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31 de octubre de 2011

Un poema de 1987 y una cita de 2011




LA CITA:
«El libro es un objeto en el que el tacto cuenta y también el olfato, mezcla en ocasiones de tinta y polvo [...] tras la lectura de un libro acostumbran a quedar pequeños testimonios del lector, quizás una ralladura o un viejo billete de metro o, incluso, alguna nota. Nada de ello pasará en el caso de la pantalla. Le falta ese toque erótico que proporcionan tacto, olor y también el rastro de su historia.»
En "También quiero libros digitales", de Laura Tramosa
[Artículo completo aquí].

EL POEMA:

ERÓTICA CON LIBRO

No podía dejar de oler el libro,
parecía un poema aquel olor,
un poema más, de tan hermosos
que hacía los poemas.

Daba gusto tenerlo entre las manos,
estudiandoel lugar de cada letra:
el defecto más pequeño me lo hacía
más amable, la huella de las letras
de la página anterior.

Difícil la lectura, regresando,
volviendo a oler la página, el perfume
real entre los versos, releyendo
olor y suavidad, metía mi rostro
y rozaba con mi piel aquellas líneas,
gozaba en sus caricias un placer
más parecido al placer que otorga un cuerpo...

Cuerpo siempre dispuesto a restregarse
y a mirarme, dispuesto a acariciar
dulce mis ojos, a entregarme el olor
de tanta piel cubierta de poemas,
o sólo a hablar conmigo, a acompañarme.
(De En las nubes del alba, 1990)

8 de agosto de 2011

Poemas que me han dedicado: Antonio Marín Albalate




A lo largo del tiempo algunos (muy pocos) amigos han tenido la gentileza de dedicarme algún poema, y creo que no es mala cosa darlos a conocer, haciendo de paso siquiera un mínimo elogio de los libros en que aparecieron. Y empezaré por el más reciente, incluido en Enclave de barro de Antonio Marín Albalate. En este pequeño y hermoso conjunto de veintidós breves poemas, que no por breves y aparentemente leves dejan de doler, punzantes y callados, en este libro de breves y leves honduras, decía, cambia Antonio el que ha venido siendo uno de sus Leitmotiv habituales (la nieve) por el barro de la edad y el desencanto que el tiempo nos allega. El poema —sin título, como muchos de los suyos, y del que soy no sólo dedicatario sino también involuntario personaje— es éste:

                             A Ángel Paniagua.

¿CÓMO me verán
esas muchachas
con las que todavía
sueño fugarme
a no sé dónde?

¿Cómo me verán,
cuando así las miro,
Ángel, desde esta triste
miopía de canas y barro?

No te ven —dice Paniagua.


7 de mayo de 2011

Juan Carlos Palma (10 menos 30, II)





Decía en una entrada anterior que la reseña allí mencionada no fue «desde luego, la única "alegría" que me deparó (tiempo habrá de comentar algunas otras), pero sí una de las más "sonadas"...» refiriéndome a «las publicadas en su momento sobre 10 menos 30, la antología de L.A. de Villena en la que fui (ya no sé si decir que por suerte o por desgracia) uno de los seleccionados.» Me encuentro ahora una carpeta con muchas fotocopias, parte (supongo) del dossier de prensa reunido por la editorial —que probablemente nos las hizo llegar— y entre ellas una firmada por un tal J. Carlos Palma que no lleva indicación del medio ni la fecha en que apareció.
A diferencia de esa de Tortajada, o la de García Martín (a la que Palma hace referencia, y que sigue pendiente en esta serie) debo confesar que ésta no la recordaba, y la verdad es que me resulta bastante extraño, por cuanto se trata de uno de los mejores ejemplos de crítica de poesía que recuerdo, escrita con tanta madurez como conocimiento de causa, con tanta ponderación como ausencia de animadversión hacia el antólogo, con tanta independencia y solidez de criterio como falta de interés personal en la materia tratada (asunto que lastra gravemente, como saben, muchas piezas del género)...



