17 de marzo de 2010

Un poema de Antonio Llorente Abellán




El próximo 24 de marzo, Antonio Marín Albalate y quien suscribe apadrinaremos el bautizo del nuevo libro de poemas de Antonio Llorente Abellán, Herida, tercer título de la colección Pasión del verbo que publica la editorial Huerga & Fierro con el patrocinio del Patronato Carmen Conde - Antonio Oliver. Será en el Museo Ramón Gaya de Murcia a las 20:00h. A continuación pueden leer uno de los poemas del libro:


PRECEPTIVAS

Habrá que hacer loa de cualquier cosa.

De la mera contemplación hacer poesía.

Lo mismo ha de dar una nube que un amor,
o la emoción de contemplar un cántaro,
qué cosas...

Y es que hay que rastrear lo sublime,
hacerlo brotar entre las líneas de los versos.
Parece que ahora importa más el papel en blanco
que el sordo rumor de un corazón desmoronado
o el de un alma arrugada en el ocaso
porque siente con el día morirse el mundo.

Hoy hay que hacer poesía de memoria
y medir bien los versos, hacer trampas,
no decir la verdad aunque nos mate,
tanta sinceridad, tanto ripio disfrazado
de soneto matemático y puro.

Poetas de la elegía nos dicen
los poetas sordos y cerebrales
porque no saben escuchar el dulce temblor
de todo lo que vive camino de la muerte.

No saben de las ansias,
no saben del origen
silencioso y turbio
de cada canción que les suena hermosa.

No saben nada de la vida ni han entendido
apenas ningún libro.

Hay que ser como ellos, agasajar
las conciencias de este mundo dormido.

Y ni un llanto, por favor, ni una pena,
y no hablar del yo, que a nadie importa.

Mejor las nubes, las aves, los cántaros,
y todo muy discretamente, y muy bien medido
sin hacer ruido, por dios, que nadie se moleste.

Antonio Llorente Abellán

2 de marzo de 2010

Un poema de Eloy Sánchez Rosillo





Mi buen amigo J. me comenta por correo electrónico su extrañeza tras haber leído la entrada anterior: "En varias ocasiones te he escuchado, en tus recitales de poesía o en conversaciones privadas, aludir a las razones de tu gran aprecio por la persona y la obra de Eloy Sánchez Rosillo [...] Seguramente no recuerdas —me dice— que en su libro «La vida» hay un poema sobre Donizetti titulado «Una fotografía»..." Le respondo que desde luego recordaba el poema y —por si no lo hubiera recordado— lo tenía entre los resultados de las búsquedas que hice en Google antes de ponerme a pergeñar el artículo, que escribí por encargo —con 48 horas escasas para entregarlo y la limitación añadida de que la extensión no fuera mayor de dos folios— y en el que las citas de Carnero y Colinas son significativas de un cierto estado de opinión en la época —mediados de los setenta— en la que se escribieron (y en concreto la de Carnero una mera alusión en el seno de un poema "metapoético", como la mayoría de los de ese libro suyo). Pero también estoy contigo, querido J., en lo excelente de la oportunidad para traer el poema junto a la reproducción del daguerrotipo en el que se basa (tomado al parecer por el propio Daguerre en París en agosto de 1847) que el propio Eloy me ha facilitado, lo que desde aquí le agradezco:


UNA FOTOGRAFÍA

Entre aquel hombre al que le dio la vida
tantas noches de gloria en los teatros
más famosos de Europa y éste que, inoportuno,
nos muestra en su patética ruina
el viejo y cruel daguerrotipo, no hay
sino un poco de tiempo.

                                                    En unos cuantos años
—sigilosa, implacable—, la sífilis ha ido
con tesón completando en este cuerpo
su siniestra tarea. El resultado
del oscuro proceso de destrucción podemos
verlo en todo su horror en la tremenda imagen
a la que me refiero, una de aquellas placas
de los primeros tiempos de la fotografía
(hecha, según sabemos, en agosto del año
47 del pasado siglo).

Sí, ese triste guiñapo que sin piedad ninguna
recoge el objetivo es cuanto queda
del célebre Gaetano Donizetti.
                                                               Miradlo:
todavía es un hombre joven, aún no ha cumplido
cincuenta años, pero ya la muerte
muy de cerca lo ronda. Ahí está, derrumbado
en el sillón de un cuarto de la casa
que ahora habita en París, ajeno, ausente.
Junto a él aparece, circunspecto
y mirando a la cámara con pesadumbre, Andrea,
el sobrino del músico en quien ha recaído
el penoso trabajo de cuidar al enfermo.

Tiene el maestro contraído el rostro
por el dolor; los ojos y los puños,
cerrados y apretados con fuerza; la cabeza,
caída sobre el pecho silencioso
del que antaño dulcísima brotara
como luz milagrosa tanta música.
                                                                      Nadie
diría que este hombre es el mismo que hizo
las espléndidas óperas que recorren triunfantes
los teatros de Italia, Francia y Austria.

¿Qué ha sido de las noches clamorosas de estreno
en que la multitud lo celebraba
y emperadores, reyes, nobles damas, magnates,
lo trataban con suma deferencia?
Todos hablan ahora del pobre Donizetti,
del año y medio que ha pasado el músico
en aquel manicomio de Ivry; circulan muchas
habladurías sobre la terrible
enfermedad venérea que contrajo en alguna
de sus innumerables aventuras galantes;
bien ha pagado el desgraciado —dicen—
su vida disoluta, la afición desmedida
que a cualquier laya de mujeres tuvo.

