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23 de marzo de 2013

JOVEN POETA DE MARCHA


“Tras una semana comprobando que el alcohol, el ruido y el gentío distraen pero no tapan la tormenta interna, una noche en mi casa, en mi pueblo, en mi cama y en silencio. Asusta un poco este puto silencio.”
MANUEL PUJANTE

A Manuel Antonio Sánchez-Pujante Fernández


El alcohol, el ruido y el gentío,
la barahúnda loca de conciencias
vomitando en el suelo —adolescencias
absurdas, demoradas—, griterío

de zanguangos campando a su albedrío,
organizando grescas y pendencias
brutales —sin medir las consecuencias
de sus tercos desmanes—, plumerío

de armarios que te buscan, te magrean
—y de pronto se hacen los machitos
para disimular—, y ahí sentado

—mirando a nadie, absorto y apartado
de cuantos a tu alrededor vocean—
tú, intentando abstraerte entre sus gritos.

7 de enero de 2013

Antonio Durá en el Museo Ramón Gaya


[Captura de la web del Museo Ramón Gaya]

Mañana martes 8 de enero a las 20h. tendrá lugar en el Museo Ramón Gaya de Murcia la lectura de Antonio Durá, tercera del nuevo ciclo Poetas en el Museo. Se da la circunstancia (no buscada, desde luego) de que Antonio Durá ejerció como presentador en dos lecturas de la segunda temporada del ciclo anterior (Poesía en el Museo), la de Soren Peñalver (16-X-1995) y la de quien suscribe (16-IV-1996). Y dicisiete años después soy yo quien repite como presentador de ambos (lo fui de Soren el pasado noviembre y lo seré de Antonio mañana). Hace un par de semanas, Antonio me envió un conjunto de poemas inéditos que ha reunido para la ocasión con el sugestivo título de Sueños de amor en invierno, y le pedí el favor de permitirme (siquiera un día antes) adelantar alguno aquí, que además me dijo que lo escogiera yo mismo. He elegido uno con el que me identifico de manera muy especial, éste con el que (con la expresa aquiescencia de su autor, pues) les dejo ya:


[HAS DEJADO QUE EL LOCO...]

Has dejado que el loco
te pusiera sus zapatillas rojas.
Los demás te aconsejan ser prudente
—que tus actos sean propios de tu edad
y condición— cuando haces
de la noche tu vida, y de cada
club tu casa. Tus compañeros jóvenes
son de fama dudosa y el alcohol
y la droga tu único alimento.

¿Qué buscas, el placer? ¿O te abandonas
sin resistencia, lentamente, hasta
destruirte en un suicidio intencionado?

Tuviste tiempo para la prudencia,
y quedó el corazón ajado y triste.
Pero también te dio la vida mucho:
has viajado, has tenido amantes,
te han amado y —en algún momento—
el éxito te regaló su copa.
Se hizo siempre tu voluntad.

                                                   Entonces,
¿qué persigues de nuevo navegando
tras un tiempo vivido ya? ¿Qué esperas
encontrar en los antros que visitas,
en la piel que te agota, en la derrota
que te deja marcado y te consume?

¿Qué nuevo pensamiento tienes cuando
el sol cada mañana te ilumina?

—Tan sólo el corazón sabe el origen
de esta insana locura, y sus razones.

1 de enero de 2013

Nochevieja




Tanto tiempo pasado acumulando
desgracias y experiencias, tantas horas
caminando las calles de mí mismo,
vacías, y llenándolas —o al menos
intentando llenarlas— con los libros
y músicas que amo, con pequeñas 
obsesiones del todo intrascendentes
—revistas musicales o de cine,
periódicos, películas— y todo
para hallar un descanso que no llega,
una paz que se escapa entre los dedos
apenas han sonado los acordes
finales de Lucia o Puritani,
o las Suites para violonchelo solo,
o apenas he leído la reseña
de algún disco reciente…
                                            ¡Cuánta fe
se ha perdido en el curso de estos meses,
cuántos buenos proyectos han debido
quedarse en el camino! Y ahora todo
se agolpa aquí esta noche, en esos rostros
semidesconocidos de la fiesta
a la que no sé bien por qué he venido...

Ahora sólo deseo que las horas
se muestren más propicias, que los fastos
demoren su presencia, porque otro
año más como éste puede acabar conmigo.

23 de diciembre de 2012

Negativo de Verde de Andrés García Cerdán



La mañana del domingo 20 de febrero de 2011, recién levantado y con el desayuno aún en el esófago, entré en el blog y me puse a mirar mis listas de ídem, en las que —como en muchos de los que sigo más o menos habitualmente— va colocándose siempre en el primer lugar el más recientemente actualizado. Y entre los primeros de la lista esa mañana estaba Un cántico cuántico, el de Andrés García Cerdán con esta entrada de algunos días antes.

Como suele pasarme con casi todos los suyos, leí el poema varias veces tan ensimismado como sorprendido y de repente, no recuerdo por qué o cómo (pues escribo todo directamente en el ordenador, pero casi nunca poemas) me vi abriendo una 'hoja' del 'bloc de notas' de Windows y empezando a pergeñar una copia inversa del poema, con las mismas o parecidas palabras y frases y similar movimiento conceptual, pero al contrario: en resumidas cuentas, un negativo (salvando las distancias) de la fotografía de ese instante de Andrés. Supongo que tendría mal cuerpo esa mañana, o que en ese momento me tocó mucho las pelotas, qué quieren que les diga...

Pero, bien fuera porque los asuntos banales y 'alimenticios' empezaban a llamar a la pantalla, bien porque la simple naturalidad del límpido y hermoso final del poema de Andrés no acababa de funcionar, o no me acababa de parecer tan contundente en mi versión opuesta (o ambas cosas a la vez), me atasqué en los últimos versos y el borrador se quedó ahí...

Al final de ese mismo 2011 (el 12 de diciembre), en medio de una de nuestras enjundiosas y animadas conversaciones internáuticas, le escribía lo siguiente a mi extraño y buen amigo Cortadete:

«No sé si te refieres a los poemas de Andrés, si es así ahora no los tengo delante, pero uno (el titulado Verde) me gustó cuando se lo vi en su blog y de hecho tengo casi terminado un negativo del mismo, que igual me animo a mandarte para que me digas algo tú que conservas el buen gusto...»