 
A falta de mayor indicación sobre el autor, deberemos suponer que se trata (si no es así seguro que alguien nos lo hará saber) de éste Juan Carlos Palma, que se define a sí mismo con estas palabras en su blog (Soltando lastre, iniciado en marzo de 2009): "Cercano a la cuarentena, pero de espíritu joven, me licencié en periodismo para ejercer el tiempo suficiente para no querer hacerlo más (en condiciones precarias, claro)"; que dice trabajar desde hace ocho años "rodeado de mi verdadera pasión, los libros. Los vendo, los recomiendo y los ordeno. El tiempo libre me ha permitido escribir y publicar dos novelas, un libro sobre cine, algunos poemas y otros artilugios más o menos narrativos que quizá algún día vean la luz"; y que pone al frente de su bitácora —tal vez a modo de divisa— esta noble declaración de intenciones:

"Nada de sentar cátedra ni de abrir nuevos caminos, sólo emitir juicios valorativos sobre lecturas, películas, viajes o acontecimientos de la actualidad, soltar el lastre que toda persona lleva en su cabeza para evitar futuros naufragios y hacer la travesía más liviana."

No podía ser menos en alguien que ya por entonces —1997, con apenas 25 años— demostraba un conocimiento tan profundo de la obra de los autores de aquella antología (incluso de los que a la sazón sólo habían publicado un par de libros en editoriales ajenas a los circuitos comerciales) como para poder calificar de "execrable" no ya el poema del que cita más adelante unos versos
(*), o el conjunto de la obra de su autor, sino ambas cosas en una:

"escondido tras la personalidad del "inexistente" y execrable (este adjetivo es mío) poeta cacereño Angel Paniagua"

remarcando además (por si no había quedado claro) que —a diferencia del de "inexistente" (que es de García Martín)— el de "execrable" es por completo suyo. Todo un ejemplo, como apunté arriba, de mesura y ecuanimidad.


[Aunque puede leerse bastante bien en la fotografía (haciendo clic sobre ella se despliega, y puede ampliarse más haciendo clic nuevamente) transcribo a continuación el texto completo de la reseña. Aclaro de antemano que el Vicente García a cuyo "alcance metafísico" alude Palma no forma parte de 10 menos 30: es de suponer que el eminente crítico confunde en uno solo los nombres del andaluz Álvaro García (Málaga, 1965, que sí está en la antología) y del asturiano Vicente García (Gijón, 1972), que había aparecido (o estaba a punto) junto a otros cinco en un reportaje sobre poetas "ultimísimos" (y ausentes de 10 menos 30, esto no se dice expresamente pero se hace notar con claridad) publicado en El País de las Tentaciones el 11 de abril de 1997**.

TEXTO DE LA RESEÑA:
La ruptura inexistente. J. Carlos Palma.
Cuando al ir pasando poemas, uno percibe que la tesis planteada no se sostiene en pie, es el momento de pedirle cuentas al autor, un Villena que llegó una noche a su casa desfondado de venecianismo y se levantó con un gin-tonic en la mano versificando como quien habla con el vecino. Los ha habido muy meticulosos —dicen que algunos de los poetas selcccionados superan los 30 años— y otros sangrantes —como el atacado (en el prólogo) antólogo García Martín, que se venga urdiendo que Villena se ha escondido tras la personalidad del "inexistente" y execrable (este adjetivo es mío) poeta cacereño Angel Paniagua—. Uno, por esa tenaz manía de ensamblar objetivos con resultados, prefiere husmear en los cimientos de la antología y comprobar si el edificio levantado responde a una argumentación aparentemente sólida o amenaza con derrumbarse al más patético seísmo.
Luis Antonio de Villena (del que no se ofrece una mínima reseña curricular, como semidiós del verso que está por encima de esas bajezas) traza un ameno prólogo que se podría titular Breve historia de la poesía de la experiencia. Sus mitos ante el futuro. En él habla de la etiqueta remendada del libro de Richard Langbaum, de Gil de Biedma y otros padrinos de la tendencia, de la escuela granadina de García Montero, de sus puntales más sobresalientes y, faltaría más, de la chapucera guerrilla dialéctica que la enfrenta con el sector de la diferencia, tocados con el sombrero cordobés de su líder, Antonio Rodríguez Jiménez, y a los que Villena despacha sin paliativos: "su único nexo unitivo es el fracaso, la conciencia de su falta de éxito" (sic). Tras este preámbulo esclarecedor, el antólogo confiesa su intención: la poesía de la experiencia está "quemada" —noches de farra, coqueteos fugaces, tono conversacional repetitivo...— y es necesaria una ruptura interna, la que supuestamente practican los poetas aquí reunidos.
¿Pero es ruptura decir: "Bueno, nada, me voy, te llamo luego... / a ver si vienes algún fin de semana / a mi casa en la playa, nos tomamos / unas birras y vamos a Calblanque / a bañarnos en bolas ¿vale, tío?..." (**) o sólo una corroboración del peligro que acecha a la poesía de la experiencia, que cualquier tontería que suene coloquial pueda pasar por poema? Si esto es para Villena "mayor interiorización" o "exploración de la forma" mucho me temo que la poesía de la experiencia tiene las horas contadas. El modo de hacer de los cachorros elegidos poco tiene que ver de uno a otro, como sus respuestas a las inocentonas preguntas del antólogo y, en conjunto, su intcrés se reduce a pocos nombres: el alcance metafísico de Vicente García, la abrupta concisión de Alberto Tesán o el desparpajo irónico de Juan Bonilla.
Para perpetrar una antología poética —ese acto cada vez más parecido al terrorismo literario— es fundamental desplegar una base consistente de poetas que demuestren ser los más valiosos de su generación. Por las higiénicas, púberes y pobremente plasmadas razones de Villena (visto el resultado) se han quedado fuera nombres que ya gozan de prestigio reconocido (Benítez Ariza, Pelayo Fueyo, Silvia Ugidos...) y que exploran más caminos que los aquí representados. No nos engañemos: ¿15 menos 35? ¿20 menos 40? Quizás deberíamos hablar sólo de buena poesía y dejarnos de fórmulas matemáticas fallidas. Los lectores comprometidos con esta causa perdida lo agradecerán.]