Sólo unos meses faltan para que al fin la muerte
lo libre del tormento de vivir de este modo.
Mas seguirá después su prodigiosa música
rodando por el mundo. Nunca será olvidada,
y les dará a los hombres para siempre
consuelo y esperanza, emoción y alegría.

23 de febrero de 2010

Una secreta admiración por Donizetti



No había tenido suerte Gaetano Donizetti en su primer encuentro con el público parisino cuando presentó su Marin Faliero en el Théâtre Italien el 12 de marzo de 1835, menos de dos meses después del estreno —el 24 enero de ese mismo año— de I puritani, cuyo enorme éxito determinaría a la postre la tibia acogida del título donizettiano y el regreso del compositor a Nápoles para atender al estreno de la que se convertiría en una de sus obras maestras, Lucia di Lammermoor, previsto para el 29 de septiembre en el Teatro San Carlo. Tres días antes, el 26, había muerto Bellini en la capital francesa, y este hecho, unido al voluntario apartamiento del gigante Rossini de la composición operística (que no de la vida social y musical, no en vano tomó las riendas del Théâtre Italien) después del estreno en 1829 de Guillaume Tell, había dejado el camino libre al bergamasco para convertirse en lo que ya era cuando regresó al final de esa misma década —tras el rechazo de Poliuto por la censura italiana—: el más reputado compositor lírico de su tiempo.

La simple enumeración de algunos pormenores que rodean la composición de sus últimas óperas habla bien a las claras tanto de la abundancia y simultaneidad de los encargos como de la rapidez de su forma de trabajar: el primer borrador de Caterina Cornaro está fechado en 1842, pero Donizetti abandona momentáneamente el proyecto para comenzar a trabajar en Maria di Rohan (que sería estrenada en el Kärntnertortheater de Viena en junio de 1843) y Don Pasquale; de nuevo retoma el trabajo en Caterina y una vez más lo interrumpe para concentrarse componer Dom Sébastien, roi du Portugal, interpretada en noviembre de 1843, mientras que la première de Caterina, que tenía que haber sido puesta en escena este mismo año, se pospuso dado que el compositor, por razones de salud y de agenda, no podía supervisar la producción, que finalmente subiría a escena (sin demasiado éxito) en Nápoles el 12 de enero de 1844.

En unas declaraciones de 2004 recogidas para El Cultural del diario El Mundo por Carlos Forteza, a propósito del estreno en el Teatro Real de la producción de Don Pasquale de Grischa Asagarov (estrenada en 1997 en la Opernhaus de Zurich con motivo del 200 aniversario del nacimiento de Donizetti) el director musical de la misma, Giuliano Carella, hablaba de Donizetti, como “continuador directo de las técnicas musicales y teatrales establecidas por Rossini a principios del XIX. En esa franja de treinta años que separan «Il barbiere di Siviglia» y «Don Pasquale», Donizetti eleva ese legado rossiniano a sus máximas consecuencias. En su favor, desarrolla el género al dotar a sus personajes de una complejidad y profundidad psicológicas quizás ausentes en Rossini”. Señala también Carella las evidentes novedades que introduce Donizetti en su capolavoro, rompiendo la estructura de los números cerrados tradicionales al suprimir el recitativo secco propio de la ópera buffa —en cuya tradición escénica y argumental, como comenta Blas Matamoro en su artículo, introduce también el cinismo como elemento añadido a la ironía— y sustituirlo por el recitativo accompagnato, contribuyendo así a una mucho mayor unidad y fluidez del discurso dramático-musical; y pone un ejemplo de esas “claras intenciones modernizadoras” que de puro evidente pasa muchas veces desapercibido al espectador u oyente: en la primera escena se mantiene la estructura tradicional de recitativo, cavatina y cabaletta, pero el núcleo del número en su conjunto no se reserva a uno de los personajes como venía siendo habitual (recuérdense a este respecto, por atenernos a lo más conocido de su repertorio, las arias di sortita de las respectivas protagonistas en Ana Bolena, Lucrezia Borgia, Lucia di Lammemoor o Roberto Devereux) sino que se inicia como duetto entre Pasquale y Malatesta, sigue con la cavatina (Bella siccome un angelo) encomendada al doctor y, tras un nuevo y breve intercambio entre ambos, termina con la cabaletta (Ah! Un foco insolito) cantada por Don Pasquale.