Los poemas de Andrés de los que hablábamos son los que aparecen (Verde entre ellos) en su entrada de Las afinidades electivas, publicada el día anterior, y mi negativo seguía por entonces en el mismo estado que lo dejé aquella mañana de San Valentín. No ha sido hasta meses después (finales de septiembre-principios de octubre de este año) cuando la casualidad ha querido que encontrara ese final que andaba buscando mientras releía La Celestina y me adentraba por primera vez en una de sus mejores y más famosas continuaciones, la Tragicomedia de Lisandro y Roselia de Sancho de Muñón.

Para pocos días después (el 8 de octubre) estaba prevista la lectura del propio Andrés en el ciclo Los Lunes literarios del café Zalacaín de Murcia, en la que él nos había pedido que compartiéramos escenario a algunos de sus amigos. La ocasión, pues, la pintaban calva para ofrecérselo allí como regalo y —pese a alguna inseguridad de última hora por mi parte— finalmente así lo hice. He aquí el poema:


NEGATIVO DE VERDE DE
ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

Las cosas no van bien últimamente.
A cierta edad, la casa de los padres
es una casa ajena y tu desorden
no cabe allí. Pesadamente late
el corazón. No duermes bien, tus sueños
ya no tienen el ágil desenlace
que quisieras. Hay muchos libros nuevos
que no puedes comprar y que te hagan
aprender, descubrir. No te dedican
canciones en los bares ni te buscan
para sitios de culto. No disfrutas
de tu tiempo, no vas a recitales
con amigos —cansados de llevarte
y tener que pagar también las copas.
Desayunas imágenes de muertes
en El Cairo o Damasco. Las palabras
no se presentan sin avisar ni dicen
esas cosas hermosas de la vida
—ni las musas acuden ya a salvarte
de la desdicha y de la soledad.
La gente no te quiere. También tú
te alejas de los otros como nunca.
No hay nadie que te ame y te haga ir
a esa orilla del mar como una ola
de alegría. Te ven llegar las calles
y van en pos de ti diciendo puto,
hechicero, viejo, falso, malhechor

y otros muchos ignominiosos nombres...


30 de octubre de 2012

Nuevo ciclo Poetas en el Museo del Gaya: rectificación y disculpa.



Aludía en esta entrada hace sólo unos días a lo extraño que me resultaba el hecho de que en la web del Museo Ramón Gaya de Murcia no figurase ninguna información actualizada (a sólo una semana de su inicio) sobre lo que yo pensaba (por lo que comentaron varias personas en los días previos) que iba a ser una nueva etapa del ciclo Poesía en el Museo. Efecivamente, ninguna nota o actualización en la web daba cuenta de esa rentrée... porque no será tal. Unas horas después de redactada y publicada esa entrada mía (injusta por desinformada y prematura) aquí en el blog y en Facebook, la dirección del museo me hacía llegar (mediante un comentario en esa red social) esta nota de amable reconvención:

«Querido Ángel:

Los amigos deberían hacer las correcciones a sus amigos —si lo somos—, privadamente y no en público. Pero no es así, no merecemos ser corregidos.
El ciclo anunciado en la web del Museo es Poesía en el Museo, que finalizó a mediados de 2009, y el que se va a realizar se llama Poetas en el Museo. Un nuevo ciclo.

Poetas en el Museo se presentará en sociedad el próximo [martes] día 6 a las 11.00 horas y posteriormente, cuando sea público, se colgará en nuestra web.


A mandar, pero sin dudar.

Un fuerte abrazo,
El Director del Museo.»


No se trata, pues, de ninguna continuación de aquel ciclo Poesía en el Museo por el que —entre febrero de 1995 y junio de 2009, quince temporadas— pasó buena parte de la mejor poesía española, y en el que tuvimos el honor de participar también quienes ahora tendremos el de de inciar este nuevo ciclo Poetas en el Museo.


[Foto © C.M./La Opinión, 14 de noviembre de 1995]

Será (como he dicho antes y puede verse arriba en la foto-captura de la web) el próximo martes 6 de noviembre con una lectura de Soren Peñalver, que
por cierto, cumplió años ayer doblemente (si se lo encuentran ya saben) y que tendrá como presentador a quien suscribe. Una buena ocasión para reencontrarnos y compartir poesía y amistad, dos de las pocas cosas que realmente importan —siempre, pero especialmente en estos tiempos atribulados—. Espero que podamos vernos allí, no falten...

[La foto de Soren Peñalver fue publicada en el diario La Opinión de Murcia el 14 de noviembre de 1995 junto al texto de la presentación que de su recital en el II ciclo Poesía en el Museo había hecho Antonio Durá un mes antes (16-10-1995), con el título "Soren Peñalver o la esencia de lo poético".]

21 de octubre de 2012

Siete amigos, siete poemas... (y IV)


[Dibujo de portada y diseño: Antonio Gómez Ribelles]

Hace ya varios días que debería haberle dado fin a esta pequeña miniserie con los poemas de la plaquette-homenaje a la que he dedicado las últimas entradas, así que aquí van los dos últimos. En primer lugar, la curiosa y brillante pirueta de Joaquín Piqueras Réplica de Percy Shelley a un poema de Ángel Paniagua, escrita en forma de 'soneto blanco':


Y finalmente, siguiendo el orden que ocupan allí, Si no fueras tan Hamlet, que Vicente Velasco (de quien nació la idea de esta plaquette-homenaje) taracea, desde la amistad también, con tópicos literarios y vitales que me son especialmente queridos:


Desde aquí mi agradecimiento especial tanto a Vicente como a Joaquín Piqueras, y por extensión —ya que es la última entrada que le dedico— a todos los demás por haberse querido implicar en esta aventura, que han querido íntima y entrañable, aunque fuera una sorpresa tan enorme como duradera para quien suscribe, que aún tiembla de emoción como una niña (que dijera José Alcaraz) cuando recuerda aquella noche. De nuevo, pues, gracias a todos.

