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23 de marzo de 2013

JOVEN POETA DE MARCHA


“Tras una semana comprobando que el alcohol, el ruido y el gentío distraen pero no tapan la tormenta interna, una noche en mi casa, en mi pueblo, en mi cama y en silencio. Asusta un poco este puto silencio.”
MANUEL PUJANTE

A Manuel Antonio Sánchez-Pujante Fernández


El alcohol, el ruido y el gentío,
la barahúnda loca de conciencias
vomitando en el suelo —adolescencias
absurdas, demoradas—, griterío

de zanguangos campando a su albedrío,
organizando grescas y pendencias
brutales —sin medir las consecuencias
de sus tercos desmanes—, plumerío

de armarios que te buscan, te magrean
—y de pronto se hacen los machitos
para disimular—, y ahí sentado

—mirando a nadie, absorto y apartado
de cuantos a tu alrededor vocean—
tú, intentando abstraerte entre sus gritos.

1 de enero de 2013

Nochevieja




Tanto tiempo pasado acumulando
desgracias y experiencias, tantas horas
caminando las calles de mí mismo,
vacías, y llenándolas —o al menos
intentando llenarlas— con los libros
y músicas que amo, con pequeñas 
obsesiones del todo intrascendentes
—revistas musicales o de cine,
periódicos, películas— y todo
para hallar un descanso que no llega,
una paz que se escapa entre los dedos
apenas han sonado los acordes
finales de Lucia o Puritani,
o las Suites para violonchelo solo,
o apenas he leído la reseña
de algún disco reciente…
                                            ¡Cuánta fe
se ha perdido en el curso de estos meses,
cuántos buenos proyectos han debido
quedarse en el camino! Y ahora todo
se agolpa aquí esta noche, en esos rostros
semidesconocidos de la fiesta
a la que no sé bien por qué he venido...

Ahora sólo deseo que las horas
se muestren más propicias, que los fastos
demoren su presencia, porque otro
año más como éste puede acabar conmigo.

23 de diciembre de 2012

Negativo de Verde de Andrés García Cerdán



La mañana del domingo 20 de febrero de 2011, recién levantado y con el desayuno aún en el esófago, entré en el blog y me puse a mirar mis listas de ídem, en las que —como en muchos de los que sigo más o menos habitualmente— va colocándose siempre en el primer lugar el más recientemente actualizado. Y entre los primeros de la lista esa mañana estaba Un cántico cuántico, el de Andrés García Cerdán con esta entrada de algunos días antes.

Como suele pasarme con casi todos los suyos, leí el poema varias veces tan ensimismado como sorprendido y de repente, no recuerdo por qué o cómo (pues escribo todo directamente en el ordenador, pero casi nunca poemas) me vi abriendo una 'hoja' del 'bloc de notas' de Windows y empezando a pergeñar una copia inversa del poema, con las mismas o parecidas palabras y frases y similar movimiento conceptual, pero al contrario: en resumidas cuentas, un negativo (salvando las distancias) de la fotografía de ese instante de Andrés. Supongo que tendría mal cuerpo esa mañana, o que en ese momento me tocó mucho las pelotas, qué quieren que les diga...

Pero, bien fuera porque los asuntos banales y 'alimenticios' empezaban a llamar a la pantalla, bien porque la simple naturalidad del límpido y hermoso final del poema de Andrés no acababa de funcionar, o no me acababa de parecer tan contundente en mi versión opuesta (o ambas cosas a la vez), me atasqué en los últimos versos y el borrador se quedó ahí...

Al final de ese mismo 2011 (el 12 de diciembre), en medio de una de nuestras enjundiosas y animadas conversaciones internáuticas, le escribía lo siguiente a mi extraño y buen amigo Cortadete:

«No sé si te refieres a los poemas de Andrés, si es así ahora no los tengo delante, pero uno (el titulado Verde) me gustó cuando se lo vi en su blog y de hecho tengo casi terminado un negativo del mismo, que igual me animo a mandarte para que me digas algo tú que conservas el buen gusto...»

Los poemas de Andrés de los que hablábamos son los que aparecen (Verde entre ellos) en su entrada de Las afinidades electivas, publicada el día anterior, y mi negativo seguía por entonces en el mismo estado que lo dejé aquella mañana de San Valentín. No ha sido hasta meses después (finales de septiembre-principios de octubre de este año) cuando la casualidad ha querido que encontrara ese final que andaba buscando mientras releía La Celestina y me adentraba por primera vez en una de sus mejores y más famosas continuaciones, la Tragicomedia de Lisandro y Roselia de Sancho de Muñón.