En esa producción, Asagarov y su diseñador Luigi Perego trasladan la acción al período de entreguerras del pasado siglo, los “felices años veinte”: Ernesto aparece en escena vestido con el típico atuendo de inglés de jugar al tenis, mientras Don Pasquale colecciona osos de peluche en una “especie de casa romana construida con el estilo del último Renacimiento, decorada en colores pompeyanos, con muebles antiguos y tapices polvorientos, que se transformará, tras la llegada de Norina, en algo muy distinto, de plástico rosa, muy postmoderno”, en palabras del propio Asagarov. Me refiero a ella en lugar de a cualquier otra, de las muchas y bastante acertadas que en los últimos años vienen sucediéndose en los escenarios de todo el mundo, por ser de sobras conocida por una gran mayoría de los aficionados: fue retransmitida en su reposición de 2006 a través del canal de televisión Mezzo, con un reparto de ensueño —Ruggiero Raimondi en el papel titular, magníficamente secundado por Oliver Widmer, nuestra Isabel Rey y el mejor de los Ernestos posibles, Juan Diego Flórez— y editada posteriormente en DVD por Decca. La generalización de los formatos CD y DVD (y la práctica imposibilidad, dado los cada vez mayores costes, de seguir grabando una y otra vez en estudio los mismos títulos con repartos “mediáticos”) ha favorecido el hecho de que sea ya habitual registrar en vivo la mayoría de las producciones de ópera a lo largo y ancho del mundo para que el aficionado pueda disfrutarlas en la comodidad de su hogar y en condiciones de imagen y sonido impensables hace unas décadas.

Todavía recuerdo mis primeros años de afición operística (prácticamente desde los dieciséis, aunque con pasión y ahínco mucho mayores desde la universidad) que probablemente conocen, han compartido y recuerdan también muchos de los que ahora leen estas líneas: eran los años de florecimiento del repertorio rossiniano en el ámbito discográfico, pero también lo habían venido siendo en el puramente teatral —documentado por grabaciones radiofónicas o privadas— de una notable Donizetti renaissance que encabezaron nombres como Leyla Gencer, Caballé o Sutherland. Sólo un ejemplo, para mí muy especial: el 20 de abril de 1965 (yo nací en noviembre de ese año, o sea que a la sazón estaba ya en el vientre de mi madre) una joven casi desconocida sustituía en el neoyorquino Carnegie Hall a la indispuesta Marilyn Horne en el papel principal de la Lucrezia Borgia que se ofrecía en versión semiescenificada. La grabación de esa función —como tantas otras de Verdi, Wagner, Bellini, el propio Donizetti, etc.— circuló en LP en la época del vinilo, pero yo no la conocí hasta mediados de los noventa, cuando la editó en CD Great Opera Performances (o G.O.P. si lo prefieren): en la sala se hace un silencio absoluto tras el breve aplauso de cortesía a la cabaletta de Orsini Fede a fallaci oroscopi, la orquesta (dirigida por el veterano e injustamente minusvalorado Jonel Perlea, que ocho años antes, tras un ataque al corazón y un derrame cerebral, había tenido que aprender a dirigir sólo con la mano izquierda) entona la breve introducción al recitativo Tranquillo ei posa y aparece la protagonista, se llama Monserrat Caballé, y a unos pocos avisados su nombre les suena de una Manon de Massenet con Di Stefano en México en septiembre del año anterior: los prodigios empiezan a sucederse y no se sabe qué admirar más: si la extraordinaria belleza del timbre, la tersura y mordiente de la voz, los filados, los trinos, los reguladores dinámicos o los imposibles pianissimi sostenidos por una capacidad de fiato que devendría legendaria. Son en total once minutos durante los que apenas alguna tos, algún leve carraspeo, puede oírse (el sonido de la grabación es bastante aceptable) tras el breve intercambio con Gubetta que conduce al aria propiamente dicha [para quien no conozca la grabación he subido a You Tube y enlazado a continuación el recitativo y el aria]… Todavía hoy se me ponen los pelos de punta cuando tras las últimas palabras de la segunda estrofa (non ti desti che al piacer) estallan los aplausos y los bravos... Así describía el crítico musical del New York Times, Raymond Ericson, la reacción del público tras esa primer aria: «Miss Caballé sólo tuvo que cantar su romanza inicial, una típicamente dulce aria de Donizetti con pequeñas florituras vocales, y se vio claramente que aquí había una cantante no sólo con una hermosa y pura voz, sino también con excepcional dominio del estilo vocal. No fue una sorpresa que tan pronto en la ópera el público interrumpiera la función durante cinco minutos con sus aplauso y vítores». Y el entusiasmo no haría sino crecer para acabar en una atronadora ovación de más de media hora para la debutante [Quien desee conocer un relato completo y detallado (en catalán) de los pormenores de esta representación, las circunstancias que la rodearon y su decisiva trascendencia en la carrera de la soprano, puede leerlo en el capítulo 6 ("El triomf mundial arriba de sobte") de la biografía Montserrat Caballé de Roger Alier, L'Arca, Robinbook, Barcelona 2008, especialmente pp. 52-54 (vista previa restringida del libro en este enlace)].





Pero eran también años en los que persistía aún el eco de afirmaciones nacidas no sólo del desdén, sino también del más absoluto desconocimiento de las partituras originales y de las caprichosas modificaciones y cortes obradas en ellas a lo largo del tiempo, como ésta de uno de los mejores compositores venezolanos, Juan Bautista Plaza (1898-1965): “casi todas las referidas óperas, no obstante las inspiradas páginas que encierran, carecen de unidad de estilo y su instrumentación es por lo general muy pobre” O esta otra, extraída de la monografía del musicólogo francés François René Tranchefort La Ópera, (1983, edición española en Taurus, 1985): “el talento melódico frecuentemente se ve debilitado por la banalidad de la armonía y de la instrumentación”. No resulta extraño, así, que en 1974, en el último poema de su libro Variaciones y figuras sobre un tema de La Bruyère, el titulado L'enigme de l'heure, escribiera Guillermo Carnero estos versos:

“El poema es un complejo artesanado, un gran reloj de cuco;
conocemos su engranaje y cómo da la hora
que es, con todo, un enigma: también nos duele confesar
una secreta admiración por Donizetti.”