2 de septiembre de 2012

Siete amigos, siete poemas... (III)


[Dibujo de portada y diseño: Antonio Gómez Ribelles]

Siguiendo con los poemas de la plaquette-homenaje a la que he dedicado las últimas entradas, traigo ahora dos poemas más. Uno de ellos, el peculiar y sentido Reto de Antonio Gómez Ribelles, escrito —él mismo lo indica— "tras la lectura de Gaviotas desde el Ariel":


Junto a este, y siguiendo el orden que ocupan allí, el titulado Poema de «Monólogos en la vacío», de Antonio Marín Albalate, que ya había sido publicado en el blog, lo que no impide —igual que en el caso anterior de Natalia Carbajosa— poner aquí la imagen de las dos páginas que ocupa en el cuaderno:



Ambos Antonios han tenido una participación especialmente destacada en la gestación de la plaquette —el uno como coordinador y el otro como ilustrador y responsable del diseño de la portada— por lo que me alegra mucho poder unirlos literariamente también aquí.

25 de agosto de 2012

Siete amigos, siete poemas... (II)


[Dibujo de portada y diseño: Antonio Gómez Ribelles]

Siguiendo con los poemas de la plaquette-homenaje de la que hablaba en la entrada anterior, traigo ahora dos poemas más. Uno de ellos, el titulado Desesperanza, de Natalia Carbajosa, ya había sido publicado en el blog, como dije, lo cual creo que no obsta para poner aquí la imagen de su página correspondiente del cuadernito. Junto a este, y siguiendo el mismo orden que ocupan allí, el estupendo e incisivo Homenaje de Juan de Dios García. A ambos —como al resto de ficcio-palconeros (o palco-ficcioneros, que de ambas formas suele y puede decirse)— otra vez todo mi agradecimiento.




6 de agosto de 2012

Un poema de 1995


Foto © Mad Hatter: Abeja solitaria sobre botón de oro (Ranunculus acris)


VIDA DE ESTA ABEJA

Ya se hizo mayor.
                              La vida quiso
que fuese dando tumbos
sin fijar la mirada en una meta,
y siguió con pasión irrefrenable
el vuelo de los zánganos; quiso ser como ellos,
y aprendió sus oficios llamativos y alegres,
pero ellos volaron y está sola,
tan sola como estuvo mientras los perseguía,
imitaba y amaba.
                              Siguió haciéndose
mayor, mayor incluso para volar con ellos,
y las otras abejas le hincaron —envidiosas
de aquella libertad— sus aguijones,
le inyectaron la ponzoñosa y triste
verdad del mundo adulto, y el instinto
de la recolección, que le era extraño.

Quiso huir... Era tarde.
Se habían disipado los fulgores del bosque,
y había sólo flores que expoliar
por el bien de la especie, había celdillas
que llenar —la medida del trabajo—
y delitos y culpas y castigos
que cumplir por el tiempo derrochado.

Así que aquí la tienen, aprendiendo el oficio
de la supervivencia colectiva y mirando
salir cada mañana y regresar
cada noche a los zánganos hermosos,
lozanos, sonrientes, mientras oye
murmurar con envidia a las obreras...

12 de julio de 2012

VIII Agosto Clandestino


Cartel con la programación del VIII Agosto Clandestino [Clic para expandir]

Todo está ya preparado para que La Rioja vuelva a erigirse en la capital poética del verano español por antonomasia. Algo de lo que tiene buena parte de responsabilidad la Asociación Cultural Planeta Clandestino que, un año más, con el respaldo organizativo del Gobierno de La Rioja (IRJ, Filmoteca Rafael Azcona) y Ediciones del 4 de Agosto, ha dado una nueva vuelta de tuerca al festival Agosto Clandestino para ofrecer la poesía más refrescante del estío.

En su octava edición, Agosto Clandestino crece, se enriquece y se presenta ante el público como un festival “redondo, rodado y rotundo”, esperado por “centenares de aficionados que disfrutan de este oasis poético anual”, tal y como ha señalado el consejero de Presidencia y Justicia, Emilio del Río, en la presentación de la próxima edición. “Un oasis cuya sombra se extiende este año, afortunadamente, más allá del mes de agosto”.

Así es. Agosto Clandestino conquistará este año los meses de julio y agosto. El festival ganará terreno al calendario para ofrecérselo a la audiencia en forma de poesía. La capitalidad poética de La Rioja se sustanciará en una veintena de actividades protagonizadas por más de 50 autores a lo largo y ancho de ocho espacios culturales distribuidos en tres poblaciones: Logroño y, en esta edición, Ezcaray y Rodezno, dado el éxito obtenido en ediciones precedentes con la visita del festival a lugares como Torrecilla en Cameros o Navarrete.

Además, este verano ‘Agosto Clandestino’ será mucho más que poesía. Música, cine y literatura caminan de la mano en una programación en la que tendrán cabida mitos, plumas consolidadas y voces emergentes que colocarán un año más a La Rioja en el punto de mira cultural del verano español.

Tras la intervención de Pepe Pereza, el 20 de julio, Agosto Clandestino abrirá boca con el tributo a Bram Stoker (Dublín, 1847-Londres, 1912), el ‘padre’ de Drácula. Será en Ezcaray, el 26 de julio, con la lectura de ’25 poemas vampíricos’ de Antonio Alfaro Sánchez, Luis Baqué Quílez, Adriana Bañares, Mar Benegas, Carlos Cabezón, Enrique Cabezón, Agustín Calvo Galán, Carmen Camacho, Sofía Castañón, Luis Alberto de Cuenca, Nerea Ferrez, Txus García, Octavio Gómez Millán, Joaquín Juan Peñalva, Raquel Lanseros, Iván Mariscal, María José Marrodán, Iván Mendoza Marrodán, Vicente Muñoz Álvarez, Ana Pérez Cañamares, José Luis Pérez Pastor, Adrián Pérez Castillo, Joaquín Piqueras, Lucas Rodríguez Luis y Almudena Vidorreta.

Rodezno será la siguiente parada del festival, el 28 de julio. ‘Poetas Riojanos de Hoy’ es un recital que reunirá a algunos de los poetas más destacados del panorama riojano: Carmen Beltrán (Logroño, 1981), Sonia San Román (Villamediana de Iregua, 1976), Adrián Pérez (Logroño, 1970) y Enrique Cabezón (Logroño, 1976).