NOTAS:

* En la segunda fotografía puede leerse el texto completo del poema al que pertenecen los versos que Palma cita descontextualizándolos sin hacer mayor aclaración, ¿quizá porque —usando sus propias palabras— como semidiós de la crítica, él está [o estaba en aquellos tiempos] por encima de esas bajezas...?

** Se trata del reportaje a doble página Atrapados por los Versos, firmado por José María Goicoechea. Los otros cinco poetas incluidos son Beatriz Hernanz (Pontevedra, 1963), Angel Antonio Herrera (Madrid, 1965), Ada Salas (Cáceres, 1965), Carlos Zanón (Barcelona 1966) y Pablo Méndez (Madrid, 1975). No aparece (o yo no lo he encontrado) en la hemeroteca del diario madrileño, por lo que no he podido poner el correspondiente enlace.


19 de septiembre de 2010

Vicente Tortajada (10 menos 30, I)





Yo no le conocí personalmente, ni hablé de él con ninguno de los amigos más o menos cercanos que sí le conocieron y trataron. Por eso nunca he hablado de él ni voy a hacerlo ahora. Cualquiera que tenga interés o curiosidad puede teclear su nombre en el buscador que prefiera y encontrará artículos suyos o sobre él, o panegíricos de cuando murió como este alabando su humanidad, su bonhomía ("una de esas personas irrepetibles que dejan una huella profunda. Inteligente, culto, irónico y generoso [...] que escondía entre sus maneras tajantes un laberinto de ternura"); su personalidad "muy fuerte [...] huraña y muy tierna a la vez. En su conversación había mucha ironía, mucha acidez y un pronto inteligente"; su galante caballerosidad ("Era tan sensible que piropeaba por la calle a las mujeres mayores porque, según confesaba, ya nadie se acordaba de ellas"); o su concepto de la poesía: "Un poema tiene que contener una historia en brevísimos renglones. La exactitud y la matemática son la música y el oficio [...] El surrealismo y la escritura automática a mí no me valen. Tienes que conocer la lengua perfectamente, dominar los límites de la palabra y encajarla en su sitio para poder meter la historia en unos pocos renglones". And so on...

Por mi parte, el único motivo de traerlo aquí ahora es la casualidad de haber encontrado en Google libros la vista previa del nº 17-18 de la revista Renacimiento (1997 - vol.II), donde apareció firmada por él una de las reseñas (a la que pertenece el párrafo de la fotografía) publicadas en su momento sobre 10 menos 30, la antología de L. A. de Villena en la que fui (ya no sé si decir que por suerte o por desgracia) uno de los antologados. Un viejo recuerdo, en fin, del que no tenía copia en papel (aunque la reseña en cuestión fue recogida después en Azahar y vitriolo, uno de esos habituales volúmenes recopilatorios de este tipo de escritos).
No fue, desde luego, la única "alegría" que me deparó esa antología (tiempo habrá de comentar algunas otras), pero sí una de las más "sonadas"...

