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7 de enero de 2013

Antonio Durá en el Museo Ramón Gaya


[Captura de la web del Museo Ramón Gaya]

Mañana martes 8 de enero a las 20h. tendrá lugar en el Museo Ramón Gaya de Murcia la lectura de Antonio Durá, tercera del nuevo ciclo Poetas en el Museo. Se da la circunstancia (no buscada, desde luego) de que Antonio Durá ejerció como presentador en dos lecturas de la segunda temporada del ciclo anterior (Poesía en el Museo), la de Soren Peñalver (16-X-1995) y la de quien suscribe (16-IV-1996). Y dicisiete años después soy yo quien repite como presentador de ambos (lo fui de Soren el pasado noviembre y lo seré de Antonio mañana). Hace un par de semanas, Antonio me envió un conjunto de poemas inéditos que ha reunido para la ocasión con el sugestivo título de Sueños de amor en invierno, y le pedí el favor de permitirme (siquiera un día antes) adelantar alguno aquí, que además me dijo que lo escogiera yo mismo. He elegido uno con el que me identifico de manera muy especial, éste con el que (con la expresa aquiescencia de su autor, pues) les dejo ya:


[HAS DEJADO QUE EL LOCO...]

Has dejado que el loco
te pusiera sus zapatillas rojas.
Los demás te aconsejan ser prudente
—que tus actos sean propios de tu edad
y condición— cuando haces
de la noche tu vida, y de cada
club tu casa. Tus compañeros jóvenes
son de fama dudosa y el alcohol
y la droga tu único alimento.

¿Qué buscas, el placer? ¿O te abandonas
sin resistencia, lentamente, hasta
destruirte en un suicidio intencionado?

Tuviste tiempo para la prudencia,
y quedó el corazón ajado y triste.
Pero también te dio la vida mucho:
has viajado, has tenido amantes,
te han amado y —en algún momento—
el éxito te regaló su copa.
Se hizo siempre tu voluntad.

                                                   Entonces,
¿qué persigues de nuevo navegando
tras un tiempo vivido ya? ¿Qué esperas
encontrar en los antros que visitas,
en la piel que te agota, en la derrota
que te deja marcado y te consume?

¿Qué nuevo pensamiento tienes cuando
el sol cada mañana te ilumina?

—Tan sólo el corazón sabe el origen
de esta insana locura, y sus razones.

30 de octubre de 2012

Nuevo ciclo Poetas en el Museo del Gaya: rectificación y disculpa.



Aludía en esta entrada hace sólo unos días a lo extraño que me resultaba el hecho de que en la web del Museo Ramón Gaya de Murcia no figurase ninguna información actualizada (a sólo una semana de su inicio) sobre lo que yo pensaba (por lo que comentaron varias personas en los días previos) que iba a ser una nueva etapa del ciclo Poesía en el Museo. Efecivamente, ninguna nota o actualización en la web daba cuenta de esa rentrée... porque no será tal. Unas horas después de redactada y publicada esa entrada mía (injusta por desinformada y prematura) aquí en el blog y en Facebook, la dirección del museo me hacía llegar (mediante un comentario en esa red social) esta nota de amable reconvención:

«Querido Ángel:

Los amigos deberían hacer las correcciones a sus amigos —si lo somos—, privadamente y no en público. Pero no es así, no merecemos ser corregidos.
El ciclo anunciado en la web del Museo es Poesía en el Museo, que finalizó a mediados de 2009, y el que se va a realizar se llama Poetas en el Museo. Un nuevo ciclo.

Poetas en el Museo se presentará en sociedad el próximo [martes] día 6 a las 11.00 horas y posteriormente, cuando sea público, se colgará en nuestra web.


A mandar, pero sin dudar.

Un fuerte abrazo,
El Director del Museo.»


No se trata, pues, de ninguna continuación de aquel ciclo Poesía en el Museo por el que —entre febrero de 1995 y junio de 2009, quince temporadas— pasó buena parte de la mejor poesía española, y en el que tuvimos el honor de participar también quienes ahora tendremos el de de inciar este nuevo ciclo Poetas en el Museo.


[Foto © C.M./La Opinión, 14 de noviembre de 1995]

Será (como he dicho antes y puede verse arriba en la foto-captura de la web) el próximo martes 6 de noviembre con una lectura de Soren Peñalver, que
por cierto, cumplió años ayer doblemente (si se lo encuentran ya saben) y que tendrá como presentador a quien suscribe. Una buena ocasión para reencontrarnos y compartir poesía y amistad, dos de las pocas cosas que realmente importan —siempre, pero especialmente en estos tiempos atribulados—. Espero que podamos vernos allí, no falten...

[La foto de Soren Peñalver fue publicada en el diario La Opinión de Murcia el 14 de noviembre de 1995 junto al texto de la presentación que de su recital en el II ciclo Poesía en el Museo había hecho Antonio Durá un mes antes (16-10-1995), con el título "Soren Peñalver o la esencia de lo poético".]

21 de octubre de 2012

Siete amigos, siete poemas... (y IV)


[Dibujo de portada y diseño: Antonio Gómez Ribelles]

Hace ya varios días que debería haberle dado fin a esta pequeña miniserie con los poemas de la plaquette-homenaje a la que he dedicado las últimas entradas, así que aquí van los dos últimos. En primer lugar, la curiosa y brillante pirueta de Joaquín Piqueras Réplica de Percy Shelley a un poema de Ángel Paniagua, escrita en forma de 'soneto blanco':


Y finalmente, siguiendo el orden que ocupan allí, Si no fueras tan Hamlet, que Vicente Velasco (de quien nació la idea de esta plaquette-homenaje) taracea, desde la amistad también, con tópicos literarios y vitales que me son especialmente queridos:


Desde aquí mi agradecimiento especial tanto a Vicente como a Joaquín Piqueras, y por extensión —ya que es la última entrada que le dedico— a todos los demás por haberse querido implicar en esta aventura, que han querido íntima y entrañable, aunque fuera una sorpresa tan enorme como duradera para quien suscribe, que aún tiembla de emoción como una niña (que dijera José Alcaraz) cuando recuerda aquella noche. De nuevo, pues, gracias a todos.

2 de septiembre de 2012

Siete amigos, siete poemas... (III)


[Dibujo de portada y diseño: Antonio Gómez Ribelles]

Siguiendo con los poemas de la plaquette-homenaje a la que he dedicado las últimas entradas, traigo ahora dos poemas más. Uno de ellos, el peculiar y sentido Reto de Antonio Gómez Ribelles, escrito —él mismo lo indica— "tras la lectura de Gaviotas desde el Ariel":


Junto a este, y siguiendo el orden que ocupan allí, el titulado Poema de «Monólogos en la vacío», de Antonio Marín Albalate, que ya había sido publicado en el blog, lo que no impide —igual que en el caso anterior de Natalia Carbajosa— poner aquí la imagen de las dos páginas que ocupa en el cuaderno:



Ambos Antonios han tenido una participación especialmente destacada en la gestación de la plaquette —el uno como coordinador y el otro como ilustrador y responsable del diseño de la portada— por lo que me alegra mucho poder unirlos literariamente también aquí.

