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7 de enero de 2013

Antonio Durá en el Museo Ramón Gaya


[Captura de la web del Museo Ramón Gaya]

Mañana martes 8 de enero a las 20h. tendrá lugar en el Museo Ramón Gaya de Murcia la lectura de Antonio Durá, tercera del nuevo ciclo Poetas en el Museo. Se da la circunstancia (no buscada, desde luego) de que Antonio Durá ejerció como presentador en dos lecturas de la segunda temporada del ciclo anterior (Poesía en el Museo), la de Soren Peñalver (16-X-1995) y la de quien suscribe (16-IV-1996). Y dicisiete años después soy yo quien repite como presentador de ambos (lo fui de Soren el pasado noviembre y lo seré de Antonio mañana). Hace un par de semanas, Antonio me envió un conjunto de poemas inéditos que ha reunido para la ocasión con el sugestivo título de Sueños de amor en invierno, y le pedí el favor de permitirme (siquiera un día antes) adelantar alguno aquí, que además me dijo que lo escogiera yo mismo. He elegido uno con el que me identifico de manera muy especial, éste con el que (con la expresa aquiescencia de su autor, pues) les dejo ya:


[HAS DEJADO QUE EL LOCO...]

Has dejado que el loco
te pusiera sus zapatillas rojas.
Los demás te aconsejan ser prudente
—que tus actos sean propios de tu edad
y condición— cuando haces
de la noche tu vida, y de cada
club tu casa. Tus compañeros jóvenes
son de fama dudosa y el alcohol
y la droga tu único alimento.

¿Qué buscas, el placer? ¿O te abandonas
sin resistencia, lentamente, hasta
destruirte en un suicidio intencionado?

Tuviste tiempo para la prudencia,
y quedó el corazón ajado y triste.
Pero también te dio la vida mucho:
has viajado, has tenido amantes,
te han amado y —en algún momento—
el éxito te regaló su copa.
Se hizo siempre tu voluntad.

                                                   Entonces,
¿qué persigues de nuevo navegando
tras un tiempo vivido ya? ¿Qué esperas
encontrar en los antros que visitas,
en la piel que te agota, en la derrota
que te deja marcado y te consume?

¿Qué nuevo pensamiento tienes cuando
el sol cada mañana te ilumina?

—Tan sólo el corazón sabe el origen
de esta insana locura, y sus razones.

1 de enero de 2013

Nochevieja




Tanto tiempo pasado acumulando
desgracias y experiencias, tantas horas
caminando las calles de mí mismo,
vacías, y llenándolas —o al menos
intentando llenarlas— con los libros
y músicas que amo, con pequeñas 
obsesiones del todo intrascendentes
—revistas musicales o de cine,
periódicos, películas— y todo
para hallar un descanso que no llega,
una paz que se escapa entre los dedos
apenas han sonado los acordes
finales de Lucia o Puritani,
o las Suites para violonchelo solo,
o apenas he leído la reseña
de algún disco reciente…
                                            ¡Cuánta fe
se ha perdido en el curso de estos meses,
cuántos buenos proyectos han debido
quedarse en el camino! Y ahora todo
se agolpa aquí esta noche, en esos rostros
semidesconocidos de la fiesta
a la que no sé bien por qué he venido...

Ahora sólo deseo que las horas
se muestren más propicias, que los fastos
demoren su presencia, porque otro
año más como éste puede acabar conmigo.

23 de diciembre de 2012

Negativo de Verde de Andrés García Cerdán



La mañana del domingo 20 de febrero de 2011, recién levantado y con el desayuno aún en el esófago, entré en el blog y me puse a mirar mis listas de ídem, en las que —como en muchos de los que sigo más o menos habitualmente— va colocándose siempre en el primer lugar el más recientemente actualizado. Y entre los primeros de la lista esa mañana estaba Un cántico cuántico, el de Andrés García Cerdán con esta entrada de algunos días antes.

Como suele pasarme con casi todos los suyos, leí el poema varias veces tan ensimismado como sorprendido y de repente, no recuerdo por qué o cómo (pues escribo todo directamente en el ordenador, pero casi nunca poemas) me vi abriendo una 'hoja' del 'bloc de notas' de Windows y empezando a pergeñar una copia inversa del poema, con las mismas o parecidas palabras y frases y similar movimiento conceptual, pero al contrario: en resumidas cuentas, un negativo (salvando las distancias) de la fotografía de ese instante de Andrés. Supongo que tendría mal cuerpo esa mañana, o que en ese momento me tocó mucho las pelotas, qué quieren que les diga...

