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1 de enero de 2013

Nochevieja




Tanto tiempo pasado acumulando
desgracias y experiencias, tantas horas
caminando las calles de mí mismo,
vacías, y llenándolas —o al menos
intentando llenarlas— con los libros
y músicas que amo, con pequeñas 
obsesiones del todo intrascendentes
—revistas musicales o de cine,
periódicos, películas— y todo
para hallar un descanso que no llega,
una paz que se escapa entre los dedos
apenas han sonado los acordes
finales de Lucia o Puritani,
o las Suites para violonchelo solo,
o apenas he leído la reseña
de algún disco reciente…
                                            ¡Cuánta fe
se ha perdido en el curso de estos meses,
cuántos buenos proyectos han debido
quedarse en el camino! Y ahora todo
se agolpa aquí esta noche, en esos rostros
semidesconocidos de la fiesta
a la que no sé bien por qué he venido...

Ahora sólo deseo que las horas
se muestren más propicias, que los fastos
demoren su presencia, porque otro
año más como éste puede acabar conmigo.

1 de enero de 2011

Un poema de Luis Antonio de Villena, para terminar y empezar el año




CONTEMPTUS MUNDI

Es la más tonta noche de las vanidades.
Pero ninguno supimos resistirnos, y montamos
la pretendida juerga, a mayor gloria del año incipiente.
Mas al final (después del champán y la droga
y la santa lujuria) al volver a casa, amaneciendo,
en el vagón de un Metro lleno de turbios jóvenes,
de bruces me di contigo, Desprecio del Mundo,
viejo señor medieval, ilustrísimo tópico de la literatura,
que te reías de mí por haber intentado
(y a ratos conseguido) ser más feliz
de esa manera recalcitrante y orgiástica
que en ti no piensa o te sueña en el limbo...
Y sin embargo, al verte ahí de frente,
con tu abrigo de piel, los guantes puestos,
y un delgado bastón entre rústico y fino
(apoyado al otro extremo del vagón, sonriendo)
pensé que tenías razón —muchas veces lo he dicho—
y que debía disponerme a estar a bien contigo.
Tomás de Kempis, me parece muy duro.
Mas puedo acordarme de Don Juan de Arguijo
que fue rico y famoso y perdió la fortuna,
y escribió en soneto de admirable buril:
¿Quién las mudanzas de la suerte ignora?
Si la droga te atonta y los chicos se marchan
(cambian mucho), si el alcohol es garrafa,
y lo que dura de una noche insigne
es vacío y tristeza, impotencia y resaca;
si de todo cuanto haces y pretendes,
si del amor y la amistad que amas,
sólo va a quedar polvo en la cara de un viejo
¿a qué seguir bregando?, me contestas.
El bien que no perdura importa poco,
y es estúpido asimismo temer un mal que acaba.
Llévame contigo, Desprecio del Mundo,
grité cuando el convoy entraba en mi parada.
Al restringido claustro, a la pequeña casa
en la alta montaña, al cuarto erudito,
donde nada importa la infame gritería
o el voraz batallar del carnaval del siglo...
Libre de la Fortuna y de su rueda,
poseyendo lo mínimo y no queriendo nada,
me pasearé contigo por silvanos paisajes,
intentando creer (aunque sea difícil)
en un allá remoto de encendida justicia.
Entraba ya en mi casa, apuntando un sol frío,
tan a buenas contigo, adusto gentilhombre postrimero,
que hasta creí dichosa mi noche malgastada.
Pero al meterme en cama, dispuesto ya a dormir,
pensé en ese cuerpo (vicioso, me dijeron) que entreví
en la fiesta, y pensé en el amor que todavía espero,
y sentí que era hermosa la juventud que acaba,
y digno de vivirse el frenesí del vino,
y maravilloso rodar por la pendiente, si has ardido
entre copas y pasiones, y el júbilo te ha roto
con su cristal brillante. Deseé un nuevo día,
oh Desprecio del Mundo, y otra fiesta otra noche,
y mil jóvenes dispuestos a hacerme compañía,
y un poco más de euforia, aunque fuese comprada,
por ascender a la excelsa región de la alegría.
Adiós, mi medieval amigo. Yo sé que eres verdad,
y sé que tú serás mi última guarida.
Pero ahora, hasta me gusta más la Nochevieja,
y me siento dispuesto a seguir siendo malo
y loco e insensato muchas veces y horas,
para morir derrotado por la roja pasión,
hundiéndome en la vida (que te engaña)
y gozando hasta el fin con su beso baldío.
Sólo lo que has gastado (enseña el proverbio chino)
es tuyo por completo. Como la rosa, la juventud,
el placer, la ilusión, el amor quimerista,
que se escapan y huyen, dejándote un vacío
(que antes fue plenitud) y este aroma liviano y sostenido.

[Del libro Como a lugar extraño (1985-1989), Visor, 1990. Recogido posteriormente en La belleza impura. Poesía 1970-1989, Visor, 1996.]

1 de enero de 2010

Dos poemas de Miquel Martí i Pol, para terminar y empezar el año


Portada de la Poesía completa [© Edicions 62, s.a., labutxaca]


ARA QUE L'ANY S'ACABA

Invoco els dies clars, ara que sé
que me'n desposeeix el temps.
                                                 No em vull
subjecte a cap designi que no pugui
sotmetre al ritme encès de les paraules.

A poc a poc, desfaig els rulls del vent.
La font degota lenta i m'acompassa
la mirada i la veu.

Tot se'm revela nou, però l'espera
m'adorm les mans. Només els ulls completen
el cicle tants de cops iniciat
i abandonat.
                     Propòsits?
                                      Quins propòsits?


[AHORA QUE EL AÑO SE ACABA

Invoco los días claros, ahora que sé
que me los arrebata el tiempo.
                                                  No me quiero
sujeto a ningún designio que no pueda
someter al ritmo encendido de las palabras.

Poco a poco, deshago los rizos del viento.
La fuente gotea lenta y me acompasa
la mirada y la voz.

Todo se me revela nuevo, pero la espera
me adormece las manos. Sólo los ojos completan
el ciclo tantas veces iniciado
y abandonado.
                         ¿Propósitos?
                                             ¿Qué propósitos?]



ARA QUE L'ANY COMENÇA

No hi ha ningú que ens perpetuï. Totes
les quietuds i les inquietuds
tenen per límits una cambra closa.

Així s'explica el temps, i el fosc embruix
de percaçar-lo pels racons secrets
de nosaltres mateixos.
                                     Més enllà
de temors i recances, s'obren sempre
blaus horitzons.
                           Res no pot desviar-nos
del curs del riu del viure, però basta
la voluptat d'estimar perquè l'aire
dringui a cada mot i s'allargassi
l'eco que ens fa, si més no, perdurables.


[AHORA QUE EL AÑO EMPIEZA

No hay nadie que nos perpetúe. Todas
las quietudes y las inquietudes
tienen por límite una habitación cerrada.

Así se explica el tiempo, y el oscuro embrujo
de perseguirlo por los rincones secretos
de nosotros mismos.
                                  Más allá
de temores y pesares, se abren siempre
horizontes azules.
                              Nada puede desviarnos
del curso del río del vivir, pero basta
la voluptuosidad de amar para que el aire
retiña en las palabras y se alargue
el eco que nos hace, cuando menos, perdurables.]

[Del libro «Els bells camins» (Los bellos caminos, 1984-1985). Vaya desde aquí mi agradecimiento a Josep Maria Nogueras por su atenta lectura y sus valiosas precisiones y sugerencias para mejorar las traducciones.]