25 de agosto de 2012

Siete amigos, siete poemas... (II)


[Dibujo de portada y diseño: Antonio Gómez Ribelles]

Siguiendo con los poemas de la plaquette-homenaje de la que hablaba en la entrada anterior, traigo ahora dos poemas más. Uno de ellos, el titulado Desesperanza, de Natalia Carbajosa, ya había sido publicado en el blog, como dije, lo cual creo que no obsta para poner aquí la imagen de su página correspondiente del cuadernito. Junto a este, y siguiendo el mismo orden que ocupan allí, el estupendo e incisivo Homenaje de Juan de Dios García. A ambos —como al resto de ficcio-palconeros (o palco-ficcioneros, que de ambas formas suele y puede decirse)— otra vez todo mi agradecimiento.




20 de agosto de 2012

Siete amigos, siete poemas... (I)


[Dibujo de portada y diseño: Antonio Gómez Ribelles]

Sé que habrá quienes abierta o veladamente lo consideren y/o lo llamen inmodestia... Yo sólo pienso —en cambio— que no por sorprendente y poco habitual debe dejar de agradecerse un regalo semejante. A día de hoy todavía no tengo muy claro cómo surgió y cómo se ha desarrollado esto, por más que pueda ir atando algunos cabos: recuerdo que, para su presentación de mi plaquette Monólogos en el vacío, Antonio Marín Albalate fue un poco más allá en su costumbre de ir entresacando versos e hilvanándolos con sus propias reflexiones, para hacer —más allá de esa estampa lírica habitual— un poema como tal que caminara sobre algunos títulos y versos de poemas incluidos en la plaquette. El resultado fue su Poema de «Monólogos en la vacío», que inmediatamente le pedí para traerlo al blog. Después vino la sorpresa añadida de que —esa misma noche de la presentación— Natalia Carbajosa escribió sobre la marcha un poema-homenaje (porque sí, porque le surgió de repente y se puso a escribirlo allí mismo), y cuando ya nos despedíamos (tras una larga y grata conversación con ella y Juan de Dios García sobre nuestras tantas cosas habituales) me dijo algo así como que cuando llegara a casa me mandaría un email, que resultó ser su poema Desesperanza, que también colgué unos días después que el de Antonio.

Dado que todo eso fue tan espontáneo, no me cabe pensar que a esas alturas estuviera todavía en marcha (ni siquiera esbozada, me parece) la idea de este pequeño homenaje, sino más bien que fuera a raíz de publicar aquí en el blog los poemas de Natalia y Antonio que surgiera en la mente de Vicente Velasco —como afirma Albalate en las palabras previas que la abren:


De hecho, cierta noche que se pusieron —el propio Velasco y José Alcaraz— a llamarme al móvil a las cuatro de la mañana desde vaya usted a saber qué antro (recuerdo haberles puesto a caldo en Facebook por aquello), por lo visto esa broma pesada habría surgido al hilo de una conversación que ya versaba sobre el asunto de la plaquette, según contaban ellos mismos la noche del 16, cuando tras todos estos meses decidieron al fin llevar a cabo la “fiesta” de celebración y entrega con las que, por lo demás, estuve a punto de dar al traste —pues me lo habían venido “vendiendo” como un homenaje a Elvis, al que a última hora ni siquiera tenía cuerpo para asistir, y así se lo dije...


Pasada la alegría y la sorpresa del momento, horas después, fui consciente de determinadas ausencias y de la posibilidad de que se tradujeran (como parece que efectivamente puede haber ocurrido) en mosqueos más o menos importantes, que ni siquiera mi nula participación en toda la génesis y desarrollo de esta historia lograría mitigar... Y dado que soy incapaz de conseguir que no me apetezca lo de lamentar pérdidas, y que los afectos nunca suelo darlos por extraviados del todo, he hecho alguna tentativa de indagar en el planteamiento de los nombres de la plaquette, pero no he podido llegar (o no han querido que llegara) más allá de la frase de esas palabras previas: “los que nos tomamos las cervezas con él en los bares de turno”... Tan simple, que es tan posible —como probable— que no haya que buscarle cinco pies al gato, cuando todo el mundo sabe que no tiene sino cuatro…

Y cuando —como todo el mundo sabe también (aunque pueda parecer que está de más decirlo)— cualquier publicación, por pequeña que sea, cuesta dinero, que lógicamente (como las mismas cervezas la mayoría de las veces) han pagado ellos... No tengo la menor idea —ni me lo van a decir— de si algunos o todos o qué parte cada quién, pero sí sé que eso lo hace para mí —si cabe— mucho más valioso aún. Es obvio que sólo puedo corresponder con el enorme agradecimiento que a buen seguro serán incapaces de traducir adecuadamente estas palabras, que acompaño —además de con la portada y la contraportada con sus nombres— con la imágenes de esas palabras previas a las que ya he aludido y del primero de los poemas del cuadernillo —en sucesivas entradas me encantará ir añadiendo el resto hasta completar los siete, dado que se trata de una edición no venal de sólo 50 ejemplares.


Terminaré por ahora recordando que esa noche del 16 pude ver no sé cuántos, pero desde luego muchos flashes, así que supongo que estos cabrones no tardarán en ir subiendo a Facebook fotos de toda la historia que llevaban meses preparando... Lo dicho, sin palabras... ¡Gracias, chicos!

20 de abril de 2012

«Monólogos en el vacío», poema de Antonio Marín Albalate


Antonio Marín Albalate en Ficciones, anoche




«MONÓLOGOS EN EL VACÍO»*

Para estar en pie me levanto, solo
para eso, para  seguir constatando
el vértigo de la vida ante el abismo; o
para leer Percy Shelley en el Ariel
y llorar ante la perfección de un
«da pena esta limpieza de mi cuerpo».
Y ponerme muy serio en el verso último
—«me siento ya muy sucio, voy al baño»—
del poema Un poeta español prevé
su muerte. Porque al igual que tú, Ángel,
dejas aquí este libro, dejo yo
estos versos míos, descalzos, blancos
versos como de andar por casa, para 
—tú lo has dicho— la justicia del tiempo;
sabiendo ya Navegante de Cortés que
«el dorado equipaje de los años
empieza a deshacerse por sí solo…»;
en mi caso ya deshecho del todo,
como mi mundo de nieve y de barro
donde nunca nada ni nadie, acaso
porque igual que en tu Sueño de Empédocles
«dije tierra y el mundo se deshizo»,
dije tristeza como algo sublime,
dije lentitud de voz en la tarde,
dije ficciones —todo es mentira—,
dije yo Never more —tampoco es cierto—
con el cuervo de Poe sobre mi hombro
y dije cuanto acaso nunca dije.