Para pocos días después (el 8 de octubre) estaba prevista la lectura del propio Andrés en el ciclo Los Lunes literarios del café Zalacaín de Murcia, en la que él nos había pedido que compartiéramos escenario a algunos de sus amigos. La ocasión, pues, la pintaban calva para ofrecérselo allí como regalo y —pese a alguna inseguridad de última hora por mi parte— finalmente así lo hice. He aquí el poema:


NEGATIVO DE VERDE DE
ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

Las cosas no van bien últimamente.
A cierta edad, la casa de los padres
es una casa ajena y tu desorden
no cabe allí. Pesadamente late
el corazón. No duermes bien, tus sueños
ya no tienen el ágil desenlace
que quisieras. Hay muchos libros nuevos
que no puedes comprar y que te hagan
aprender, descubrir. No te dedican
canciones en los bares ni te buscan
para sitios de culto. No disfrutas
de tu tiempo, no vas a recitales
con amigos —cansados de llevarte
y tener que pagar también las copas.
Desayunas imágenes de muertes
en El Cairo o Damasco. Las palabras
no se presentan sin avisar ni dicen
esas cosas hermosas de la vida
—ni las musas acuden ya a salvarte
de la desdicha y de la soledad.
La gente no te quiere. También tú
te alejas de los otros como nunca.
No hay nadie que te ame y te haga ir
a esa orilla del mar como una ola
de alegría. Te ven llegar las calles
y van en pos de ti diciendo puto,
hechicero, viejo, falso, malhechor

y otros muchos ignominiosos nombres...


6 de agosto de 2012

Un poema de 1995


Foto © Mad Hatter: Abeja solitaria sobre botón de oro (Ranunculus acris)


VIDA DE ESTA ABEJA

Ya se hizo mayor.
                              La vida quiso
que fuese dando tumbos
sin fijar la mirada en una meta,
y siguió con pasión irrefrenable
el vuelo de los zánganos; quiso ser como ellos,
y aprendió sus oficios llamativos y alegres,
pero ellos volaron y está sola,
tan sola como estuvo mientras los perseguía,
imitaba y amaba.
                              Siguió haciéndose
mayor, mayor incluso para volar con ellos,
y las otras abejas le hincaron —envidiosas
de aquella libertad— sus aguijones,
le inyectaron la ponzoñosa y triste
verdad del mundo adulto, y el instinto
de la recolección, que le era extraño.

Quiso huir... Era tarde.
Se habían disipado los fulgores del bosque,
y había sólo flores que expoliar
por el bien de la especie, había celdillas
que llenar —la medida del trabajo—
y delitos y culpas y castigos
que cumplir por el tiempo derrochado.

Así que aquí la tienen, aprendiendo el oficio
de la supervivencia colectiva y mirando
salir cada mañana y regresar
cada noche a los zánganos hermosos,
lozanos, sonrientes, mientras oye
murmurar con envidia a las obreras...

20 de octubre de 2011

Cuaderno del 93 (II)


Foto: Nieve en Tejeda de Tiétar © José Paniagua (Cleto), 2010


POSTAL INFANTIL

Hay un mundo de nieve que fue un día
lejano de la infancia. Entre los muchos
momentos olvidados, ese día,
la mañana feliz que vi la nieve
por vez primera y última, pervive,
y ha enterrado en su seno muchos otros
recuerdos, buenos, malos, tantos juegos
de entonces ha hecho suyos, en su afán
de cifrar en su imagen todo aquello.

La infancia son imágenes, sabemos,
casi siempre instantáneas, sin diálogos
y sin motivaciones aparentes.
Y de pronto sentimos que una de ellas
se empeña en absorber a las demás,
devora cuanto estorba a sus propósitos,
y así mueren amigos, ilusiones,
desencantos que un día fueron nuestros.

Y de pronto sentimos que esa nieve
es ya la infancia toda en sólo un mito.

27 de agosto de 2011

Monólogos en el vacío




PERCY SHELLEY EN EL ARIEL

Da pena esta limpieza de mi cuerpo
que sólo tú acaricias; esta voz
fundida con la mía, ambas extrañas,
con un sonido ajeno aquí en la mente,
donde sólo uno mismo debe oírse;
no hay otra que transmita su cadencia
por esa magia simple, su silencio
a los versos amargos que ahora escucho.

Como el mar en invierno, despeinado,
sin sol ni luz, espera una palabra,
así he presentido que mirabas
la paz que trajo a veces tu demonio:
los cuerpos se alejaban al oscuro
rumor que me insuflaste cuando niño,
al eco de tu voz, que tan temprano
vibraba ya en la mía y sólo ahora

reconozco. No puedo soslayar
la tentación de hablar contigo, infame,
recordada en el tacto de mi piel,
el odio de mirarte confidente
solícita de tanta adolescencia
desterrada, la envidia de esos años.
¿Dónde estabas? ¿Por qué no me enseñaste
la manera de amarte, como a tantos...?