Pero, bien fuera porque los asuntos banales y 'alimenticios' empezaban a llamar a la pantalla, bien porque la simple naturalidad del límpido y hermoso final del poema de Andrés no acababa de funcionar, o no me acababa de parecer tan contundente en mi versión opuesta (o ambas cosas a la vez), me atasqué en los últimos versos y el borrador se quedó ahí...

Al final de ese mismo 2011 (el 12 de diciembre), en medio de una de nuestras enjundiosas y animadas conversaciones internáuticas, le escribía lo siguiente a mi extraño y buen amigo Cortadete:

«No sé si te refieres a los poemas de Andrés, si es así ahora no los tengo delante, pero uno (el titulado Verde) me gustó cuando se lo vi en su blog y de hecho tengo casi terminado un negativo del mismo, que igual me animo a mandarte para que me digas algo tú que conservas el buen gusto...»

Los poemas de Andrés de los que hablábamos son los que aparecen (Verde entre ellos) en su entrada de Las afinidades electivas, publicada el día anterior, y mi negativo seguía por entonces en el mismo estado que lo dejé aquella mañana de San Valentín. No ha sido hasta meses después (finales de septiembre-principios de octubre de este año) cuando la casualidad ha querido que encontrara ese final que andaba buscando mientras releía La Celestina y me adentraba por primera vez en una de sus mejores y más famosas continuaciones, la Tragicomedia de Lisandro y Roselia de Sancho de Muñón.

Para pocos días después (el 8 de octubre) estaba prevista la lectura del propio Andrés en el ciclo Los Lunes literarios del café Zalacaín de Murcia, en la que él nos había pedido que compartiéramos escenario a algunos de sus amigos. La ocasión, pues, la pintaban calva para ofrecérselo allí como regalo y —pese a alguna inseguridad de última hora por mi parte— finalmente así lo hice. He aquí el poema:


NEGATIVO DE VERDE DE
ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

Las cosas no van bien últimamente.
A cierta edad, la casa de los padres
es una casa ajena y tu desorden
no cabe allí. Pesadamente late
el corazón. No duermes bien, tus sueños
ya no tienen el ágil desenlace
que quisieras. Hay muchos libros nuevos
que no puedes comprar y que te hagan
aprender, descubrir. No te dedican
canciones en los bares ni te buscan
para sitios de culto. No disfrutas
de tu tiempo, no vas a recitales
con amigos —cansados de llevarte
y tener que pagar también las copas.
Desayunas imágenes de muertes
en El Cairo o Damasco. Las palabras
no se presentan sin avisar ni dicen
esas cosas hermosas de la vida
—ni las musas acuden ya a salvarte
de la desdicha y de la soledad.
La gente no te quiere. También tú
te alejas de los otros como nunca.
No hay nadie que te ame y te haga ir
a esa orilla del mar como una ola
de alegría. Te ven llegar las calles
y van en pos de ti diciendo puto,
hechicero, viejo, falso, malhechor

y otros muchos ignominiosos nombres...


21 de octubre de 2012

Siete amigos, siete poemas... (y IV)


[Dibujo de portada y diseño: Antonio Gómez Ribelles]

Hace ya varios días que debería haberle dado fin a esta pequeña miniserie con los poemas de la plaquette-homenaje a la que he dedicado las últimas entradas, así que aquí van los dos últimos. En primer lugar, la curiosa y brillante pirueta de Joaquín Piqueras Réplica de Percy Shelley a un poema de Ángel Paniagua, escrita en forma de 'soneto blanco':


Y finalmente, siguiendo el orden que ocupan allí, Si no fueras tan Hamlet, que Vicente Velasco (de quien nació la idea de esta plaquette-homenaje) taracea, desde la amistad también, con tópicos literarios y vitales que me son especialmente queridos:


Desde aquí mi agradecimiento especial tanto a Vicente como a Joaquín Piqueras, y por extensión —ya que es la última entrada que le dedico— a todos los demás por haberse querido implicar en esta aventura, que han querido íntima y entrañable, aunque fuera una sorpresa tan enorme como duradera para quien suscribe, que aún tiembla de emoción como una niña (que dijera José Alcaraz) cuando recuerda aquella noche. De nuevo, pues, gracias a todos.