El Instituto Riojano de la Juventud acogerá siete recitales los días 2, 4, 9, 16, 23 y 30 de agosto y 6 de septiembre, con la intervención de los siguientes autores: Gabriela Collado y Enrique Villagrasa (2 de agosto); Miguel Sánchez-Ostiz (4 de agosto); Javier Jiménez y Fernando Sarría (9 de agosto); Ricardo Moreno Mira y Batania (16 de agosto); Pablo García Casado e Ibón Zubiela (23 de agosto), Carlos Aganzo y Eduardo Pérez (30 de agosto); y Raquel Lanseros y Manuel Vilas (6 de septiembre). En todos los casos, las lecturas darán comienzo a las 20.00 horas.

La Filmoteca Azcona se suma este verano a la gran fiesta de la poesía con cuatro cintas: ‘Cravan vs Cravan’ (31 de julio), ‘El cónsul de Sodoma’ (1 de agosto), ‘Bertsolari’ (7 de agosto) y ‘El anacoreta’ (8 de agosto), cuatro películas que se proyectarán a las 20 horas.
En su recta final, Agosto Clandestino, lejos de decaer, tomará impulso para volver a lo más alto. El 29 de agosto la Biblioteca Pública de La Rioja acogerá la presentación de la poesía completa de José Antonio Labordeta, un trabajo compilado bajo el título ‘Setenta y cinco veces uno’ (Poesía reunida: 1945-2010) (Eclipsados, 2011).

Centenario de la colección Planeta Clandestino
Y el 13 de septiembre, también en la Biblioteca Pública, Agosto Clandestino soplará las 100 velas de su colección de cuadernitos de poesía. Con este motivo, José Carlos Romero Lorente, más conocido como Kutxi Romero, músico, vocalista y compositor del grupo navarro ‘Marea’ y reconocido poeta será el artista invitado de un acto en el que verá la luz ‘Aquel agosto de nuestras vidas. 100 balas de plata clandestinas’ (Ediciones del 4 de agosto, 2012), una antología con los 100 primeros números de la colección Planeta Clandestino.

La intervención de Antonio Alfaro Sánchez, el 10 de agosto (RIFF bar); Fernando Alfaro, el 1 de septiembre (La Luna); y Túa Blesa, el 14 de septiembre (Biblioteca Pública), completan la programación.

[Esta información ha sido tomada de larioja.com: http://www.larioja.com/20120712/local/region/agosto-clandestino-reunira-poetas-201207121145.html]

20 de abril de 2012

«Monólogos en el vacío», poema de Antonio Marín Albalate


Antonio Marín Albalate en Ficciones, anoche




«MONÓLOGOS EN EL VACÍO»*

Para estar en pie me levanto, solo
para eso, para  seguir constatando
el vértigo de la vida ante el abismo; o
para leer Percy Shelley en el Ariel
y llorar ante la perfección de un
«da pena esta limpieza de mi cuerpo».
Y ponerme muy serio en el verso último
—«me siento ya muy sucio, voy al baño»—
del poema Un poeta español prevé
su muerte. Porque al igual que tú, Ángel,
dejas aquí este libro, dejo yo
estos versos míos, descalzos, blancos
versos como de andar por casa, para 
—tú lo has dicho— la justicia del tiempo;
sabiendo ya Navegante de Cortés que
«el dorado equipaje de los años
empieza a deshacerse por sí solo…»;
en mi caso ya deshecho del todo,
como mi mundo de nieve y de barro
donde nunca nada ni nadie, acaso
porque igual que en tu Sueño de Empédocles
«dije tierra y el mundo se deshizo»,
dije tristeza como algo sublime,
dije lentitud de voz en la tarde,
dije ficciones —todo es mentira—,
dije yo Never more —tampoco es cierto—
con el cuervo de Poe sobre mi hombro
y dije cuanto acaso nunca dije.

Para estar en pie me he levantado yo
esta mañana de un día domingo
en las claras ojeras de mis ojos,
como jamás escribiera Vallejo;
para acordarme del barco fantasma
donde tan absurdamente payaso
en noches de borrachera navego,
a la deriva y sabiéndome ya hundido,
y sin embargo todavía clara-
mente leyendo el aserto del verso
tercero de El holandés errante
cuando escribes ciertamente diciendo:
«veo sucias de barro las baldosas»;
y mucho más adentro, con un duro
«pero siguen hablando sin mirarme»,
diciendo del grito que oyes, del balcón…
de la caída diciendo…
                                             del cadáver
que es para mí el poema cubierto
con la sábana gris de la desmemoria.

Para estar en pie sigo levantado
De noche, con Vallejo y tu palabra
para contemplar, desde lo que somos,
«la soledad, la lluvia, los caminos»
y así reconciliarme con la Nada
ante tus Monólogos en el vacío;
o para sentir, en el último instante,
la caricia de la cuerda en el cuello, o
para espantarme y continuar huyendo.

Y por la costumbre esta de estar en pie.
Acaso por eso, por pura inercia;
sin acritud lo digo, puedes creerme.
Ya sabes, amigo, nadie es perfecto. 


[* Antonio Marín Albalate leyó anoche este poema, taraceado con títulos y versos de los poemas incluidos en mi plaquette Monólogos en el vacío, como prólogo a la presentación de la misma, y con su autorización expresa (y mi agradecimiento) lo traigo al blog.]

23 de marzo de 2012

Cartas de los editores (II)




Finales de noviembre: [Autor] conoce en [ciudad] a [Editor] a través de un cierto número de conocidos comunes y ciertas casualidades que les hacen coincidir y mantener una —aparentemente— agradable conversación durante el desarrollo de un determinado acto cultural, pero —dado que gran parte del mismo consiste en la actuación de un conjunto de cuerda— hablan susurrándose al oído, así que apenas si podemos escuchar —entre empujones, ya a la salida— el final de la conversación: parece que ha girado en torno a un libro titulado La justicia del tiempo que —tras un par de años dándole vueltas— [Autor] presentó hace unos meses antes a un importante y conocido premio, y también que un miembro del jurado al que [Editor] conoce, le ha comentado a [Autor] que el libro alcanzó la [¿...?] votación durante el fallo, celebrado hace unos días... Entre eso y las buenas referencias que sobre él ha recibido de un par de amigos suyos escritores que también viven en [ciudad], parece que [Editor] le ha dicho a [Autor] que le haga llegar una copia del libro.
Finales de noviembre: [Autor] envía La justicia del tiempo a [Editor] y pocos días después recibe de él una felicitación navideña con estas líneas:

Querido [Autor]: Acabo de recibir tu La justicia del tiempo. Ten la certeza de que leeré tus versos con aplicación y cariño.