Para estar en pie me he levantado yo
esta mañana de un día domingo
en las claras ojeras de mis ojos,
como jamás escribiera Vallejo;
para acordarme del barco fantasma
donde tan absurdamente payaso
en noches de borrachera navego,
a la deriva y sabiéndome ya hundido,
y sin embargo todavía clara-
mente leyendo el aserto del verso
tercero de El holandés errante
cuando escribes ciertamente diciendo:
«veo sucias de barro las baldosas»;
y mucho más adentro, con un duro
«pero siguen hablando sin mirarme»,
diciendo del grito que oyes, del balcón…
de la caída diciendo…
                                             del cadáver
que es para mí el poema cubierto
con la sábana gris de la desmemoria.

Para estar en pie sigo levantado
De noche, con Vallejo y tu palabra
para contemplar, desde lo que somos,
«la soledad, la lluvia, los caminos»
y así reconciliarme con la Nada
ante tus Monólogos en el vacío;
o para sentir, en el último instante,
la caricia de la cuerda en el cuello, o
para espantarme y continuar huyendo.

Y por la costumbre esta de estar en pie.
Acaso por eso, por pura inercia;
sin acritud lo digo, puedes creerme.
Ya sabes, amigo, nadie es perfecto. 


[* Antonio Marín Albalate leyó anoche este poema, taraceado con títulos y versos de los poemas incluidos en mi plaquette Monólogos en el vacío, como prólogo a la presentación de la misma, y con su autorización expresa (y mi agradecimiento) lo traigo al blog.]

8 de marzo de 2012

Madre soltera (Tercer aniversario)




MADRE SOLTERA

Has dado a luz al hijo que querías
tener con él, pero su padre es otro,
y no te importa. Habría sido fácil
llevarle hasta tu cama
y arrancarle —con tu sabiduría
para el sexo y tus mañas de mujer—
esa esencia que tú necesitabas
para rehacer su imagen, confundiéndola
en una sola carne con la tuya...
Muy fácil, sí: tal vez por eso
le dejaste esa noche, de camino
a su casa, en la ciudad donde le
conociste y que él mismo te enseñó.

Esa noche, la última que os visteis
—y sabías muy bien que era la última—,
pensaste que tal vez no mereciera la pena,
que todo lo que había hecho por ti
tenía un interés oculto —ya te había
ocurrido con otros hombres antes—,
que no veía en ti más que a la esposa
que siempre quiso —guapa, inteligente y sumisa—
y no estabas dispuesta a renunciar
a ti misma para colmar tu anhelo,
el deseo que siempre, desde niña,
te había atenazado de ser madre.


Quizá por eso al niño —cuyo padre
es un rostro perdido entre tus piernas,
una noche que casi has olvidado—
le has puesto su nombre, el del que quiso
ser amante y esposo al mismo tiempo,
aquel que en su ignorancia,
pensó que caerías a sus pies y no tuvo
más premio ni castigo que este niño,
al que ha dado su nombre sin saberlo.



[Este poema, escrito hacia 1996, fue uno de los incluidos por L.A. de Villena en mi parte de la antología 10 menos 30. La ruptura interior en la poesía de la experiencia (Pre-Textos, 1997). Forma parte de Las vidas de los otros, un libro en el que ya por entonces llevaba algún tiempo trabajando y que a día de hoy sigue inédito.]

26 de febrero de 2012

Treinta poemas, el librito perdido, en issuu



Treinta poemas formaba parte de un proyecto fallido, una colección de libros de pequeño formato (publicados por la editorial granadina Comares) que en su momento auspiciaron el profesor Francisco J. Flores Arroyuelo y el poeta y periodista (hoy también profesor universitario) Antonio Parra, director de Postdata; colección que iba a llevar como nombre precisamente el de la editorial granadina unido al de la revista murciana, Comares/Postdata. Pero por razones que no vienen al caso ahora sólo tres de los títulos inicialmente previstos llegaron a imprimirse, y uno de ellos fue esta pequeña antología de lo que yo había escrito hasta aquel momento, dado que tras los dos libros editados —que no escritos— en el espacio de apenas ocho meses (En las nubes del alba, 1990 y Si la ilusión persiste, 1991) sólo había publicado algunos poemas sueltos en revistas literarias de ámbito provincial y escaso eco exterior. Pero en esos cinco años había seguído escribiendo poemas y reuniéndolos en libros de los que más tarde, cuando dejaban de satisfacerme (ya fuera por convencimiento propio o por excesivo asentimiento a pareceres ajenos) iba separando los poemas que parecían funcionar mejor en el siguiente: así nacieron y murieron sucesivamente Bienvenida la noche, Con tanta claridad, El legado de Hamlet, La vida razonable y La justicia del tiempo, que dejaron en el camino un considerable número de poemas, bien porque ya no parecían tener sentido dentro del nuevo conjunto o bien porque me parecía mejor reservarlos para algún posible libro posterior.
Podría decir, sin temor a exagerar, que ese excesivo asentimiento o conformidad con las opiniones de otros fue durante años una dolorosa constante en mi evolución como escritor de poesía; como peculiar el tipo de desempeño crítico que pedía de aquellos a quienes enseñaba lo que iba escribiendo. Atendiendo a mis recuerdos y a los manuscritos anotados que conservo, podría distinguir dos tipos diferentes: de una parte, quienes tenían arraigada en su mente una determinada idea del poeta que yo era o debía ser (idea que yo sospechaba ya entonces que en absoluto se correspondía conmigo, y el paso de los años no ha hecho sino reafirmarme en esa convicción) por lo que miraban cuanto les mostraba desde el convencimiento de que distaba mucho de ese estado 'ideal', y llenaban el manuscrito de tachaduras y comentarios, muchas veces razonables y otras no tanto, incluso —en ocasiones— de inusitada dureza y displicencia, rozando lo ofensivo. Sin perjuicio de su indudable buena intención, el comportamiento de alguno llegó en algún momento a parecerse más al de un agente preocupado por los intereses de una supuesta 'carrera literaria' (que, por seductora que pudiera resultar, yo no estaba seguro de que quisiera o pudiera tener) que al de un amigo...
Los segundos, en cambio, parecían mirar desde el convencimiento de que ya era (o estaba en el camino de ser, y disponía de las herramientas necesarias para ello) el escritor que era o debía ser, ni mejor ni peor, ni necesariamente el que a ellos les gustaría. Sus análisis, por tanto, huían deliberadamente de enmiendas, tachaduras y/o cualquier tipo de anotación en los márgenes de posibilidades alternativas a este o aquel verso, limitándose a señalar con una marca apenas visible —un punto con lápiz o rotulador, junto al título o en alguna de las esquinas superiores del folio— aquellos poemas que les parecían mejores o más les habían gustado o emocionado.
Por razones de cercanía vital y afectiva, sin embargo, el peso mayor en mis decisiones lo tuvieron los primeros, y en el caso que nos ocupa ahora determinaron una serie de cambios importantes en el resultado final, desde el título —que cambió del inicialmente previsto Antología mínima al mucho más neutro de Treinta poemas— hasta el contenido mismo (1), pasando por la 'Nota del autor' que lo encabeza, cuya versión inicial —pergeñada entre julio y septiembre de 1996 y de la que se nutren estas líneas— terminé cambiando ya en las primeras galeradas por otra bien diferente —la que puede leerse ahora— redactada en lo fundamental por uno de los asesores a quienes antes me refería y mínimamente retocada después por mí, y cuya característica más llamativa es ese tono de impostada humildad —tan extraño a mi carácter— que se adivina detrás de algunas frases: «un libro de transición hacia nuevas tentativas», «dejaba ver las influencias de poetas que por entonces empezaba a descubrir», «quedaron inéditos —y debo decir que me alegro de que así fuera—», «recupero los que creo que más claramente apuntan a posibles caminos futuros», «'La justicia del tiempo' tiene un marcado carácter generacional»...
Ese tono casi inculpatorio y/o disculpatorio, como de pedir perdón por el atrevimiento de publicar aquella antología, tiene poco que ver con el meramente descriptivo del texto original, en el que tras hablar de ese modo de ir subsumiendo cada proyecto de libro en el siguiente que comenté arriba, terminaba con una breve referencia a los poemas que habían ido quedándose por el camino:

«Es de ese conjunto de poemas 'descolocados', por así decirlo, de los que principalmente se nutre esta selección, en la que también están representados los dos libros publicados a los que me referí, y en la que no cabe —por razones obvias— incluir ningún texto de un primer libro que aún no he tenido el valor de destruir [...], ni de otro posterior, del que ni siquiera he podido encontrar ninguna copia, y que no es —en mi recuerdo— más que una versión primitiva del segundo de los publicados (2). Sólo para comodidad del posible lector, y por mantener un cierto orden cronológico, he ordenado los poemas bajo los títulos de esos libros efímeros a los que originariamente pertenecieron, pero incluyendo las correcciones posteriores.»

Varios de esos poemas adscritos en la antología a los entonces aún inéditos Bienvenida la noche, El legado de Hamlet y La justicia del tiempo no llegaron a formar parte después de ningún libro o —por decirlo mejor—, los libros de los que varios de esos poemas formaban parte se publicaron años después (Bienvenida la noche y El legado de Hamlet en 2003, con alteraciones que desvirtuaban claramente los proyectos originales) o se quedaron por el camino por las razones ya comentadas y por otras tan equivocadas —creo ahora— como aquellas (estoy trabajando todo lo duro que puedo para solucionar eso)...
No quiero terminar sin hacer mención al pintor Pedro Serna, que tuvo la amabilidad de permitir la reproducción del hermoso dibujo suyo que figura como viñeta en la portada, y a Antonio Lucas, que hizo esta breve reseña


en La esfera, el entonces suplemento literario del diario El Mundo. El librito con todo no llegó a distribuirse, como ya he comentado: aparte de los de autor y de algunas decenas más que conseguí años después (gracias a los buenos oficios de Javier Marín Ceballos, todo hay que decirlo), la mayoría de los ejemplares se quedaron almacenados en sus cajas en alguna nave de algún polígono industrial granadino. Si desean leerlo, sólo tienen que hacer clic sobre la imagen de la cubierta que encabeza esta entrada.

NOTAS
(1) Antología mínima constaba de cuarenta poemas —seis de En las nubes del alba, siete de Si la ilusión persiste, once de Bienvenida la noche y dieciséis de El legado de Hamlet— incluyendo los poemas largos Reencuentro en modo menor y El legado de Hamlet, divididos en ocho y seis partes respectivamente, con lo que el total —contando esas secciones individualmente— sería de cincuenta y dos.  Al pasar a llamarse Treinta poemas quedaron fuera diecisiete de los cuarenta iniciales, y de los dos largos sólo incluí algunas partes (III y VII del primero y III, V y VI del segundo).
De esos diecisiete excluidos, seis se publicaron en 2003 formando parte de Bienvenida la noche (Amanecer de otoño, Imágenes amadas, El desnudo infeliz, Aquel sosegado lugar, Respuesta del oráculo y Certeza indeseada —integrado en Odisea, libro XXV—) y otros dos en 2004 (Un amigo del bar y Benet) integrados en el poema Officium defunctorum de Una canción extranjera.
Los otros nueve (Antes que el tiempo los cambiara, Dante anoche, Hablando del suicidio, Soneto falso, Poética para Germán, Tardío remordimiento, A un amigo distante, Brindis y Lección primera, más las secciones I, II, IV, V, VI y VIII de Reencuentro en modo menor) definitivamente no obtuvieron plaza en aquel peculiar concurso-oposición, por lo que podría decirse que siguen esperando una oportunidad de ver la luz, y desde luego estoy considerando seriamente la posibilidad de concedérsela.
(2) «otro posterior, del que ni siquiera [...]» Se trataba de Donde hubo un edificio, conjunto de cincuenta y tres poemas escritos en la primavera y el verano de 1988, parte de los cuales presenté (con ese título) a la convocatoria de ayudas a la creación literaria de la CARM de ese año, y que teóricamente (obtuve una) debería haber entregado para su publicación un año después, cosa que no llegué a hacer del todo: por razones similares a las descritas en esta entrada, sólo catorce de esos poemas estaban entre los veinticuatro que de hecho entregué y se publicaron (los diez restantes escritos —supongo, no conservo los originales— entre julio de 1988 y octubre de 1989) bajo el título de Si la ilusión persiste.

14 de febrero de 2012

Poemas que me han dedicado: Andrés García Cerdán





A lo largo del tiempo algunos (muy pocos) amigos han tenido la gentileza de dedicarme algún poema, y como ya dije creo que no es mala cosa darlos a conocer, haciendo de paso siquiera un mínimo elogio de los libros en que aparecieron. En esta ocasión traigo uno incluido en La cuarta persona del singular, tercer libro Andrés García Cerdán, con el que ganó el XVI Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás. El poema —títulado como uno de los míos de En las nubes del alba— es éste:


ALMATOGRAFÍA

                                                           Para Ángel Paniagua.

NO utilices el nombre de Ezra Pound
en vano. No maldigas. No termines.
Aprende que tu vida es una flor.
Confórmate con todo lo que tienes.
Confórmate con lo que no has perdido.