2 de septiembre de 2012

Siete amigos, siete poemas... (III)


[Dibujo de portada y diseño: Antonio Gómez Ribelles]

Siguiendo con los poemas de la plaquette-homenaje a la que he dedicado las últimas entradas, traigo ahora dos poemas más. Uno de ellos, el peculiar y sentido Reto de Antonio Gómez Ribelles, escrito —él mismo lo indica— "tras la lectura de Gaviotas desde el Ariel":


Junto a este, y siguiendo el orden que ocupan allí, el titulado Poema de «Monólogos en la vacío», de Antonio Marín Albalate, que ya había sido publicado en el blog, lo que no impide —igual que en el caso anterior de Natalia Carbajosa— poner aquí la imagen de las dos páginas que ocupa en el cuaderno:



Ambos Antonios han tenido una participación especialmente destacada en la gestación de la plaquette —el uno como coordinador y el otro como ilustrador y responsable del diseño de la portada— por lo que me alegra mucho poder unirlos literariamente también aquí.

25 de agosto de 2012

Siete amigos, siete poemas... (II)


[Dibujo de portada y diseño: Antonio Gómez Ribelles]

Siguiendo con los poemas de la plaquette-homenaje de la que hablaba en la entrada anterior, traigo ahora dos poemas más. Uno de ellos, el titulado Desesperanza, de Natalia Carbajosa, ya había sido publicado en el blog, como dije, lo cual creo que no obsta para poner aquí la imagen de su página correspondiente del cuadernito. Junto a este, y siguiendo el mismo orden que ocupan allí, el estupendo e incisivo Homenaje de Juan de Dios García. A ambos —como al resto de ficcio-palconeros (o palco-ficcioneros, que de ambas formas suele y puede decirse)— otra vez todo mi agradecimiento.




6 de agosto de 2012

Un poema de 1995


Foto © Mad Hatter: Abeja solitaria sobre botón de oro (Ranunculus acris)


VIDA DE ESTA ABEJA

Ya se hizo mayor.
                              La vida quiso
que fuese dando tumbos
sin fijar la mirada en una meta,
y siguió con pasión irrefrenable
el vuelo de los zánganos; quiso ser como ellos,
y aprendió sus oficios llamativos y alegres,
pero ellos volaron y está sola,
tan sola como estuvo mientras los perseguía,
imitaba y amaba.
                              Siguió haciéndose
mayor, mayor incluso para volar con ellos,
y las otras abejas le hincaron —envidiosas
de aquella libertad— sus aguijones,
le inyectaron la ponzoñosa y triste
verdad del mundo adulto, y el instinto
de la recolección, que le era extraño.

Quiso huir... Era tarde.
Se habían disipado los fulgores del bosque,
y había sólo flores que expoliar
por el bien de la especie, había celdillas
que llenar —la medida del trabajo—
y delitos y culpas y castigos
que cumplir por el tiempo derrochado.

Así que aquí la tienen, aprendiendo el oficio
de la supervivencia colectiva y mirando
salir cada mañana y regresar
cada noche a los zánganos hermosos,
lozanos, sonrientes, mientras oye
murmurar con envidia a las obreras...

23 de abril de 2012

Desesperanza, un poema de Natalia Carbajosa


Natalia Carbajosa en Ficciones


DESESPERANZA*

                "No podemos vivir en nuestros sueños
                                                                                      ni nos es dado amarlos…"
                                                                                                                   Ángel Paniagua

Porque sí, querido amigo, porque no hay
más opciones que fallarse
a uno mismo y a otros
y que de ellos te quede en el paladar
idéntico regusto a decepción.

Porque no, no queda sueño
que no te haya abandonado y, más aún
—ahora lo sabes—,
ya de joven sospechabas que ese era
el único argumento de la obra.

Cuánta razón tuvo
el príncipe de la melancolía
y aquel que temblaba al despertar encadenado
y cuánta razón tiene toda voz
que en sordo
diálogo de muertos
o perdida en el hondo callejón
del pensamiento
se atreve a hablarse a sí misma
sin consuelo de espejos ni esperar
hablar a Dios un día,

mientras ah, pero guarda
su mortal secreto y hace
como que está en el mundo, y conversa
y atiende a sus asuntos cotidianos
—tal como aconseja el sabio emperador—
y cada noche,
con la máscara disuelta en la penumbra,
se lava el rostro
y la abraza a ella, musa, fiel
aliada, sombra de aciago nombre.