Pero desde que la revolución historicista ha ido alcanzando a la ópera del período romántico tales dislates han quedado totalmente obsoletos y desmentidos. Por poner sólo un ejemplo: en sus propias notas a su grabación de Lucia di Lammemoor con instrumentos originales comenta Sir Charles Mackerras (traduzco sobre la marcha del libreto en inglés) que “si, como se ha hecho frecuentemente, se cortan todos los pasajes en los que no participa Lucia, y se transporta abajo el resto, toda la ópera parece escrita en una sola tonalidad, Sol mayor, con lo cual parece no haber desarrollo tonal. En realidad, Donizetti dispuso cada número en una tonalidad opuesta, con los correspondientes caracteres asimismo opuestos de los personajes. Con los cortes y transportes, la ópera pierde mucho de su estructura dramática y se convierte en una velada para aficionados a la mera pirotecnia vocal.” Creo que no hace falta decir más…

Hoy en día todos aquellos maravillosos testimonios sonoros, buena parte de los cuales no nos habríamos atrevido a soñar siquiera, no sólo están a nuestra disposición en mejores o peores condiciones, excelentes en algunos casos y pésimas en otros, sino que de muchas de sus óperas —y de las de contemporáneos suyos menos conocidos— se han realizado representaciones y producciones en concierto ad hoc para llevar a cabo la correspondiente grabación discográfica, y es de justicia destacar en este sentido la labor (por la solvencia de las interpretaciones y la magnificencia de los libretos, con amplísimas y acertadas introducciones histórico-musicales) de la firma inglesa Opera Rara con el apoyo de la “Peter Moores Foundation”. Ya no caben, pues, más nostalgias que aquellos locos e imposibles sueños de los años post-adolescentes: ¿y si Callas hubiera llegado a tiempo a la exhumación y reestreno de Roberto Devereux en Nápoles en 1964?; ¿y si RCA hubiera tenido la inteligencia comercial de Decca y hubiese grabado con la pareja Kraus-Caballé, en aquella segunda mitad de los 60 verdaderamente gloriosa para ambos, no sólo Lucrezia, sino también Lucia, Devereux, Stuarda, Manon (que cantaron —la única vez juntos en escena— en Madrid en el 67) y tantas otras de otros compositores, como la mencionada I puritani, que ambos grabaron para EMI en 1979, en condiciones ya no idóneas...? Pero son sólo eso, sueños imposibles de aquella juventud

     “cisne mío, mi juventud dichosa
     expirando a los pies de Donizetti”
(Antonio Colinas, Sepulcro en Tarquinia, 1975)

…Se levanta el telón, disfruten...

[Una versión reducida de este texto apareció en el libreto del Don Pasquale representado en el Auditorio «Víctor Villegas» de Murcia el pasado 20 de febrero, con dirección escenica Curro Carreres y musical de Fabrizzio Maria Carminatti. Más información sobre la producción —a la que pertenece la fotografía que encabeza esta entrada— pinchando aquí]

21 de febrero de 2010

El coloquio de los perros, nº 26



Ya está en la red el esperado número 26 de la revista digital de literatura El coloquio de los perros, con poemas de Ernesto Pérez Zúñiga, Juan Bonilla, Aleyda Quevedo, Pablo Méndez, Carlos Jiménez Arribas, Leo del Mar, Alexis Gómez Rosa, Inma Pelegrín y quien suscribe; cuentos de Luis López, Alfonso Legaz y Miguel Ángel Hernández-Navarro; poemas traducidos de Asher Reich, Fátima Núñez Delgado, Terese Svoboda, Fernando Pessoa, Rosa von Praunheim y Guy Perreault; entrevistas a Carlos Salem, Miguel Serrano Larraz, Adolfo Castañón y el poeta argentino Luis Benítez; artículos y reseñas de narrativa, poesía, teatro, fotografía, música (una Elegía por Narciso Yepes de José Antonio Hernández Arce) y muchas otras cosas que espero se sientan invitados/as a descubrir.

18 de enero de 2010

Un poema de 1996


ALLÍ LA JUVENTUD

Alguna vez leímos a Cavafis
creyendo que era un nuevo poeta joven
con ideas magníficas y escaso
sentido de la métrica y el ritmo;
oímos la tormenta musical
de rara perfección con que comienza
Otello sin llegarnos a creer
que su autor fuera el mismo de Traviata;
y sentimos —también por vez primera—
el contacto de otra piel y las caricias
tan distintas, de igual a igual,
la audacia de los besos tras la puerta
que en el momento más insospechado
podían haber abierto nuestros padres.

Y aquello no era nada comparado
con lo que vino luego, la ciudad
desconocida y nueva, con su embrujo
de cines, librerías, discotecas
y sólo juventud alrededor:
en clase, por las calles, en las noches,
juventud embriagada de sí misma.

Tanta era que apenas si —mirándola
pasar a nuestro lado, acariciándola,
queriendo hacerla nuestra—, apenas, digo,
si la vimos brillar en nuestros ojos...