Principios de febrero: [Autor] recibe de [Editor] la siguiente carta:

[Ciudad], 7.II.97
Querido [Autor]:
Por fin encontré el momento para leer tu "La justicia del tiempo".
Comenzaría diciendo que, tras la lectura de estos poemas, lo que se concluye es que el tiempo no hace justicia, sino que actúa como el peor de los justicieros. Se nos presenta por extenso en este libro a un personaje que, al borde de la pérdida de la juventud y habiendo dedicado gran parte de ésta a la vida nocturna comienza a perder el placer que encontraba en todo eso, el cuerpo y el cerebro se resienten y los paraísos artificiales se acaban convirtiendo en un infierno. En tus poemas se intuye que hay verdad en la confesión personal y un profundo amor y confianza en el poder de la poesía como asidero frente a un mundo en descomposición. Sin embargo hay problemas que convierten este libro en un libro, a mi juicio fallido:
–Sigues un esquema acentual con predominio del endecasílabo y del alejandrino, pero se traiciona en cuanto al ritmo continuamente —por falta de pericia, no por intención— y no consigues en ningún momento dotar de cierta personalidad expresiva a estas nobles formas de la prosodia castellana.
–Se cae, por otro lado, a cada momento en el prosaísmo por un afán de explicitar las cosas sin medida, hasta el punto de que el libro queda en una confesión impudorosa de indudable interés humano, pero de escaso interés poético. Las experiencias aparecen volcadas en el poema como a granel, sin que el lenguaje, las imágenes y la sintaxis se preocupen en ningún momento de elevarlas a categoría poética.
–Sí se percibe, en cambio, un intento de trascender esas experiencias por medio de una meditación que recorre el libro y ofrece conclusiones, pero esas conclusiones son, la gran mayoría de las veces, mucho más el producto de un proceso de autoestima íntimo que el fin de una verdadera elaboración poética de la materia sensible.
En suma, si bien es cierto que demuestras lecturas, y ciertas maneras de vez en cuando, y que se intuye el libro que hubieras deseado escribir, también lo es que éste no es el que tu sensibilidad y experiencia exigían.
Siento mi diagnóstico, pero te siento amigo y a un amigo hay que serle leal y la lealtad obliga a la sinceridad.
Un fuerte abrazo,

 [Firma editor]

8 de marzo de 2012

Madre soltera (Tercer aniversario)




MADRE SOLTERA

Has dado a luz al hijo que querías
tener con él, pero su padre es otro,
y no te importa. Habría sido fácil
llevarle hasta tu cama
y arrancarle —con tu sabiduría
para el sexo y tus mañas de mujer—
esa esencia que tú necesitabas
para rehacer su imagen, confundiéndola
en una sola carne con la tuya...
Muy fácil, sí: tal vez por eso
le dejaste esa noche, de camino
a su casa, en la ciudad donde le
conociste y que él mismo te enseñó.

Esa noche, la última que os visteis
—y sabías muy bien que era la última—,
pensaste que tal vez no mereciera la pena,
que todo lo que había hecho por ti
tenía un interés oculto —ya te había
ocurrido con otros hombres antes—,
que no veía en ti más que a la esposa
que siempre quiso —guapa, inteligente y sumisa—
y no estabas dispuesta a renunciar
a ti misma para colmar tu anhelo,
el deseo que siempre, desde niña,
te había atenazado de ser madre.


Quizá por eso al niño —cuyo padre
es un rostro perdido entre tus piernas,
una noche que casi has olvidado—
le has puesto su nombre, el del que quiso
ser amante y esposo al mismo tiempo,
aquel que en su ignorancia,
pensó que caerías a sus pies y no tuvo
más premio ni castigo que este niño,
al que ha dado su nombre sin saberlo.



[Este poema, escrito hacia 1996, fue uno de los incluidos por L.A. de Villena en mi parte de la antología 10 menos 30. La ruptura interior en la poesía de la experiencia (Pre-Textos, 1997). Forma parte de Las vidas de los otros, un libro en el que ya por entonces llevaba algún tiempo trabajando y que a día de hoy sigue inédito.]

