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1 de noviembre de 2011

Cumpleaños de Soren Peñalver


Soren Peñalver en S. Martín de Porres, bajo el dintel de La puerta falsa

Hoy es el cumpleaños de Soren Peñalver. Aunque conozca la fecha exacta (más bien el año, puesto que la fecha evidentemente es hoy) no la voy a decir porque creo que no me corresponde a mí desvelar el secreto que hay detrás de esa pequeña coquetería suya. Yo lo sé desde 1992, cuando hacía ya unos ocho años que le conocía, y no a través (como el propio Soren cree) de Pedro o Eloy, que siempre me dijeron saberla pero la mantuvieron —también ellos— oculta a mi curiosidad. No, yo supe el año de su nacimiento por un compañero suyo de la mili, y hasta aquí puedo leer... Tampoco importa tanto si pensamos que, hará mañana un año, la vida nos lo devolvió —físicamente algo mermado, pero entero— a la vida y a la poesía, y yo quiero celebrarlo con él y con ustedes: celebrémoslo, por ejemplo, con un poema suyo, uno que no está incluido en Cantos del peregrino, la selección que publicó la pasada primavera el Museo Ramón Gaya con motivo del homenaje que le tributó el Día Internacional de la Poesía, y que intuyó que traerá muy buenos recuerdos de los días de antaño a más de una y de uno.


UN IDILIO INTEMPORAL

Espigada, libre el cabello
y los ojos dos violetas brillantes
de agua, como una colegiala
de antaño, escapada de una clase
abrumadora antes de tiempo,
la Poesía espera, bajo un árbol,
a que la lluvia cese de caer
sobre la calle y los que corren.

Pasas, la saludas, te reconoce.
Fue a finales del milenio
pasado, o a principios de éste.
A ella ni la tocaron los años.

Frecuentabais, en las tardes
soñolientas, en las noches
claras, musicadas, aquel lugar
de nombre impar, alzado
en el recuerdo, como una clave
o un enigma de la Cábala
o Platón: La puerta falsa.
Soren Peñalver