6 de enero de 2010

«Chatversación» literaria





Las redes sociales por las que con mayor o menor soltura nos movemos suelen ofrecer la posibilidad de mantener conversaciones con los contactos que se encuentren conectados al mismo tiempo que nosotros, y algunas incluso la de guardar un historial de esas conversaciones. Tal es el caso de ésta, mantenida en la sobremesa de la víspera de Reyes con un amigo escritor de la generación siguiente a la mía, si damos por bueno el lapso generalmente aceptado para marcarlas de unos quince años, que son —mes arriba, mes abajo— los que nos separan. Como es de suponer, he tenido que editar, siquiera mínimamente, el registro del chat original, plagado aquí y allá de los típicos errores que se producen al tratar de mover deprisa los dedos sobre el teclado o palabras reducidas para mayor rapidez a sus consonantes principales, así como marcas horarias antes de cada post, frases entrecortadas o descolocadas por la llegada de una nueva pregunta antes de terminar la respuesta a la anterior, etc. También me ha parecido innecesario mantener los nombres de los editores, escritores, editoriales o premios mencionados a lo largo de la chatversación (literaria, al fin y al cabo), así como una alusión geográfica y cualquier otro dato susceptible de posibilitar la identificación de mi interlocutor (a cuya benevolente complicidad me encomiendo desde aquí): los he sustituido por denominaciones genéricas puestas entre corchetes. Así que, sin más preámbulos, aquí está lo que nos hemos contado:


–[Interlocutor]: Hola.
–[Angel Paniagua]: ¿Qué tal [Nombre]?
–[Int.]: ¡Felices Reyes!
–[A.P.]: Eso suena muy bien sobre el papel, pero dejaron de ser felices hace ya mucho, y sobre todo dejaron de ser reyes, destronados y degradados a padres corrientes y molientes, ja ja ja…
–[Int.]: Ja ja ja... Oye ¿tú tienes agente literario?
–[A.P.]: No.
–[Int.]: Claro, meterte en una agencia es jodido, ¿no?
–[A.P.]: Si te digo la verdad, es la primera vez en los años que llevo en esto de la literatura que alguien me pregunta si tengo agente. Nunca me he planteado la necesidad de buscarlo…
–[Int.]: Yo es que tengo amistad con [Nombre y Apellido] y ha surgido.
–[A.P.]: ...aunque supongo que debe de ser necesario si se pretende vivir de la literatura.
–[Int.]: Mi amigo [Nombre] se lo ha dejado y me ha dado varios nombres de agencias. Yo sí quisiera vivir de esto pero viviendo en [Ciudad] lo veo lejano lejano…
–[A.P.]: No tengo ni idea, de momento no es mi caso. No sé si seguirá siendo imprescindible vivir en la capital y asistir a casi todos los actos y lo que no quiero decir etc., etc., para hacer “carrera literaria” en los tiempos de la informática…
–[Int.]: No sé, yo me desanimo viendo al hijo de Carmina publicando, a Ana Botella publicando, etc., etc…
–[A.P.]: Pero vaya, que de desanimados está el mundo lleno y no son los que triunfan... Si realmente es lo que quieres tendrás que plantearte dar los pasos necesarios para conseguirlo.
–[Int.]: Pero cómo, si no soy nadie para un agente literario…
–[A.P.]: Ya te digo que ahí no te puedo ayudar porque desconozco totalmente el tema.
–[Int.]: Lo sé, nadie parece querer o poder ayudar…
–[A.P.]: Por ponerte un ejemplo estúpido, pero que sirve, yo tengo amig@s más jóvenes, que han crecido literariamente a mi lado, que hace entre diez y quince años me pedían consejo y listas de los autores que debían leer, me daban sus poemas para que los leyese o les hiciese sugerencias, y que todavía hoy en día, cuando nos encontramos, intentan más o menos disimuladamente aparentar tratarme con una deferencia especial —pero en las entradas correspondientes a ell@s de [Blog literario] no verás mencionado mi nombre…
–[Int.]: ¿Quién es?
–[A.P.]: No es, son, pero no te voy a decir nombres, son vari@s…
–[Int.]: A veces, Ángel, pienso en abandonar, dejarlo todo…
–[A.P.]: Yo sólo pienso en escribir, y distingo total y absolutamente entre escribir y publicar.
–[Int.]: Lo sé pero, por ejemplo, en poesía, no veo accesible ni [Editorial 1] ni [Editorial 2], ni tampoco [Editorial 3] a no ser que pagues...
–[A.P.]: …publicar un libro pagando la edición no es una opción.
–[Int.]: Por eso te digo, yo por el mío primero no he pagado, me encantaría publicar en [Editorial 4] o [Editorial 2] o [Editorial 1], pero lo veo imposible…
–[A.P.]: Claro que sí, como a todos, pero tienes muchas más opciones, editoriales pequeñas que ahora mismo funcionan como “alternativas”...
–[Int.]: …es lo que hago, [Editorial 5], [Editorial 6]
–[A.P.]: …esas que dices o la misma [Editorial 7] de donde leíste con [Escritor 1].
–[Int.]: Sí, sí, pero me parece injusto…
–[A.P.]: Hay que ir pasito a pasito. No hay nada injusto, los editores son empresarios y necesitan apostar por escritores que vendan, al nivel que sea, pero que les dé para poder seguir, pagar a las imprentas, a los distribuidores, etc.
–[Int.]: Ángel sinceramente, te voy a preguntar algo, ¿qué te parece [Escritor 2]…?
–[A.P.]: Supongo que [Escritor 2] tiene agente… Pero aparte creo que es profesor de algo, ¿no?
–[Int.]: Sí, es [Titulación], y trabaja como [Profesión] en un [Centro de trabajo].
–[A.P.]: Pues eso…
–[Int.]: Pero míralo, publica en [Editorial 2] y en [Editorial 8]
–[A.P.]: …y en [Editorial 9] y donde le pidan…
–[Int.]: …y [Título de poemario] no lo veo para premio, sinceramente…
–[A.P.]: Es que ese es otro tema. Los premios publicados por editoriales como [Editorial 2], [Editorial 1] o [Editorial 10] tienden casi todos hacia la propia escudería, y los libros son... Pues eso, lo que cada editor en cada momento cree que puede dar el campanazo, dentro del margen de maniobra que le dejen el resto de los miembros de cada jurado. Pero te repito que eso no tiene nada que ver con la literatura, sino con el marketing editorial.
–[Int.]: Por eso me entristece todo esto tanto… Pues nada…
–[A.P.]: Ánimo.
–[Int.]: No saldré de editoriales pequeñas nunca.
–[A.P.]: Eso no lo sabes, presenta tu libro a los premios… Si de alguno te han hecho sugerencia previa pues mejor…
–[Int.]: …eso hago… y nunca suena ninguna flauta.
–[A.P.]: Si te rindes no sonará.
–[Int.]: A mí [Nombre de editor] me dijo que enviara mi libro al [Premio literario], ¿tú te fías...?
–[A.P.]: Es una opción. Bueno, yo no le conozco, no sé si lo dice ni a cuántos se lo dice. Supongo que de los X a los que se lo sugiera tendrá un favorito…
–[Int.]: …ya…
–[A.P.]: …pero el resto de miembros del jurado también votan…
–[Int.]: Perdona si te doy la brasa, es que hoy estoy quemado…
–[A.P.]: …no te preocupes… Sólo que verás que a veces tardo más en contestar porque estoy en tres o cuatro cosas a la vez, como casi siempre…
–[Int.]: …quemado y triste…
–[A.P.]: Pues sal a dar un paseo y disfrutar de tu hermosa ciudad, de la lluvia: ve a las librerías a mirar y entretener un poco el tiempo, en una palabra, a relajarte…
–[Int.]: ...Gracias…
–[A.P.]: ...o a tomar un café con tu novia o amigos y el desánimo se pasará… Lo que importa, siempre, es la literatura, no estos alrededores enfangados y confusos…
–[Int.]: Me da la sensación de que nos ven como provincianos y no es eso, sólo hemos tenido la mala suerte de no nacer en Madrid…
–[A.P.]: Tal vez… Ah, si tienes algún Cavafis por las estanterías, cógelo y busca El primer peldaño, en estos casos suele ser bastante recomendable…
–[Int.]: Ya… Gracias…