Luego busca tu sombra de caballo
y llénala de cuerpos. Y no sueñes.
Sobre todo, no pongas en tus versos
la maldición del siglo que se acaba.
Sobre todo, no pongas la marea
ni el sucio asesinato de los nombres.
Aprende que tu vida es una flor.



27 de enero de 2012

Respuesta a Mariano Sanz Navarro




Ciertamente lo estoy (vago, de gandul) aunque sin ánimo de justificarme te diré que hay varios factores que contribuyen a que sea verdad ese enunciado. El principal es un curso de Creación y diseño Web que estoy haciendo desde finales de octubre y hasta finales de febrero y que además de las cinco horas diarias de clase (obligatoria) conlleva muchas horas en casa de ejercicios y prácticas... Por encima de eso, sin embargo, diría que más que "estar vago" es que lo soy, y si no propiamente vago o gandul (sé que muchos con quienes he trabajado o colaborado me contradirían) sí demasiado consciente de mi carácter disperso e indisciplinado como para autoimponerme la tarea de ir dando cuenta por escrito de acontecimientos [...], como decía hace algo menos de un año en esta entrada.

Por ejemplo, en la tarde-noche de ayer saltó a las agencias la desafortunada noticia de la muerte de Theo Angelopoulos, y por unos momentos pareció que se revolvía en mi cabeza un texto que de haber salido habría colocado de inmediato aquí en el blog, no puedo decir si evocación en prosa, borrador de poema o qué, me martilleaba en la cabeza un fragmento de diálogo entre dos personajes de una serie que veía hace un par de días: preguntaba uno a la otra si le gustaban los juegos en los que el jugador resulta ridículo, y ella le respondía que la vida es un juego en el que todos resultamos ridículos... Pero el texto, por unas cosas o por otras, no terminó de cuajar. Eso ha ocurrido en muchas ocasiones, y en la mayoría de ellas, a poco que me hayan asaltado con cierto empuje, esas entradas han terminado desplazando a cualquier otra cosas que estuviera haciendo o tuviera la obligación o el compromiso de hacer. Que por unos meses haya dejado de ser así no me preocupa en exceso: si tuviera contrato para publicar en un medio determinado una columna diaria, semanal o con la periodicidad que quieras, no habría tenido más remedio que tirar de ese hilo y forzar la maquinaria para escribir un texto, evocación, obituario emocionado o simple nota de la extensión comprometida, pero no es el caso, así que cuando un asunto o idea no viene con el brío necesario como para hacerme dejar lo que sea que esté haciendo, prefiero dejarlo correr...

Con todo, aprovecho el pequeño respiro de dos días que me concede la festividad católica del sumateológico Tomás de Aquino para intentar saciar tu sed siquiera con estas pocas líneas, y hasta puede que rellene alguno de los huecos a los que me refiero a continuación. La verdad es que acaricio la idea de trasladar al blog los comentarios y/o conversaciones que sobre diversos temas voy dejando aquí y allá dispersos en Facebook o Twitter y seguir añadiendo series de poemas, que por ejemplo la del "Cuaderno del 93" tiene a fecha de hoy dos entradas pendientes de rellenado, o sea, publicadas vacías, sólo con el título y una determinada fecha (aunque en esto se puede hacer trampa) por aquello de que cuando decidí que iba a poner tal poema del cuaderno en tal día concreto resultó que, o bien no encontraba la versión primera (distinta de la publicada después en libro) que quería poner; o —en el caso de la del 2 de noviembre, mi cumpleaños— había publicado el día anterior —el 1, su cumpleaños— una entrada-homenaje a Soren Peñalver con un poema suyo, y no quería añadir inmediatamente la que tengo prevista desde hace tiempo (precisamente el poema titulado Dos de noviembre), más aún teniendo en cuenta que la media de actualización del blog rondará los veinte días y que regular o previsible son conceptos que podría/debería haber añadido en la entrada antes mencionada entre las cosas que este blog no es.

Te contaría en secreto (si no fuera casi vox populi, de las muchas veces que lo he contado ya a los amigos poetas) que el mes de enero de 2010 lo dediqué casi por completo a pasar al ordenador una gran cantidad de borradores de poemas que andaban dispersos entre cuadernos y papeles de diverso tipo (desde folios sueltos a servilletas de bar, pasando por entradas de fiestas en discotecas, recetas médicas —las llamadas copias para el paciente—, etc.) correspondientes al período comprendido entre 1999 y 2009; dado que no recordaba los poemas que había ido escribiendo en esos años —algo habitual y/o sistemático en mí— y teniendo en cuenta las muchas y agradables sorpresas que me llevé, lo lógico habría sido aprovechar ese impulso para (sin perjuicio de mayores y más detalladas correcciones) dar forma a por lo menos uno de los dos libros que claramente entreveía en el conjunto e, incluso, empezar a moverlo por editoriales y/o concursos, por poca que sea la fe que a estas alturas tengo en unas y otros.

Esto es al menos lo que creo que habría hecho cualquiera en mi lugar, pero no yo: aquí cerca de mí, encima del brazo de un sillón, está la misma carpeta azul con los mismos casi doscientos folios llenos de tachaduras de bolígrafo nego, rojo o azul, testigos de las varias ocasiones en que desde entonces me he puesto a la tarea sin lograr llevarla a término... ¡Cuidado!, no quiero con esto decir que tenga prisa por publicar esos poemas/libros (y si la tuviera daría igual, porque ningún editor tiene tampoco interés por —ni me temo que dinero para— editarlos), sólo lo mencionaba como ejemplo de actitud para con algo que me resulta imprescindible (la poesía) frente a otra cosa (el blog) que me importa pero no tanto...

En fin, que por unas cosas o por otras siempre voy encontrando —como ves— excusicas para seguir cimentando una fama de procrastinador impenitente que en absoluto me favorece pero contra la que —con estos mimbres— me resulta cada vez más difícil luchar...

Ya seguimos, un abrazo.

31 de octubre de 2011

Un poema de 1987 y una cita de 2011




LA CITA:
«El libro es un objeto en el que el tacto cuenta y también el olfato, mezcla en ocasiones de tinta y polvo [...] tras la lectura de un libro acostumbran a quedar pequeños testimonios del lector, quizás una ralladura o un viejo billete de metro o, incluso, alguna nota. Nada de ello pasará en el caso de la pantalla. Le falta ese toque erótico que proporcionan tacto, olor y también el rastro de su historia.»
En "También quiero libros digitales", de Laura Tramosa
[Artículo completo aquí].

EL POEMA:

ERÓTICA CON LIBRO

No podía dejar de oler el libro,
parecía un poema aquel olor,
un poema más, de tan hermosos
que hacía los poemas.