26 de febrero de 2012

Treinta poemas, el librito perdido, en issuu



Treinta poemas formaba parte de un proyecto fallido, una colección de libros de pequeño formato (publicados por la editorial granadina Comares) que en su momento auspiciaron el profesor Francisco J. Flores Arroyuelo y el poeta y periodista (hoy también profesor universitario) Antonio Parra, director de Postdata; colección que iba a llevar como nombre precisamente el de la editorial granadina unido al de la revista murciana, Comares/Postdata. Pero por razones que no vienen al caso ahora sólo tres de los títulos inicialmente previstos llegaron a imprimirse, y uno de ellos fue esta pequeña antología de lo que yo había escrito hasta aquel momento, dado que tras los dos libros editados —que no escritos— en el espacio de apenas ocho meses (En las nubes del alba, 1990 y Si la ilusión persiste, 1991) sólo había publicado algunos poemas sueltos en revistas literarias de ámbito provincial y escaso eco exterior. Pero en esos cinco años había seguído escribiendo poemas y reuniéndolos en libros de los que más tarde, cuando dejaban de satisfacerme (ya fuera por convencimiento propio o por excesivo asentimiento a pareceres ajenos) iba separando los poemas que parecían funcionar mejor en el siguiente: así nacieron y murieron sucesivamente Bienvenida la noche, Con tanta claridad, El legado de Hamlet, La vida razonable y La justicia del tiempo, que dejaron en el camino un considerable número de poemas, bien porque ya no parecían tener sentido dentro del nuevo conjunto o bien porque me parecía mejor reservarlos para algún posible libro posterior.
Podría decir, sin temor a exagerar, que ese excesivo asentimiento o conformidad con las opiniones de otros fue durante años una dolorosa constante en mi evolución como escritor de poesía; como peculiar el tipo de desempeño crítico que pedía de aquellos a quienes enseñaba lo que iba escribiendo. Atendiendo a mis recuerdos y a los manuscritos anotados que conservo, podría distinguir dos tipos diferentes: de una parte, quienes tenían arraigada en su mente una determinada idea del poeta que yo era o debía ser (idea que yo sospechaba ya entonces que en absoluto se correspondía conmigo, y el paso de los años no ha hecho sino reafirmarme en esa convicción) por lo que miraban cuanto les mostraba desde el convencimiento de que distaba mucho de ese estado 'ideal', y llenaban el manuscrito de tachaduras y comentarios, muchas veces razonables y otras no tanto, incluso —en ocasiones— de inusitada dureza y displicencia, rozando lo ofensivo. Sin perjuicio de su indudable buena intención, el comportamiento de alguno llegó en algún momento a parecerse más al de un agente preocupado por los intereses de una supuesta 'carrera literaria' (que, por seductora que pudiera resultar, yo no estaba seguro de que quisiera o pudiera tener) que al de un amigo...
Los segundos, en cambio, parecían mirar desde el convencimiento de que ya era (o estaba en el camino de ser, y disponía de las herramientas necesarias para ello) el escritor que era o debía ser, ni mejor ni peor, ni necesariamente el que a ellos les gustaría. Sus análisis, por tanto, huían deliberadamente de enmiendas, tachaduras y/o cualquier tipo de anotación en los márgenes de posibilidades alternativas a este o aquel verso, limitándose a señalar con una marca apenas visible —un punto con lápiz o rotulador, junto al título o en alguna de las esquinas superiores del folio— aquellos poemas que les parecían mejores o más les habían gustado o emocionado.
Por razones de cercanía vital y afectiva, sin embargo, el peso mayor en mis decisiones lo tuvieron los primeros, y en el caso que nos ocupa ahora determinaron una serie de cambios importantes en el resultado final, desde el título —que cambió del inicialmente previsto Antología mínima al mucho más neutro de Treinta poemas— hasta el contenido mismo (1), pasando por la 'Nota del autor' que lo encabeza, cuya versión inicial —pergeñada entre julio y septiembre de 1996 y de la que se nutren estas líneas— terminé cambiando ya en las primeras galeradas por otra bien diferente —la que puede leerse ahora— redactada en lo fundamental por uno de los asesores a quienes antes me refería y mínimamente retocada después por mí, y cuya característica más llamativa es ese tono de impostada humildad —tan extraño a mi carácter— que se adivina detrás de algunas frases: «un libro de transición hacia nuevas tentativas», «dejaba ver las influencias de poetas que por entonces empezaba a descubrir», «quedaron inéditos —y debo decir que me alegro de que así fuera—», «recupero los que creo que más claramente apuntan a posibles caminos futuros», «'La justicia del tiempo' tiene un marcado carácter generacional»...
Ese tono casi inculpatorio y/o disculpatorio, como de pedir perdón por el atrevimiento de publicar aquella antología, tiene poco que ver con el meramente descriptivo del texto original, en el que tras hablar de ese modo de ir subsumiendo cada proyecto de libro en el siguiente que comenté arriba, terminaba con una breve referencia a los poemas que habían ido quedándose por el camino:

«Es de ese conjunto de poemas 'descolocados', por así decirlo, de los que principalmente se nutre esta selección, en la que también están representados los dos libros publicados a los que me referí, y en la que no cabe —por razones obvias— incluir ningún texto de un primer libro que aún no he tenido el valor de destruir [...], ni de otro posterior, del que ni siquiera he podido encontrar ninguna copia, y que no es —en mi recuerdo— más que una versión primitiva del segundo de los publicados (2). Sólo para comodidad del posible lector, y por mantener un cierto orden cronológico, he ordenado los poemas bajo los títulos de esos libros efímeros a los que originariamente pertenecieron, pero incluyendo las correcciones posteriores.»

Varios de esos poemas adscritos en la antología a los entonces aún inéditos Bienvenida la noche, El legado de Hamlet y La justicia del tiempo no llegaron a formar parte después de ningún libro o —por decirlo mejor—, los libros de los que varios de esos poemas formaban parte se publicaron años después (Bienvenida la noche y El legado de Hamlet en 2003, con alteraciones que desvirtuaban claramente los proyectos originales) o se quedaron por el camino por las razones ya comentadas y por otras tan equivocadas —creo ahora— como aquellas (estoy trabajando todo lo duro que puedo para solucionar eso)...
No quiero terminar sin hacer mención al pintor Pedro Serna, que tuvo la amabilidad de permitir la reproducción del hermoso dibujo suyo que figura como viñeta en la portada, y a Antonio Lucas, que hizo esta breve reseña


en La esfera, el entonces suplemento literario del diario El Mundo. El librito con todo no llegó a distribuirse, como ya he comentado: aparte de los de autor y de algunas decenas más que conseguí años después (gracias a los buenos oficios de Javier Marín Ceballos, todo hay que decirlo), la mayoría de los ejemplares se quedaron almacenados en sus cajas en alguna nave de algún polígono industrial granadino. Si desean leerlo, sólo tienen que hacer clic sobre la imagen de la cubierta que encabeza esta entrada.

NOTAS
(1) Antología mínima constaba de cuarenta poemas —seis de En las nubes del alba, siete de Si la ilusión persiste, once de Bienvenida la noche y dieciséis de El legado de Hamlet— incluyendo los poemas largos Reencuentro en modo menor y El legado de Hamlet, divididos en ocho y seis partes respectivamente, con lo que el total —contando esas secciones individualmente— sería de cincuenta y dos.  Al pasar a llamarse Treinta poemas quedaron fuera diecisiete de los cuarenta iniciales, y de los dos largos sólo incluí algunas partes (III y VII del primero y III, V y VI del segundo).
De esos diecisiete excluidos, seis se publicaron en 2003 formando parte de Bienvenida la noche (Amanecer de otoño, Imágenes amadas, El desnudo infeliz, Aquel sosegado lugar, Respuesta del oráculo y Certeza indeseada —integrado en Odisea, libro XXV—) y otros dos en 2004 (Un amigo del bar y Benet) integrados en el poema Officium defunctorum de Una canción extranjera.
Los otros nueve (Antes que el tiempo los cambiara, Dante anoche, Hablando del suicidio, Soneto falso, Poética para Germán, Tardío remordimiento, A un amigo distante, Brindis y Lección primera, más las secciones I, II, IV, V, VI y VIII de Reencuentro en modo menor) definitivamente no obtuvieron plaza en aquel peculiar concurso-oposición, por lo que podría decirse que siguen esperando una oportunidad de ver la luz, y desde luego estoy considerando seriamente la posibilidad de concedérsela.
(2) «otro posterior, del que ni siquiera [...]» Se trataba de Donde hubo un edificio, conjunto de cincuenta y tres poemas escritos en la primavera y el verano de 1988, parte de los cuales presenté (con ese título) a la convocatoria de ayudas a la creación literaria de la CARM de ese año, y que teóricamente (obtuve una) debería haber entregado para su publicación un año después, cosa que no llegué a hacer del todo: por razones similares a las descritas en esta entrada, sólo catorce de esos poemas estaban entre los veinticuatro que de hecho entregué y se publicaron (los diez restantes escritos —supongo, no conservo los originales— entre julio de 1988 y octubre de 1989) bajo el título de Si la ilusión persiste.