1 de enero de 2010

Dos poemas de Miquel Martí i Pol, para terminar y empezar el año


Portada de la Poesía completa [© Edicions 62, s.a., labutxaca]


ARA QUE L'ANY S'ACABA

Invoco els dies clars, ara que sé
que me'n desposeeix el temps.
                                                 No em vull
subjecte a cap designi que no pugui
sotmetre al ritme encès de les paraules.

A poc a poc, desfaig els rulls del vent.
La font degota lenta i m'acompassa
la mirada i la veu.

Tot se'm revela nou, però l'espera
m'adorm les mans. Només els ulls completen
el cicle tants de cops iniciat
i abandonat.
                     Propòsits?
                                      Quins propòsits?


[AHORA QUE EL AÑO SE ACABA

Invoco los días claros, ahora que sé
que me los arrebata el tiempo.
                                                  No me quiero
sujeto a ningún designio que no pueda
someter al ritmo encendido de las palabras.

Poco a poco, deshago los rizos del viento.
La fuente gotea lenta y me acompasa
la mirada y la voz.

Todo se me revela nuevo, pero la espera
me adormece las manos. Sólo los ojos completan
el ciclo tantas veces iniciado
y abandonado.
                         ¿Propósitos?
                                             ¿Qué propósitos?]



ARA QUE L'ANY COMENÇA

No hi ha ningú que ens perpetuï. Totes
les quietuds i les inquietuds
tenen per límits una cambra closa.

Així s'explica el temps, i el fosc embruix
de percaçar-lo pels racons secrets
de nosaltres mateixos.
                                     Més enllà
de temors i recances, s'obren sempre
blaus horitzons.
                           Res no pot desviar-nos
del curs del riu del viure, però basta
la voluptat d'estimar perquè l'aire
dringui a cada mot i s'allargassi
l'eco que ens fa, si més no, perdurables.


[AHORA QUE EL AÑO EMPIEZA

No hay nadie que nos perpetúe. Todas
las quietudes y las inquietudes
tienen por límite una habitación cerrada.

Así se explica el tiempo, y el oscuro embrujo
de perseguirlo por los rincones secretos
de nosotros mismos.
                                  Más allá
de temores y pesares, se abren siempre
horizontes azules.
                              Nada puede desviarnos
del curso del río del vivir, pero basta
la voluptuosidad de amar para que el aire
retiña en las palabras y se alargue
el eco que nos hace, cuando menos, perdurables.]

