(Arrasando costa de Iwanuma, norte de Japón © AP Photo/Kyodo News/El Pais)
TSUNAMI
Sólo una intención, un caudaloso
océano que anega de repente,
cultivos o jardines, casas, vidas,
destrucción repentina, limo fértil,
los abrazos y lágrimas que siguen,
los gritos, las sirenas,
helicópteros, aspas, torbellinos
de barro levantándose
sobre el breve hormiguero horrorizado
y una nota pedal: el ominoso
sonido —sordo y seco— de la lengua
de mar arremetiendo contra todo...
Después silencio y humo.
y una nota pedal: el ominoso
sonido —sordo y seco— de la lengua
de mar arremetiendo contra todo...
Después silencio y humo.
A pocos metros, cientos de objetivos
en busca de la imagen
más impactante, añaden poco al puro
espectáculo de la naturaleza
mostrando su dominio,
mostrando su dominio,
dictando una vez más su ley, haciendo
valer su poderosa
razón irracional frente a nosotros.
Sólo una intención sin meta, ajena
a dolor o piedad humana alguna,
altiva, inexorable, indiferente.