[* Natalia Carbajosa me regaló este poema horas despues de la presentación en Café Ficciones Cartagena de mi plaquette Monólogos en el vacío, y con su autorización expresa (y mi agradecimiento) lo traigo hoy al blog.]

20 de abril de 2012

«Monólogos en el vacío», poema de Antonio Marín Albalate


Antonio Marín Albalate en Ficciones, anoche




«MONÓLOGOS EN EL VACÍO»*

Para estar en pie me levanto, solo
para eso, para  seguir constatando
el vértigo de la vida ante el abismo; o
para leer Percy Shelley en el Ariel
y llorar ante la perfección de un
«da pena esta limpieza de mi cuerpo».
Y ponerme muy serio en el verso último
—«me siento ya muy sucio, voy al baño»—
del poema Un poeta español prevé
su muerte. Porque al igual que tú, Ángel,
dejas aquí este libro, dejo yo
estos versos míos, descalzos, blancos
versos como de andar por casa, para 
—tú lo has dicho— la justicia del tiempo;
sabiendo ya Navegante de Cortés que
«el dorado equipaje de los años
empieza a deshacerse por sí solo…»;
en mi caso ya deshecho del todo,
como mi mundo de nieve y de barro
donde nunca nada ni nadie, acaso
porque igual que en tu Sueño de Empédocles
«dije tierra y el mundo se deshizo»,
dije tristeza como algo sublime,
dije lentitud de voz en la tarde,
dije ficciones —todo es mentira—,
dije yo Never more —tampoco es cierto—
con el cuervo de Poe sobre mi hombro
y dije cuanto acaso nunca dije.

Para estar en pie me he levantado yo
esta mañana de un día domingo
en las claras ojeras de mis ojos,
como jamás escribiera Vallejo;
para acordarme del barco fantasma
donde tan absurdamente payaso
en noches de borrachera navego,
a la deriva y sabiéndome ya hundido,
y sin embargo todavía clara-
mente leyendo el aserto del verso
tercero de El holandés errante
cuando escribes ciertamente diciendo:
«veo sucias de barro las baldosas»;
y mucho más adentro, con un duro
«pero siguen hablando sin mirarme»,
diciendo del grito que oyes, del balcón…
de la caída diciendo…
                                             del cadáver
que es para mí el poema cubierto
con la sábana gris de la desmemoria.

Para estar en pie sigo levantado
De noche, con Vallejo y tu palabra
para contemplar, desde lo que somos,
«la soledad, la lluvia, los caminos»
y así reconciliarme con la Nada
ante tus Monólogos en el vacío;
o para sentir, en el último instante,
la caricia de la cuerda en el cuello, o
para espantarme y continuar huyendo.

Y por la costumbre esta de estar en pie.
Acaso por eso, por pura inercia;
sin acritud lo digo, puedes creerme.
Ya sabes, amigo, nadie es perfecto. 


[* Antonio Marín Albalate leyó anoche este poema, taraceado con títulos y versos de los poemas incluidos en mi plaquette Monólogos en el vacío, como prólogo a la presentación de la misma, y con su autorización expresa (y mi agradecimiento) lo traigo al blog.]

27 de enero de 2012

Respuesta a Mariano Sanz Navarro




Ciertamente lo estoy (vago, de gandul) aunque sin ánimo de justificarme te diré que hay varios factores que contribuyen a que sea verdad ese enunciado. El principal es un curso de Creación y diseño Web que estoy haciendo desde finales de octubre y hasta finales de febrero y que además de las cinco horas diarias de clase (obligatoria) conlleva muchas horas en casa de ejercicios y prácticas... Por encima de eso, sin embargo, diría que más que "estar vago" es que lo soy, y si no propiamente vago o gandul (sé que muchos con quienes he trabajado o colaborado me contradirían) sí demasiado consciente de mi carácter disperso e indisciplinado como para autoimponerme la tarea de ir dando cuenta por escrito de acontecimientos [...], como decía hace algo menos de un año en esta entrada.

