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24 de junio de 2012

Oyarzábal, el armario y la imagen del PP


[Foto: Archivo Libertad Digital]
Acaba de aparecer en los medios de comunicación la noticia de que Iñaki Oyarzábal, 'número dos' del PP vasco y miembro de la ejecutiva nacional, ha hecho pública su homosexualidad (que como en tantos otros casos similares, no era ningún secreto, ni en su partido ni en el mundillo político vasco). Se recuerda en algunos de los medios que se hacen eco de la noticia que Gallardón ha elogiado su «autenticidad y coherencia», y se leen frases como que Oyarzábal  «nunca ha escondido que es gay e incluso ha acudido a actos de su formación acompañado por su pareja», o que «consultó hace un mes la conveniencia de dar un paso al frente a Antonio Basagoiti, que no solo le dio su beneplácito sino que le animó», etc...

Pero en todo esto hay algo que falla, o que no acaba de cuadrar del todo... Especialmente donde hablan (pero ya no Basagoiti, sino «fuentes próximas a la dirección popular») de «un partido abierto, moderno y liberal donde cabe todo el mundo» y añaden que «así ha quedado de manifiesto». Si es un partido abierto, moderno y liberal, ¿por qué siguen liderando (con Gallardón —desde el Ministerio de Justicia— y el 'ultra' Jorge Fernández —desde Interior— al frente) una 'contrarreforma' en materia de derechos y libertades individuales a los que llevan años oponiéndose, y contra los que llevan años movilizándose codo a codo con la más que retrógrada jerarquía católica de los Rouco, Martínez Camino, Reig Plá, etc, etc...? ¿Creen que nos hemos olvidado del recurso que sigue pendiente en el Constitucional? ¿Creen que nos hemos olvidado de su burda excusa [los diputados que lo presentaron ya no lo son, etc, etc] para no retirarlo...?


Desgraciadamente, y sin perjuicio de su buena fe,
Oyarzábal y sus compañeros o ex-compañeros en la cúpula del PP vasco (Alfonso Alonso, por ejemplo, exalcalde de Vitoria y hoy portavoz en el Congreso) no pueden pretender que su gesto cambie la percepción que del PP transmiten las fuerzas dominantes en su partido, con esa Cospedal penitente de negro y con mantilla en la procesión del Corpus a la cabeza. Esa es la imagen que el PP (Aznar al fondo) quiere transmitir y transmite, esa es la imagen que su dirigente máximo, Mariano Rajoy (cuya equívoca orientación sexual, pese a su tardío matrimonio y paternidad, es desde hace años objeto de burlas y comidillas) no sólo se muestra incapaz de cambiar sino que se muestra proactivamente reacio a que cambie.

Consciente de que —todavía hoy— al PP le sostienen mayoritariamente votos ultracatólicos y ultraconservadores, prefiere que se mantenga esa línea de indefinición, ese nadar entre dos aguas
—las del sector tradicionalista mayoritario y las del más centrista, laico y aperturista en estas materias—, porque sin los votos de cualquiera de esas dos facciones no habría sido posible la actual mayoría absoluta. Y de cara al futuro, ni Rajoy ni sus más directos colaboradores en la dirección del partido quieren ni pueden arriesgarse a sumar la pérdida de esos votos a la que ya de antemano saben que les va a suponer su política de austeridad y recortes, tras la que alienta un ambicioso programa de desbaratamiento del estado 'social y de derecho' consagrado por la Constitución, para privatizarlo y entregarlo a las manos de los mismos que ahora especulan desde sus fondos de inversión para obligar a reducirlo a la mínima expresión y quedarse con ese enorme pastel de negocio para sus farmaceúticas y aseguradoras.

Lo siento mucho, pues, por Oyarzábal, pero —visto lo visto— es obvio que no se trata más que de eso, un 'bonito' gesto de cara a la galería, que permita a algunos homosexuales incautos seguir pensando que el PP es ese 'partido abierto, moderno y liberal donde cabe todo el mundo', cuando la realidad es que el PP sigue siendo un partido de corte tradicionalista y ultraconservador en asuntos de 'moral' y con un alto porcentaje de sus dirigentes nacionales y autonómicos encuadrados en las filas del Opus Dei, los Legionarios de Cristo, la Adoración Nocturna y otras de las sectas ultrarreligiosas que se mueven a sus anchas en el catolicismo carca de los Wojtyła y Ratzinger.


A otros perros, pues, con este hueso...


12 de noviembre de 2010

Fútbol y homosexualidad


(Foto: AP - ElMundo.es)

Me llegó ayer a Facebook, por medio de Leo del Mar, el enlace a una noticia en el diario El Mundo en la que no había reparado y que resulta, cuando menos, curiosa. Que ha habido y hay jugadores gays lo sabe casi todo el mundo de dentro del fútbol y mucha gente de fuera pero, por mucho que lo pida Mario Gómez (o una decena o más de jugadores de los que tienen mayor repercusión mediática) la consigna va a seguir siendo la que expresa el representante de uno de los futbolistas que protagonizan la reciente telenovela argentina  Botineras,  en la que se aborda este tema sin tapujos: en la escena [que transcribo debajo] el representante le dice algo que, aunque se trate de una ficción, se parece demasiado a la realidad:


«Todos nos damos cuenta que el Lalo te gusta [...] A mí realmente no me interesa lo que te pase con él, es por ti, no es un problema mío, es tuyo. Digo... no quiero un quilombo para resolver nuevo [...] Si abres la boca de más, os fuiste para siempre. Esto es fútbol, es algo que te estás olvidando. Mirá cuando salís a la cancha y todo el mundo sabe que te estás comiendo a un compañero de trabajo, todos sabemos de todo en el fútbol, pero la hinchada no te lo va a perdonar, porque no hay periodistas gays, no hay dirigentes gays, no hay jugadores gays, no existen los gays».