14 de febrero de 2012

Poemas que me han dedicado: Andrés García Cerdán





A lo largo del tiempo algunos (muy pocos) amigos han tenido la gentileza de dedicarme algún poema, y como ya dije creo que no es mala cosa darlos a conocer, haciendo de paso siquiera un mínimo elogio de los libros en que aparecieron. En esta ocasión traigo uno incluido en La cuarta persona del singular, tercer libro Andrés García Cerdán, con el que ganó el XVI Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás. El poema —títulado como uno de los míos de En las nubes del alba— es éste:


ALMATOGRAFÍA

                                                           Para Ángel Paniagua.

NO utilices el nombre de Ezra Pound
en vano. No maldigas. No termines.
Aprende que tu vida es una flor.
Confórmate con todo lo que tienes.
Confórmate con lo que no has perdido.

Luego busca tu sombra de caballo
y llénala de cuerpos. Y no sueñes.
Sobre todo, no pongas en tus versos
la maldición del siglo que se acaba.
Sobre todo, no pongas la marea
ni el sucio asesinato de los nombres.
Aprende que tu vida es una flor.



1 de noviembre de 2011

Cumpleaños de Soren Peñalver


Soren Peñalver en S. Martín de Porres, bajo el dintel de La puerta falsa

Hoy es el cumpleaños de Soren Peñalver. Aunque conozca la fecha exacta (más bien el año, puesto que la fecha evidentemente es hoy) no la voy a decir porque creo que no me corresponde a mí desvelar el secreto que hay detrás de esa pequeña coquetería suya. Yo lo sé desde 1992, cuando hacía ya unos ocho años que le conocía, y no a través (como el propio Soren cree) de Pedro o Eloy, que siempre me dijeron saberla pero la mantuvieron —también ellos— oculta a mi curiosidad. No, yo supe el año de su nacimiento por un compañero suyo de la mili, y hasta aquí puedo leer... Tampoco importa tanto si pensamos que, hará mañana un año, la vida nos lo devolvió —físicamente algo mermado, pero entero— a la vida y a la poesía, y yo quiero celebrarlo con él y con ustedes: celebrémoslo, por ejemplo, con un poema suyo, uno que no está incluido en Cantos del peregrino, la selección que publicó la pasada primavera el Museo Ramón Gaya con motivo del homenaje que le tributó el Día Internacional de la Poesía, y que intuyó que traerá muy buenos recuerdos de los días de antaño a más de una y de uno.


UN IDILIO INTEMPORAL

Espigada, libre el cabello
y los ojos dos violetas brillantes
de agua, como una colegiala
de antaño, escapada de una clase
abrumadora antes de tiempo,
la Poesía espera, bajo un árbol,
a que la lluvia cese de caer
sobre la calle y los que corren.

Pasas, la saludas, te reconoce.
Fue a finales del milenio
pasado, o a principios de éste.
A ella ni la tocaron los años.

Frecuentabais, en las tardes
soñolientas, en las noches
claras, musicadas, aquel lugar
de nombre impar, alzado
en el recuerdo, como una clave
o un enigma de la Cábala
o Platón: La puerta falsa.
Soren Peñalver

20 de octubre de 2011

Cuaderno del 93 (II)


Foto: Nieve en Tejeda de Tiétar © José Paniagua (Cleto), 2010


POSTAL INFANTIL

Hay un mundo de nieve que fue un día
lejano de la infancia. Entre los muchos
momentos olvidados, ese día,
la mañana feliz que vi la nieve
por vez primera y última, pervive,
y ha enterrado en su seno muchos otros
recuerdos, buenos, malos, tantos juegos
de entonces ha hecho suyos, en su afán
de cifrar en su imagen todo aquello.

La infancia son imágenes, sabemos,
casi siempre instantáneas, sin diálogos
y sin motivaciones aparentes.
Y de pronto sentimos que una de ellas
se empeña en absorber a las demás,
devora cuanto estorba a sus propósitos,
y así mueren amigos, ilusiones,
desencantos que un día fueron nuestros.

Y de pronto sentimos que esa nieve
es ya la infancia toda en sólo un mito.

13 de septiembre de 2011

Dos cartas de 1991



7 de febrero de 1991
D. Angel Paniagua
Murcia

Querido amigo:
                       Este segundo libro suyo es mejor edición que el primero y los poemas más personales y conseguidos. Pero tenga cuidado: no es bueno publicar mucho para un escritor de su edad, y dos libros en un año es un peligro. ¿No habría sido mejor hacer uno con lo mejor de los dos? Yo creo que sí. Un primer libro es la carta de presentación más difícil, y Vd. se ha presentado dos veces seguidas. Pero ya está hecho y Vd. sabrá retomar el pulso y la mesura.
Cuente con mi simpatía y mis mejores deseos para sus escritos.
Un abrazo afectuoso, 
[Firma remitente]