Por ejemplo, en la tarde-noche de ayer saltó a las agencias la desafortunada noticia de la muerte de Theo Angelopoulos, y por unos momentos pareció que se revolvía en mi cabeza un texto que de haber salido habría colocado de inmediato aquí en el blog, no puedo decir si evocación en prosa, borrador de poema o qué, me martilleaba en la cabeza un fragmento de diálogo entre dos personajes de una serie que veía hace un par de días: preguntaba uno a la otra si le gustaban los juegos en los que el jugador resulta ridículo, y ella le respondía que la vida es un juego en el que todos resultamos ridículos... Pero el texto, por unas cosas o por otras, no terminó de cuajar. Eso ha ocurrido en muchas ocasiones, y en la mayoría de ellas, a poco que me hayan asaltado con cierto empuje, esas entradas han terminado desplazando a cualquier otra cosas que estuviera haciendo o tuviera la obligación o el compromiso de hacer. Que por unos meses haya dejado de ser así no me preocupa en exceso: si tuviera contrato para publicar en un medio determinado una columna diaria, semanal o con la periodicidad que quieras, no habría tenido más remedio que tirar de ese hilo y forzar la maquinaria para escribir un texto, evocación, obituario emocionado o simple nota de la extensión comprometida, pero no es el caso, así que cuando un asunto o idea no viene con el brío necesario como para hacerme dejar lo que sea que esté haciendo, prefiero dejarlo correr...

Con todo, aprovecho el pequeño respiro de dos días que me concede la festividad católica del sumateológico Tomás de Aquino para intentar saciar tu sed siquiera con estas pocas líneas, y hasta puede que rellene alguno de los huecos a los que me refiero a continuación. La verdad es que acaricio la idea de trasladar al blog los comentarios y/o conversaciones que sobre diversos temas voy dejando aquí y allá dispersos en Facebook o Twitter y seguir añadiendo series de poemas, que por ejemplo la del "Cuaderno del 93" tiene a fecha de hoy dos entradas pendientes de rellenado, o sea, publicadas vacías, sólo con el título y una determinada fecha (aunque en esto se puede hacer trampa) por aquello de que cuando decidí que iba a poner tal poema del cuaderno en tal día concreto resultó que, o bien no encontraba la versión primera (distinta de la publicada después en libro) que quería poner; o —en el caso de la del 2 de noviembre, mi cumpleaños— había publicado el día anterior —el 1, su cumpleaños— una entrada-homenaje a Soren Peñalver con un poema suyo, y no quería añadir inmediatamente la que tengo prevista desde hace tiempo (precisamente el poema titulado Dos de noviembre), más aún teniendo en cuenta que la media de actualización del blog rondará los veinte días y que regular o previsible son conceptos que podría/debería haber añadido en la entrada antes mencionada entre las cosas que este blog no es.

Te contaría en secreto (si no fuera casi vox populi, de las muchas veces que lo he contado ya a los amigos poetas) que el mes de enero de 2010 lo dediqué casi por completo a pasar al ordenador una gran cantidad de borradores de poemas que andaban dispersos entre cuadernos y papeles de diverso tipo (desde folios sueltos a servilletas de bar, pasando por entradas de fiestas en discotecas, recetas médicas —las llamadas copias para el paciente—, etc.) correspondientes al período comprendido entre 1999 y 2009; dado que no recordaba los poemas que había ido escribiendo en esos años —algo habitual y/o sistemático en mí— y teniendo en cuenta las muchas y agradables sorpresas que me llevé, lo lógico habría sido aprovechar ese impulso para (sin perjuicio de mayores y más detalladas correcciones) dar forma a por lo menos uno de los dos libros que claramente entreveía en el conjunto e, incluso, empezar a moverlo por editoriales y/o concursos, por poca que sea la fe que a estas alturas tengo en unas y otros.

Esto es al menos lo que creo que habría hecho cualquiera en mi lugar, pero no yo: aquí cerca de mí, encima del brazo de un sillón, está la misma carpeta azul con los mismos casi doscientos folios llenos de tachaduras de bolígrafo nego, rojo o azul, testigos de las varias ocasiones en que desde entonces me he puesto a la tarea sin lograr llevarla a término... ¡Cuidado!, no quiero con esto decir que tenga prisa por publicar esos poemas/libros (y si la tuviera daría igual, porque ningún editor tiene tampoco interés por —ni me temo que dinero para— editarlos), sólo lo mencionaba como ejemplo de actitud para con algo que me resulta imprescindible (la poesía) frente a otra cosa (el blog) que me importa pero no tanto...