Las preguntas obligadas son, claro, en primer lugar, ¿por qué la imagen de esta entrada no es una fotografía de la persona cuyo nombre la encabeza?; y más allá de eso: si he dicho por adelantado que no le conocí ni voy a hablar de él... ¿por qué la encabeza su nombre...? Sencillo: porque para mí Vicente Tortajada (que hasta ese momento —finales del 97 o principios del 98— era un señor que había publicado una traducción de los Sonetos de Crimea de Adam Mickiewicz) es desde entonces ese párrafo, esas palabras suyas le retratan mejor que cualquier fotografía.

10 de agosto de 2010

Del blog de José Luis Piquero




Siguiendo con este ejercicio veraniego de vampirismo de blogs ajenos, me apetece traer ahora a colación una entrada (aquí sería quizás más adecuado poner «post», ya entenderán por qué) del blog de José Luis Piquero, que a su vez cita y comenta otra del de Vicente Luis Mora. Esta fechada el 23 de julio y en los días siguientes dio lugar a varios jugosos comentarios que recomiendo no perderse. Como en el caso anterior, transcribo aquí un par de fragmentos a modo de invitación a leer la entrada completa:

«Uno de los personajes que más me fascinan en este mundo nuestro de la literatura es el crítico Vicente Luis Mora, teórico del “asunto Nocilla” y director del Instituto Cervantes en Alburquerque, Nuevo México (la tierra del Area 51, de la nave extraterrestre caída en Roswell y de los avistamientos de OVNIs). Algunos desinformados creen que Vicente Luis sólo se adorna de grandes nombres, que no es muy inteligente y que da un poquitín de gato por liebre; que abusa del tópico y que en realidad no tiene mucho que decir. Craso error. Creo que no se entendería la literatura actual sin sus aportaciones, que ponen el énfasis en los nuevos medios tecnológicos que en los últimos tiempos nos han cambiado la vida (el telégrafo, el teléfono, el automóvil, el aeroplano…) y sus efectos en la literatura.

Vicente Luis tiene un blog que os recomiendo, dedicado básicamente al i-pod y al libro electrónico, pero en el que también habla a veces de literatura. Hace años solía entrar y dejar mis ilustrados comentarios pero acabé por dejar de hacerlo [...] De vez en cuando vuelvo a entrar en su blog y sigo hallando en él motivos de regocijo. Os invito a compartir una de sus últimas entradas y mi contestación, que espero que colgará en su blog noblemente, como siempre ha hecho. Confío en no contravenir, al colgar su texto, ninguna ley de derechos de autor (al contrario, creo que él agradecerá que su pensamiento se difunda). Si fuera así, me corregiré al primer aviso. Ahí va su post y a continuación mi respuesta [...] Seguimos, amigo Vicente, incurriendo en los mismos vicios que te invalidan como crítico riguroso, salvo para la tropa aquiescente, que siempre estará ahí, fiel y guerrera. El asunto se parece mucho a lo de “la poesía actual…”. Ahora es “la crítica actual…”. Habría que empezar por lo básico: ¿qué crítica actual, qué críticos, dónde están los ejemplos? Claro que esas abusivas generalizaciones convienen a tus lectores, los cuales, quien más quien menos (¿se acentúa el “quien” en este caso? Me surge la duda. Yo creo que no), tiene una deuda que saldar con algún crítico y le viene de perlas.
Pero vayamos paso por paso [...]»
José Luis Piquero

Sigan mi consejo y acudan a la entrada original (sólo tienen que pinchar alguno de los dos enlaces) y ya me contarán, si les apetece... Por lo demás, espero que los que acaban de regresar de sus vacaciones lo hayan pasado muy bien (aunque yo lo he pasado mucho mejor con los que se quedaron); y que los que acaban de irse lo disfruten (aunque yo lo disfrutaré mucho más con los que han vuelto y con los que tampoco en agosto se irán).