[Del libro «Els bells camins» (Los bellos caminos, 1984-1985). Vaya desde aquí mi agradecimiento a Josep Maria Nogueras por su atenta lectura y sus valiosas precisiones y sugerencias para mejorar las traducciones.]

3 de diciembre de 2009

Black Coffee: Adenda 03-12-09



[Pinchando sobre la imagen se puede ver la captura de pantalla a mayor tamaño]


Me escribe Lola Gracia, directora y presentadora de Black Coffee:
«El programa donde sales el más valorado de LaOpinionTv, dile a tus contactos que aún no hayan visto el programa que lo pueden ver el primero en Últimos vídeos, 10 mejor valorados. Además de la entrevista conmigo, el programa incluye otros contenidos interesantes como un reportaje sobre el festival «eÑe» (con vídeo/poema de Antonio Gamoneda), la sección literaria de Mariano Pérez Ródenas (en este caso sobre el mágnífico nuevo libro de Ginés Aniorte Nosotros, publicado por la editorial Renacimiento) y varias cosas más. Este es el enlace:


Ah, y por la parte que me toca, ¡muchas gracias a tod@s!

2 de diciembre de 2009

Dos paisanos

Dos jóvenes paisanos de Cáceres, Daniel Casado (Trujillo, 1975) por su poemario Oscuro pez del fondo y Mario Lourtau (Torrejoncillo, 1976) por Quince días de fuego, acaban de obtener sendos accésits del premio Adonais. El jurado resaltó de Oscuro pez del fondo «la madurez de su dicción, que dialoga fructíferamente con algunas de las líneas fundamentales de la reciente poesía española, aportando originales impresiones y una gran variedad temática»; y de Quince días de fuego su «emoción creciente, gran lirismo, con una viva presencia de la naturaleza y protagonismo de símbolos muy significativos: el bosque, el fuego o las cenizas». Vaya desde aquí mi más sincera enhorabuena para ambos, acompañada de un pequeño acopio de datos para quienes (sobre todo aquí en Murcia) aún no hayan oído hablar de ellos:




Daniel Casado [Foto: web del autor]

Daniel Casado publica en 1999 Me acuerdo (De la luna libros, Mérida, 1999) firmado al alimón con Elías Moro. Comienza a publicar artesanalmente sus poemarios y crea El Ermitaño Ediciones, de tiradas cortas no venales, excepto para la colección El Pájaro Solitario. En 2002 Crea los Encuentros Literarios ADAMAR y obtiene el VIII Premio de Poesía Ciudad de Mérida por El Largo andar tan breve, publicado (Madrid, Vitrubio) al año siguiente, 2003, en que también comienza a coordinar en Mérida el Club de Lectura Jesús Delgado Valhondo. Coordinador desde 2004 de El Espejo, revista de la Asociación de Escritores Extremeños, ese mismo año obtiene el XV Premio de Poesía Arcipreste de Hita con El viento y las brasas, publicado por Pre-Textos. Durante 2004-2005 coordina los clubes de lectura de Mérida, Almendralejo, Trujillo y La Zarza y dirige el ciclo Encuentros con la literatura en la librería Biblos de Trujillo y en 2005 publica en la Editora Regional de Extremadura El proyector de sombras, poemario en prosa escrito en 1997. Durante 2004 y 2005 ha sido técnico del programa Extremadura: Estación Cultura. En 2006 aparece la antología Cuatro poetas en un tobogán, que recoge la obra de cuatro jóvenes autores extremeños: José María Cumbreño, Hilario Jiménez, Antonio Reseco y Daniel Casado. En 2007 crea el proyecto audiovisual Mundo en Verso en intento de difundir la poesía a través de las nuevas tecnologías. En 2008 coordina las campañas de animación a la lectura de la Asociación de Gestores Culturales de Extremadura. En la actualidad compagina la gestión cultural con la creación literaria, y en 2009 ha resultado ganador del certamen La Voz + Joven de Obra Social Caja Madrid, en cuya web pueden leerse estos dos poemas suyos:


EQUILIBRIOS
Después de todo, es sólo una vaca en medio del camino,
una mole de carne y pellejo, un amuleto
que veneran los parias y respetan las leyes del país.
Con su sagrado olor y sus estómagos tristes,
el lento animal nos mira indiferente.
Sabe
que si disparas o lo atropellas,
si quebrantas la ley que vela su existir,
millones de brazos hasta hoy dormidos
comenzarán a trabajar la tierra,
canalizarán el agua, construirán la escuela,
sembrarán el arroz definitivo
que los acercará a nosotros para siempre
y el mundo perderá su inestable equilibrio.



CRÓNICA DEL ALBA
(Bagdad, 2004)
¿Quién dirá ahora que se ha enamorado?
¿Quién nacerá con pleno convencimiento?
La tierra es ya un solo cuerpo, ardiente y mudo,
un costado de niebla que el odio ha empapado.
¿Quien lavará la sombra seca del muro?
¿Quién plantará el olvido necesario?
La tierra, que no distingue el cráneo de la rosa.
Sólo la tierra, que avanza ajena y sin memoria.