________________



[[Ciudad], 8-III-91]
Paniagua querido:
                     Bien sabes lo que se agradece en el exilio... (¡Bueno, no lo sabes, porque nunca has estado en Ponto alguno!) En cualquier caso, supones que se agradece, ¡y mucho!, recibir noticias de quienes te quieren —o juegan a quererte, que en la distancia es igual para el recipendiario— y más aún si te envían regalos. He leído el tuyo, y me ha gustado más por ser regalo y venir de ti.
Supongo que se impone la breve crónica sobre mis primeras semanas de estancia en [Ciudad], pero no tengo ganas de contarte el lío que representa asentar los reales en nuevos territorios. ¡Ya será en ocasión de nuestra estancia en Flandes, cuando nos reclame de nuevo el emperador Carlos! Entonces comprenderás mejor, o estarás en mejores circunstancias para comprender lo que es una conquista de territorio. (Aunque, ahora que lo pienso, tú eres un innato estratega).
Tanteos y zancadillas disimuladas, afabilidades dudosas, caras largas... ¡de todo ha habido! Decir que todo está superado sería más bien propio de un optimista paniagua que de un [adjetivo] pesimista. Pero algo se va avanzando.
El mar sigue siendo lugar de referencia y siempre vuelvo a él. ¿Te comenté lo de las [estrofa] que me había dado por hacer cada vez que lo miraba?
Ya son un sinfín. Te voy a transcribir la primera (por su solera y su carácter de novedad). Sé que estos disparates para-poéticos te encantan, y más si vienen de tu [adjetivo].
(Mejor doy la vuelta al folio; así queda completita en la otra cara, ¿no?).

[Transcripción de la [estrofa] y explicación de
un detalle de la misma en forma de nota al pie]

Y después de haberte hecho reír un poco, con el título barroco y la nota erudita, te mando, en una calurosa despedida, cien mil abrazos (para que puedas desprenderte de alguno, si te pregunta alguien por mí. Claro, para [Nombre], tres o cuatro por lo menos) y el deseo de que podamos hablar pronto,
[Firma remitente]


[Como se desprende fácilmente de su lectura, ambas cartas me fueron remitidas como respuesta al envío de mi segundo libro de poemas, Si la ilusión persiste, cuya portada (con El angel caído, de Roberto González Fernández) encabeza esta entrada. En su página de créditos figura el 15 de diciembre de 1990 como fecha de esa primera edición, aunque probablemente sólo por motivos administrativos: se suponía que el libro había sido escrito a lo largo de 1989 con una beca de creación literaria de la Consejería de Cultura, que estipulaba la entrega en el plazo de un año del correspondiente original conforme al proyecto que presenté al solicitarla (nadie verificó tal extremo, que yo recuerde) y su publicación con cargo al presupuesto del siguiente ejercicio, o sea, 1990. Pero lo más probable es que las cajas con los primeros ejemplares no salieran de la imprenta hasta los días iniciales de enero de 1991, cuando me llamaron para que pasara a recoger los que me correspondían como autor.]

8 de septiembre de 2011

Ocho de septiembre




Tantas lágrimas cubren aquel sitio,
tus palabras —aquel me gustas mucho
burlón que aún suena a gloria—,
aquel primer matiz como de hazaña
furtiva y pasajera, el aire frívolo
de aquel beso primero, tu colchón
en el suelo y tus sábanas de raso,
y aquella noche larga en la que hicimos
de todo y sobró tiempo para hablar y reírnos.

La magia del inicio, sustraída
por el velo tenaz del desencanto,
necesito invocar en estas noches
que no me pertenecen,
estas horas perdidas deambulando
de un libro para otro, buscando algún sosiego
donde sólo una suerte de aflicción
despoja de sentido las palabras,
los gestos, el silencio y el inmisericorde
trasiego de inquietudes;
invocarla en defensa tuya y mía, por que sola
perdure entre nosotros, evitándonos
la tibia enemistad de la distancia.

Ven a verme y recuerda
conmigo aquella magia, recuerda que aun ahora
nos eriza la piel un ansia grande
de fundirnos en uno, y sólo el miedo
nos libra de cumplirla, interponiendo
la amargura presente.
                                             Ven a verme
y aquí cuando me mires no habrá ese sentimiento
de lejana tristeza y de impostado
dolor, sino el momento primero, que nos salva
entre la lucidez y entre el vacío.

[Mayo-junio, 1990 - enero, 1991]

27 de agosto de 2011

Monólogos en el vacío




PERCY SHELLEY EN EL ARIEL

Da pena esta limpieza de mi cuerpo
que sólo tú acaricias; esta voz
fundida con la mía, ambas extrañas,
con un sonido ajeno aquí en la mente,
donde sólo uno mismo debe oírse;
no hay otra que transmita su cadencia
por esa magia simple, su silencio
a los versos amargos que ahora escucho.

Como el mar en invierno, despeinado,
sin sol ni luz, espera una palabra,
así he presentido que mirabas
la paz que trajo a veces tu demonio:
los cuerpos se alejaban al oscuro
rumor que me insuflaste cuando niño,
al eco de tu voz, que tan temprano
vibraba ya en la mía y sólo ahora

reconozco. No puedo soslayar
la tentación de hablar contigo, infame,
recordada en el tacto de mi piel,
el odio de mirarte confidente
solícita de tanta adolescencia
desterrada, la envidia de esos años.
¿Dónde estabas? ¿Por qué no me enseñaste
la manera de amarte, como a tantos...?

Ahora aceptaría tu consuelo.
¿O piensas que el sonido de algún cuerpo
me atraería, que iba a abandonarte
y volver con la ofrenda de mis lágrimas?
Tal vez no te equivocas. Te he nombrado
deidad, como los hombres sacralizan
todo aquello que excede a su contacto,
o aquello de sí mismos que detestan.

Pero voy a seguir buscando el rostro
del que tú estés ausente, su sonrisa,
aunque al final descubra que mi aliento
huele a fondo marino, que mi piel,
incluso recién limpia como ahora,
suave y perfumada, disimula
dentículos, como el escualo triste
que en tu seno profundo nunca duerme.

[Este poema, escrito en mayo-junio de 1987 e inédito hasta ahora, es el primero de la serie de fragmentos que luego conformaron el poema-libro Gaviotas desde el 'Ariel' (Pre-Textos, 2005) del que sin embargo quedó fuera, y uno de los incluidos en la antología Monólogos en el vacío, recientemente publicada por Ediciones del 4 de Agosto en la colección Planeta Clandestino, con motivo de mi participación (el pasado jueves 25, junto a Antonio Méndez Rubio) en el VII festival de poesía Agosto Clandestino en Logroño.]