Daba gusto tenerlo entre las manos,
estudiandoel lugar de cada letra:
el defecto más pequeño me lo hacía
más amable, la huella de las letras
de la página anterior.

Difícil la lectura, regresando,
volviendo a oler la página, el perfume
real entre los versos, releyendo
olor y suavidad, metía mi rostro
y rozaba con mi piel aquellas líneas,
gozaba en sus caricias un placer
más parecido al placer que otorga un cuerpo...

Cuerpo siempre dispuesto a restregarse
y a mirarme, dispuesto a acariciar
dulce mis ojos, a entregarme el olor
de tanta piel cubierta de poemas,
o sólo a hablar conmigo, a acompañarme.
(De En las nubes del alba, 1990)

20 de octubre de 2011

Cuaderno del 93 (II)


Foto: Nieve en Tejeda de Tiétar © José Paniagua (Cleto), 2010


POSTAL INFANTIL

Hay un mundo de nieve que fue un día
lejano de la infancia. Entre los muchos
momentos olvidados, ese día,
la mañana feliz que vi la nieve
por vez primera y última, pervive,
y ha enterrado en su seno muchos otros
recuerdos, buenos, malos, tantos juegos
de entonces ha hecho suyos, en su afán
de cifrar en su imagen todo aquello.

La infancia son imágenes, sabemos,
casi siempre instantáneas, sin diálogos
y sin motivaciones aparentes.
Y de pronto sentimos que una de ellas
se empeña en absorber a las demás,
devora cuanto estorba a sus propósitos,
y así mueren amigos, ilusiones,
desencantos que un día fueron nuestros.

Y de pronto sentimos que esa nieve
es ya la infancia toda en sólo un mito.

13 de septiembre de 2011

Dos cartas de 1991



7 de febrero de 1991
D. Angel Paniagua
Murcia

Querido amigo:
                       Este segundo libro suyo es mejor edición que el primero y los poemas más personales y conseguidos. Pero tenga cuidado: no es bueno publicar mucho para un escritor de su edad, y dos libros en un año es un peligro. ¿No habría sido mejor hacer uno con lo mejor de los dos? Yo creo que sí. Un primer libro es la carta de presentación más difícil, y Vd. se ha presentado dos veces seguidas. Pero ya está hecho y Vd. sabrá retomar el pulso y la mesura.
Cuente con mi simpatía y mis mejores deseos para sus escritos.
Un abrazo afectuoso, 
[Firma remitente]

________________



[[Ciudad], 8-III-91]
Paniagua querido:
                     Bien sabes lo que se agradece en el exilio... (¡Bueno, no lo sabes, porque nunca has estado en Ponto alguno!) En cualquier caso, supones que se agradece, ¡y mucho!, recibir noticias de quienes te quieren —o juegan a quererte, que en la distancia es igual para el recipendiario— y más aún si te envían regalos. He leído el tuyo, y me ha gustado más por ser regalo y venir de ti.
Supongo que se impone la breve crónica sobre mis primeras semanas de estancia en [Ciudad], pero no tengo ganas de contarte el lío que representa asentar los reales en nuevos territorios. ¡Ya será en ocasión de nuestra estancia en Flandes, cuando nos reclame de nuevo el emperador Carlos! Entonces comprenderás mejor, o estarás en mejores circunstancias para comprender lo que es una conquista de territorio. (Aunque, ahora que lo pienso, tú eres un innato estratega).
Tanteos y zancadillas disimuladas, afabilidades dudosas, caras largas... ¡de todo ha habido! Decir que todo está superado sería más bien propio de un optimista paniagua que de un [adjetivo] pesimista. Pero algo se va avanzando.
El mar sigue siendo lugar de referencia y siempre vuelvo a él. ¿Te comenté lo de las [estrofa] que me había dado por hacer cada vez que lo miraba?
Ya son un sinfín. Te voy a transcribir la primera (por su solera y su carácter de novedad). Sé que estos disparates para-poéticos te encantan, y más si vienen de tu [adjetivo].
(Mejor doy la vuelta al folio; así queda completita en la otra cara, ¿no?).

[Transcripción de la [estrofa] y explicación de
un detalle de la misma en forma de nota al pie]

Y después de haberte hecho reír un poco, con el título barroco y la nota erudita, te mando, en una calurosa despedida, cien mil abrazos (para que puedas desprenderte de alguno, si te pregunta alguien por mí. Claro, para [Nombre], tres o cuatro por lo menos) y el deseo de que podamos hablar pronto,
[Firma remitente]


[Como se desprende fácilmente de su lectura, ambas cartas me fueron remitidas como respuesta al envío de mi segundo libro de poemas, Si la ilusión persiste, cuya portada (con El angel caído, de Roberto González Fernández) encabeza esta entrada. En su página de créditos figura el 15 de diciembre de 1990 como fecha de esa primera edición, aunque probablemente sólo por motivos administrativos: se suponía que el libro había sido escrito a lo largo de 1989 con una beca de creación literaria de la Consejería de Cultura, que estipulaba la entrega en el plazo de un año del correspondiente original conforme al proyecto que presenté al solicitarla (nadie verificó tal extremo, que yo recuerde) y su publicación con cargo al presupuesto del siguiente ejercicio, o sea, 1990. Pero lo más probable es que las cajas con los primeros ejemplares no salieran de la imprenta hasta los días iniciales de enero de 1991, cuando me llamaron para que pasara a recoger los que me correspondían como autor.]

8 de septiembre de 2011

Ocho de septiembre




Tantas lágrimas cubren aquel sitio,
tus palabras —aquel me gustas mucho
burlón que aún suena a gloria—,
aquel primer matiz como de hazaña
furtiva y pasajera, el aire frívolo
de aquel beso primero, tu colchón
en el suelo y tus sábanas de raso,
y aquella noche larga en la que hicimos
de todo y sobró tiempo para hablar y reírnos.

La magia del inicio, sustraída
por el velo tenaz del desencanto,
necesito invocar en estas noches
que no me pertenecen,
estas horas perdidas deambulando
de un libro para otro, buscando algún sosiego
donde sólo una suerte de aflicción
despoja de sentido las palabras,
los gestos, el silencio y el inmisericorde
trasiego de inquietudes;
invocarla en defensa tuya y mía, por que sola
perdure entre nosotros, evitándonos
la tibia enemistad de la distancia.

Ven a verme y recuerda
conmigo aquella magia, recuerda que aun ahora
nos eriza la piel un ansia grande
de fundirnos en uno, y sólo el miedo
nos libra de cumplirla, interponiendo
la amargura presente.
                                             Ven a verme
y aquí cuando me mires no habrá ese sentimiento
de lejana tristeza y de impostado
dolor, sino el momento primero, que nos salva
entre la lucidez y entre el vacío.