Ahora aceptaría tu consuelo.
¿O piensas que el sonido de algún cuerpo
me atraería, que iba a abandonarte
y volver con la ofrenda de mis lágrimas?
Tal vez no te equivocas. Te he nombrado
deidad, como los hombres sacralizan
todo aquello que excede a su contacto,
o aquello de sí mismos que detestan.

Pero voy a seguir buscando el rostro
del que tú estés ausente, su sonrisa,
aunque al final descubra que mi aliento
huele a fondo marino, que mi piel,
incluso recién limpia como ahora,
suave y perfumada, disimula
dentículos, como el escualo triste
que en tu seno profundo nunca duerme.

[Este poema, escrito en mayo-junio de 1987 e inédito hasta ahora, es el primero de la serie de fragmentos que luego conformaron el poema-libro Gaviotas desde el 'Ariel' (Pre-Textos, 2005) del que sin embargo quedó fuera, y uno de los incluidos en la antología Monólogos en el vacío, recientemente publicada por Ediciones del 4 de Agosto en la colección Planeta Clandestino, con motivo de mi participación (el pasado jueves 25, junto a Antonio Méndez Rubio) en el VII festival de poesía Agosto Clandestino en Logroño.]

21 de agosto de 2011

Cuaderno del 93 (I)


CREDO ESCÉPTICO

No hay pago por las cosas que dejamos
de hacer, ni por aquellas
en que aunamos empeño y sufrimiento.
Ni siquiera es verdad —como pensaba
el buen Rilke— que empeño y sufrimiento
sean lo único válido, y no importen
las obras a que pueden dar lugar.

Ha pasado ya el tiempo de los dioses
que premiaban las obras, y también
el de aquel otro —el de Rilke—
que era suma de todas nuestras vidas:
apenas queda tiempo y ya no hay dioses
que den valor al riesgo y a las obras
logradas en la vida.

                                         ¡Qué ridícula
tarea la de escribir lo ya otros
pensaron y escribieron, repetir
como en una cadena sin final
ni principio que no hemos avanzado!

¿Qué importa un dios o muchos o su naturaleza
que nunca alcanzaremos, o qué haya
detrás de tantos nombres
—cielo, muerte,
transmigración o Brahma?

                                                      Ni siquiera
sabemos si alguien mira hacia nosotros,
si la mágica luz de las estrellas
no es el brillo de unos ojos

escondidos en el espacio negro.

Con todo, si eso es cierto y alguien
—fuera
de aquí
— nos está viendo, me imagino
que un día llegarán hasta nosotros

—¡truenos, claro!— los ecos de su risa.


2 de mayo de 2011

La justicia del tiempo (Desechados, I)


La justicia del tiempo fue el último de los sucesivos proyectos de libro en los que entre 1991 y 2003 fui disponiendo los poemas escritos a lo largo de esos años, como explicaba en 1997 en una redacción previa (que no llegó a publicarse) de la 'Nota del autor' de Treinta poemas:

«En esos años seguía escribiendo poemas y reuniéndolos en libros, de los que más tarde, cuando dejaban de satisfacerme, fui separando los textos que parecían funcionar mejor en el siguiente; así nacieron —y murieron— sucesivamente 'Bienvenida la noche', 'Con tanta claridad', 'El legado de Hamlet', 'La vida razonable' y 'La justicia del tiempo'.»

El título era el de uno de los poemas incluidos, que más tarde fundí con otros dos o tres en una versión larga de Conozco la comedia (en 2003, para Bienvenida la noche). Es éste:

LA JUSTICIA DEL TIEMPO

Todos hemos gozado de esas noches
en que un cuerpo inmaduro
se presta dócilmente a los caprichos
de nuestra perversión.

Y después le hemos dicho puedes irte,
le hemos dado un jersey para que no
pase frío hasta casa y hemos ido
a darnos una ducha.

Sabemos, sin embargo, que esas noches
se nos devolverán: en el recelo
de otra mirada joven apartándose
resuelta de nosotros.



Como es habitual, el libro pasó por varias fases, las primeras más cercanas a la estructura y contenido del anterior La vida razonable, y las últimas anticipando bastante claramente la estructura y contenido de El legado de Hamlet publicado por la editorial Renacimiento en 2003. En ambos estadios constaba de un poema a modo de prólogo (Atardecer con Wallace Stevens) y tres secciones, 'Autorretrato en negativo', 'En la casa de ayer' y 'La vida razonable', pero más adelante la suite central de poemas de amor quedó fuera (se publicaría en 2003 como sección II de Bienvenida la noche), ocupando 'La vida razonable' su lugar y 'El legado de Hamlet' entró a formar parte del conjunto como tercera y última.