[Mario Lourtau]

Mario Lourtau (Torrejoncillo, 1976), aficionado a los viajes y el deporte (especialmente el atletismo, donde, antes de inclinarse por la poesía, logró alzarse campeón de España de Maratón en categoría promesa) es licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Extremadura, cuenta con varios premios literarios (Ruta de la Plata, Pórticvs, Creación Literaria de la Consejería de Juventud, etc...) y ha publicado poemas y relatos en diversas revistas (Alcántara, Cuadernos de Poesía, Bab Rabat, La Bala de Seda, La Letra Nazarí, etc…) así como en antologías (Al Abrigo del Aire, Antología de la poesía y el relato, V Cuaderno de profesores poetas, 16 poemas). Parte de su obra ha sido traducida al inglés y al árabe. Su primer libro de poemas, Donde Gravita el hombre, fue publicado en enero de 2008 por la editorial granadina Alhulía con prólogo del poeta y crítico literario granadino Miguel Ávila Cabezas, tras haber obtenido una beca de ayuda a la edición de la Junta de Extremadura y ser finalista del XXIII Premio Gerardo Diego para noveles. El libro, cuyos sus versos ahondan en las diferentes vertientes de la condición humana a través de la palabra y del tiempo, fue presentado en mayo de 2008 en el Colegio Español de Rabat, donde ejerce como profesor de inglés tras cinco años por diversos institutos españoles en Marruecos. Su próximo poemario, Catálogo de Deudores, lo editará a finales de 2009 la Editora Regional de Extremadura. Aquí pueden leerse algunos poemas suyos, entre ellos éste:



LÍMITES
Desde una ciudad distante, inmune al tiempo
has venido a buscarme. Regresaste
por los pasos de luz y el cielo de las frutas,
caminando por esta nueva ciudad iluminada,
sobre la alfombra encendida en su claro barniz,
en sus redondas tardes.


De otro lado, bautizadas en mármol,
las montañas cantan su labio de invierno, y aguardan
su blando despertar de entre la nieve.


Has cruzado el círculo despacio, escrutando con tus ojos
la dulce dimensión del horizonte,
buscando mi presencia y el tacto secreto
que traigo mansamente entre mis manos.


La ciudad, que despierta, es un niño
al sol de la intemperie, un viejo
que no conoce milagros pero sabe
donde brotan las fuentes y sonde surge
el duro temblor de los acantilados.


Han abierto temprano los postigos, clarea.
Algunos pájaros, violines de pluma, irrumpen
con su canto general, canto primero.



Tú avanzas breve, precisa, cierta
como el roce blanquecino de la brisa
en la palpitación de los almendros.


Hemos abierto las puertas sin desatar nudos.
Sonríes, te abrazo, y tu regreso
ya no es pura utopía sino certeza.


[Fuentes: Improvisa Magazine Digital, Hoy.es, elperiodicoextremadura.com, Arte Joven, blog de Obra Social Caja Madrid]

24 de noviembre de 2009

Entrevista con Lola Gracia en «Black Coffee»



Ya se puede ver en internet la entrevista con Lola Gracia, en el programa Black Coffee, en www.laopiniontv.es, pinchando (arriba a la derecha) la pestaña “Videoteca” y buscando con la flechita roja de la barra de programas la pestaña «Black Coffee Parte  1 [20-11-09]».

13 de noviembre de 2009

Un poema de Soren Peñalver


[Foto: Ángel Paniagua]

Revisando y ordenando papeles del pasado literario me he encontrado con un ejemplar de La puerta falsa, revista cultural de la asociación de escritores y artistas que, durante varios años, se reunieron y organizaron diversas actividades y ciclos de recitales en el mítico y homónimo bar de la calle San Martín de Porres de Murcia. No voy a mencionar todos los nombres, pero ese número, correspondiente a diciembre de 2003, podría muy bien considerarse una pequeña y buena antología de la poesía hecha en Murcia en los últimos 15 ó 20 años. Dicho lo cual aclaro que no es mi intención ahora ofrecerles los dos poemas míos que contiene, (Muere Sócrates y Oscuro ángel de luz, del libro Una canción extranjera) sino éste de Soren Peñalver que tan gratamente he redescubierto entre sus páginas, pues no recordaba que él –parco siempre en colaboraciones poéticas– hubiera también participado en ese número de la revista. Me entenderán si les digo que no me importaría haberlo escrito yo:


DEDICATORIA DEL MAR


Era el mar en los ojos de un niño
de la mano del padre por primera
vez contemplado. Fue luego la mar
abismal de los versículos bíblicos,
los epitafios solemnes de Nantucket;
los indómitos mares de Melville. La mar
de las óperas de Britten, de los coros
oceánicos de Delius; fragor exultante
como los cantos de Whitman. Visión
desnuda a la luz de los días, presencia
con las noches vestida: el estático mar
de las fotografías donde aparecemos,
sonrisueños y enfundados en oscuros
abrigos con centelleantes botones;
juntos los rostros que salpican
el olear de sus maternas aguas.
Es el mar íntimo de una dedicatoria
que yo deseé escrita por tu mano
al pie de un retrato de Cernuda,
éste que siempre presidiera la estancia
por ti ocupada, y con su proyección
inundaba la mar de la mañana, el mar
desbordado por la luna. La mar de estos
versos que nunca habrán de envejecer
ni morir como la pasión, como nosotros:
El mar, única criatura que pudiera
asumir tu vida poseyéndote…
Soren Peñalver