[Mayo-junio, 1990 - enero, 1991]

27 de agosto de 2011

Monólogos en el vacío




PERCY SHELLEY EN EL ARIEL

Da pena esta limpieza de mi cuerpo
que sólo tú acaricias; esta voz
fundida con la mía, ambas extrañas,
con un sonido ajeno aquí en la mente,
donde sólo uno mismo debe oírse;
no hay otra que transmita su cadencia
por esa magia simple, su silencio
a los versos amargos que ahora escucho.

Como el mar en invierno, despeinado,
sin sol ni luz, espera una palabra,
así he presentido que mirabas
la paz que trajo a veces tu demonio:
los cuerpos se alejaban al oscuro
rumor que me insuflaste cuando niño,
al eco de tu voz, que tan temprano
vibraba ya en la mía y sólo ahora

reconozco. No puedo soslayar
la tentación de hablar contigo, infame,
recordada en el tacto de mi piel,
el odio de mirarte confidente
solícita de tanta adolescencia
desterrada, la envidia de esos años.
¿Dónde estabas? ¿Por qué no me enseñaste
la manera de amarte, como a tantos...?

Ahora aceptaría tu consuelo.
¿O piensas que el sonido de algún cuerpo
me atraería, que iba a abandonarte
y volver con la ofrenda de mis lágrimas?
Tal vez no te equivocas. Te he nombrado
deidad, como los hombres sacralizan
todo aquello que excede a su contacto,
o aquello de sí mismos que detestan.

Pero voy a seguir buscando el rostro
del que tú estés ausente, su sonrisa,
aunque al final descubra que mi aliento
huele a fondo marino, que mi piel,
incluso recién limpia como ahora,
suave y perfumada, disimula
dentículos, como el escualo triste
que en tu seno profundo nunca duerme.

[Este poema, escrito en mayo-junio de 1987 e inédito hasta ahora, es el primero de la serie de fragmentos que luego conformaron el poema-libro Gaviotas desde el 'Ariel' (Pre-Textos, 2005) del que sin embargo quedó fuera, y uno de los incluidos en la antología Monólogos en el vacío, recientemente publicada por Ediciones del 4 de Agosto en la colección Planeta Clandestino, con motivo de mi participación (el pasado jueves 25, junto a Antonio Méndez Rubio) en el VII festival de poesía Agosto Clandestino en Logroño.]

21 de agosto de 2011

Cuaderno del 93 (I)


CREDO ESCÉPTICO

No hay pago por las cosas que dejamos
de hacer, ni por aquellas
en que aunamos empeño y sufrimiento.
Ni siquiera es verdad —como pensaba
el buen Rilke— que empeño y sufrimiento
sean lo único válido, y no importen
las obras a que pueden dar lugar.

Ha pasado ya el tiempo de los dioses
que premiaban las obras, y también
el de aquel otro —el de Rilke—
que era suma de todas nuestras vidas:
apenas queda tiempo y ya no hay dioses
que den valor al riesgo y a las obras
logradas en la vida.

                                         ¡Qué ridícula
tarea la de escribir lo ya otros
pensaron y escribieron, repetir
como en una cadena sin final
ni principio que no hemos avanzado!

¿Qué importa un dios o muchos o su naturaleza
que nunca alcanzaremos, o qué haya
detrás de tantos nombres
—cielo, muerte,
transmigración o Brahma?

                                                      Ni siquiera
sabemos si alguien mira hacia nosotros,
si la mágica luz de las estrellas
no es el brillo de unos ojos

escondidos en el espacio negro.

Con todo, si eso es cierto y alguien
—fuera
de aquí
— nos está viendo, me imagino
que un día llegarán hasta nosotros

—¡truenos, claro!— los ecos de su risa.


29 de julio de 2011

VII Agosto Clandestino




*Jueves 4 de Agosto, IRJ (Logroño) 20 horas: Karmelo C. Iribarren presentado por Pablo Casares.

*Jueves 11 de Agosto, IRJ (Logroño) 20 horas: Carmen Camacho y Miguel Ángel García Argüez.

*Sábado 13 de Agosto, El Patio del Camino (Navarrete) 20 horas, presentación de Nubes con la mente. Tributo a Love of Lesbian (Editorial Comuniter). Con la presencia de su editor, Octavio Gómez Milán, y con los autores riojanos que participan en el tributo, Odón Serón, Enrique Cabezón y Carmen Beltrán.

*Jueves 18 de Agosto, IRJ (Logroño) 20 horas: Mar Benegas y Javier Lostalé.

*Viernes 19 de Agosto, Bar Riff (Logroño) 20 horas: Jesús Ge y César Lladó.

*Jueves 25 de Agosto, IRJ (Logroño) 20 horas: Antonio Méndez Rubio y Ángel Paniagua.

*Sábado 26 de Agosto, Bar Riff (Logroño) 20 horas: presentación de Ahora. 11 poetas en el 2011, con sus autores: Lucía Azpeitia, Adriana Bañares Camacho, L.B.S., Gabriela Collado, Aitor Cuervo Taboada, Matilde de las Rivas, Nerea Ferrez, Bosko I., Iván Mendoza Madorrán, Laura Monzón Echevarría e Ignacio Pérez Lasanta. 

(Además de los libros mencionados, en cada acto se presentarán sendos cuadernos de la Colección Planeta Clandestino con poemas de los autores participantes.)

7 de mayo de 2011

Juan Carlos Palma (10 menos 30, II)





Decía en una entrada anterior que la reseña allí mencionada no fue «desde luego, la única "alegría" que me deparó (tiempo habrá de comentar algunas otras), pero sí una de las más "sonadas"...» refiriéndome a «las publicadas en su momento sobre 10 menos 30, la antología de L.A. de Villena en la que fui (ya no sé si decir que por suerte o por desgracia) uno de los seleccionados.» Me encuentro ahora una carpeta con muchas fotocopias, parte (supongo) del dossier de prensa reunido por la editorial —que probablemente nos las hizo llegar— y entre ellas una firmada por un tal J. Carlos Palma que no lleva indicación del medio ni la fecha en que apareció.
A diferencia de esa de Tortajada, o la de García Martín (a la que Palma hace referencia, y que sigue pendiente en esta serie) debo confesar que ésta no la recordaba, y la verdad es que me resulta bastante extraño, por cuanto se trata de uno de los mejores ejemplos de crítica de poesía que recuerdo, escrita con tanta madurez como conocimiento de causa, con tanta ponderación como ausencia de animadversión hacia el antólogo, con tanta independencia y solidez de criterio como falta de interés personal en la materia tratada (asunto que lastra gravemente, como saben, muchas piezas del género)...



