número de Antaria, la revista de las artes y las letras.
Antonio Martínez Mengual

19 de mayo de 2010

Catorce




La mirada extendida sobre el blanco,
preocupada por la futilidad, reconociéndose
en la futilidad y reteniendo despojos
 
de frutos y semillas, construyéndose sobre,
estructurándose desde los despojos,
el asfalto mudable trascendido
y elevado a metáfora confusa
del silencio sobre el que se disponen
y ordenan: hojas secas, vainas rotas,
vacías o aún cargadas de promesas
que pronto serán nada, tal vez como el amor,
cuyos senderos —parecen sugerir
los catorce parcos versos—, conducen
a un refugio final que es el recuerdo,
cuyos contornos significan
pero callan y en esa extraña forma
del silencio contienen todavía
—como algunas de esas vainas caídas—
simientes que no habrán de germinar,
de antemano abocadas a una extraña
forma de traición a su naturaleza.

Semillas, sueños, pasos, acritud
indecible de un paisaje cifrado
en su miseria y en su desolación,
en la indefinición de sus contornos
y en la ausencia de marco, de paisaje,
de trama natural donde poder
situar sus elementos, imbricarlos
y ofrecerlos de forma diferente a la mirada.


[Escrito para la exposición homónima de Antonio Gómez Ribelles en la Galería Bisel (Cartagena, 22/IV-10/V de 2010) a la que pertenece el cuadro reproducido arriba, y en cuyo catálogo ha sido publicado.]

12 de mayo de 2010

Museo arqueológico


Como débiles muestras,
indudable caricia de los gestos,
se expone el arte nuestro irrepetible
de las horas distintas:
                                            el sol de las mañanas,
las pinturas y el tiempo entre los bronces,
el pasado mirándose sin luz y el diminuto
consuelo de los ojos,
la trampa del silencio acumulando
salobres emociones, la escalera
que baja hacia la sombra sembrada de momentos,
de bocetos impropios, sin valor y sin firma,
la ceniza vestida de palabras
y el brillo indiferente
de su pálido gris tan ordenado.