MANUEL PUJANTE
A Manuel Antonio Sánchez-Pujante Fernández
El alcohol, el ruido y el gentío,
la barahúnda loca de conciencias
vomitando en el suelo —adolescencias
absurdas, demoradas—, griterío
de zanguangos campando a su albedrío,
organizando grescas y pendencias
brutales —sin medir las consecuencias
de sus tercos desmanes—, plumerío
de armarios que te buscan, te magrean
—y de pronto se hacen los machitos
para disimular—, y ahí sentado
—mirando a nadie, absorto y apartado
de cuantos a tu alrededor vocean—
tú, intentando abstraerte entre sus gritos.