 
A falta de mayor indicación sobre el autor, deberemos suponer que se trata (si no es así seguro que alguien nos lo hará saber) de éste Juan Carlos Palma, que se define a sí mismo con estas palabras en su blog (Soltando lastre, iniciado en marzo de 2009): "Cercano a la cuarentena, pero de espíritu joven, me licencié en periodismo para ejercer el tiempo suficiente para no querer hacerlo más (en condiciones precarias, claro)"; que dice trabajar desde hace ocho años "rodeado de mi verdadera pasión, los libros. Los vendo, los recomiendo y los ordeno. El tiempo libre me ha permitido escribir y publicar dos novelas, un libro sobre cine, algunos poemas y otros artilugios más o menos narrativos que quizá algún día vean la luz"; y que pone al frente de su bitácora —tal vez a modo de divisa— esta noble declaración de intenciones:

"Nada de sentar cátedra ni de abrir nuevos caminos, sólo emitir juicios valorativos sobre lecturas, películas, viajes o acontecimientos de la actualidad, soltar el lastre que toda persona lleva en su cabeza para evitar futuros naufragios y hacer la travesía más liviana."

No podía ser menos en alguien que ya por entonces —1997, con apenas 25 años— demostraba un conocimiento tan profundo de la obra de los autores de aquella antología (incluso de los que a la sazón sólo habían publicado un par de libros en editoriales ajenas a los circuitos comerciales) como para poder calificar de "execrable" no ya el poema del que cita más adelante unos versos
(*), o el conjunto de la obra de su autor, sino ambas cosas en una:

"escondido tras la personalidad del "inexistente" y execrable (este adjetivo es mío) poeta cacereño Angel Paniagua"

remarcando además (por si no había quedado claro) que —a diferencia del de "inexistente" (que es de García Martín)— el de "execrable" es por completo suyo. Todo un ejemplo, como apunté arriba, de mesura y ecuanimidad.


[Aunque puede leerse bastante bien en la fotografía (haciendo clic sobre ella se despliega, y puede ampliarse más haciendo clic nuevamente) transcribo a continuación el texto completo de la reseña. Aclaro de antemano que el Vicente García a cuyo "alcance metafísico" alude Palma no forma parte de 10 menos 30: es de suponer que el eminente crítico confunde en uno solo los nombres del andaluz Álvaro García (Málaga, 1965, que sí está en la antología) y del asturiano Vicente García (Gijón, 1972), que había aparecido (o estaba a punto) junto a otros cinco en un reportaje sobre poetas "ultimísimos" (y ausentes de 10 menos 30, esto no se dice expresamente pero se hace notar con claridad) publicado en El País de las Tentaciones el 11 de abril de 1997**.

TEXTO DE LA RESEÑA:
La ruptura inexistente. J. Carlos Palma.
Cuando al ir pasando poemas, uno percibe que la tesis planteada no se sostiene en pie, es el momento de pedirle cuentas al autor, un Villena que llegó una noche a su casa desfondado de venecianismo y se levantó con un gin-tonic en la mano versificando como quien habla con el vecino. Los ha habido muy meticulosos —dicen que algunos de los poetas selcccionados superan los 30 años— y otros sangrantes —como el atacado (en el prólogo) antólogo García Martín, que se venga urdiendo que Villena se ha escondido tras la personalidad del "inexistente" y execrable (este adjetivo es mío) poeta cacereño Angel Paniagua—. Uno, por esa tenaz manía de ensamblar objetivos con resultados, prefiere husmear en los cimientos de la antología y comprobar si el edificio levantado responde a una argumentación aparentemente sólida o amenaza con derrumbarse al más patético seísmo.
Luis Antonio de Villena (del que no se ofrece una mínima reseña curricular, como semidiós del verso que está por encima de esas bajezas) traza un ameno prólogo que se podría titular Breve historia de la poesía de la experiencia. Sus mitos ante el futuro. En él habla de la etiqueta remendada del libro de Richard Langbaum, de Gil de Biedma y otros padrinos de la tendencia, de la escuela granadina de García Montero, de sus puntales más sobresalientes y, faltaría más, de la chapucera guerrilla dialéctica que la enfrenta con el sector de la diferencia, tocados con el sombrero cordobés de su líder, Antonio Rodríguez Jiménez, y a los que Villena despacha sin paliativos: "su único nexo unitivo es el fracaso, la conciencia de su falta de éxito" (sic). Tras este preámbulo esclarecedor, el antólogo confiesa su intención: la poesía de la experiencia está "quemada" —noches de farra, coqueteos fugaces, tono conversacional repetitivo...— y es necesaria una ruptura interna, la que supuestamente practican los poetas aquí reunidos.
¿Pero es ruptura decir: "Bueno, nada, me voy, te llamo luego... / a ver si vienes algún fin de semana / a mi casa en la playa, nos tomamos / unas birras y vamos a Calblanque / a bañarnos en bolas ¿vale, tío?..." (**) o sólo una corroboración del peligro que acecha a la poesía de la experiencia, que cualquier tontería que suene coloquial pueda pasar por poema? Si esto es para Villena "mayor interiorización" o "exploración de la forma" mucho me temo que la poesía de la experiencia tiene las horas contadas. El modo de hacer de los cachorros elegidos poco tiene que ver de uno a otro, como sus respuestas a las inocentonas preguntas del antólogo y, en conjunto, su intcrés se reduce a pocos nombres: el alcance metafísico de Vicente García, la abrupta concisión de Alberto Tesán o el desparpajo irónico de Juan Bonilla.
Para perpetrar una antología poética —ese acto cada vez más parecido al terrorismo literario— es fundamental desplegar una base consistente de poetas que demuestren ser los más valiosos de su generación. Por las higiénicas, púberes y pobremente plasmadas razones de Villena (visto el resultado) se han quedado fuera nombres que ya gozan de prestigio reconocido (Benítez Ariza, Pelayo Fueyo, Silvia Ugidos...) y que exploran más caminos que los aquí representados. No nos engañemos: ¿15 menos 35? ¿20 menos 40? Quizás deberíamos hablar sólo de buena poesía y dejarnos de fórmulas matemáticas fallidas. Los lectores comprometidos con esta causa perdida lo agradecerán.]

NOTAS:

* En la segunda fotografía puede leerse el texto completo del poema al que pertenecen los versos que Palma cita descontextualizándolos sin hacer mayor aclaración, ¿quizá porque —usando sus propias palabras— como semidiós de la crítica, él está [o estaba en aquellos tiempos] por encima de esas bajezas...?

** Se trata del reportaje a doble página Atrapados por los Versos, firmado por José María Goicoechea. Los otros cinco poetas incluidos son Beatriz Hernanz (Pontevedra, 1963), Angel Antonio Herrera (Madrid, 1965), Ada Salas (Cáceres, 1965), Carlos Zanón (Barcelona 1966) y Pablo Méndez (Madrid, 1975). No aparece (o yo no lo he encontrado) en la hemeroteca del diario madrileño, por lo que no he podido poner el correspondiente enlace.