También en la mencionada red social Lola Gracia, amiga feisbuquera y escritora y bloguera ella misma, me apunta «que salgan si quieren... Es una decisión muy personal ¿No?» Y le contesto que de decisión personal, nada de nada. Cualquier jugador en activo que salga del armario (al menos fuera del estrecho y estricto ámbito del propio vestuario o, como mucho, del propio club) está condenado hoy por hoy a abandonar ese deporte como los que han sobrevivido al paro cardiaco y se han librado por los pelos de la muerte súbita...

En el artículo que me pasa Leo se menciona también a Marcus Urban, que por lo que yo sabía no llegó siquiera a poder jugar como profesional en la Bundesliga. Puede que no lo hayan visto si no les gusta el fútbol, pero uno de los espectáculos más bochornosos que he podido contemplar (y no en uno sino en varios partidos del Real Madrid) es prácticamente a TODO el público del Santiago Bernabeu CANTÁNDOLE a uno de sus ídolos, casado y con hijos (independientemente de que sea cierta o no su pretendida homosexualidad, que ni lo sé ni me importa) una canción popular a la que habían cambiado la letra original por la frase "Guti maricón" repetida una y otra vez...

Añade Leo que "desde luego, pocos tendrán el valor de Justin Fashanu (hasta su hermano, también futbolista, lo repudió). Incluso se acabó suicidando. Gareth Thomas (rugby) se ve que antes que suicidarse prefirió hacer su particular outing y, bueno, parece que se le respeta un poco más, al menos entre sus compañeros". Sobre Justin Fashanu y su caso puede encontrarse mucha información en internet, pero quiero destacar este reportaje de la web de la BBC (en inglés), del que me interesa sobre todo ahora destacar el siguiente pasaje:

La homosexualidad sigue siendo algo acerca de lo que los futbolistas profesionales no suelen hablar, y mucho menos admitir. El maltrato de los fanáticos y colegas hacia Fashanu en la década de 1980 sigue siendo un factor desmotivador para los futbolistas que se han planteado 'salir del armario'. A pesar de los anuncios [de marcado carácter] homoeróticos protagonizados por futbolistas, en los que se retratan sus cuerpos y su masculinidad, el fútbol está obsesionado aún por representar una imagen de macho. [...] Sin embargo, el controvertido agente Justin, Eric Hall, considera que no hay más futbolistas profesionales homosexuales, y cree que nunca los habrá. Dice que el fútbol no es compatible con ser gay.

Esto último recuerda bastante a las penosas declaraciones recientes del presidente de la Federación Croata de Fútbol, Vlatko Markovic, que ha dicho a un diario de su país que mientras él ocupe ese cargo no permitirá la presencia de jugadores homosexuales en el equipo nacional. No ha sido la única demostración de homofobia de Markovic: preguntado por el diario Vecernji List si de hecho había conocido algún caso de jugador de fútbol gay, Markovic lo ha negado diciendo que "afortunadamente, al fútbol solo juega la gente normal"

27 de junio de 2010

La falacia de Duran i Lleida





Está bien que los políticos defiendan la libertad de opciones, pero cuidado con reírles la gracia cuando escriben faltando a los más evidentes principios de la Lógica. En este sentido, el razonamiento de Duran i Lleida en la entrada del 18 de junio en su blog (La Generalitat i l’homosexualitat) es —además de perverso— una completa falacia (un argumento que puede ser convincente o persuasivo, pero no es lógicamente válido). El hecho de que «una persona -després d’anys d’estar casada i amb fills- arriba a la conclusió que en realitat és homosexual i vol assolir aquesta tendència i considera que necessita ajuda», no se puede equiparar con lo que él denomina escuetamente «el cas invers» (es decir, el que alguien a quien le gustan las personas de su mismo sexo pida ayuda médica para que dejen de gustarle y poder sentirse atraído por las personas del sexo contrario).

Tal equiparación se apoya en una contradicción evidente: en el primer caso, la persona acepta al cabo del tiempo ("-després d’anys d’estar casada i amb fills-") su sexualidad real —que mantenía oculta— y pide ayuda para afrontar psicológicamente los problemas sociales, emocionales y familiares que esa “sortida de l’armari” conlleva de hecho. En el segundo caso, el que Duran llama "el caso inverso", no es tal en absoluto, porque la persona pide ayuda médica para vivir una sexualidad que no siente como propia (pero considera que es la única socialmente aceptable) para sustituir o al menos soslayar la que considera errónea o pecaminosa (y que, de paso, está afirmando): sería propiamente inverso si se tratase de una persona heterosexual que, desde que se dio cuenta de que era heterosexual (allá por la pubertad), se hubiera visto obligado por imperativos personales, sociales, laborales o religiosos a comportarse y vivir como homosexual durante muchos años, al cabo de los cuales decidiera asumir su auténtica identidad heterosexual reprimida y oculta hasta entonces... ¿Conocen a alguna persona que pueda incluirse en este segundo grupo? Yo no.


Su conclusión de que «La lògica final d’aquest plantejament és que l’espècie humana té un estadi normal que és l’homosexualitat» es consecuentemente falaz, apresurada y errónea como la segunda premisa de su argumento anterior. Y el último párrafo, donde dice sorprenderse de que «la celeritat amb que la Generalitat vol investigar els professionals mèdics que tracten homosexuals» no se aplique a «vetllar perquè no es fessin les practiques d’avortametns que, en contra de la llei, es feien en centres clínics de Barcelona», es demagogia de la más baja estofa, impropia de un político de su clase.