En fin, que por unas cosas o por otras siempre voy encontrando —como ves— excusicas para seguir cimentando una fama de procrastinador impenitente que en absoluto me favorece pero contra la que —con estos mimbres— me resulta cada vez más difícil luchar...

Ya seguimos, un abrazo.

31 de octubre de 2011

Un poema de 1987 y una cita de 2011




LA CITA:
«El libro es un objeto en el que el tacto cuenta y también el olfato, mezcla en ocasiones de tinta y polvo [...] tras la lectura de un libro acostumbran a quedar pequeños testimonios del lector, quizás una ralladura o un viejo billete de metro o, incluso, alguna nota. Nada de ello pasará en el caso de la pantalla. Le falta ese toque erótico que proporcionan tacto, olor y también el rastro de su historia.»
En "También quiero libros digitales", de Laura Tramosa
[Artículo completo aquí].

EL POEMA:

ERÓTICA CON LIBRO

No podía dejar de oler el libro,
parecía un poema aquel olor,
un poema más, de tan hermosos
que hacía los poemas.

Daba gusto tenerlo entre las manos,
estudiandoel lugar de cada letra:
el defecto más pequeño me lo hacía
más amable, la huella de las letras
de la página anterior.

Difícil la lectura, regresando,
volviendo a oler la página, el perfume
real entre los versos, releyendo
olor y suavidad, metía mi rostro
y rozaba con mi piel aquellas líneas,
gozaba en sus caricias un placer
más parecido al placer que otorga un cuerpo...

Cuerpo siempre dispuesto a restregarse
y a mirarme, dispuesto a acariciar
dulce mis ojos, a entregarme el olor
de tanta piel cubierta de poemas,
o sólo a hablar conmigo, a acompañarme.
(De En las nubes del alba, 1990)

20 de octubre de 2011

Cuaderno del 93 (II)


Foto: Nieve en Tejeda de Tiétar © José Paniagua (Cleto), 2010


POSTAL INFANTIL

Hay un mundo de nieve que fue un día
lejano de la infancia. Entre los muchos
momentos olvidados, ese día,
la mañana feliz que vi la nieve
por vez primera y última, pervive,
y ha enterrado en su seno muchos otros
recuerdos, buenos, malos, tantos juegos
de entonces ha hecho suyos, en su afán
de cifrar en su imagen todo aquello.

La infancia son imágenes, sabemos,
casi siempre instantáneas, sin diálogos
y sin motivaciones aparentes.
Y de pronto sentimos que una de ellas
se empeña en absorber a las demás,
devora cuanto estorba a sus propósitos,
y así mueren amigos, ilusiones,
desencantos que un día fueron nuestros.

Y de pronto sentimos que esa nieve
es ya la infancia toda en sólo un mito.

27 de agosto de 2011

Monólogos en el vacío




PERCY SHELLEY EN EL ARIEL

Da pena esta limpieza de mi cuerpo
que sólo tú acaricias; esta voz
fundida con la mía, ambas extrañas,
con un sonido ajeno aquí en la mente,
donde sólo uno mismo debe oírse;
no hay otra que transmita su cadencia
por esa magia simple, su silencio
a los versos amargos que ahora escucho.

Como el mar en invierno, despeinado,
sin sol ni luz, espera una palabra,
así he presentido que mirabas
la paz que trajo a veces tu demonio:
los cuerpos se alejaban al oscuro
rumor que me insuflaste cuando niño,
al eco de tu voz, que tan temprano
vibraba ya en la mía y sólo ahora

reconozco. No puedo soslayar
la tentación de hablar contigo, infame,
recordada en el tacto de mi piel,
el odio de mirarte confidente
solícita de tanta adolescencia
desterrada, la envidia de esos años.
¿Dónde estabas? ¿Por qué no me enseñaste
la manera de amarte, como a tantos...?

Ahora aceptaría tu consuelo.
¿O piensas que el sonido de algún cuerpo
me atraería, que iba a abandonarte
y volver con la ofrenda de mis lágrimas?
Tal vez no te equivocas. Te he nombrado
deidad, como los hombres sacralizan
todo aquello que excede a su contacto,
o aquello de sí mismos que detestan.