Los poemas que en uno u otro momento formaron parte de las secciones 'Autorretrato en negativo' y 'La vida razonable' fueron los siguientes*: Después del carnaval, Brideshead Revisited, Prometeo, El tema de la vida, Olor del tiempo, Una carta de amor, Poeta menor, La llave dorada, Autorretrato en negativo, Umbral de la ignorancia, El fin de los buenos tiempos, Odisea, libro XXV, Un poeta español prevé su muerte, Aquí la juventud, Rehabilitación, Dos de noviembre, Senderos del amor, Los símbolos menores, Canción de la amargura, Las monedas del tiempo, Para ti, para entonces, Las risas y las lágrimas, Realismo sucio, La justicia del tiempo, La vida razonable, Ayer, mañana, hoy mismo, Dulces pájaros de juventud y Contradanza ritual para los muy sabios desde los días de crisis de la treintena.

[*NOTA: La mayoría fueron publicados en 2003-2004 en Bienvenida la noche, El legado de Hamlet o Una canción extranjera, algunos de ellos (marcados en azul) integrados en poemas más largos y por tanto sin el título con el que aparecen aquí. El fin de los buenos tiempos está incluido en Treinta poemas, y los marcados en rojo siguen inéditos.]

12 de marzo de 2011

Tsunami


(Arrasando costa de Iwanuma,  norte de Japón © AP Photo/Kyodo News/El Pais)


 TSUNAMI

Sólo una intención, un caudaloso
océano que anega de repente,
cultivos o jardines, casas, vidas,
destrucción repentina, limo fértil,
los abrazos y lágrimas que siguen,
los gritos, las sirenas,
helicópteros, aspas, torbellinos
de barro levantándose
sobre el breve hormiguero horrorizado
y una nota pedal: el ominoso
sonido —sordo y seco— de la lengua
de mar arremetiendo contra todo...
Después silencio y humo.

A pocos metros, cientos de objetivos
en busca de la imagen
más impactante, añaden poco al puro
espectáculo de la naturaleza
mostrando su dominio,
dictando una vez más su ley, haciendo
valer su poderosa
razón irracional frente a nosotros.

Sólo una intención sin meta, ajena
a dolor o piedad humana alguna,
altiva, inexorable, indiferente.

18 de enero de 2010

Un poema de 1996


ALLÍ LA JUVENTUD

Alguna vez leímos a Cavafis
creyendo que era un nuevo poeta joven
con ideas magníficas y escaso
sentido de la métrica y el ritmo;
oímos la tormenta musical
—de rara perfección— con que comienza
Otello sin llegarnos a creer
que su autor fuera el mismo de Traviata;
y sentimos —también por vez primera—
el contacto de otra piel y las caricias
tan distintas, de igual a igual,
la audacia de los besos tras la puerta
que en el momento más insospechado
podían haber abierto nuestros padres.

Y aquello no era nada comparado
con lo que vino luego, la ciudad
desconocida y nueva, con su embrujo
de cines, librerías, discotecas
y sólo juventud alrededor:
en clase, por las calles, en las noches,
juventud embriagada de sí misma.

Tanta era que apenas si —mirándola
pasar a nuestro lado, acariciándola,
queriendo hacerla nuestra—, apenas, digo,
si la vimos brillar en nuestros ojos...


16 de junio de 2009

Celebración de Fernando Torres


[Foto: AFP - Marca]


Tras el post anterior, tenía la firme intención de no escribir sobre fútbol en mucho, mucho tiempo, así que no lo haré. O sí, pero de otra manera (qué quieren que les diga, uno también tiene sus debilidades)...

CELEBRACIÓN DE FERNANDO TORRES

Es la tierna dulzura de su rostro
aniñado, la sencillez tranquila,
el físico aparentemente frágil,
el aire de imprecisa seriedad
mezclada con sonrisa en los anuncios
de moda, coches, bancos o campañas
solidarias... Su extraño magnetismo
nada tiene que ver con esa efímera
perfección ideal que lucen otros.
Uno de los mejores delanteros
de hoy en día: grácil y veloz
como el impala, en el área se revuelve
tan certero y voraz como el león,
sus músculos se tensan y convierten
la aparente fragilidad en súbito,
letal, zigzagueante, inesperado
relámpago, elevándose al remate
de cabeza o armando la mortífera
derecha para —en menos de un segundo—
colar bajo la escuadra el gol perfecto
y correr hacia el banderín de córner
con los brazos abiertos y en los labios
el grito silenciado por la hinchada,
el pelo rubio al viento, la carita
pecosa iluminada una vez más...
Ningún canon contempla la absoluta
indemnidad, ningún modelo dice
la exactitud precisa de su cuerpo,
el brillo de sus ojos ese instante
que por tres veces hoy ha repetido
—nuevo récord— en sólo once minutos.