Pero voy a seguir buscando el rostro
del que tú estés ausente, su sonrisa,
aunque al final descubra que mi aliento
huele a fondo marino, que mi piel,
incluso recién limpia como ahora,
suave y perfumada, disimula
dentículos, como el escualo triste
que en tu seno profundo nunca duerme.

[Este poema, escrito en mayo-junio de 1987 e inédito hasta ahora, es el primero de la serie de fragmentos que luego conformaron el poema-libro Gaviotas desde el 'Ariel' (Pre-Textos, 2005) del que sin embargo quedó fuera, y uno de los incluidos en la antología Monólogos en el vacío, recientemente publicada por Ediciones del 4 de Agosto en la colección Planeta Clandestino, con motivo de mi participación (el pasado jueves 25, junto a Antonio Méndez Rubio) en el VII festival de poesía Agosto Clandestino en Logroño.]

21 de agosto de 2011

Cuaderno del 93 (I)


CREDO ESCÉPTICO

No hay pago por las cosas que dejamos
de hacer, ni por aquellas
en que aunamos empeño y sufrimiento.
Ni siquiera es verdad —como pensaba
el buen Rilke— que empeño y sufrimiento
sean lo único válido, y no importen
las obras a que pueden dar lugar.

Ha pasado ya el tiempo de los dioses
que premiaban las obras, y también
el de aquel otro —el de Rilke—
que era suma de todas nuestras vidas:
apenas queda tiempo y ya no hay dioses
que den valor al riesgo y a las obras
logradas en la vida.

                                         ¡Qué ridícula
tarea la de escribir lo ya otros
pensaron y escribieron, repetir
como en una cadena sin final
ni principio que no hemos avanzado!

¿Qué importa un dios o muchos o su naturaleza
que nunca alcanzaremos, o qué haya
detrás de tantos nombres
—cielo, muerte,
transmigración o Brahma?

                                                      Ni siquiera
sabemos si alguien mira hacia nosotros,
si la mágica luz de las estrellas
no es el brillo de unos ojos

escondidos en el espacio negro.

Con todo, si eso es cierto y alguien
—fuera
de aquí
— nos está viendo, me imagino
que un día llegarán hasta nosotros

—¡truenos, claro!— los ecos de su risa.


12 de marzo de 2011

Tsunami


(Arrasando costa de Iwanuma,  norte de Japón © AP Photo/Kyodo News/El Pais)


 TSUNAMI

Sólo una intención, un caudaloso
océano que anega de repente,
cultivos o jardines, casas, vidas,
destrucción repentina, limo fértil,
los abrazos y lágrimas que siguen,
los gritos, las sirenas,
helicópteros, aspas, torbellinos
de barro levantándose
sobre el breve hormiguero horrorizado
y una nota pedal: el ominoso
sonido —sordo y seco— de la lengua
de mar arremetiendo contra todo...
Después silencio y humo.

A pocos metros, cientos de objetivos
en busca de la imagen
más impactante, añaden poco al puro
espectáculo de la naturaleza
mostrando su dominio,
dictando una vez más su ley, haciendo
valer su poderosa
razón irracional frente a nosotros.

Sólo una intención sin meta, ajena
a dolor o piedad humana alguna,
altiva, inexorable, indiferente.

18 de enero de 2010

Un poema de 1996


ALLÍ LA JUVENTUD

Alguna vez leímos a Cavafis
creyendo que era un nuevo poeta joven
con ideas magníficas y escaso
sentido de la métrica y el ritmo;
oímos la tormenta musical
—de rara perfección— con que comienza
Otello sin llegarnos a creer
que su autor fuera el mismo de Traviata;
y sentimos —también por vez primera—
el contacto de otra piel y las caricias
tan distintas, de igual a igual,
la audacia de los besos tras la puerta
que en el momento más insospechado
podían haber abierto nuestros padres.

Y aquello no era nada comparado
con lo que vino luego, la ciudad
desconocida y nueva, con su embrujo
de cines, librerías, discotecas
y sólo juventud alrededor:
en clase, por las calles, en las noches,
juventud embriagada de sí misma.

Tanta era que apenas si —mirándola
pasar a nuestro lado, acariciándola,
queriendo hacerla nuestra—, apenas, digo,
si la vimos brillar en nuestros ojos...